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(IAR
Noticias)
19-Octubre-2012
Ucrania reanudó un programa de la época soviética que prevé adiestrar a delfines
para utilizarlos con fines militares, comunicó una fuente de las fuerzas de
seguridad de la ciudad ucraniana de Sebastópol, en la península de Crimea.
Por
Serguéi Petujov -
RIA Novosti
S egún
la fuente, se enseña a estos mamíferos marinos a atacar a los
saboteadores y buques enemigos y a marcar con balizas de señalización la
posición de los objetos que se ubican en el fondo marino y representan
interés para los militares.
No es más difícil entrenar a los delfines que a los perros para
convertirles en los asesinos o suicidas, y el resultado es el mismo. Al
fin y al cabo, los militares se verán obligados a renunciar a la idea de
emplear a los delfines con fines militares como ya se ha renunciado a los
perros, a los camellos, a los elefantes e incluso a los caballos.
Por otro lado, los delfines sí que pueden ayudar a personas con
trastornos de desarrollo y problemas psicológicos, por ejemplo a los
niños autistas.
Instinto militar
Se puede adiestrar fácilmente a los delfines a empujar a los buzos a la
superficie. Es un instinto innato. Los científicos lo explican por las
peculiaridades fisiológicas de los delfines, que aunque viven en el agua,
respiran aire con sus pulmones. Estos mamíferos suelen llevar a la
superficie a sus crías recién nacidas o a los delfines enfermos para
ayudarlos a respirar.
Por esta misma causa los delfines salvan con frecuencia a las personas de
ahogarse y les gusta jugar con los seres humanos en el agua.
Es suficiente dar a entender a un delfín que en caso de que “salve a los
que se están ahogando” recibirá un pez como recompensa, y el animal
empezará a buscar con entusiasmo a los buzos enemigos en el espacio
acuático bajo custodia.
Se le fija al hocico del delfín una bayoneta o un arma capaz de disparar
cuando el animal se aproxime a una distancia determinada al buzo enemigo,
y el mamífero está listo para cumplir misiones de combate.
Queda solo un detalle. Es necesario adiestrar al delfín a distinguir
entre amigos y enemigos. En otro caso, el animal clavará la bayoneta en
el cuerpo del primer hombre al que encuentre en el agua.
Un delfín armado representa peligro
Es posible enseñar a los delfines a distinguir entre los amigos y
enemigos al marcarles con un indicador visual, químico, acústico o
hidroacústico. Pero en caso de un conflicto armado está claro que es
imposible marcar a los enemigos. Será necesario marcar a los amigos, lo
que hace más complicada la tarea de emplear a los delfines para fines
militares.
En caso de que fuese necesario adiestrar a los animales a empujar a la
superficie solo los objetos marcados, se podría conseguir el 100% de
éxito o casi.
Pero es mucho más difícil enseñar a los delfines a pasar por alto los
objetos marcados, pero perseguir todos los demás, independientemente de
sus dimensiones, forma, olor, etc. La probabilidad de error es muy alta
en este caso.
Es poco probable que los Gobiernos de los países de la región del mar
Negro no tengan nada en contra que un delfín armado de conducta
imprevisible proveniente de Ucrania aparezca cerca de sus playas.
Espía submarino
Además, existen serias dudas respecto a las capacidades de los delfines
adiestrados para cumplir misiones de combate. En cuanto a la explosión de
buques, surge el mismo problema con la necesidad de distinguir a los
enemigos.
Por otro lado, es fácil entrenar a los mamíferos marinos a encontrar en
el fondo del mar los objetos que tengan una forma especial. Pero ¿para
qué es necesario?
Los delfines que habitan en el Mar Negro pueden descender a profundidades
de hasta 100 metros. Pero se puede comprar por un poco más que 100 euros
una sonda acústica para detectar objetos en el fondo marino o una cámara
para captar y transmitir imágenes desde mayores profundidades. Además,
los militares tienen en sus arsenales los equipos más avanzados para
cumplir misiones de vigilancia en mares y océanos del mundo.
Este equipo detecta y permite manipular a distancia los objetos de
cualquier forma. Mientras, se deberá enseñar a los delfines de nuevo cada
vez que surja la necesidad de buscar en el fondo del mar los objetos de
otra forma.
Sin embargo, EEUU busca emplear a los delfines con fines militares desde
la década de los cincuenta del siglo pasado, y la URSS se interesó por el
asunto en los sesenta.
Interés estratégico
El académico Vladímir Sokolov recuerda que a finales de los sesenta,
cuando investigaba las características de la piel de los mamíferos
marinos, descubrió con sorpresa que varias publicaciones suyas llevaban
la estampilla de "secreto".
Pronto Sokolov encabezó un laboratorio bien financiado y le explicaron lo
que esperaba la patria de él y sus colegas de otras ramas de la ciencia:
la velocidad y silencio de la flota submarina soviética.
La piel de los delfines, en lo que se refiere a sus propiedades acústicas
e hidrodinámicas, era ideal para cubrir la superficie de los submarinos y
torpedos. Los delfines casi no experimentan resistencia en el agua y no
se detectan por los aparatos de sonar.
