Durante la Guerra Fría los chinos quisieron exportar a Africa su
modelo maoísta. Desde Beijing se financió más de un intento
revolucionario. Los líderes africanos viajaban a China para ver al
poderoso jefe del Partido Comunista Chino.
Por Gustavo Sierra - Clarín
Después de algunos años de alejamiento, chinos y africanos vuelven a
encontrarse. Hay un enorme interés de unos por los otros. Pero esta vez, la
única ideología que prevalece es la de los negocios.
El último fin de semana (4 y 5 de noviembre) estuvieron reunidos en Beijing 40 líderes
africanos con la cúpula china para encontrar maneras de incrementar aún más el
enorme intercambio comercial que supera los 40.000 millones de dólares.
China es ya el tercer país en inversiones en Africa tras Estados Unidos y
Francia con 6.400 millones de dólares. Beijing financia desde ferrocarriles en
Angola y Nigeria hasta estadios deportivos en Mali y la República Centroafricana
y una represa en Etiopía.
La India sigue el mismo camino. Ya invirtió 11.000 millones de dólares,
mayoritariamente en la minería. Y hay anuncios de otros 17.000 millones en
infraestructura petrolera, telecomunicaciones, agricultura y químicos. El modelo
indio de agricultura e industrias de exportación se adapta muy bien a los países
africanos.
Y no sólo se evaporó la cuestión ideológica de esta nueva relación, sino
que China e India no tienen ningún problema para negociar con regímenes
como los de Sudán, Angola o Zimbabwe. Beijing acaba de invertir 2.000 millones
en Angola, un país que figura en el puesto 151 de los 158 más corruptos
del rating de Transparency International. Tampoco tiene pruritos en invertir en
pozos de petróleo sudaneses ubicados cerca de Darfur, donde 200.000 personas
fueron asesinadas por las milicias paramilitares apoyadas por Jartún.
China e India necesitan el petróleo y otras materias primas africanas y
nada los va a detener en su conquista.
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