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(IAR
Noticias)
20-Noviembre-2012
Hoy está claro que la crisis
mundial de alimentos no puede ser analizada ni abordada en forma aislada de la
crisis financiera internacional. Por el contrario, ambos problemas están
íntimamente vinculados, fundamentalmente a través del impacto de la especulación
financiera en el precio de los alimentos.
Por Jayati Ghosh
/ Página 12 (*)
E stamos en un período de importantes aumentos en el precio de los
alimentos que golpea con fuerza sobre los países en desarrollo que han
recibido el impacto durante varios años de la inflación y el desempleo.
En diciembre de 2010, el Indice de Precios de los Alimentos de la FAO
(Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura) superó el máximo histórico de junio de 2008, que era
considerado como un extremo en la crisis mundial de alimentos. Desde
entonces, los precios se mantuvieron en torno de este elevado nivel. En
el período reciente, los mayores aumentos han sido en los precios del
azúcar y los aceites comestibles (soja o palma). Incluso los precios de
los alimentos básicos han mostrado un fuerte incremento, destacándose los
precios del trigo y el arroz.
Hoy está claro que la crisis mundial de alimentos no puede ser analizada
ni abordada en forma aislada de la crisis financiera internacional. Por
el contrario, ambos problemas están íntimamente vinculados,
fundamentalmente a través del impacto de la especulación financiera en el
precio de los alimentos. Con eso no pretendemos negar la existencia de
factores del lado de la economía real que afecten esos precios. Sin
embargo, mientras que algunos analistas han apuntado hacia la existencia
de desbalances de oferta y demanda, ese argumento no se sostiene ya que
han existido pocos cambios en la demanda de alimentos durante los últimos
años. Un informe de la FAO evidencia que el ritmo de crecimiento del
consumo total de cereales en la década pasada fue considerablemente
inferior al registrado en los años ’60 y ’70. La afirmación de que los
precios de los granos se dispararon porque hay una mayor demanda de las
pujantes China e India es totalmente inválida, ya que el consumo agregado
y per cápita de granos en ambos países cayó.
Esto no quiere decir que no existan otros elementos del lado de la
demanda que influyan. El auge de los biocombustibles ha tenido un gran
impacto en la evolución de la demanda mundial de cereales y aceites
vegetales. Asimismo, existen factores del lado de la oferta que son más
significativos. No se trata solamente de los efectos de corto plazo que
genera el avance de la producción de biodiésel sobre la superficie y
producción disponibles para alimentos, sino de factores de mediano plazo
como los crecientes costos de los insumos, la menor productividad por el
agotamiento del suelo, la insuficiente inversión pública en investigación
y extensión de la frontera agrícola, y el impacto del cambio climático
que afecta a las cosechas de diferentes maneras.
Otro factor relevante en la determinación de los precios de los alimentos
son los precios del petróleo: como el combustible entra directa e
indirectamente en la producción de insumos así como en los costos de
transporte e irrigación, el precio del petróleo muestra una importante
correlación con los precios de los alimentos. Por eso, limitar la
volatilidad en la cotización del petróleo ayudaría, en parte, a
estabilizar los precios de los alimentos.
Más allá de todo esto, está claro que la reciente volatilidad en los
precios mundiales de los alimentos no pueden explicarse en términos de
factores de oferta y demanda. La magnitud de la variación de precios en
tan poco tiempo evidencia que esos movimientos no pudieron ser creados
por la oferta y la demanda. La especulación financiera, fundamentalmente
los inversores que operan en los mercados no regulados de futuros
–llamados OTC– fue el elemento central en el alza del precio de los
commodities. A su vez, las cadenas multinacionales de supermercados
también juegan un rol relevante a la hora de explicar el alza y la
volatilidad de los precios de los alimentos.
Desregulación financiera
Los mercados de futuros de alimentos, petróleo y otros commodities han
sido utilizados históricamente por los productores para asegurarse la
estabilidad de sus operaciones y planificar hacia adelante. Los traders
compran los productos de los agricultores para entrega a futuro a un
precio fijo y así los productores se cubren de los riesgos asociados a la
variación en el precio de los commodities que están cultivando. Como
sucede con cualquier seguro, los traders asumen el riesgo de los
productores por una prima que cobrarán sin importar lo que pase con los
precios de los alimentos. Pero los traders también especulan con la
posibilidad de lucrar con los cambios en los mercados de futuros.
La desregulación financiera de comienzos de los 2000 catapultó la entrada
de nuevos actores en los mercados de comodities. Antes de esa fecha, el
mercado norteamericano de futuros de los comodities estaba controlado por
la CFTC, que requería a los traders que informaran sus tenencias de cada
producto e imponía límites estrictos para esas posiciones con el objetivo
de impedir la manipulación del mercado. Esos mercados estaban dominados
por los jugadores comerciales que los utilizaban para cubrirse de sus
riesgos antes que para especular.
