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(IAR
Noticias)
04-Diciembre-2012
“Si Dios ha muerto, todo está
permitido” (Fedor Dostoievski, Los Hermanos Karamasov)
Por Vicky Peláez / RIA Novosti
La
noticia más difundida que recibimos día a día de los más ricos y
poderosos a través de sus escribidores mediáticos, es que no se vislumbra
ninguna posibilidad para salir de la actual crisis económica y que esta
podría prolongarse inclusive hasta el 2020.
Lo confirman los gurús económicos respaldados por los premios Nobel
incapaces de no sólo aportar su conocimiento para sacar al mundo de la
incertidumbre y el empobrecimiento, sino que se hallan también envueltos
en ocultar las verdaderas razones de la recesión y la depresión que está
extendiendo sus garras cada vez con más fuerza.
La opinión de una de las mujeres más ricas del planeta, la australiana
Gina Rinehart poseedora de 18 mil millones de dólares refleja claramente
lo que piensan los dueños de nuestro planeta respecto al futuro modelo
socio económico que se está imponiendo globalmente. Dijo la señora
Rinehart que para salir adelante en la época de la crisis, la
competividad económica de Australia tendría que emular a la de África.
Allí los trabajadores reciben menos de dos dólares al día mientras que
las autoridades australianas han sido demasiado generosas con sus obreros
y empleados. Estos criticones y celosos de la riqueza de los otros deben
de gastar menos tiempo en sus borracheras y reuniones sociales y en vez
de esto trabajar más horas”.
Las “burbujas financieras”, la exagerada deuda soberana, el supuesto
sobregasto público de los gobiernos occidentales, demasiado paternalismo
del Estado, señalados día a día como las causas de la actual depresión en
los Estados Unidos y en la Unión Europea por los medios de comunicación
globalizados, esconden la verdadera razón de la crisis: hacer un cambio
sistémico en el actual modelo económico neoliberal que actualmente impone
sus leyes en el supuesto “mercado libre” y rige los destinos de la
humanidad. De acuerdo al economista brasileño Franklin Serrano
entrevistado por J. Lewkowitz en el diario “Página 12” de Argentina, dice
que el debacle económico europeo tiene un carácter político y que detrás
está la necesidad de los sectores dominantes de profundizar las reformas
neoliberales y reducir salarios a nivel mundial.
Dice Serrano que “la idea explícita en Europa es desmontar los Estados de
Bienestar en la periferia. Pero el objetivo final es terminar con ellos
en los países del centro. El problema de Angela Merkel no es el
trabajador griego, es el trabajador alemán. Las elites europeas quieren
una fuerza de trabajo más barata, obediente, sobre todo blanca, porque no
quieren depender de los inmigrantes para la reducción del costo de
trabajo. Por eso, nada mejor que una periferia que presione la baja de
los salarios, presión que en algún momento se trasladará a los países del
centro”.
La reciente encuesta del periódico alemán “Suddeutche Zeitung” sobre “La
Pobreza y la Riqueza” en Alemania, que se realiza cada cuatro años,
reveló un creciente vacío entre los ricos y los pobres que ya “empieza a
peligrar la cohesión social en el país”. Resulta que cuatro millones de
alemanes trabajan por menos de 7 euros la hora en vez de 29 euros como
promedio en el país, lo que no alcanza para la canasta familiar. Sin
embargo, precisamente la actual política del gobierno alemán está
favoreciendo a este proceso por mucho que hable Angela Merkel sobre
intentos del Estado para proteger los intereses de los trabajadores.
Actualmente un 40 por ciento de las corporaciones nacionales industriales
se han ido a los ex países socialistas donde la mano de obra es mucho más
barata.
Polonia es uno de estos países de periferia que sirve de “refugio”
financiero para los empresarios alemanes y, en especial, a los banqueros.
