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(IAR
Noticias)
07-Noviembre-2012
Empecemos por una vacilante recuperación económica en Estados Unidos. A eso,
añadámosle una de las contiendas por la presidencia más reñidas de la historia.
Luego, culminemos con un desastre natural que pone en evidencia el deplorable
estado de la infraestructura en algunas de las partes más ricas del país.
Por
Francesco Guerrera /
The Wall Street Journal
La pregunta es lógica: ¿hacia dónde se dirige EE.UU.? ¿Regresará la era
dorada de prominencia financiera y política tal como prometen Barack
Obama y Mitt Romney? ¿O se encamina hacia un lento pero inexorable
declive, tal como sugieren algunas cifras económicas y los efectos del
huracán Sandy?
Los defensores de una recuperación de EE.UU. suelen apuntar a virtudes
intangibles como su gran espíritu emprendedor e innovador, así como
factores más concretos como el reciente auge del gas natural, que ofrece
la posibilidad de energía abundante y barata.
No obstante, hay un elemento de la resistencia estadounidense que a
menudo se pasa por alto. He aquí una pista: es verde y normalmente cabe
en su billetera: el dólar.
La condición de la moneda estadounidense como divisa internacional de
reserva desde la Segunda Guerra Mundial ha sido un pilar del liderazgo
estadounidense en el mundo. Mientras los bancos centrales sigan guardando
dólares en sus arcas— actualmente más de 60% de las reservas en moneda
extranjera son en dólares— y el comercio global dependa de su
intercambio, a Europa, China y otros les resultará difícil desplazar a
EE.UU. de la cima de la economía global.
El papel del dólar como un refugio seguro ha catapultado su valor en un
período en que EE.UU. se ha visto afectado por un crecimiento débil, una
parálisis fiscal y la rebaja de su deuda soberana. En realidad, el dólar
acumula un alza de casi 8% frente una canasta de siete divisas medidas
por el Índice del Dólar WSJ en los últimos 15 meses, desde que Standard &
Poor's le arrebató a EE.UU. su calificación de AAA.
Sin embargo, las monedas de reserva son frágiles. Sus poderes se pueden
neutralizar si los inversionistas pierden confianza en los países que las
emiten. A lo largo de la historia, este talón de Aquiles ha derribado a
monedas otrora todopoderosas como el denario romano, el florín holandés y
la libra esterlina.
Algunos expertos advierten que el dólar podría ser la siguiente. Su temor
es que la relajada política monetaria promovida por la Reserva Federal
después de la crisis financiera, sumada a los problemas fiscales que se
acumularán sobre el escritorio del próximo presidente, acabará con la
confianza de la comunidad financiera en la divisa. "Tradicionalmente el
dólar ha sido mejor considerado que otras monedas porque teníamos un
precedente histórico de disciplina monetaria y fiscal", dice William
Silber, profesor de finanzas en la Universidad de Nueva York. Ahora que
ambos factores están bajo amenaza, el dominio del dólar podría colapsar
ante las preocupaciones de los mercados por la inflación y la brecha
fiscal.
Silber, autor de una biografía de Paul Volcker, quien presidió la Reserva
Federal entre fines de los 70 y mediados de los 80, quiere que la Fed
adopte una postura volckeriana ante al tema. Durante su período al frente
de la Fed, Volcker subió las tasas a niveles de dos dígitos para combatir
la inflación.
Según el autor, el banco central debería pulir sus credenciales
antiinflacionarias declarando claramente que, si la economía sigue
mejorando, las tasas podrían empezar a subir antes de lo previsto. Un
mensaje más agresivo sobre los intereses podría, a su vez, alentar a la
clase política a abordar el problema de la deuda.
Cuando le consultaron durante un evento reciente si las lecciones de la
política monetaria de los años 80 se podrían aplicar hoy, Volcker
reconoció que este no es un buen momento para subir las tasas de interés.
Sin embargo, sobre el dólar no se mostró especialmente optimista. "Lo más
triste de esto es que la fortaleza del dólar es en parte un reflejo de lo
mal que se encuentran las demás monedas", dijo.
Ese es "el" argumento contra las preocupaciones por el estado de salud de
la moneda estadounidense. El euro está mucho peor; el yuan chino no se
puede intercambiar libremente y los mercados de otras monedas populares
como el franco suizo y el dólar canadiense son demasiado reducidos.
"Comenzaré a preocuparme por el estatus del dólar como moneda de reserva
cuando empecemos a comerciar con Marte", bromea Nathan Sheets, un ex
economista de la Fed que encabeza el departamento de economía
internacional de Citigroup Inc. "Sólo una divisa extraterrestre puede
desafiar el dólar".
John Connolly, que fue secretario del Tesoro de Richard Nixon en los 70,
le señaló a un grupo de ministros europeos que el dólar era "nuestra
moneda, pero su problema". Los políticos estadounidenses de hoy harían
bien en pensar en el dólar como nuestra moneda y nuestro problema.
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