Mientras
EE.UU. puede contar con Japón y Australia como aliados comprobados por el
tiempo, sus elucubraciones respecto a China y Rusia se desarrollan y cómo se
conformen tendrá un impacto decisivo en la dinámica del poder de Asia-Pacífico.
Los acostumbrados mensajes de felicitaciones y las tempranas reacciones de Pekín
y Moscú ofrecen ciertas pistas en cuanto al nivel de las expectativas en las dos
capitales respecto al segundo período de Obama. Ninguna de las capitales mostró
algún indicio en los días previos al 6 de noviembre en cuanto a qué resultado
había que esperar y mostró un aire de retraimiento estudiado, pero ambas se
apresuraron a reaccionar en cuanto la victoria de Obama fue evidente.
China se mantiene cuidadosamente optimista de que la fricción en las relaciones
con EE.UU. es manejable y no necesita degenerar necesariamente en
enfrentamientos. Se consuela con el hecho de que no va a haber ningún “enigma
oculto” en la relación general en la medida en que Pekín puede prever qué
esperar de la presidencia de Obama.
Por cierto, la baza de China es que actualmente hay mucha interdependencia en
las relaciones entre los dos países, y Pekín confía en que puede jugar un papel
positivo en la recuperación de la economía de EE.UU.
La reacción rusa, en comparación, ha sido algo cuidadosa y condicional, más bien
abatida en cuánto a qué esperar pero también insegura sobre cómo conseguir un
nuevo trato. Entretanto, Moscú se prepara para cierta turbulencia en el aire a
corto plazo.
Absolutamente sincero
Pekín felicitó a Obama de presidente a primer ministro, subrayando la cercanía
de los vínculos que van más allá de las exigencias protocolarias. Es interesante
que el vicepresidente chino, Xi Jinping, también haya enviado un mensaje de
felicitación al vicepresidente Joe Biden. Biden había recibido a Xi durante el
muy exitoso tour por EE.UU. de este último en febrero durante el cual, según las
informaciones, pasaron varias horas de intensas conversaciones cara a cara.
Biden contó posteriormente que él y Xi forjaron una estrecha relación personal a
pesar de las diferencias entre los dos países en temas de comercio o política
exterior. “Ha sido totalmente sincero. Es abierto. Trata, como yo, de comprender
la posición del otro. No se puede pedir mucho más que eso… Quiere conocer los
detalles. Tengo un sentido claro de que trata de comprender cuáles son nuestros
intereses y cuáles son nuestras preocupaciones”, fue el resumen de Biden.
Pekín evidentemente comienza temprano la elevación de Xi como jefe de Estado en
marzo, al invocar la relación personal que aparentemente se desarrolló entre él
y Biden.
Curiosamente, sin embargo, Moscú dejó pasar una maravillosa oportunidad
semejante cuando el Kremlin prefirió no jugar la “carta Dmitry Medvedev” aunque
el primer ministro ruso también compartió una cierta relación con Obama durante
su período como presidente hasta mayo.
Por lo tanto, Medvedev tuvo que reaccionar en público durante una visita a
Vietnam y, al hacerlo, compensó ampliamente el mensaje cuidadosamente articulado
del presidente Vladimir Putin, que fue comedido aunque cordial, pero despojado
de todo entusiasmo manifiesto o calor personal. Medvedev, en comparación, fue
visiblemente efusivo:
“Me alegra que el Estado más grande y poderoso del mundo sea gobernado por una
persona que no considera que Rusia es su enemigo geopolítico número uno. Creo
que él [Obama] es un presidente exitoso… Es un socio predecible para Rusia.
“No oculto que mucho depende en nuestro país de la situación económica de EE.UU.
Lo queramos o no, seamos o no afectuosos con los estadounidenses, toda familia
rusa depende del valor del dólar… Nosotros [él y Obama] comenzamos a ‘reajustar’
las relaciones. Tuvimos algo de éxito… Logramos buenos resultados. Espero que
tengamos relaciones normales con Obama. También es importante para todo el
mundo”.
Al parecer Moscú ha hablado con dos voces, sea intencionalmente o por auténtico
desacuerdo. De hecho, cuando apareció una tercera voz –la del ministro de
Exteriores Sergey Lavrov– se ajustó fácilmente al mensaje de Putin.
Lavrov dijo algo parecido a lo que Barkis una vez transmitió a través de David
Copperfield a Clara Pegotty en la famosa novela clásica de Charles Dickens, es
decir que Rusia está dispuesta a avanzar en sus vínculos con EE.UU. y está
dispuesta a hacer algo, siempre que Washington esté interesado.
Putin, a propósito, ha invitado a Obama a visitar Rusia y es muy previsible que
se lleve a cabo en junio cuando la cumbre del G-20 tenga lugar en San
Petersburgo. Lavrov resumió: “Es natural que sigamos trabajando con este
gobierno. Estamos dispuestos a hacer lo posible sobre la base de igualdad,
beneficio mutuo y respeto mutuo siempre que el nuevo gobierno de EE.UU. esté
dispuesto a hacerlo”.
