El empatanamiento de la masacre
israelí en Gaza hegemonizó las agendas de muchos de los políticos del eje
USA-OTAN. Dos de ellos, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y la jefa
de la diplomacia de EEUU, Hillary Clinton, viajaron el martes a la zona del
conflicto para tratar sin éxito de conseguir un cese el fuego favorable a Tel
Aviv.
La secretaria de Estado de EEUU,
Hillary Clinton,quien se
entrevistó anoche con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, prometió
dedicar los “próximos días” a la búsqueda de una solución para la crisis de
Gaza. Continuará su gira por Oriente Próximo con sendas reuniones con el
presidente palestino, Mahmud Abbas, y el líder egipcio, Mohamed Morsi.
El responsable de las Naciones Unidas Ban Ki-moon advirtió a su vez contra una intervención
terrestre en Gaza, opción que no descarta el Gobierno de Israel en caso de
fracasar las negociaciones de armisticio.
En este contexto, y para
proporcionarle un "repliegue victorioso" al Estado judío, EEUU y las potencias aliadas de la OTAN mueven aceleradamente las piezas
de un "cese el fuego" que posibilite negociaciones entre Hamás e Israel.

El nuevo gobierno islamista de Egipto
está mediando en las conversaciones e hizo surgir las esperanzas de un alto al
fuego en la noche del martes entre Israel y Hamás, el movimiento islamista que
controla Gaza. Sin embargo, para cuando Hillary Clinton se reunió con el primer ministro
israelí, Benjamin Netanyahu, estaba claro que no habría tregua ni acuerdo de
alto el fuego.
El nuevo holocausto palestino sólo
sirvió hasta ahora para demostrar a un mundo indiferente la brutalidad
patológica-militar de la potencia israelí que hizo del Holocausto la leyenda de
su propia victimización histórica.
La demolición de Gaza (como ayer
sucedió con Líbano) sólo sirvió hasta ahora para regar con la sangre, la muerte
y la mutilación de miles de palestinos, otra aventura genocida por el control
político y militar de la Franja. Con un agravante: El poder israelí está
próximo a elecciones (se eligen nuevas autoridades) y esa situación
potencia el fracaso militar con la crisis y las divisiones internas.
Gaza, una franja territorial de 45Km
de largo por 8 de ancho, está habitada por 1,7 millones de palestinos que se
encuentran en un nuevo estado de catástrofe humanitaria, y no hay
comida, no hay electricidad, no hay agua, no hay combustible y el sistema de
salud está colapsado.
Ya casi no queda nada con que
supervivir, no hay resguardo posible ante los misiles y las bombas
israelíes disparados noche y
día desde aviones, barcos, tanques y baterías terrestres.
Netanyahu, que se enfrenta a las
elecciones dentro de dos meses, en las cuales, por ahora, es el favorito para ganar,
dijo a Hillary Clinton que quería una solución con Hamás de "largo plazo". De no ser así, Netanyahu
dejó claro que estaba dispuesto a intensificar la campaña militar para
"silenciar" los cohetes de Hamás.
Y la conclusión
es simple: Si Israel no termina rápidamente con Hamás y sus cohetes que
aterrorizan a los pueblos y ciudades fronterizas israelíes, la estrategia que
guía la masacre comenzará a desintegrarse (como en Líbano 2006 y Gaza
2009) y su supremacía de potencia militar de primera línea en Medio Oriente
ingresará en otro proceso de desgaste y de pérdida de credibilidad
internacional.
En este escenario, Israel solo tiene
dos opciones: Seguir matando o negociar (como en Líbano) una retirada
"honrosa" para sus tropas. Es que buscan EEUU y las potencias aliadas, pero
su concreción es impedida por los grupos combatientes palestinos que no acatan
ningún cese del fuego.
En consecuencia, en Gaza, y en
términos de los resultados concretos en la realidad, Israel
ya empezó a perder la guerra, y
los muertos y el tiempo van marcando la agenda del resultado.
Invencible en su potencial militar,
la superpotencia israelí está siendo vencida nuevamente por el factor
humano. Una fuerza contra la cual ningún ejército imperial del mundo salió
victorioso.
Después de los repetidos
exterminios en Gaza, ya no existe la ciencia ficción. El aparato militar y
la tecnología israelí pueden convertir en puré cualquier cosa que se le ponga al
paso, incluido cuerpos vivos de seres humanos. Pero no puede con el costo
político que dejan los cadáveres interrogantes de los inocentes.
Nuevamente en el cementerio abierto
de Gaza, están, todavía calientes, los cuerpecitos despedazados y mutilados de
decenas de niños palestinos que nunca entendieron el sentido de la palabra
Holocausto.
Y los costos políticos ya superan
ampliamente a los avances de la operación represiva de Israel en Gaza: Se
cosechan más cadáveres que resultados.
Y los F16, los misiles y las bombas
inteligentes, los tanques y baterías de última generación, los helicópteros
Apache, las bombas de racimo y el fósforo blanco para despellejar pieles
palestinas, tienen su limite en los muertos y la destrucción que generan.
Y ya empezaron a perder nuevamente la
guerra en la escena del crimen.
(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder,
especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores
más difundidos y referenciados en la Web.
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