Introducción
Larry
A. Silverstein, un magnate israelí en bienes raíces, firmó el 24 de Julio de
2001 un contrato de arrendamiento-compra del World Trade Center (WTC), con un
pago inicial de 124 millones de dólares. El contrato se celebró 6 semanas antes
del 'ataque terrorista' del 11 de setiembre. El banco JP Morgan Chase y las
Autoridades del Puerto de Nueva York, ambos controlados por la familia
Rockefeller, negociaron el trato. Silverstein aseguró fuertemente el complejo
del WTC contra ataques terroristas. Silverstein también poseía el edificio siete
del complejo. Los ocupantes de este edificio bastante seguro fueron, entre
otros, la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Este edificio siete colapsó
aunque edificios que se encontraban más cerca de las Torres Gemelas pero no
poseído por el Sr. Silverstein quedaron sin daños.
Silverstein recibió una liquidación de 4.5 mil millones de dólares de las
compañías de seguro después de su destrucción. Apeló el pago del seguro
reclamando que el impacto de los dos aviones no representaba un solo caso sino
dos. El ganó el juicio y de esta forma obtuvo una indemnización total de 7.3 mil
millones de dólares. Alice Schroeder, Vinay Saqui y Chris Winans afirman en su
documento del 17 de setiembre de 2001, titulado “World Trade Center Special
Issue”, que las pérdidas consecuentes de la caída de las Torres Gemelas
superarían eventualmente las posibilidades de Lloyd's como empresa
re-aseguradora.
Es preciso saber que Lloyd's es una de las empresas claves que pertenece a la
fracción dominante del capital financiero anglo-americano globalizado con sede
en Wall Street y el centro financiero de Londres. Esta fracción que reúne las
principales bancas de inversión del mundo y transnacionales está en franca
disputa con la fracción financiera americana conservadora unipolar y unilateral.
La última se basa fuertemente en el complejo industrial y militar de EEUU y
busca conservar la hegemonía norteamericana en el mundo. Los globalistas en
cambio, aspiran a crear un Estado global bajo hegemonía de los grandes
banqueros. Lo anterior pone el suceso del atentado del 11 de setiembre de 2001
en un entorno de lucha geopolítica que tiene su anclaje primero que todo en los
propios Estados Unidos.
La pérdida de soberanía nacional en la era de la globalización
Con la globalización neoliberal ha dominado la política económica que promueve
la liberalización de los mercados en general y de los financieros en especial.
El poder de los Estado-nación para definir en forma independiente su política
económica dentro de un marco nacional, ha sido reducido de forma drástica,
primero en los países periféricos como los latinoamericanos, pero luego también
en Europa y hasta en los mismo EEUU. En las últimas dos décadas del siglo
pasado, el poder soberano del Estado-nación ha disminuido en el plano económico
como consecuencia del poder totalizador adquirido por las transnacionales en el
marco de la política de desregulación económica a nivel mundial. El poder
totalizador que adquieren las transnacionales en la desregulación económica y en
la política de los estados, se desarrolla en el marco de la eficiencia para
maximizar ganancias como finalidad última, que no es otra cosa que la ley del
más fuerte en el libre juego del mercado (que por supuesto no es libre). Las
transnacionales, los grandes bancos, a partir de las megafusiones y grandes
adquisiciones se transforman en "Estados privados sin fronteras ni ciudadanos" y
juntos actúan como un capital financiero globalizado que no da cuenta de nada a
nadie más allá de sus principales accionistas.
Es la destrucción de la soberanía, democracia, libertad y del concepto de estado
ya mencionados, para dar paso a la construcción de un nuevo estado global total:
El de las transnacionales y los grandes capitales atrincherados tras la mayor
acumulación de armas que conoce la historia. Si la ganancia en la economía real
tiende a la baja, ya nada importa el cómo se obtiene la ganancia, lo que
conlleva a la corrupción y la criminalización de las sociedades. Los estados se
convierten en los garantes para toda modalidad de acumular. Así también el
estado tradicional ha venido siendo substituido por un nuevo concepto: el de un
“Estado-corrupto-totalitario” que es el que brinda las mejores y más rápidas
oportunidades para acumular, pero que a la par desmantela todo el sistema y no
solo social previo. Eso no es sostenible por largo tiempo sin hundirse en el
caos.
¿Cómo se estructura esa red financiera global que tiende a subordinar a todos
los estados en el mundo? Los resultados de un estudio de ETH en Zürich, Suiza,
titulado “The network of global corporate control”, realizado por los
investigadores suizos, Stephania Vitali. James B. Glatterfelder y Stefano
Battison, muestran que 737 compañías controlan 80% de la red de corporaciones
transnacionales y que solo 147 controlaban más del 40% de esta red global. De
las 50 compañías, la mitad es norteamericana. Gran Bretaña ocupa el segundo
lugar con 8; Japón y Francia siguen con 4 compañías cada uno en el tercer y
cuarto lugar. A esto se puede sumar que 12 de las 25 compañías con el mayor
número total de nodos de la cadena, son conocidos instituciones financieras. En
el orden de importancia menciona el texto: Barclays, JP Morgan Chase (creada el
año 2000 a partir de la fusión del Chase Manhattan y la JP Morgan & Co), UBS AG,
Merril Lynch & Co, Deutsche Bank AG, Credit Suisse Group, Bank of New York
Mellon, Goldman Sachs Group, Morgan Stanley, Mistsubishi Financial Group,
Societé Génerale y Bank of America Corp. Estos son como los pulpos más grandes
con más tentáculos en el mundo. Lo que más llama la atención aquí es que
Barclays de la City de Londres estaba en primer lugar. El capital financiero
global guerrea por más áreas de influencia para instaurar un orden global bajo
su hegemonía. Esta puja tendrá sus triunfadores y perdedores dentro y entre las
propias potencias económicas que si se basan en la territorialidad. La
imposición del poder financiero global hoy responde a una lógica más allá de un
país hegemónico o dominante en el mundo. Lo anterior implica que hasta se vuelve
necesaria la superación de EEUU como la única superpotencia del mundo. Con ello
la autodeterminación o soberanía del Estado-nación está en peligro de pasar a la
historia. Hasta en los propios Estados Unidos, hay una puja de intereses por
acabar con o defender su soberanía. En medio de esta puja de intereses, el
bloque de poder financiero angloamericano se divide en dos, como veremos a
continuación.
1. La fracción dominante del capital financiero anglo-americano globalizado
La fracción dominante de capital financiero anglo-americana, globalizado tiene
su centro de operaciones en la City de Londres y Wall Street. Este capital
financiero globalizado está liderado por bancos como City Group (es la mayor
empresa de servicios financieros del mundo con sede en Nueva York), HSBC (es la
segunda empresa de servicios financieros más grande del mundo con sede en
Londres), Lloyd’s (es el principal mercado de seguros y re-aseguramientos con
sede en Londres) y Barclays (es la cuarta compañía más grande del mundo en
servicios financieros con sede en Londres) y controla, por ejemplo a Cargill-Monsanto
(Vea, Formento y Merino, Crisis financiera global; La lucha por la configuración
del Orden Mundial, Peña Lilo Eds. Buenos Aires, 2011: p.58). Muy especialmente
los autores mencionan la red financiera internacional de la Gran Banca Global
Rothschild que está detrás de HSBC y Lloyd´s Bank y detrás de los últimos
aparecen empresas transnacionales como la Shell y Unilever. Es interesante saber
que los Rothschild controlan a los principales medios de comunicación (Reuters
News, Associated Press, ABC, CBS, NBC, CNBC, CNN, la BBC, y otros canales de
televisión y diarios en todo el mundo). Los medios de comunicación masivos
divulgaron que la euro-zona y la deuda soberana de EE.UU. producirán un desastre
creciente durante el año 2012. Estas naciones entenderán, por la "teoría"
aceptada como "políticamente correcta", que solo una guerra apaciguará la crisis
financiera. Es preciso saber aquí que los Rothschild controlan la CIA y la OTAN
y que hasta hace poco sólo había cinco naciones en el mundo donde los Rothschild
no controlaban el banco central.
