|
(IAR
Noticias)
30-Noviembre-2012
Mientras los bravos neoyorquinos inician la tarea de poner a secar la ciudad, he
aquí lo que se me ocurrió la noche pasada contemplando a distancia esas
horripilantes imágenes. Evidentemente, no se trata de algo crucial, pero a largo
plazo podría marcar la diferencia. ¿Por qué no dejamos de ponerles nombres de
personas a los huracanes y los denominamos como las compañías petrolíferas?
Por
Bill McKibben - Revista Sin
Permiso(*)
El
calentamiento global no "provocó" el huracán, por supuesto: los huracanes
se producen cuando una ola tropical se arrastra desde las costas de
África y comienza a girar muy dentro del Atlántico. Pero esta tormenta
cabalgaba sobre las aguas de un océano cinco grados más cálido de lo
normal, de modo que no puede chocarnos que se convirtiera en un monstruo.
Para cuando tocó tierra, ya había roto cualquier récord de presión
barométrica más baja y mayor campo de viento.
La mayor parte de los daños, por supuesto, proceden de la salvaje
marejada que anegó Rockaway [la península de Long Island, en el distrito
de Queens], entrando en en el Holland Tunnel [por debajo del Río Hudson,
y que une Manhattan con Jersey City, en Nueva Jersey]. Resultó asombroso
ver en televisión cómo el Lower East Side [parte baja oriental de
Manhattan] se convertía en parte del East River. ¿Una razón para la que
la marejada fuera tan alta? Que el nivel del mar ha subido 30 centímetros
a medida que el clima se ha calentado. Sandy contaba con una ventaja de
partida para inundar la ciudad.
Las empresas de combustibles fósiles han desempeñado el papel más
importante a la hora de garantizar que no ralenticemos el calentamiento
global. Han subvencionado a propagandistas que niegan el cambio climático
y han contribuido a atestar el Congreso de extremistas contrarios al
medio ambiente, asegurándose de que no se den jamás pasos de sentido
común encaminados a conseguir una energía renovable. Así que, tal vez, lo
más correcto sea honrar sus esfuerzos bautizando las tormentas con su
nombre a partir de ahora. Como mínimo, resulta divertido imaginarse a los
presentadores de los noticiarios anunciar que "Exxon llega a las costas
de Nueva Jersey, sembrando el caos tras de sí", o "Chevron obliga a
evacuar a 375.000 personas".
Desde 350.org, la campaña sobre cambio climático en cuya fundación
participé, estamos hoy enviando un llamamiento a nuestra lista de correos
en todo el mundo. Dos cosas son las que pide: que la gente mande dinero a
la Cruz Roja para contribuir a sus esfuerzos de socorro en el litoral
atlántico, y que envíen un mensaje a las compañías petrolíferas para que
dejen de financiar campañas electorales y destinen esos fondos, en
cambio, a los esfuerzos de recuperación.
Esto contribuiría a limpiar la atmósfera del Distrito de Columbia, y
ayudaría también a Nueva York: Chevron, por ejemplo, donó 2,5 millones de
dólares a un super-comité republicano de acción política [para recaudar
fondos electorales] la semana pasada, la mayor donación de una sola
empresa desde que el Tribunal Supremo dejó expedito el camino para ese
tipo de compra de influencias. A la vista de esta tragedia, sería lo
mínimo que podríamos hacer, un minúsculo comienzo para ir reparando el
daño que han causado. En los próximos diez años, cualquiera que se llame
Sandy va a tener que aguantar bromitas sobre el huracán. Parece mucho más
justo que cargue con la culpa quien la tiene.
(*)
Bill McKibben, es un conocidos medioambientalistas estadounidense,
especialmente respetado por sus escritos sobre el cambio climático.
Actualmente es «Schumann Distinguished Scholar» en el Middlebury College,
Vermont.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón |