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(IAR
Noticias)
10-Diciembre-2012
Dadme el poder de fabricar el
dinero y ya no me importará quién haga las leyes (Mayer A. Rothschild)
Por Vicky Peláez / RIA Novosti
A
medida que el populismo y las ideas unificadoras en América Latina están
tomando fuerza, se viene intensificando la guerra de los monopolios
mediáticos contra los gobiernos progresistas para conservar los
privilegios que les concedió primero, la dictadura militar y después, el
neoliberalismo a su casta de los ricos y poderosos, convirtiéndoles en
gamonales de los medios de comunicación.
Estos mandamases utilizan sus periódicos, revistas, estaciones de radio y
canales de televisión para manipular la opinión pública usando
descaradamente la desinformación y la mentira amparándose en la libertad
de expresión. Cada vez con más cinismo propagan sus diarias campañas de
difamación contra Hugo Chávez, Rafael Correa, Cristina Fernández y Evo
Morales. Su obsesión de no permitir cambios estructurales en América
Latina los transformó en los abanderados locales de los globalizadores
“iluminados”.
En una reciente declaración, el presidente del Ecuador Rafael Correa,
quien estuvo en Buenos Aires para recibir el “Premio Rodolfo Walsh”,
enfatizó que “los medios de comunicación no son libres ni independientes,
sino sometidos al capital”. Dijo al recibir este galardón que le otorgó
la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad
Nacional de La Plata en el rubro de Presidente Latinoamericano por la
Comunicación Popular, que en el Ecuador “calumniar a un gobierno es
libertad de expresión, y si un presidente osa contestarles es un atentado
a la libertad”. Ironizando añadió que “si me muerde un perro, al día
siguiente entrevistan al perro. Y si lo pateo, me denuncian” porque “en
mi país hay grupos económicos que invierten en comunicación no para
informar sino para defender únicamente sus intereses”
El premio Rodolfo Walsh es uno de los más prestigiosos en América Latina
pues fue creado en honor de un hombre que pertenece a la estirpe de los
luchadores sobre los cuales dijo alguna vez Bertolt Brecht que “hay
hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son
mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los
que luchan toda la vida: esos son imprescindibles”. Así era el
periodista, escritor, dramaturgo y traductor, Roberto Walsh que entregó
su vida a la lucha contra la dictadura militar argentina que desapareció
el 25 de marzo de 1977.
Pero sus enseñanzas, que “el periodismo es libre o es una farsa” o “que
un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es
una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá lugar
en la antología del llanto, no en la historia viva de las tierras”, nos
hace recordar que a pesar de los vientos de cambio que soplan en el
continente, la lucha por el futuro de América Latina solo ha comenzado.
Los medios de comunicación globalizados, que son monopolios al servicio
del sistema neoliberal, se han transformado en un partido internacional
de facto creando un universo ficticio diseñado por los globalizadores al
que quieren llevar toda la humanidad. Tanto en América Latina como en
Europa, Asia y África institucional, estructural e ideológicamente
representan copias del modelo norteamericano que en los últimos treinta
años evolucionó dramáticamente. Si en 1983 existían 50 corporaciones
mediáticas, actualmente, seis mega corporaciones monopolizaron el 90 por
ciento de lo que 320 millones de norteamericanos leen, miran y escuchan.
Son: The General Electric (Comcast, NBC, Universal Pictures, Focus
Features); the News Corporation (FOX, The Wall Street Journal, The New
York Post); the Disney (ABC, ESPN, PIXAR, Miramax, Marvel Studio); Viacom
(MTV, Nick Jr., BET, CMT, Paramount Pictures); The Warner (CNN, NBO,
Time, Warner Brothers); y CBS (Showtime, Smithsonian, 60 Minutes,
Jeopardy, NFL.com). La ganancia total de estas seis hermanas mediáticas
en 2011 era de 275,9 mil millones de dólares superando el GDP combinado
del Ecuador (72,4 mil millones) y de Bolivia (27 mil millones de
dólares). Lo curioso es que la información para el pueblo estadounidense
es controlada por 232 ejecutivos quienes determinan qué es lo que tiene
que saber todo el pueblo estadounidense.
Falta agregar que el contenido de la información no se limita a los
norteamericanos, sino está diseñado hacia el consumo mundial para imponer
una idea única vigente acordada por estos monopolios para el mundo
contemporáneo: la ideología neoliberal.
El novelista, poeta y pintor británico John Berger dice que el sistema
neoliberal está creando una variante particular de consumidor con
“ilusión de pertenencia” que “se siente perdido a menos que consuma”. En
su adentro el consumidor siente que el sistema es tan indiferente como el
mismo dinero pero ya está atrapado “en el tiempo del presente guardado
aparte del pasado y el futuro”. Así el hombre, de acuerdo a Berger, es
transportado sin darse cuenta al período de la historia llamado “El
Muro”. Dice, que cuando cayó el Muro de Berlín comenzaron a crearse muros
por todas partes de “hormigón, burocráticos, de vigilancia, de seguridad,
racistas, separando a los pobres desesperados de aquellos que - yendo
contra la esperanza- confían en mantenerse relativamente ricos”.
Lo que le faltó agregar a John Berger fue que la mentira y la
desinformación son pilares de este período llamado “EL MURO” diseñado
especialmente para separar al hombre de la sociedad.