La idea de los Rothschild es provocar una Tercera Guerra Mundial, que tiene como
objetivo instalar una nueva élite global, sumiendo al planeta en un Estado
Totalitario. En términos políticos este imperio financiero estaba mejor
representado en EEUU por los Demócratas desde la administración de Bill Clinton
(1993-2001). Hoy en día el gobierno de EEUU bajo la administración Obama
(2009-2013) está en manos de la fracción globalista, que impone ministro de
economía, Geithner, y de relaciones exteriores, Clinton, pero no controla el
ministerio de defensa ni el banco central que están en manos ambos de la
fracción americana imperialista. En términos intelectuales su ideólogo es el
premio nobel de economía Paul Krugman. Se destaca aquí también la figura
política de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de seguridad nacional de EEUU y
asesor del presidente Barack Obama.
El capital financiero global guerrea por más áreas de influencia para instaurar
un orden global bajo su hegemonía con la creación de un Estado global. Su
proyecto estratégico ha sido la aceleración de la crisis de la soberanía del
estado nacional y el desarrollo de formas de soberanía global tendientes a la
conformación de un Estado Global sin Fronteras ni Ciudadanos. El espacio
nacional norteamericano deja de ser punto de partida del gran capital financiero
global en la lucha por ese nuevo orden global. Este capital deja de tener, en
otras palabras, cualquier compromiso con los ciudadanos en los países centrales
hasta en los mismos EEUU.
Para las redes financieras globales, afirman Formento y Merino (Ob. Cit.), “solo
debe haber colonias no países colonizadores; incluso estos mismos devienen en
territorios a colonizar”. Tratase de un imperialismo desplegado en una red
jerarquizada de ciudades financieras globales: Nueva York y el centro financiero
de Londres (la City de Londres) como su eje central. Esta red tendrá sus nodos
locales en París, Tokio Shanghái, Frankfurt, Moscú Singapur, Hong Kong, Dubái,
Abu Dabi, Bombay, Sídney, Johannesburgo, Sao Paulo, Buenos Aires, México etc.
Estas ´capitales financieros´, continúan los autores, son los nodos principales
que darían forma social al Estado Global y donde la división global de trabajo
asignaría las funciones a cumplir en cada espacio regional. La caída de EEUU
como potencia mundial se convierte una condición necesaria para avanzar hacia
este nuevo formato imperial donde no existe país central: Un imperialismo sin
centro establecido en un país determinado, sino en una red de mega ciudades
financieras.
Para no ser absorbido por los tentáculos del capital financiero global
angloamericano y al tratar de ser parte de los mismos, ha de entenderse la
creación de la Unión Europea en 1992 y la introducción de la moneda única, el
euro, en 1999. La forma de avanzar es a través de la constitución de áreas de
libre comercio por región. Regionalizando el Globo, sin que esto implique armar
bloques políticos de poder (la Unión Europea o UNASUR), sino como estrategia
para debilitar los poderes estatales nacionales y regionales, se avanza para los
intereses angloamericanos hacia el globalismo financiero.
2. La fracción financiera norteamericana conservadora unipolar y unilateral
A la política de desmantelamiento de la soberanía nacional había oposición de un
fuerte bloque conservador dentro de los propios EEUU. Estas fracciones
conservadoras necesitan perpetuar el viejo imperialismo del país central y
apuntan a la estrategia de un unipolarismo unilateral con el brazo fuerte del
Pentágono en medio de bloques regionales bajo hegemonía de EEUU. Este bloque de
poder cuenta con la fracción financiera de J.P. Morgan (es la primera banca
comercial de EEUU en cuanto a activos), Bank of America (es la segunda banca
comercial más grande de los Estados Unidos). La banca comercial es la actividad
más conocida por el gran público, la que se realiza a través de las típicas
sucursales bancarias. Su negocio principal consiste en pagar por el dinero que
depositan sus clientes y cobrar por los créditos que concede. Luego está Goldman
Sachs (es uno de los grupos de banca de inversión y valores más grandes del
mundo). La banca de inversión se dedica a sacar empresas a Bolsa, diseñar y
ejecutar la obtención de una participación significativa en el capital de una
sociedad (OPA's), fusiones, ventas de divisiones enteras entre empresas,
emisiones de bonos, operaciones de gran volumen en los mercados financieros,
etc. En fusiones y adquisiciones Goldman Sachs ha ganado fama histórica por
asesorar clientes en ofertas públicas de adquisición.
