Por primera vez existen señales de
que los inversionistas internacionales se están retirando de algunos mercados
asiáticos y emergentes donde alguna vez se sintieron cómodos.
IAR
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Dow Jones - The Wall
Street Journal
Las monedas tradicionales de alto riesgo han caído en desgracia desde hace
bastante tiempo a medida que aumentan los temores sobre la crisis de la deuda en
la eurozona y sobre los riesgos de otra recesión mundial.
Pero ahora, la percepción del mercado parece haber llegado a una fase nueva y
más intensa.
Economías que alguna vez fueron consideradas inmunes, en especial al riesgo de
una cesación de pagos en la eurozona, ahora son evitadas a medida que un número
mayor de inversionistas se retiran en busca de la seguridad que ofrece el dólar.
La moneda estadounidense ya está mostrando los beneficios de estos flujos. El
índice del dólar subió sobre el nivel de 77 luego de ubicarse bajo 74,50 al
comienzos del mes.
En cambio, monedas como el dólar australiano han experimentado ventas pese a
representar a economías que hace no mucho tiempo eran consideradas atractivas
para los inversionistas.
Esta semana generó más cambios para otras áreas en Asia. La rupia de Indonesia y
el won de Corea del Sur, que alguna vez fueron los pilares del auge económico
asiático, se han visto perjudicadas a medida que aumenta el nerviosismo entre
los inversionistas internacionales.
Mucho de esto se debe a una menor confianza en la capacidad de la eurozona de
evitar que Grecia declare una cesación de pagos de su deuda, que los bancos de
la eurozona sean golpeados por el contagio y que las economías de la eurozona
caigan en una recesión.
Pese a los continuos esfuerzos de la canciller alemana, Angela Merkel, por
disipar la noción de una cesación de pagos, los países alrededor del mundo ya
están analizando las repercusiones que tendría para ellos el fin del euro en su
estado actual.
La comprensión de los riesgos que se avecinan se produjo tras la reciente rebaja
de las calificaciones crediticias de dos importantes bancos franceses, Société
Générale SA y Crédit Agricole SA, por parte de Moody's Investors Service Inc.,
junto a la caída sostenida de los precios de las acciones de los bancos
europeos.
Aunque los políticos en la eurozona han tratado de ganar tiempo para permitir
que los bancos europeos se recapitalicen y se protejan de lo que ahora se
considera como una cesación de pagos inevitable, parecería ser que el tiempo se
está agotando.
Durante las próximas semanas, Grecia probablemente demostrará que la imposición
de nuevas medidas de austeridad se ha vuelto algo políticamente imposible, y
Merkel posiblemente encontrará que el respaldo político para sus rescates ha
llegado a un límite.
En otras palabras, una reestructuración de la deuda griega -o dicho de otra
forma: una cesación de pagos- sería inevitable.
En momentos en que los propios miembros de la eurozona se apuran a implementar
planes de contingencia, y en que pocos saben qué significará esto para el euro,
para los bancos europeos y para las economías de la zona euro en general, no es
sorpresivo que la comunidad internacional de inversionistas haya comenzado a
asustarse.
Una recesión en Europa, en donde las economías están realineadas bajo un nuevo
orden, difícilmente será una buena noticia para la economía mundial, y muchos
mercados asiáticos y emergentes dejarán de ser considerados una apuesta segura
como lo fueron alguna vez.
Nicholas Hastings / The Wall Street Journal