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(IAR
Noticias)
29-Octubre-2012
A raíz de su reciente estancia en Siria, el escritor y periodista chileno Juan
Francisco Coloane aborda la actitud que observa una parte de la llamada
«izquierda internacional», y en específico la dirigencia de la Internacional
Socialista, en relación con el tema sirio.
Por
Juan Francisco Coloane -
Red Voltaire
L os
últimos atentados terroristas en Siria, particularmente los perpetrados
en Damasco, contribuyen a desmitificar el carácter de esta guerra
irregular y fabricada para derrocar un gobierno, Este es un hecho claro
que no aceptan los cuarteles generales que la diseñaron que diseñaron esa
guerra.
El protagonismo del terrorismo en la crisis siria también permite
desentrañar el «misterio» del por qué cierta izquierda forma parte de una
insólita y nueva alianza para derribar el gobierno sirio. Lo que
sorprende más todavía es la amplitud de esa alianza y el reducido número
de s naciones que realmente cumplen con el requisito de respeto a los
derechos humanos, que es precisamente el motivo invocado para derrocar al
gobierno sirio, a pesar de tratarse de un gobierno legalmente constituido
en un país soberano.
La cofradía contra Siria, incluye a los gobiernos más reaccionarios del
planeta, como son las de las monarquías del Golfo Pérsico, Israel y las
potencias de la OTAN. A estos se les debe agregar una serie de países que
tienen gobiernos llamados de izquierda o progresistas, como es el caso de
Argentina, Brasil, Ecuador y Uruguay, en la región de América Latina.
Argentina, Brasil y Uruguay utilizaron su voto a favor de la resolución
de la Asamblea General de la ONU, aprobada el 19 de julio y titulada The
Situation in Syria (document A/66/L.57). Ecuador se abstuvo. Esa
resolución es una nueva condena contra el gobierno sirio, justifica
sanciones e implícitamente abre la puerta a la aplicación del Capítulo
VII de la Carta de la ONU, que permite la intervención militar en un
Estado que supuestamente amenaza la paz, lo cual equivale en la práctica
a derribar su gobierno. Bolivia se sumó a los pocos países
latinoamericanos que rechazaron esa resolución: Cuba, Venezuela,
Nicaragua. El documento fue adoptado por 133 votos a favor, 12 en contra,
con 31 abstenciones, y las declaraciones de algunos delegados revelan la
tendencia en las posturas de los países.
Se destaca la abstención de Tanzania, país cuyo representante lanzó un
llamado a la ponderación e invitó a indagar más en el problema y a
corregir el diagnóstico. Señaló que la abstención de Tanzania no
significaba endosar la impunidad, aunque sí enfatiza que no se ha
aplicado en el caso de Siria el principio de no interferencia.
Dijo el delegado de Tanzania que la resolución contra Siria no reconocía
el papel de las fuerzas externas en el conflicto armado y que las
omisiones constituían un obstáculo mayor para obtener una solución
pacifica en ese país árabe. Y concluyó recalcando que Tanzania se
apegaría al principio constitutivo de la Unión Africana de no promover
cambios inconstitucionales de gobierno en los países.
A partir de la adopción de esa resolución y de la del Consejo de
Seguridad, aprobada el 3 de agosto de 2012, en ocasión de la reunión 6810
de esa instancia de la ONU, reunión donde China y Rusia vetaron el
incremento de las sanciones y la intervención militar, las acciones
terroristas se han incrementado en Siria, como una respuesta directa al
rechazo expresado por China y Rusia a la intervención militar.
La declaración del delegado de Siria ante la ONU, el 19 de julio de 2012,
advertía de que el terrorismo iría en aumento. Hay que destacarla porque
la prensa internacional ha ignorado ostensiblemente las declaraciones del
gobierno sirio, como si este estuviese desplomado. El periodismo
occidental, con las pocas excepciones que confirman la regla, opera como
una extensión del bloqueo a Siria y del corte de relaciones con ese país.
