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(IAR
Noticias)
20-Noviembre-2012
Israel arremete nuevamente contra la franja
de Gaza y los medios de difusión internacionales transmiten imágenes de
desolación. Pero el horror que inspiran esas imágenes de la nueva agresión
israelí no debe impedirnos proceder al análisis del hecho y comprender sus
objetivos. Thierry Meyssan responde a la interrogante.
Por Thierry Meyssan /
Red Voltaire (*)
Las
fuerzas armadas israelíes emprendieron, el 14 de noviembre de 2012, la
Operación Columna de Nube o Pilar Defensivo, contra las instalaciones
administrativas y militares del Hamas en la franja de Gaza. En el primer
día de la operación fue asesinado Ahmed Jaabari, número 2 de la rama
armada de la organización palestina. Según las fuerzas armadas de Israel,
los ataques de ese día destruyeron además varias rampas de lanzamiento de
misiles tierra-tierra Fajr 5.
La multiplicación de los bombardeos de la aviación israelí convirtió
rápidamente el nuevo ataque en una agresión de gran envergadura. El
Estado Mayor israelí ordenó la movilización de 30 000 reservistas,
llamado que rápidamente se hizo extensivo a 75 000, a pesar del peligro
de desorganización que ello implica para la economía. Israel dispone así
de la capacidad necesaria para lanzar una invasión terrestre contra la
franja de Gaza.
Esta situación plantea varias interrogantes.
¿Por qué en este momento?
Tel Aviv ha tomado la iniciativa precisamente en momentos en que
Washington atraviesa un periodo de parcial vacío del poder en espera de
la nominación de un nuevo secretario de Estado y del nuevo secretario de
Defensa. Se barajan los nombres de la embajadora Susan Rice y del senador
John Kerry, pero una lucha encarnizada –que se libra a través de la
prensa– apunta a descalificar a la embajadora Rice. En todo caso, los
secretarios de Estado y de Defensa salientes no están ahora en posición
de tomar decisiones de peso y sus posibles sucesores ni siquiera han sido
nominados aún.
Al igual que en este momento, Tel Aviv ya había tomado anteriormente una
iniciativa similar –la Operación Plomo Fundido– aprovechando también el
periodo de transición entre las administraciones de los presidentes Bush
Jr. y Obama.
Varios comentaristas mencionan además la proximidad de las elecciones
legislativas israelíes y sugieren que lo que buscan Benjamin Netanyahu y
Avigdor Lieberman es consolidar su propia imagen de halcones
intransigentes.
Pero esto es poco probable. La realidad es que han emprendido esta nueva
agresión sin tener idea de su posible resultado. Y lo que realmente
sucedió hace 4 años fue que el fracaso de la operación Plomo Fundido
resultó fatal para el gobierno de Ehud Olmert.
¿Cuál es el objetivo?
Tradicionalmente, las fuerzas armadas israelíes acostumbran a adaptar sus
objetivos a las ocasiones que se presentan.
Como mínimo, se trata de debilitar a la Resistencia palestina destruyendo
su infraestructura y sus instalaciones administrativas en la franja de
Gaza, como acostumbra hacer Israel a intervalos más o menos regulares.
Pero el debilitamiento del Hamas beneficiará automáticamente a al-Fatah,
en Cisjordania, movimiento que no dejará entonces de aprovechar la
ocasión para hacer avanzar un poco más su demanda a favor del
reconocimiento de un Estado palestino en el seno de la ONU.
Como máximo, esta nueva agresión del Estado de Israel contra la franja de
Gaza pudiera abrir el camino a un viejo plan sionista: la transformación
del reino de Jordania en un Estado palestino, el traslado de la población
de Gaza (quizás incluso la de Cisjordania) al actual territorio de
Jordania y la anexión de los territorios que abandonaría la población
palestina. En ese caso, la actual operación militar israelí no apuntaría
indistintamente contra todos los dirigentes del Hamas sino únicamente
contra los responsables que se oponen al ex jefe político de esa
organización, Khaled Mechaal. Y este último estaría llamado a convertirse
en el primer gobernante del Estado palestino que se crearía en Jordania.
¿Existe un vínculo con los incidentes registrados en Jordania?
La guerra desatada contra Siria está asfixiando la economía jordana. El
reino hachemita se ha endeudado rápidamente. El gobierno jordano anunció
–este 13 de noviembre, o sea el día anterior al inicio de la nueva
agresión israelí contra Gaza– un alza en los precios del combustible, de
hasta un 11% en el transporte público y del 53% para el gas doméstico. La
noticia ha intensificado un movimiento de protesta que ya estaba latente
desde principios de 2012. La mitad de los 120 000 profesores de las
escuelas públicas jordanas se declararon en huelga de inmediato.
El viernes 16 de noviembre más de 10 000 personas participaron en una
manifestación en pleno centro de Amman al grito de «¡La libertad viene de
Dios!», «¡Abdalá, tu tiempo se ha acabado!» y «¡El pueblo quiere la caída
del régimen!». Los manifestantes partieron de la mezquita Husseini
encabezados y dirigidos por la Hermandad Musulmana.
Los miembros de la Hermandad Musulmana, que llegó a un acuerdo con el
Departamento de Estado estadounidense y con el Consejo de Cooperación del
Golfo, ya alcanzaron el poder en Marruecos, Túnez, Libia, Egipto y en
Gaza. Controlan también la nueva Coalición Nacional Siria y ambicionan
gobernar Jordania, con el rey Abdala II… o sin él.
El miembro jordano más conocido de la Hermandad Musulmana es Khaled
Mechaal, ex jefe de la rama política del Hamas. Mechaal vivió en el
exilio desde el año 2001 hasta 2012, en Damasco, bajo la protección del
Estado sirio. Repentinamente, en febrero de 2012, Mechaal acusó al
gobierno del presidente sirio Bachar al-Assad de estar reprimiendo a su
propio pueblo y se mudó a Qatar, donde el emir Hamad al-Thani se ha
mostrado particularmente generoso con él.
¿Existe un vínculos con los desordenes registrados en Siria?
En junio pasado, las grandes potencias se pusieron de acuerdo –en
Ginebra– sobre un plan de paz, saboteado de inmediato por una facción
estadounidense que filtró a la prensa informaciones sobre la implicación
occidental en Siria, forzando así a Kofi Annan a renunciar a su función
como mediador. La misma facción trató entonces, en dos ocasiones, de
definir la situación en Siria por la vía militar organizando dos ataques
masivos contra Damasco, el 18 de julio y el 26 de septiembre de 2012.
Ante el fracaso de ambas acciones, la administración Obama decidió
retomar el acuerdo inicial de Ginebra, comprometiéndose a implementarlo
después de la elección presidencial estadounidense y del cambio de
gabinete en Washington.
El acuerdo de Ginebra prevé el despliegue en Siria de una fuerza de paz
de la ONU, conformada esencialmente por contingentes de la Organización
del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). La misión de dicha fuerza de
paz sería separar a los beligerantes y arrestar a los yihadistas
extranjeros introducidos en Siria. Al aceptar que Rusia se reinstale en
el Medio Oriente, Washington espera aliviar la carga que la seguridad de
Israel representa hoy para Estados Unidos ya que sería Rusia quien
tendría entonces la responsabilidad de evitar que el Estado hebreo sea
atacado o que ataque a otro Estado. Proseguiría entonces la retirada
estadounidense del Medio Oriente y Washington recuperaría así un margen
de maniobra que ahora ha perdido por causa de su permanente tête-à-tête
con Tel Aviv.
Ante esa perspectiva, los partidarios del expansionismo israelí tienen
que actuar en Gaza, y posiblemente en Jordania, antes del despliegue
ruso.
¿Cuáles son las primeras conclusiones de la actual guerra?
La guerra ha puesto a prueba la defensa antiaérea israelí. El Estado
sionista ha invertido cientos de millones de dólares en la creación del
«Domo de Acero», un sistema capaz de interceptar todos los cohetes y
misiles provenientes de Gaza o del sur del Líbano.
Ese dispositivo resultó inoperante cuando el Hezbollah envió un drone que
sobrevoló la central nuclear de Dimona y cuando ese mismo movimiento
libanés de resistencia puso a prueba sus misiles tierra—tierra Fajr 5.
Durante los 3 primeros días de la nueva agresión israelí contra Gaza, el
Hamas y la Yihad Islámica respondieron a los bombardeos israelíes con
salvas de cohetes y misiles. De un total de algo más de 800 disparos, el
«Domo de Acero» interceptó al parecer 210 proyectiles. Pero esa
estadística no significa mucho. En realidad, el dispositivo parece capaz
de interceptar únicamente cierto número de cohetes bastantes primitivos,
como los Qassam, pero parece inadaptado ante un tipo de armamento un poco
más sofisticado.
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