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(IAR
Noticias)
25-Octubre-2012
Mitt Romney y Paul Ryan han sido designados oficialmente candidatos republicanos
a la presidencia y vicepresidencia de EEUU.
Por
Fiodor Lukiánov -
RIA Novosti (*)
La
principal lucha en la campaña electoral girará en torno a la esfera
económica, ya que la política externa nunca ha sido de gran interés para
los electores estadounidenses. Sin embargo, hoy EEUU tiene influencia
especial en todo el mundo y al mismo tiempo depende de la situación en
todo el planeta, por eso la falta de interés de la mayoría de los
estadounidenses hacia asuntos externos no encaja con la realidad global.
Esta contradicción la reflejan las peculiaridades del equipo republicano.
Tradicionalmente, alguno de los candidatos de la pareja electoral cuenta
con gran experiencia en política exterior o al menos muestra interés por
asuntos internacionales. Sin embargo, tanto Romney como Ryan no ostentan
estas cualidades.
Romney ha emprendido varios intentos de mostrar su atención a la política
exterior y a asuntos estratégicos. En particular, intervino recientemente
ante la Asociación Veteranos de Guerras en el Exterior y visitó Israel y
Europa. Pero no se puede decir que así haya adquirido una imagen de
político a nivel internacional más o menos precisa: más bien dejó claro
que se guía por las ideas de los republicanos de finales del siglo XX y
principios del XXI, buscando un punto medio entre Ronald Reagan y George
W. Bush.
Sus acciones son poco concretas, consisten en insistir en la necesidad de
recuperar la grandeza incondicional de EEUU dejando de lamentar su ocaso,
a diferencia de lo que hace, según los republicanos, Barack Obama. Romney
está seguro de que EEUU como líder no tiene rivales, no puede haber otra
alternativa en el mundo.
En realidad, es un axioma para cualquier político estadounidense, la
diferencia consiste en los medios que cada uno está dispuesto a aplicar
para mostrarlo. El candidato se muestra intransigente, pues hace casi 25
años gracias a esta postura EEUU cosechó grandes éxitos.
De aquí, de esta aspiración a repetir los éxitos del pasado, deriva la
actitud -especial y asombrosa para tratarse de año 2012- de Mitt Romney
hacia Rusia. La llamó “el principal enemigo geopolítico” de EEUU en
varias ocasiones, lo que asombró incluso a sus partidarios, ya que los
tiempos de esta confrontación ya acabaron para siempre, y la antipatía
hacia Rusia y sus líderes, por muy fuerte que sea, no lo cambia.
EEUU hace frente hoy a nuevos retos y amenazas. Y si Moscú, si figura en
esta lista, no está entre los principales. Romney, instintivamente,
intenta volver al antiguo modelo bipolar, cuando todo era sencillo y
evidente. Pero la mayor dificultad actual es que la situación estratégica
se ha hecho vaga y difusa: no está claro dónde están los socios y dónde
los adversarios, tanto más que éstos cambian de roles sin tardar.
El ideólogo de política exterior para Mitt Romney es el publicista
neoconservador Robert Kagan, quien hace diez años declaró imposible la
hermandad transatlántica, haciendo hincapié en las divergencias
ideológicas y mentales entre EEUU y Europa, lo que sirvió entonces de
excusa para que Washington actuara en el escenario mundial sin coordinar
sus acciones con nadie. Cuarto años más tarde, el mismo Kagan llamó, al
revés, a la solidaridad entre el Nuevo Mundo y el Viejo ante el creciente
“capitalismo autoritario”, plasmado por China y Rusia. En esencia, fue
como reconocer que la anterior idea de que a EEUU no le hace falta nadie
había sido errónea.
En su recién publicado libro ‘The World America Made’ (El mundo que hizo
EEUU) Kagan presta gran atención ya no al “capitalismo autoritario” (en
el tiempo transcurrido ya se ha hecho evidente que es un concepto
artificial), sino al crecimiento de los centros de gravedad alternativos
encarnados por los BRIC y a la necesidad de contrarrestar sus intenciones
de quitarle a EEUU su liderazgo.
Ahora Kagan ya no es tan tajante como hace diez años, cuando afirmó que
“la fuerza blanda” es otro nombre para la debilidad y que todo lo decide
la fuerza militar. Ahora reconoce que EEUU no debe, como en época de
George W. Bush, intentar lograr sus objetivos solo con la ayuda de una
fuerte presión, dice que hay que complementarla con un trabajo para la
conquista de la mente también.
El libro de Robert Kagan no es un programa electoral de Mitt Romney, pero
coinciden en lo principal. Hay que hacer frente a las ideas de la
decadencia de EEUU que se propagan por el mundo. Y hay que hacerlo sin
medias tintas. En esto radica la diferencia principal con la visión de
asuntos externos de Obama, quien cree que EEUU debe ser flexible y
aceptar compromisos con polos alternativos, afianzando de esta manera su
liderazgo. En todo caso, ni Romney ni Kagan ofrecen una visión clara de
cómo debe EEUU seguir persiguiendo sus objetivos en el mundo actual, se
limitan a formular lemas.
Es muy elocuente la elección del candidato a la vicepresidencia. Los
políticos que han ocupado este cargo desde los ochenta en su mayoría
poseían un peso especial y una autoridad en la esfera internacional:
George H. W. Bush, Albert Gore, Dick Cheney, Joseph Biden. Paul Ryan no
tiene nada que ver con esta esfera, como afirman sus críticos, no le
interesa nada más que las cifras y los rubros del presupuesto.
Tal vez estas cualidades sean útiles para la política estadounidense
interna, pero a nivel internacional podrá participar solo en discusiones
de cuestiones financieras, como las del G-7. Pero precisamente de ello
debería ocuparse Romney en caso de ser presidente, pues se considera
experto en la economía en primer lugar.
Ryan es un partidario fervoroso y convencido de la reducción de gastos
presupuestarios y a la luz del problema de la deuda Estatal de EEUU, que
se hace muy acuciante, este tema será el arma más potente contra Obama.
La cuestión relevante para la política externa es si las reducciones
presupuestarias afectarán a la esfera militar. Habitualmente, los
republicanos optan por reducir cualquier gasto menos los que tengan que
ver con la seguridad nacional. Romney comparte esta postura: la defensa
antimisiles para él es algo sagrado, porque así lo vio Reagan.
El candidato a la vicepresidencia seguramente va a incidir todo lo
necesario en la seguridad de EEUU, pero este tema parece serle muy ajeno
y de poco interés. Las ideas del equipo republicano están claras: están
determinadas por las de Kagan. Pero la aparición de un candidato a la
vicepresidencia indiferente a la política exterior es un signo elocuente
(no hablo de las últimas elecciones con Sarah Palin postulada a la
vicepresidencia, porque su compañero, el entonces candidato a presidente
John McCain, es un reconocido entendido en asuntos internacionales).
Este hecho muestra que incluso en el equipo republicano se dan cuenta de
que en el siglo XXI EEUU no debe apostar por la fuerza para mantener el
predominio en asuntos internacionales, pues esta apuesta puede resultarle
demasiado costosa.
(*)Fiodor
Lukiánov, es director de la revista Rusia en la política global, una
prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la
política exterior de Rusia y el desarrollo global. Es autor de
comentarios sobre temas internacionales de actualidad y colabora con
varios medios noticiosos de Estados Unidos, Europa y China. Es miembro
del Consejo de Política Exterior y Defensa y del Consejo Presidencial de
Derechos Humanos y Sociedad Civil de Rusia. Lukiánov se graduó en la
Universidad Estatal de Moscú. |