El Consejo de Seguridad de la ONU se
reunió desde las 21.00 del martes, hora peninsular española, para abordar el conflicto en
Somalia tras una semana de enfrentamientos entre rebeldes islámicos y las
fuerzas del Gobierno de transición, apoyadas por Etiopía, que han dejado más de
mil muertos.
En la sesión, convocada de urgencia a petición de Qatar, el guineano François Lonseny Fall, enviado
especial a Somalia del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan,
informó a los 15 miembros del Consejo.
La reunión se celebró sólo unas horas después de que el primer ministro etíope, Meles Zenawi, asegurara que entre 3.000 y 4.000 soldados de su país han matado a
un millar de integrantes de las "fuerzas terroristas".
El primer ministro de Etiopía estimó el martes en más de 1.000 los muertos en los combates
entre las tropas que apoyan al gobierno de Somalia y las fuerzas del movimiento
islamista de ese país, que empezaron a abandonar algunas de sus posiciones,
informó la agencia AFP.
"Tenemos informaciones sobre más de 3.000 heridos en el hospital de Mogadiscio.
Los muertos superan el millar", dijo Meles en una conferencia de prensa en Addís
Abeba, dos días depués de la declarada intervención militar etíope en
Somalia, su nación vecina del Cuerno de Africa.
El lunes, aviones etíopes
bombardearon y dejaron inhabilitado el aeropuerto de Mogadiscio,
ocupada por las guerrillas islámicas que combaten al gobierno de
Somalia protegido por Etiopía.
Se tratataba de una nueva acción bélica tras la
declaración de "guerra contra los terroristas" en Somalia
del primer ministro etíope, Meles Zenawi.
La capital de Somalia y gran parte del país está bajo el control
de la rebelde Unión de Cortes Islámicas (UIC), cuyo lider, Sharif Sheikh
Ahmed, instó hace dos meses a miles de somalíes a atacar las
bases de las fuerzas etíopes que se encuentran en Somalia.
Por su parte, Etiopía constituye el principal apoyo que tiene el
Gobierno provisional de Somalia, liderado por el presidente,
Abdulahi Yusuf Ahmed.
Este gobierno apenas controla una pequeña parte del país y tiene
su capital, también provisional, en la ciudad de Baidoa, a 245
kilómetros al noroeste de Mogadiscio.
Los islamistas somalíes, por su parte, reconocieron el martes haberse visto
forzados a retirarse de muchas de sus posiciones en el centro y el sur de
Somalia ante los violentos ataques de los últimos días por parte de las fuerzas
etíopes.
Tras seis días de violentos combates contra las fuerzas gubernamentales y
el ejército etíope, los islamistas se retiraron de Dinsoor (a 120 km al suroeste
de Baidoa, ciudad sede del gobierno de transición) y Burhakaba (a 60 km al
sureste de Baidoa).
"Hay mucha presión en todas las líneas del frente y con el objetivo de ganar
esta guerra los combatientes islamistas han evacuado varias posiciones, entre
ellas Dinsoor y Burhakaba", declaró a la AFP un comandante de las fuerzas de los
tribunales islámicos que pidió el anonimato.
El comandante se negó a hablar de derrota y explicó que esta acción "es una
táctica, una suerte de retirada militar".
"Hemos decidido cambiar nuestra táctica", aseguró el jeque Sharif Sheij Ahmed,
responsable del comité ejecutivo islamista, en una conferencia de prensa en
Mogadiscio al precisar que las fuerzas de los tribunales islámicos "están listas
para empezar una guerra de larga duración con Etiopía".
Etiopía, por su parte, negó el martes tener intención de tomar Mogadiscio, la
capital somalí controlada por los islamistas desde junio como parte de su lucha
contra el gobierno de transición, en una nueva escalada de un conflicto que
corre el riesgo de propagarse a todo el Cuerno de África.