Menos de 10 de esas letrinas sirven a una población de 2.000 a
3.000 personas en el área donde vive Kithuku. Generalmente están encerradas en
estructuras con pisos rotos de piedras, paredes de oxidadas láminas de aluminio
y techos de trozos de plástico y cartón.
Poco importa entonces que muchos habitantes de Matopeni sigan usando "retretes
voladores", bolsas de plástico en las cuales la gente defeca y luego lanza lo
más lejos que pueda, pensando que, como caen donde no se ven, tampoco son causa
de preocupación.
Un montón de bolsas atadas adornan los techos de las humildes casas de adobe,
atrayendo enjambres de moscas. Algunas han estallado antes de caer, mientras
otras terminan atascando el sistema de drenaje en Matopeni. Las cloacas abiertas
dejan un reguero de mal olor en el tugurio.
"Esta es la tendencia debido a que no hay suficientes sanitarios para la
cantidad de personas. Además, las letrinas están llenas y pasará un buen tiempo
antes de que los residentes aporten dinero para contratar a alguien que las
limpie", dijo a IPS Kithuku.
Otra cosa que abunda son los temores de que la insalubridad cause enfermedades.
"Hemos rezado para que no enfermarnos. Nos preocupa especialmente la estación de
lluvias, cuando corren desperdicios por el drenaje hasta nuestras casas", dijo
Teresia Kamene, otra residente de Matopeni. "Los niños juegan en esa agua sucia
e incluso nadan en ella".
La falta de saneamiento también representa un riesgo para la seguridad de las
niñas y las mujeres.
"Cuando no hay letrinas, las niñas y mujeres tienen que esperar hasta que
anochezca para buscar un sitio donde defecar. Esto implica caminar bastante, a
veces entre 30 y 40 metros, y pueden ser violadas o asaltadas en el camino",
dijo Vincent Njuguna, un funcionario del proyecto de la Red de Agua y
Saneamiento (Netwas, por sus siglas en inglés), un organismo regional con sede
en Nairobi.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de 2.400
millones de personas en todo el mundo no tienen saneamiento adecuado.
Hace cuatro años, los líderes mundiales reunidos en Sudáfrica, en el marco de la
Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, prometieron reducir a la mitad la
proporción de personas sin saneamiento para 2015.
¿Se han traducido estos compromisos en mejoras para personas como Kithuku y
Kamene? Los avances en otro asentamiento de Nairob, Kiambiu, son motivos de
esperanza.
Las letrinas destrozadas de ese barrio marginal donde viven de 40.000 a 50.000
personas, son reemplazadas por instalaciones sanitarias, cada una de las cuales
tiene cuatro modernos retretes y dos baños con duchas, para hombres y mujeres.
Hasta ahora se han construido tres de estas instalaciones y se planifica una
cuarta, a través de un proyecto operado por Maji na Ufanisi (Agua y Desarrollo
en idioma suahili), una organización no gubernamental con sede en Nairobi.
Los residentes deben pagar el equivalente a seis centavos de dólar para usar los
retretes, y tres centavos para los baños. Pese a que 56 por ciento de la
población de Kenia vive con menos de un dólar por día, según estadísticas
oficiales, el precio parece no haber provocado desaliento.
"Antes, había residuos humanos regados por todas partes porque no había lugar
para defecar", dijo Silas Okoth, presidente del Grupo Kiambiu Usafi (Limpieza,
en lengua Kiambiu).
"La gente usaba bolsas de polietileno u otros recipientes de plástico que luego
botaba al sitio más lejano durante la noche. Uno corría el riesgo de ser
golpeado por una de estas bolsas al ir caminando en la penumbra", agregó.
"Pero ahora, los casos de 'retretes voladores' se han reducido mucho. El sistema
de drenaje está más limpio y no se atasca. Además, los brotes de enfermedades
como cólera y diarrea, que eran muy comunes, ya no lo son".
Proyectos de instalaciones similares también son desarrollados en el
asentamiento de Kibera, en Nairobi, uno de los más grandes tugurios de África
subsahariana.
No obstante, Patrick Bondo, un organizador comunitario de Maji na Ufanisi,
advierte lo mucho que falta por hacerse.
"Las instalaciones sanitarias son apenas una gota en el océano. Necesitamos al
sector privado, al gobierno y a las organizaciones de la sociedad civil para
trabajar juntos a fin de mejorar la vida de todos aquellos que viven en
tugurios", dijo.
Opiniones similares tiene Njuguna, de Netwas. "El problema persistirá mientras
la gente del campo se siga mudando a las ciudades. Esto y las políticas
insuficientes para los tugurios implican que el problema no se resolverá tan
fácilmente", apuntó.
Incluso el gobierno admite que no hay medidas de saneamiento claras para los
tugurios.
"No hay políticas firmes que orienten la provisión de servicios en los barrios
marginados, pues las autoridades creen que así legitimarían la existencia de
estos asentamientos ilegales. El gobierno no quiere formalizarlos", dijo a IPS
Betty Tett, asesora del Ministerio de Vivienda.
La resistencia oficial a reconocer estos barrios se refleja en las leyes que
rigen el Concejo de la Ciudad de Nairobi, primer proveedor de servicios de
saneamiento, que no permiten obras en asentamientos informales porque no han
sido resultado del planeamiento urbano.
Grupos de defensores de derechos humanos argumentan que esas normas, algunas de
las cuales datan de antes de la independencia nacional, en 1963, son obsoletas y
necesitan reformas para atender las situaciones actuales.
En un gesto más constructivo, el gobierno puso en marcha el Programa de
Mejoramiento de los Tugurios de Kenia (Kensup, por su sigla en inglés),
destinado a abordar el saneamiento de los barrios informales. Este proyecto es
operado en conjunto con el Programa de las Naciones Unidas para los
Asentamientos Humanos.
Kensup, lanzado en 2004, también está destinado a la construcción de viviendas
adecuadas para los habitantes de los barrios informales. Se está ejecutando en
Kibera, pero se prevé extenderlo a otros asentamientos marginales.
Según datos de 2006 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, 52 por
ciento de los 30 millones de habitantes de Kenia carecen de saneamiento
adecuado.
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(*) Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida en
conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación
Internacional de Periodistas Ambientales).