En este bloque están también las grandes empresas del imperio Rockefeller. David
Rockefeller era el presidente del banco gigante de Chase Manhattan que hoy está
fusionado en J.P Morgan Chase. Su vínculo con la industria militar ha sido muy
directo. Así como los Rothschild manejan a la OTAN, así trabajan los Rockefeller
con el Pentágono. El imperio petrolero de los Rockefeller es impresionante y se
expresa a través de sus empresas como Exxon Mobil, Chevron Texaco, BP Amoco y
Marathon Oil. El J.P.Morgan Chase controla la ESSO, Hulliburton, etc. Los
Rockefeller controlan grandes empresas farmacéuticas así como la empresa
constructora de aviones Boeing, las aerolíneas United Airlines, Delta y
Northwest Airlines. Esto deja ver la cantidad de empresas que hay en esta línea.
En términos políticos este grupo fue mejor representado por los Republicanos
bajo la administración Bush (2001-2009).
Estas fuerzas conservadoras buscan mantener a toda costa la soberanía y
fortaleza del poder norteamericano como potencia hegemónica. Para ello es
preciso mantener el dólar como moneda mundial que implica mantener a la vez su
poder militar. Este proyecto político defiende el concepto de Estado nación
hegemónica con sus controles geográficos. La debilidad y retraso en términos
económicos de esta fracción americana de poder fue compensada por la política
militar. La caída de las Torres Gemelas en 2001, según una W. Formento y G.
Merino (La llamada crisis financiera global), era el medio para detener el
avance de la fracción avanzada del capital financiero global que buscaba acabar
con la soberanía nacional de los mismo EEUU y dinamizar la hegemonía
norteamericana a partir del antiguo complejo industrial-militar norte-americano.
Antes de llegar a la Casa Blanca en el año 2001 George Bush ya tenía elaborado
el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano. Pero este proyecto no lo podría poner
en práctica sin tener ningún aliciente que lo justificara. El Proyecto para el
Nuevo Siglo Americano más que como un intento de expandir e intensificar el
poder de EEUU en el mundo, se debe considerar como un intento de mantener su
posición hegemónica en el nuevo contexto de acumulación de capital financiero
sin fronteras que se da desde finales del Siglo XX, ya que esta acumulación sin
ligamen alguno a las fronteras pone en peligro hasta la propia soberanía de EEUU.
Para poder implementar el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano los halcones
necesitaban de una bandera falsa y este se lo va a proporcionar el ataque a las
Torres Gemelas el 11 de septiembre. Con la "caída" de las Torres Gemelas y la
crisis de la burbuja de Nasdaq, los neocons logran imponer una nueva correlación
de fuerzas en el territorio norteamericano, generando una situación de empate de
fuerzas. A partir de aquí, tanto una como otra fracción se posiciona, pertrecha
y fortalece, agudizando necesariamente las contradicciones entre ellas.
A partir de 2001, la fracción retrasada, fuertemente desarrollada al interior de
los EEUU pero con menor desarrollo global logra compensar así su debilidad en el
terreno económico, desplegando una política militarista basada en la idea de la
seguridad nacional. Los halcones en EEUU aprovecharon el atentado del 11 de
setiembre para fomentar un nacionalismo retrograda en tierra propia a tal grado
que pude emerger una guerra contra el terrorismo. La guerra contra el terrorismo
ha de “legitimar” cualquier barbaridad. La invasión de EEUU en Afganistán se
hizo sin prueba alguna sobre la posible responsabilidad de Bin Laden en la caída
de las torres gemelas de Nueva York.
A partir del 11 de setiembre de 2001 EEUU prepara la invasión de Iraq. EEUU no
consiguió los votos necesarios en el Consejo de Seguridad para invadir Iraq. La
invasión fue la sustitución del imperio de la ley por la ley del imperio. Con la
invasión a Iraq en marzo de 2003, el gobierno de EEUU ha desconocido
abiertamente la propia Carta Magna de la ONU y con ello viola la soberanía
nacional, mostrando a la vez tener el derecho exclusivo de sobreponerse a las
demás potencias, incluyendo a la Unión Europea. Sadam Hussein y sus supuestos
armas de destrucción masiva revelan ser mero pretexto para la invasión así como
son hoy en día las armas nucleares que supuestamente están en desarrollo en
Irán. Nunca encontraron dichas armas de destrucción masiva en Iraq, pero menos
de diez años después de nuevo se hace creer al mundo que, esta vez, Irán está
fabricando armas atómicas.