El representante sirio ante las Naciones Unidas señaló que la resolución
aprobada el 19 de julio en la Asamblea General de la ONU promueve el
caos, el terrorismo, impide generar un diálogo nacional, abre la puerta a
la introducción en Siria de mercenarios y terroristas y permite usar los
campos de refugiados para el entrenamiento de milicias. Cada vez que el
Ejército Árabe Sirio ha aplicado un cese al fuego la respuesta ha sido
una ola de atentados, señaló el diplomático.
Y eso es exactamente lo que está sucediendo nuevamente en Siria, sin que
el Consejo de Seguridad de la ONU, dominado por la tendencia que aspira a
derrocar el gobierno sirio, llegue a tomar las medidas correspondientes.
La Internacional Socialista
El tema de los derechos humanos se está usando en una forma genérica,
redundante e instrumentalizada. Eso es lo que se desprende de la conducta
de la Internacional Socialista, ya que, en la actual coyuntura, la
principal violación de los derechos humanos que se vive en Siria es el
terrorismo.
En el congreso mundial de la Internacional Socialista, celebrado a fines
de agosto de 2012 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), se elaboró una
declaración de condena a Siria.
No se entiende “condena de qué”, cuando en realidad es Siria el país
agredido. La declaración se quedó corta al no llegar a recomendar la
intervención militar inmediata, ya que esta medida fue rechazada por una
buena parte de los delegados.
En una de las resoluciones adoptadas se acusa al gobierno sirio de haber
matado a decenas de miles de civiles, sin mencionar en forma explícita y
clara la intervención externa en esas muertes. Aunque no llega a
manifestarse a favor de la intervención militar, la Internacional
Socialista sí apela a que China y Rusia no apliquen el veto a la
intervención, en una manipulación de lenguaje que resulta demagógica.
La declaración de la Internacional Socialista exhorta a «Que China y
Rusia, en particular en el Consejo de Seguridad, estén en línea con el
sentimiento de la comunidad internacional que es proteger al pueblo
sirio».
Este devaneo es porque, en su fuero interno, cualquier adherente
coherente a los principios de la Internacional Socialista sabe bien que
el gobierno de al-Assad no es una dictadura y que, lejos de ello, es
quizás en términos prácticos el gobierno del Medio Oriente que más
practica la participación popular para la formulación de sus políticas
públicas.
Es como si a los ojos de la Internacional Socialista la grave crisis
internacional que representa el conflicto en Siria no fuera de
importancia para países que han vivido y viven aún los desgarradores
efectos de la desestabilización y de la ruptura institucional por medios
violentos.
Existen fuerzas políticas de izquierda que, en aras de un dudoso
expediente de acusaciones por violaciones de los derechos humanos y
proclamando la ausencia aparente de una democracia en Siria, se han
embarcado en el plan de derrocar al presidente sirio para «restablecer la
paz».
Algo sucede con la izquierda y con el progresismo a nivel mundial y con
su postura frente a la agresión de la alianza atlántica contra Siria.
Con la excepción –en Latinoamérica– de Cuba, Bolivia, Nicaragua y
Venezuela y, en el resto del mundo, de Bielorrusia, China, la República
Democrática de Corea, Irán, Myanmar, Rusia y Zimbabwe, países que
expresan una posición definida sobre la soberanía y la integridad
territorial de Siria, en el resto de las naciones no se observa una
posición de no alineamiento con las potencias que a toda costa se empeñan
en derrocar el gobierno sirio.
Las dos resoluciones de Naciones Unidas anteriormente mencionadas son
claves para comprender el estado de situación de la crisis siria y cómo
la gravitación política imperialista y colonial está influyendo en los
sectores supuestamente progresistas y defensores de la independencia y la
autonomía.
Desde esta perspectiva, considerando los objetivos de una agenda
internacionalista orientada al bien público, aquellos partidos que forman
parte de la socialdemocracia internacional, y no sólo estos si no toda
esa amplia gama de personas que se identifican con el liberalismo
progresista, tienen hoy la oportunidad de alzar sus voces en pos de
restaurar el verdadero carácter multilateral y neutral de la ONU que se
ha extraviado notoriamente en el caso del conflicto armado en Siria.
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