Las seis hermanas mediáticas lograron domar y pacificar al pueblo
norteamericano y ahora su meta es hacer lo mismo con el resto del mundo.
Precisamente con este pretexto las seis hermanas mediáticas tienen
fuertes acciones en los medios de comunicación en tres continentes
evitando pagar en 2010 más 875 millones en impuestos. Están diseminando
información controlada al unísono con la USAid, la NED (Fundación
Nacional para la Democracia) y prácticamente con todas las agencias
internacionales de información más importantes: la AP (Associated Press),
la UPI (United Press International), la DPA (Deutsche Presse Agentur), la
española EFE, la AFP (Agence France Presse) y algunas otras.
La información que viene del occidente es procesada y aumentada en
América Latina por las corporaciones nacionales que por supuesto son
creadoras de las noticias locales y regionales que mejor les conviene.
Según el periodista y estudioso Martín Becerra, en América Latina los
grupos como Televisa, Prisa, Cisneros, Globo, el grupo mexicano de Ángel
Gonzales y Clarín argentino están dominando el mercado regional y siguen
el mismo patrón de negocios cruzados y de alianzas internacionales con
las grandes mega corporaciones llamadas “Masters of the World”. El grupo
brasileño Globo se ha asociado en un consorcio de compañías de Brasil,
Argentina, Chile, Paraguay y Bolivia.
Todos estos grupos mediáticos están ligados con la bolsa de valores y
están representando sus propios intereses y el del gran capital. Por
ejemplo, el grupo Cisneros de Venezuela tiene inversiones en varios
sectores de la economía nacional y regional con un ingreso anual encima
de 4,000 millones de dólares, pero la mayor fuente de su ingreso es su
industria audiovisual con ramificaciones en Colombia, los países
caribeños y el auditorio hispano en los Estados Unidos. Lo mismo pasa con
el grupo Clarín argentino. Solamente en Argentina ostenta, según la
Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), 250
licencias.
Actualmente está utilizando todos sus recursos financieros y su poder
mediático contra la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual aprobada
en 2009 que establece pautas para la desmonopolización de la información
y su democratización ya que esta legislación establece que una persona o
empresa puede tener 24 sistemas TV por cable, 10 licencias de
radiodifusión y un canal de cable. Este monopolio se enfrascó en una
guerra declarada contra el gobierno de Cristina Fernández tildándola de
dictadora y opresora de la democracia, tratando de promover protestas y
huelgas en el país para desestabilizar el gobierno. No quieren perder el
monopolio de la información que les permite propagar la uniformidad de
ideas, análisis e interpretaciones respecto a la realidad local, nacional
e internacional.
Lo mismo está pasando en el Ecuador donde la consulta popular en 2011
ordenó la aprobación de la ley de la comunicación. Sin embargo, esta ley
se quedó trabada en la Asamblea Constituyente debido a la intervención de
cinco diarios y seis canales de televisión que tienen un tremendo poder
social y económico. No hay que olvidar que en este país andino el 83 por
ciento del espacio radiofónico (radio y TV) está en manos de oligopolios
mediáticos, el 13 por ciento es la propiedad de la iglesia y sólo el 3
por ciento lo comparten medios públicos y comunitarios. Los intentos de
Rafael Correa de hacer aprobar la ley de medios, inspirada en la ley
argentina, han fracasado y el presidente fue acusado de tratar de
establecer un régimen de censura en su país.
Y esto no es todo, recientemente aparecieron informes de inteligencia de
Chile recogidos por una publicación independiente chilena “Panoramas News”
que la CIA está triplicando la cantidad de dinero asignada para no
permitir la reelección de Rafael Correa durante las elecciones que
tendrán lugar el próximo febrero. Un ex diplomático británico, Craig
Murray informó también sobre intentos de la CIA de desestabilizar el
actual gobierno de Ecuador usando el dinero proveniente del narcotráfico.
Todo puede suceder teniendo antecedentes similares en Venezuela, Bolivia
y Argentina. La “resistencia popular” en el mundo está creciendo, según
el reciente discurso del ex asesor de Seguridad Nacional, Zbigniew
Brzezinski, pronunciado en Polonia y no es de extrañar que los servicios
de inteligencia junto con los oligopolios mediáticos están buscando como
detener y desviar este proceso como siempre lo han hecho en el transcurso
de la historia. Hugo Chávez, Rafael Correa, Cristina Fernández y Evo
Morales, abanderados de un proceso alternativo del desarrollo socio
económico, son obstáculos para llevar a cabo la agenda de los
globalizadores de monopolizar la verdad. De allí proviene el origen de
una guerra mediática sin tregua.
En realidad ninguno de estos líderes ha tratado de cambiar drásticamente
el modelo de acumulación. Como dijo Rafael Correa “básicamente estamos
haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que
cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero si es
nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa”.
Para hacerlo necesitarían una fuerte participación de sus pueblos o de
todo el pueblo latinoamericano que por desgracia no está listo para
asumir este rol en condiciones de seguir siendo una presa de la “verdad”
monopolizada por los ricos y poderosos. Decía Kafka que “el mal conoce el
bien, pero el bien no conoce el mal”. ¿Cuándo nuestros pueblos lo
aprenderán?
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