Más de 6,000 empresas alemanas han echado sus anclas en Polonia y la
inversión alemana representa un 21 por ciento de todas las inversiones
extranjeras en el país. A la vez Polonia absorbe el 26 por ciento de las
exportaciones alemanas. Los datos de la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico (OECD) muestran un estable crecimiento
económico pero no presenta la otra cara de la moneda. El 13 de los 38
millones de polacos son pobres y solamente 1,6 millones reciben ayuda del
gobierno. El porcentaje de niños que viven por debajo del umbral de la
pobreza alcanza un 30 por ciento y uno 60 por ciento de alumnos escolares
no tiene cómo pagar el comedor.
Si este país se considera por la poderosa troika: el Banco Central
Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE) y el Fondo Montario Internacional
(FMI) como un ejemplo de afrontar la crisis, ya podemos imaginar cómo
está la situación en Grecia, España y Portugal. Sus presidentes de turno,
como el español Mariano Rajoy, prometen que a largo plazo la economía
mejorará olvidándose de la frase que frecuentemente usaba John M. Keynes
cuando escuchaba hablar sobre esos planes a largo plazo: “a largo plazo
todos estaremos muertos”. La realidad es completamente diferente y no
incentiva pronósticos positivos. Los europeos y sus controladores
norteamericanos no tienen o simplemente no quieren encontrar la solución
sin hacer antes cambios estructurales dentro de su modelo neoliberal.
La deuda europea que ya está superando 62 millones de millones de dólares
y la norteamericana de 114,5 millones de millones no asusta a la elite
gobernante pues los banqueros han creado su cinturón de seguridad en
forma del “capital ficticio”. Este proceso no comenzó ahora sino en el
último año del gobierno de Bill Clinton cuando durante uno de sus
momentos de “meditación” con Mónica Lewinsky en 1999 logró promover la
abolición de la “Ley Glass-Steagall” que no permitía la fusión de los
bancos comerciales con los bancos de inversión (bolsa de valores).
Esta ley fue promulgada por el presidente Franklin D. Roosevelt en 1933
después de estudiar el informe del fiscal de Nueva York, Ferdinand Pecora
quien investigó el rol de bancos en la Gran Depresión de 1929. En su
informe Pecora calificó a los banqueros como “banksters”, es decir
banqueros gánsteres. En aquel entonces, el presidente Roosevelt lanzó su
famoso eslogan: “prefiero rescatar a los que producen alimentos pero no a
los que producen miseria” y así dio inicio a una serie de programas de
recuperación económica que entraron en la historia como “New Deal” (Nuevo
Comienzo).
Durante estos 13 años de libertad completa, que comenzó en 1999, los
banqueros regresaron a la cresta de la ola especulativa recuperando su
estatuto de “banksters” tomando bajo su control los gobiernos
neoliberales. De allí es fácil de comprender por qué Obama, Merkel,
Hollande y Cameron prefieren, y así lo hacen desde el inicio de la
crisis, rescatar a “los que producen miseria” en vez de los productores
de pan. Para muestra un botón: los tres programas del gobierno de Barack
Obama de Flexibilización Cuantitativa (Quantitative Easing, QE1, QE2),
que se iniciaron en el 2010, fueron destinados al rescate de los bancos
facilitándoles primero, 1,75 millones de millones de dólares (QE1) y más
tarde otros 600 mil millones (QE2) que supuestamente hubieran tenido que
utilizar este dinero para incentivar la recuperación del sector
productivo.
Ha sido un total fracaso pues los bancos han sido reluctantes a facilitar
el dinero al sector productivo, en vez de esto prefirieron destinarlo a
la especulación, al aumento de los sueldos de sus dirigentes y transferir
una parte a los paraísos financieros. Lo mismo pasará con el QE3 de 1,7
millones de millones de dólares que Washington quiere dedicar al “rescate
de los puestos de trabajo”. En Europa los gobernantes siguen el mismo
patrón norteamericano tanto en el centro como en la periferia. Los
gobiernos de Bonn, Paris y Londres declaran en unísono la anteriormente
acordada urgencia del recorte de gastos públicos, de la Seguridad Social,
Educación y Sanidad mientras el BCE transfiere dinero a los bancos
privados para que “mantengan la economía a flote”.
