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(IAR
Noticias)
23-Octubre-2012
¿Recordáis Faluya? Esa ciudad del centro de Irak fue escenario de dos furiosos
ataques de los marines estadounidenses en 2004. Esa primavera, realizaron
bombardeos y una matanza indiscriminada para vengar el asesinato y mutilación de
cuatro mercenarios estadounidenses. En lugar de atacar a unos 2.000 insurgentes,
los marines prácticamente arrasaron la ciudad de 300.000 habitantes, sin
conquistarla. Siete meses después, volvieron a atacarla con artillería y bombas
en lo que se describió como la guerra urbana más sangrienta de los
estadounidenses desde la Guerra de Vietnam.
Por
Haroon Siddiqui -
Common Dreams/Toronto Star (*)
¿R ecordáis
Basora? Esa ciudad del sur de Irak sufre desde la primera Guerra del
Golfo, en 1991. Los residuos radiactivos de las 800 toneladas de bombas y
del millón de proyectiles utilizados dejaron su marca en los recién
nacidos con enormes cabezas, ojos anormalmente grandes, brazos
atrofiados, estómagos hinchados y corazones defectuosos. Más tarde, en
los años noventa, volvieron a atacar Basora como parte del mantenimiento
de la zona de exclusión aérea estadounidense contra Sadam Hussein. Y la
atacaron otra vez durante la invasión estadounidense-británica de 2003 y
la subsiguiente ocupación.
Ahora vemos que los niños de Faluya y Basora están sufriendo un aumento
alarmante de defectos de nacimiento causados primordialmente por los
metales liberados por bombas, balas y casquillos, el polvo que aparece en
alimentos, agua, aire, el suelo y los cultivos.
Un estudio reciente de un toxicólogo medioambiental de la Universidad de
Michigan atribuye los defectos a la presencia de altos niveles de plomo,
mercurio y otros contaminantes en los cuerpos de los progenitores y los
hijos afectados.
El estudio confirma las cosas de las que los doctores horrorizados del
Hospital General de Faluya vienen informando desde 2005. En septiembre de
2009 solicitaron a las Naciones Unidas que investigaran por qué una
cuarta parte de los 170 niños nacidos allí murieron antes de cumplir una
semana de vida y un alarmante 75% de los bebés muertos estaban
deformados.
En 2010, la Universidad de Ulster informó de que el incremento de
defectos de nacimiento congénitos, leucemia y mortandad infantil en
Faluya eran superiores qa los de Hiroshima y Nagasaki en 1945.
Durante ese mismo año Mozhgan Savabieasfahani, de la Escuela de Salud
Pública de la Universidad de Michigan, publicó un estudio epidemiológico
que también muestra niveles sorprendentes de defectos de nacimiento en
los niños de Faluya.
Desde entonces, ella y su equipo de doctores colaboradores en Irak y en
el vecino Irán han ampliado su investigación en Faluya y Basora. El mes
pasado publicaron sus resultados en el Boletín de Contaminación
Medioambiental y Toxicología.
Monitorearon a 56 familias en el Hospital General de Faluya y también
miles de expedientes en el departamento de obstetricia y ginecología del
hospital de maternidad de Basora.
Entre 2004 y 2006 casi la mitad de los embarazos de esas familias de
Faluya terminó en abortos espontáneos. Entre 2007 y 2010 más de la mitad
de los niños nacidos en esas familias tenían algún tipo de malformación
(en comparación con menos de un 2% en 2000). Las anormalidades incluían
defectos cardíacos, extremidades deformadas o inexistentes, paladares
hendidos, cabezas hinchadas, ausencia de ojos, estómagos hinchados y
órganos corporales que sobresalían de paredes abdominales defectuosas.
Entre los niños con defectos de nacimiento los niveles de plomo eran
cinco veces superiores y los de mercurio seis veces superiores a los de
niños normales.
En Basora, los defectos de nacimiento aumentaron al 23 por 1.000 hasta
2003, un aumento de hasta 17 veces desde 1994.
Los niveles de mercurio en niños con defectos eran tres veces superiores
a los de niños normales. La porción de esmalte de los dientes de leche de
un niño con defectos de nacimiento mostraba casi tres veces los niveles
de plomo que los de dientes de niños de otras áreas. Sus padres tenían
1,4 veces los niveles de plomo en el esmalte dental en comparación con
padres de niños normales.
En todo caso los datos subestiman la epidemia, dice Savabieasfahani.
Muchos padres tienden a ocultar a sus hijos con defectos y anormalidades.
Los gobiernos estadounidense y británico tratan de eludir estudios tan
incriminatorios diciendo que “no tienen conocimiento de ellos”, o que es
posible que los resultados no sean definitivos.
Pero Savabieasfahani me dijo por teléfono desde Ann Arbor, Michigan, que
hay una “evidente huella de metal en la población” de Faluya y Basora.
“Hay evidencia convincente que vincula los alarmantes aumentos en
defectos de nacimiento en Irak con una contaminación neurotóxica de
metales tras los repetidos bombardeos. No existe otra explicación. No ha
habido una erupción de un volcán, por ejemplo”.
Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud también estudia las
crisis no solo en Faluya y Basora sino también en otras ciudades iraquíes
de “alto riesgo”. Su informe se publicará el mes que viene.
Estos estudios deberían ser de lectura obligatoria para todos los que
todavía se preguntan por qué el mundo árabe y musulmán sigue tan
indignado con EE.UU. y sus aliados.
(*)Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Haroon Siddiqui es editor emérito de la página editorial del Toronto Star.
Su columna aparece los jueves y los domingos. |