esde que estallara el colapso bancario y bursátil en septiembre de 2008, el
sistema nunca pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de
papel" terminó impactando en la "economía real", primero en las
metrópolis imperiales de EEUU y Europa, extendiéndose luego con distintas
variantes por toda la
periferia "subdesarrollada" y "emergente" de Asia, África y América Latina.
Simultáneamente, la economía de la
primeras potencias imperiales, EEUU y la Unión Europea (más del 40% del PBI mundial), colapsa en
todas sus variables, y los sectores más desprotegidos ya sufren los
"ajustes" mientras una crisis social, todavía de efectos imprevisibles,
asoma de la mano de los despidos masivos.
De una forma brutal el sistema
capitalista (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso
recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral
masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población pobre
con limitados recursos de supervivencia), por medio de los despidos laborales y
la reducción del gasto social ("ajustes"), que incrementan los niveles sociales
de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral.
Según el último informe de la
Organización Internacional del
Trabajo (OIT), el impacto social de
la crisis global no se atenúa y una de sus mayores consecuencias, el
desempleo, ya bate varios récords en diferentes países y dispara los cálculos
oficiales sobre las cifras que puede alcanzar.
El director de la OIT reveló esta
semana que hay actualmente hay más de 200 millones de personas sin trabajo en
el mundo y que esta increíble cifra se consolidó en los últimos cuatro años,
desde que estalló la crisis en 2008.
De acuerdo con el organismo
internacional, la cantidad de desempleados en el mundo no para de ascender. La crisis
financiera global, que empezó en 2008, sumó 30 millones de personas sin
trabajo, reveló el director de la OIT, Guy Rider.
Para tener una idea de la dimensión de esta cifra, equivale a decir que toda la
población de Venezuela, de Perú o de Canadá no tiene trabajo.
Unos "75 millones de los más de 200 millones de desempleados (en el mundo)
son
jóvenes de menos de 25 años", reveló Ryder en un discurso ante el Consejo
Monetario y Financiero Internacional del FMI y el Banco Mundial (BM), que se
reunió en Tokio.
A este escenario, según un informe de la OCDE
(Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), se agrega otro
dato central:
Más del
60% de la población laboral mundial trabaja con contratos de trabajos
precarios y sin prestaciones sociales.
Esta situación -según los
especialistas- va a derivar en una emergencia en la que ese sector, sin cobertura
ni protección legal, será despedido en masa, cuando la crisis y los ajustes se
profundicen y las empresas decidan "achicar costos laborales" para
preservar su rentabilidad.
La OIT estima que, incluso con un
proceso débil de recuperación económica mundial, las tasas de empleo se
mantendrán a la baja, tanto en los países centrales como en los emergentes o
subdesarrollados.
Los efectos del aumento del desempleo
se reflejan en la quiebra de empresas, despidos y reducción de jornada laboral,
según consignan las estadísticas oficiales.
En este escenario, Grecia y España,
seguidos de Portugal, coinciden todos los analistas, se han convertido en
mecha de un potencial colapso económico financiero en cadena que podría,
como emergente principal, desencadenar un proceso de estallidos sociales y de
crisis política en toda la eurozona.
En mayo de 2009
el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, advertía que "hay un grave
riesgo de crisis social" en el mundo.
Durante una entrevista con el diario
español El País, Zoellick explicaba: "Lo que empezó como una gran crisis
financiera y se convirtió en una gran crisis económica, ahora está derivando
en una gran crisis del desempleo. Si no tomamos medidas, hay riesgo de
que llegue a ser una grave crisis humana y social, con implicaciones políticas
muy importantes".
¿Pero de qué crisis social hablaba el
presidente del BM? ¿De la crisis social de los países ricos o de la crisis
social de los países pobres? ¿De la crisis social de los incluidos, o de la la
crisis social de los excluidos?