La decisión de eximir a los mercados OTC de la regulación oficial en 2000
abrió el camino para que todos los inversores, incluyendo los hedge funds,
fondos de pensión y bancos de inversión se lanzaran a comerciar con
contratos futuros de comodities sin ningún mecanismo de control. En 2007,
el monto de las operaciones en los mercados desregulados llegó a 9
billones de dólares, más del doble que el valor de los contratos
transados en los mercados controlados. A diferencia de los productores y
los consumidores que usaban esos mercados como cobertura, las firmas
financieras entraron en esos mercados para beneficiarse de los cambios de
precio de corto plazo.
Esa dinámica se vio potenciada por una zona gris en la legislación que
permitía a los traders usar acuerdos swap para tomar posiciones de largo
plazo ya no en contratos de futuro de un producto sino en índices de
comodities. De esa forma apareció un importante grupo de traders
dedicados exclusivamente a operaciones que no involucraban la posesión
física de los comodities en cuestión, sino que solo contemplaban
contratos financieros. A su vez, el número de contratos derivados se
multiplicó al crecer más de seis veces entre 2002 y 2008, a medida que
esos vehículos se convirtieron en un paraíso seguro frente a la crisis de
las hipotecas subprime y la crisis financiera internacional.
Por eso, se necesitan controles para evitar que los alimentos sigan
siendo en un terreno fértil para la especulación. Esos controles deben
incluir límites estrictos y hasta restricciones a la entrada de jugadores
financieros en los mercados de futuros de comodities, prohibir esos
mercados en los países donde las instituciones públicas juegan un rol
importante en el comercio de granos, así como medidas para mejorar la
transparencia para que se conozcan con precisión los datos sobre stocks
físicos de los distintos productos, requerimientos mínimos de capital
para los operadores, la obligación para que los inversores utilicen parte
de sus propios recursos además de fondos que toman prestados y el
establecimiento de límites para las posiciones financieras que pueden
adoptar los operadores y hasta nuevos impuestos, entre otros elementos.
Los supermercados
Para algunos analistas el crecimiento de las grandes cadenas de
supermercados trae beneficios al incorporar técnicas más eficientes que
reducen los desperdicios y los costos de almacenamiento y distribución,
ofrecen más opciones a los consumidores, reducen los márgenes de
distribución y proveen bienes más económicos. Además, aseguran que serían
mejores para los productores porque reducen el número de intermediarios
en la cadena y ofrecen más oportunidades de empleo.
Todas esas afirmaciones son sospechosas y algunas completamente falsas.
Esto es así en el caso de la creación de empleo: la experiencia alrededor
del mundo evidencia que las grandes compañías desplazan muchos más
trabajos en pequeños almacenes que los puestos que crean. Una estimación
sugiere que por cada trabajo que crea Walmart en India, destruye 18
puestos en pequeños comercios locales.
El argumento de que las cadenas de supermercados benefician a los
productores también es refutable. El creciente poder de mercado que
poseen les permitió, en muchos países emergentes y desa-rrollados,
agrandar sus márgenes de ganancia y expoliar a los pequeños productores
al tener que vender en muchos casos por debajo de sus costos. El
Parlamento Europeo afirmó en 2008 que “los grandes supermercados están
abusando de su poder de mercado para bajar los precios que les pagan a
sus proveedores”.
La idea de que las cámaras de frío para almacenamiento y otras
herramientas solo pueden desarrollarse por grandes corporaciones privadas
dedicadas a la distribución y venta de alimentos es tonta: la
intervención activa del Estado –como lo hizo en muchos países– asegura
una mejor conservación a través de incentivos y facilidades para las
cooperativas de productores.
Pero existe otra consecuencia del crecimiento de las cadenas de
supermercados que suele ser ignorada: la intervención corporativa en el
proceso de distribución de alimentos genera cambios en los hábitos de
consumo y patrones de cultivo que muchas veces no son sostenibles. A
medida que los mercados occidentales se saturan, las empresas de
alimentos y bebidas comenzaron a ingresar en los mercados de los países
en desarrollo apuntando hacia las familias pobres y modificando sus
patrones de consumo. Los alimentos y bebidas altamente procesados son una
causa importante en enfermedades como obesidad, problemas cardíacos,
alcoholismo y diabetes. En ese sentido, los cambios de política
necesarios también requieren limitar el poder de mercado de las empresas
transnacionales de alimentos. Las iniciativas existentes son pocas pero
en algunos países de Asia como Corea del Sur, China y Tailandia, las
autoridades de Defensa de la Competencia ya iniciaron acciones contra
Walmart y Carrefour por distintas prácticas abusivas.
* El artículo es una versión adaptada y traducida especialmente para el
suplemento Cash de “Addressing the Global Food Crisis: Causes,
Implications, and Policy Options” realizado por Jayati Ghosh, economista
e investigadora del Centre for Economic Studies and Planning, School of
Social Sciences, Jawaharlal Nehru University, Nueva Deli, India.
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