Sus seguidores en Madrid, Lisboa, Atenas, Roma repiten los mismos gestos
que dicta la troika. Con una facilidad escalofriante Mariano Rajoy
transfirió 67 mil millones de euros que entregó BCE a cuatro bancos para
evitar su supuesta quiebra: Bankia, Catalunnya, Caixa y Nova Galicia
mientras que los productores del pan se quedaron sin nada. Por supuesto
que los banqueros están ñatos de risa. Juegan el capital obtenido como
les da la gana y los mismos gobiernos cierran los ojos inclusive frente a
la fuga anunciada del capital. Pero lo que asombra sobre todo es el
cinismo de los banqueros. Hace poco el presidente de Goldman Sachs, Lloyd
Blankfein declaró después de recibir un nuevo paquete de rescate del
gobierno, que “era necesario recortar los beneficios del Seguro Social y
aumentar edad para la jubilación”.
El Secretario del Tesoro, Timothy Geithner siguió la misma línea
proponiendo el recorte de 400 mil millones de dólares en el Seguro Médico
(Medicare). Por supuesto que el presidente Barack Obama apoyó esta tesis
y ya presentó al Congreso su propuesta de recortar el Seguro Médico junto
con varios otros programas de Seguro Social. Sin embargo, nadie se atreve
a denunciar a los bancos por su retorno a la práctica especulativa. Se
estima que actualmente hay un fuerte movimiento de dinero por los “bancos
en sombra” (Shadow Banks) que supera 62 millones de millones de dólares,
casi como el PBI de Estados Unidos que es de 69,97 millones de millones.
Están tratando de nuevo reproducir la burbuja inmobiliaria de los años
1990.
Estos bancos son intermediarios que facilitan la creación del crédito
financiero y no están expuestos al sistema regulador de bancos. En su
mayoría son Fondos de Inversión Libre (Hedge Funds) que dividen la
hipoteca en varias partes y las incluyen en diferentes portafolios
mezclando con otras hipotecas. Finalmente venden estos portafolios como
hipotecas aseguradas. Así sin recursos financieros iniciales, sin ninguna
supervisión se ha creado el presente “capital ficticio” siguiendo las
pautas del famoso “esquema de Ponzi” o “estafa piramidal”. El gobierno
norteamericano sabe de esto pero simplemente cierra los ojos porque
prácticamente perdió la capacidad de controlar el fluido de sus dólares.
Mientras tanto la crisis sigue lentamente su curso apretando sus garras.
La ciudad de Detroit es una de sus víctimas. En 1950 se consideraba como
una tierra prometida del capitalismo. Era el motor de la era
industrializada y con uno de los mejores ingresos por familia en los
Estados Unidos.Actualmente es una ciudad fantasma. Se han ido General
Motors, Ford y Packard. De dos millones de sus habitantes apenas quedan
700,000 y de ellos 250,000 subsisten con menos de 9,800 dólares al año
todos luchando por un puesto de trabajo en el lugar donde la desocupación
supera el 50 por ciento.
Y todo esto sucede en el país donde viven 10 de los 20 hombres más ricos
del planeta y donde un por ciento de la población controla al 42 por
ciento de la riqueza nacional. La misma tendencia está tomando fuerza en
Alemania donde el 9 por ciento de la población controla 30.8 de la
riqueza nacional mientras 1,5 millones de sus habitantes tienen que
acudir diariamente a los comedores populares para sobrevivir.
Este es el mundo en que vivimos. Hace 212 años el Marqués de Sade
escribió que “la ley sólo existe para los pobres mientras los ricos y los
poderosos la desobedecen cuando quieren, y lo hacen sin recibir castigo
porque no hay juez en el mundo que no pueda comprarse con dinero”. Da la
sensación que estamos inmersos en la misma realidad en su forma más
sofisticada donde el dinero adquirió el poder casi divino.
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