A finales de los cincuenta EEUU empezó a estudiar las posibilidades de
emplear la piel de los delfines con fines militares.
Casi de inmediato, los científicos sacaron la conclusión que solo la piel
de un delfín vivo goza de las características necesarias. Desde aquel
momento se intentó fabricar un material artificial con características
similares.
No se logró éxito en este ámbito. Lo único que tanto los científicos
rusos como los estadounidenses pudieron aconsejar a los militares fue
cubrir los cascos de los submarinos con caucho. Pero los militares lo
sabían ya sin consejos por parte de los científicos.
La operación militar de rescate de los delfines
En cuanto a la reanudación por Ucrania del programa de adiestramiento de
los delfines para que puedan cumplir misiones militares, este paso tiene
antecedente civil.
Hay dos delfinarios en Sebastópol. Uno, donde los delfines saltan a
través de los aros y conquistan las simpatías de los espectadores con sus
fantásticas piruetas, está en el centro de la ciudad. El otro se ubica en
el cabo Fiolent y es el antiguo acuario militar, donde ahora se empezó a
adiestrar a los delfines para la Marina de Guerra ucraniana.
Anteriormente, allí cada uno podía pagar por nadar con delfines y tomar
así parte en el programa de delfinoterapia, según decía la publicidad.
En los 2000, en Ucrania se desarrolló el lucrativo negocio de la
utilización comercial de los delfines. Casi en todas las grandes ciudades
apareció uno o dos delfinarios.
“El dinero invertido en la construcción del delfinario da una alegría a
la gente y se recupera al cabo de dos o tres años. Después se saca el
beneficio”, explicó el jefe de uno de los más grandes delfinarios en
Ucrania, Tarás Chekurda.
Pero los delfines están protegidos por la ley ucraniana y para recibir un
animal los delfinarios debían obtener de un permiso especial del
Ministerio de Ecología. Este organismo permitía tomar a animales enfermos
y dañados que cayeron en las redes de pescadores.
En noviembre del año pasado, el ministro de Ecología de Ucrania, Nikolai
Zlochevski, prohibió el uso de los delfines que habitan el mar Negro y en
el mar de Azov "con cualquier fin". El lugar más próximo donde está
permitido todavía cazar delfines es el Océano Pacífico. Estos mamíferos
marinos se transportan desde el mar del Japón (mar del Este) hacia los
delfinarios europeos y estadounidenses.
Los empresarios ucranianos que no pudieron comprar a los delfines
japoneses o falsificar los documentos de los que fueron cazados en el mar
Negro se vieron obligados a cerrar sus negocios. En uno de los
delfinarios de Sochi (ciudad balnearia rusa sobre el mar Negro) la
solución al problema fue más fácil. Se decidió reanudar el proyecto
especial para entrenamiento de delfines militares.
Esta fue una acción noble, pues en caso de que los animales acostumbrados
a ayudar al ser humano sean puestos en libertad podrían morir. Y ahora
todos están contentos: tanto los delfines como los almirantes.
La atracción con los delfines de combate bien podría adornar la fiesta
durante la celebración del Día de la Marina de Guerra rusa, que
últimamente la Armada ucraniana celebra en la misma fecha.
El próximo verano se verá si la delfinoterapia se queda en el delfinario
militar. Si desaparece, sería lamentable.
Compañeros de intelecto
De inicio, la interacción con delfines solo era un servicio adicional en
el marco de los negocios de los delfinarios de entretenimiento. Pero con
el paso del tiempo, la delfinoterapia se convirtió en un negocio
especial. Hoy en día, un ciclo de delfinoterapia cuesta de 3.000 a 4.000
euros en Turquía y aún más en Europa Occidental y EEUU.
En Rusia hay pocos delfinarios, entre 13 y 19, según varias fuentes. El
mayor delfinario abrió sus puertas en septiembre pasado en Sochi, por eso
la delfinoterapia está poco desarrollada en Rusia. En Ucrania, que goza
de muchos delfinarios, es mucho más popular.
Aún los propios especialistas en la delfinoterapia no pueden explicar el
mecanismo de este tratamiento. En varias ocasiones, se inventan las
versiones más exóticas, como “sonoforesis”, lo que quiere decir que las
ondas ultrasónicas que emiten los delfines producen un efecto a nivel
celular.
Pero tales expertos no deben explicar los mecanismos de la delfinoterapia.
Solo observan el resultado y la utilizan, al hacer una lista de
trastornos que pueden tratarse con la ayuda de los delfines: la parálisis
cerebral, el autismo, la disfunción cerebral mínima, el trastorno de
déficit de atención y la hiperactividad, el síndrome de Down y varios
otros trastornos del desarrollo infantil.
Al psicoterapeuta ucraniano Bogdán Popovski le sorprendió el efecto de la
delfinoterapia sobre los niños autistas. "La comunicación con los
delfines produce reacciones positivas en la conducta y percepción de los
niños más complicados", señala Popovski.
No es necesario entrenar especialmente a los delfines. Quizás la propia
naturaleza les haya creado para curar a las personas y no están adaptados
para hacerles daño. Por eso es difícil adiestrarles para que puedan
cumplir misiones militares.
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