El atentado del 11 de septiembre en Nueva York no tenía que ver con la caída
bursátil en las principales potencias. La crisis bursátil (la de Nasdaq
especialmente) ya existía en ellas, y se esperaba que la bolsa continuara
cayendo a partir de la recesión mundial que estaba a la vista. Del 10 de
septiembre al 10 de octubre del 2001, la situación bursátil no empeoró de manera
sustancial entre las potencias mundiales: el Nikkei 225 estaba el 10 de octubre
un 74% por debajo de su récord histórico contra el 73% un mes antes; El Dow
Jones, un 21% contra 14%; el Nasdaq, un 68% contra 65%; y el área europea un 35%
contra un 31%. Las bolsas en los países emergentes recibieron golpes más duros,
puesto que la actividad bursátil cayó en un mes del 12% al 23% por debajo de su
nivel alcanzado a principios del 2001. Así por ejemplo, la bolsa en Brasil cayó
en ese mes del 39% al 53% por debajo de su nivel alcanzado a principios del
2001; en Argentina, pasó del 25% al 46% por debajo de ese nivel; en China, del
11 % al 20% (The Economist, 13-19. X. 2001: 99).
Ante la lógica unipolar del capital financiero angloamericano globalizado se
enfrentó la visión unipolar de la fracción de aquel capital financiero apoyado
en el complejo industrial y militar. Tratase de una batalla entre dos fracciones
de capital improductivo al interior de EEUU. André Gunder Frank señalaba que el
poder hegemónico y unipolar de Estados Unidos se sostiene sobre dos pilares: el
dólar y el Pentágono. La guerra en Irak era una necesidad estratégica para
asegurar la continuidad del poder americano por otras cuantas décadas. Al
reposar la dominación de Estados Unidos sobre el mundo en los mencionados dos
pilares, resultaba estratégico para Estados Unidos preservar el dólar como la
moneda de reserva. Con una caída del dólar estaría en juego uno de los dos
pilares de la hegemonía norteamericana. El fin de la era del dólar como moneda
de reserva internacional significaría el hundimiento de Estados Unidos y
consecuentemente un triunfo del capital angloamericano globalizado.
La economía estadounidense dependía cada vez más de los bancos centrales de
China, Japón y otras naciones periféricas que invertían sus principales
reservas internacionales en bonos del Tesoro. Con el transcurrir del tiempo, el
dólar retrocede como moneda de intercambio universal y como moneda de reserva.
Rusia ya exportaba en 2001 la mitad de su petróleo y gas en euros, y existían
negociaciones para que el comercio bilateral con la Unión Europea se hiciera en
euros. La participación del euro en las reservas internacionales alcanzó en 2003
ya el 20% y en 2011 (en medio de la crisis del euro) el 25.7% contra un 61.7% en
dólares. Existía el peligro de que los países de la OPEP dejaran el dólar como
moneda de intercambio con China, India entre otros. La implementación efectiva
de tal política hubiera conlleva tarde o temprano a la caída libre del dólar. La
llamada guerra contra el terrorismo por tanto, ha sido una enorme cortina de
humo para ocultar esta feroz lucha por mantener el mundo unipolar bajo hegemonía
estadounidense.
La creciente desconfianza en el dólar se revela en el precio del oro: Desde que
la administración Bush llegó al poder en 2001, el oro pasó de 200 dólares a casi
700 la onza a principios de mayo de 2006. Desde junio de 2005 China anunció
reorganizar la composición de sus reservas internacionales lo que empuja el
dólar hacia abajo. A nadie se le escapa, ni en China ni afuera, que la
diversificación de las reservas internacionales a otras divisas, al oro y al
“oro negro” u otras materias primas que no pierden su valor, vuelve sumamente
vulnerable al dólar. En este contexto se entiende cómo en 2012 el precio del oro
estaba ya en más de 1700 dólares por onza.
