Los choques entre tropas oficiales y
grupos opositores aún no se detuvieron desde el domingo, tras el
multitudinario funeral del jefe de Inteligencia libanés, el general Wisam al
Hassan, víctima de un atentado con un coche bomba el viernes pasado.
El ejército libanés se desplegó el
lunes en los barrios sunitas de Beirut, donde se enfrentó a tiros con hombres
armados, y el líder de la oposición, Saad Hariri, se mostró decidido a acabar
con el gobierno de su rival Najib Mikati.
En un comunicado, el ejército manifestó su determinación de "restablecer la
seguridad y preservar la paz civil" en el país, e indicó que mató al
palestino Ahmad Quaider (de 20 años), que disparó con un arma ligera contra una
patrulla en el suroeste de la capital.
Los soldados se desplegaron en Tariq al-Jdidé y los barrios vecinos, bastiones
de los partidarios de Saad Hariri, y todas las avenidas fueron abiertas en la
capital, constataron los fotógrafos de la AFP.
Por la mañana, los soldados fueron blanco de disparos de hombres armados
cuando quisieron reabrir la carretera que conduce a Tariq al-Jdidé. El ejército
respondió a los tiros, constató un periodista de la AFP.
Luego del funeral del jefe de inteligencia, y tras algunas horas de calma en la
madrugada de ayer, hombres enmascarados y fuertemente armados pasaron a
ocupar importantes calles como la avenida Qasqas, la rotonda Cola y la cornisa
Mazraa, cerca de Tariq al Jdideh, con barricadas improvisadas con piedras y
hierros.
Según fuentes oficiales, los soldados respondieron al encontrarse bajo fuego
cuando trataban de reabrir una calle bloqueada en Tariq Jdideh, un bastión del
opositor Saad Hariri, cuyos partidarios tomaron varias avenidas de esa zona ayer
a la mañana y pidieron la renuncia del primer ministro Najib Mikati.
Para Ghassan al Azzi, profesor de Ciencias políticas en la Universidad libanesa,
“Hariri y sus partidarios concentran sus ataques contra Mikati, pues es un rival
político y evitan atacar frontalmente al Hezbollah, pues esto se
transformaría directamente en enfrentamiento entre sunitas y chiítas. Atacar
directamente al Hezbollah significa sin lugar a dudas estar claramente en favor
de la guerra civil”, advirtió.
El domingo, los funerales de uno de
los jefes de la seguridad libanesa, un sunita allegado a Saad Hariri y enemigo
jurado del gobierno sirio, degeneró en manifestación violenta contra el
primer ministro Mikati, después de que un dirigente de la corriente de
Hariri pronunciara un encendido discurso, acusándolo de encubrir este "crimen".
Si bien el jefe del gobierno y varios ministros son sunitas, el actual gabinete
está dominado por aliados del Hezbolláh chiita, movimiento armado allegado a
Siria e Irán.
En un comunicado, las Fuerzas Armadas libanesas expresaron su firme
determinación de restablecer el orden y la paz civil. “Instamos a los dirigentes
a expresar con cuidado sus opiniones, porque el destino de la nación está en
juego y deben comprometerse a impedir que se perturbe la situación”, reza el
texto.
El comunicado agrega que “los
acontecimientos que han sucedido en las últimas horas han demostrado, sin lugar
a dudas, que el país está pasando por momentos muy críticos y los incidentes
en algunas partes han llegado a niveles sin precedentes”.
En la ciudad de Trípoli, en el norte del país, también se registraron
enfrentamientos entre detractores y defensores del régimen sirio de Bashar al
Assad. Allí se registraron cuatro víctimas mortales, entre ellas una nena de
5 años y una adolescente de 15, que sufrieron impactos de bala.
El atentado, en el que, además de Al Hassan, fallecieron otras dos personas y
126 sufrieron heridas, exacerbó la tensión en el Líbano, dividido entre
partidarios y detractores del régimen sirio de Assad.
Al Hassan dirigió las investigaciones
que destaparon en agosto pasado la trama en la que estaban implicados el ex
ministro libanés, Michel Samaha, y el jefe de la Seguridad siria, Ali Mamluk,
acusados de planificar atentados contra líderes políticos y religiosos
antisirios en Líbano.