Igualdad, confianza mutua y beneficio
Las reacciones chinas y rusas respecto al segundo período de Obama en la Casa
Blanca destacan las diversas prioridades y preocupaciones de los dos países. El
predicamento de Moscú es difícil. Obama ha optado por un vínculo selectivo con
Rusia, mientras por otra parte la ignora y no presta atención a sus intereses.
Pekín, por otra parte, está recibiendo quizá demasiada atención de Obama.
Rusia busca paridad (“igualdad”) en términos de soportar la pesada carga del
equilibrio estratégico global, que ve en el centro del orden mundial posterior a
la guerra fría, y está descontenta porque Washington ya no piensa según esas
líneas desde el colapso de la antigua Unión Soviética.
China, al contrario, se siente llena de seguridad de que la interdependencia con
EE.UU. también los une por la cadera y que los dos países tienen una necesidad
real de nadar juntos.
Un comentario de Xinhua sobre la victoria de Obama alardeó el miércoles: “Ningún
presidente de EE.UU. puede evitar las relaciones con China en los próximos
cuatro años, ya que el comercio bilateral probablemente superará los 500.000
millones de dólares este año y cerca de 10.000 personas viajan cada día entre
los dos países”.
Mientras Moscú evalúa que el “reajuste” de Obama de los vínculos entre EE.UU. y
Rusia está prácticamente moribundo, Pekín se da por satisfecha con que a pesar
de las fricciones que emanan del “reequilibrio” en Asia, la cooperación
china-estadounidense mostró “continuo progreso” durante el último período de
cuatro años. Xinhua señala:
Gracias a su común entendimiento en la construcción de una colaboración
cooperativa basada en el mutuo respeto y el beneficio mutuo, los dos países han
definido el papel de cada cual y su relación de un modo más claro y más
positivo. Los diálogos entre los dos países son más precisos y más efectivos.
La ansiedad en el tono ruso está ausente en la estimación china de la futura
trayectoria de los vínculos con EE.UU. De nuevo, un cierto realismo se destaca
por las propias prioridades de China en la situación que se desarrolla. Xinhua
agrega:
Sin embargo, las disputas entre el mayor país desarrollado y el mayor país en
desarrollo son evidentes y siempre existe el riesgo de enfrentamiento… [China]
quiere construir un nuevo tipo de relación, definida por beneficios mutuos y
cooperación… Si EE.UU. no cambia su forma de pensar tradicionalmente hegemónica,
habrá más y más conflictos mientras China se sigue desarrollando y protegiendo
sus propios intereses.
China tiene muchos problemas internos urgentes que hay que resolver… [China] no
puede soportar los costes de una confrontación total con el mundo exterior.
EE.UU. también necesita a China, no solo en términos de desarrollo económico
sino también en otros campos. La crisis financiera global reveló que la
globalización ha llevado a que los países sean tan interdependientes… China y
EE.UU. tienen que trabajar juntos por el bien de la futura estabilidad mundial”.
Los bosques son bellos, oscuros y
profundos
Dicho de otra manera, China considera los bosques –cuán oscuros y profundos
(pero bellos) podrían ser los bosques– mientras Rusia cuenta tenazmente los
árboles. Moscú está atascada en el pensamiento de que la Cámara de
Representantes de EE.UU. podría estar a punto de promulgar la denominada Lista
Magnitsky, que ve como un reemplazo por la puerta trasera de la Enmienda Jackson-Vanick
de la era de la guerra fría, que restringió los lazos económicos entre EE.UU. y
Rusia.
Según la evaluación de Sergei Rogov, director del Instituto de Estudios de EE.UU.
y Canadá en Moscú, se acumulan las nubes de una inminente tormenta en los
vínculos entre EE.UU. y Rusia, pero “después de un cierto tiempo, el gobierno de
Obama puede presentar una nueva agenda de las relaciones con Rusia”.
Piensa que Obama tendrá que buscar la cooperación de Rusia respecto a Afganistán
y los temas de desarme; e incluso podrían tener lugar algunas “discusiones muy
serias” sobre el fastidioso problema del programa de defensa de misiles. Pero,
según Rogov, lo mejor que se puede decir es que “hablando en general, pienso que
el gobierno de Obama no llevará las relaciones entre EE.UU. y Rusia a una crisis
seria de cualquier tipo”. Resumiendo, Moscú puede esperar la misma antigua
mezcla de cooperación selectiva y dejadez benigna en el segundo período de Obama.
Tanto Pekín como Moscú especulan ansiosamente sobre la selección por parte de
Obama del próximo secretario de Estado de EE.UU. Ambos visualizan la fuerte
posibilidad de que la selección de Obama se limite al senador John Kerry.
Por supuesto, Kerry será un novato respecto a los vínculos con China, pero es
una cara familiar en Moscú y podría evocar sentimientos ambivalentes (aunque
podría ser mucho peor si la selección de Obama resulta ser Susan Rice, quien ha
hecho numerosas observaciones poco diplomáticas sobre las políticas rusas). Sin
duda, China lamentará la partida del secretario del Tesoro, Timothy Geithner.
El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior
de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur,
Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía.
(*)Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
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