La lucha entre las dos fracciones del capital improductivo salta a la vista con
el traspaso de la presidencia de la Reserva Federal en EEUU en febrero de 2006.
En esa fecha “cae” Alan Greenspan como presidente de la Reserva Federal y suben
a Ben Bernanke. Con ello cambia la correlación de fuerzas entre las dos
fracciones de capital en el núcleo del poder financiero global: La Reserva
Federal. Con Ben Bernanke en la presidencia de la Fed., la política de altas
tasas de interés, golpea directamente al sistema financiero. Para Formento y
Merino (La llamada crisis financiera global), el Banco Lehman Brothers (una de
las mayores bancas financieras de inversión y parte de la red del Citigroup,
principal grupo del capital financiero anglo-americano globalizado) no se cayó
el 15 de setiembre de 2008 sino, en la lucha lo dejaron caer para que arrastrara
a toda la banca de inversión a la crisis. La caída del Lehman Brothers guarda,
entonces, relación directa con la necesidad de desarticular la Red financiera
global. Lehman Brothers fue. Meses antes habían caído el Bear Stearns (un banco
de inversión global y de venta de ´securities´ como los CDS) el Merryll Linch
(otro banco de inversiones), que fueron inmediatamente adquiridos a precios de
oferta (10% de su valor) y con el apoyo financiero de la Reserva Federal, por el
JPMorgan y el Bank of América respectivamente, ambos parte del grupo
conservador. Este proceso de centralización forzado permite un salto de escala
impresionante para estas entidades con poca presencia global en términos
relativos, pero con fuerte desarrollo al interior de los EEUU, asociadas al
antiguo complejo industrial-militar y a los grandes laboratorios
norte-americanos, cuyos cuadros forman parte, a su vez, de la cúpula del partido
republicano.
Los juegos de ajedrez continúan y parecen tornarse de nuevo a favor de los
globalistas. En 2011 Barack Obama anunció un cambio en su política de defensa.
La política militar ya no focalizaba tanto como proyecto norteamericano hacia
Medio Oriente, sino como proyecto de la OTAN contra China y Rusia. El hecho que
la administración Obama orienta su política hacia una confrontación directa con
China y Rusia obedece a la preponderancia de la política del capital financiero
anglo-americano y global sobre los neoconservadores. La idea principal sería
fragmentar a Rusia y China en estados menores, con fuerza económica y capacidad
militar muchísimo más limitada. Con ello se abortaría la alternativa de un
surgimiento de un mundo multipolar bajo la hegemonía ruso-chino. Su afán es
evitar un mundo multipolar bajo hegemonía ruso-china que echaría a perder el
objetivo de alcanzar un Estado Global.
Según el autor Webster G. Tarpley en su trabajo “US Policy Shift On Iran-Iraq”
(2008), el ideologo Brzezinski, señala que la primera fase consiste en echar a
China de África a fin de cortar su acceso al petróleo y los recursos naturales
en este continente y así saboteando su rápido crecimiento industrial actual.
Toda África se está tornando en un campo de batalla contra los intereses chinos
y Obama con la OTAN la encabeza. Una política posible, aunque dura de lograr, es
no atacar a Siria e Irán sino tornar estos países contra de Rusia y China. Este
diseño de Brzezinski explica porqué Obama afirma que quiere negociar con Irán y
bombardear a Pakistán. En la fase final Brzezinski planea que los chinos tan
necesitados de petróleo invaden las provincias orientales de Rusia donde hay muy
pocos rusos y muchos posos de petróleo. De esta forma Obama, premio nobel de la
paz, sería el portador de un plan para encausar una Guerra mundial que estallara
entre Rusia y China que en mucho supera el plan insano de los neoconservadores.
En la tercera guerra mundial se sacrificará a Europa y se entregará Israel al
mundo musulmán. Con ello triunfaría el Estado Global.
La pregunta entonces ya no es cuál de las dos tendencias dentro de EEUU ganará,
sino si la política de los globalistas triunfará o si habrá una tercera opción.
Diferente de lo que pronostican Formento y Merino, en nuestra opinión, el
capital improductivo, sea financiero o militar no triunfará en esta carrera por
el poder. Con ello viene inmediatamente otra pregunta sobre las alternativas que
queremos desarrollar en el próximo capítulo.
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