La crisis social

Con Estados quebrados por la
crisis fiscal, con la mayoría de las potencias centrales en recesión o en
desaceleración económica, con el capitalismo financiero haciendo
"negocios" con la crisis y depredando la economía real, con la contracción del
crédito orientado a la producción, con el consumo social sin recuperación,
bajas de recaudación y subas siderales del déficit, ajustes y despidos
salariales en ascenso, la "bomba social" de la desocupación en masa
(emergente de la crisis y de los ajustes) ya asoma como el desenlace más lógico
de la crisis global
capitalista, con epicentro en las potencias centrales.
El sistema de gobernabilidad político
y económico de la eurozona hoy se encuentran en riesgo de disolución a raíz de
la "crisis financiera" que derivó primero en "crisis recesiva",
luego en "crisis fiscal" de los Estados, y que ahora ya se convirtió en
"crisis social" de la mano de los ajustes, los despidos laborales y el
achicamiento del consumo popular.
Habitualmente los medios y analistas
del sistema solo evalúan y proyectan la evolución de la crisis mundial en sus
variables financiera y económica, sin ahondar ni precisar el desenlace que llega
inevitablemente de la mano de los emergentes sociales del colapso que ya
derivó de financiero en recesivo.
De la misma manera, a los
especialistas del sistema sólo les preocupa el impacto de la crisis en el
"mercado" y en las sociedades de los países centrales, pero nadie presta
atención en el impacto (y en el desenlace) que finalmente va a tener la crisis
con desocupación en las áreas subdesarrolladas y emergentes que cobijan a las
poblaciones más pobres y desprotegidas del planeta.
Y cuando se ocupan de los "efectos
sociales" de la crisis, sólo toman como parámetro la reducción del consumo en
los países centrales, a los que clasifican genéricamente como "sociedades",
sin discriminar entre clases altas, medias o bajas que integran la pirámide
social capitalista en EEUU, Europa y en las naciones "emergentes".
No dicen, por ejemplo, que la
crisis más aguda del consumo y de la desocupación, tanto en EEUU como en
Europa, la sufren los empleados y obreros de baja calificación que están conformando un peligroso bolsón masivo de protestas y conflictos sociales
que hoy ya comenzaron por la periferia europea.
De esta manera, y mientras (por medio
de los despidos y el achicamiento de salarios) se incuba el desenlace social
de la crisis a escala global, los gobiernos, los bancos centrales y los
analistas solo hablan de los efectos económicos y sociales de la misma en los
países centrales.
Los medios y analistas del
sistema (que informan a las sociedades a escala masiva) tienen centrada su
"preocupación en las pérdidas de los grandes consorcios empresariales
transnacionales, en la reducción de las grandes fortunas de los súper ricos y en
la devaluación de los multimillonarios sueldos de los ejecutivos de las
metrópolis de EEUU y Europa.
Tanto el "milagro asiático" como el
"milagro latinoamericano" (del crecimiento económico sin reparto social) se
construyeron con mano de obra esclava y con salarios en negro. Esto lleva
a que, al caerse el "modelo" por efecto de la crisis recesiva global,
el grueso de
la crisis social emergente con despidos laborales en masa se vuelque en esas
regiones.
Pero de esta cuestión estratégica,
vital para la comprensión de la crisis global y de su impacto social masivo
en el planeta, la prensa internacional no se ocupa. Los medios locales e
internacionales están ocupados en dilucidar como la crisis produce la disminución de las fortunas de
los ricos y la pérdida de rentabilidad de las empresas.
De manera tal, que en la crisis
social se proyectan las mismas variables del resto de la economía capitalista:
El peso de la crisis golpea con fuerza sobre la base del triángulo social más
desposeído (obreros asalariados y pobres) mientras se atenúa en el medio y
en el vértice (empresarios, ejecutivos y profesionales) , donde se concentra
mayoría de la riqueza acumulada por la explotación capitalista.
La misma ecuación (de
proyección y efecto disímil de la crisis social) se produce en la pirámide
de países capitalistas, claramente dividida entre el vértice (las naciones
centrales), el medio (las naciones "emergentes") y la base (las naciones
"en desarrollo").
Y hay una conclusión lógica: no es el mercado (en sus distintas
variantes macroeconómicas), sino que son los expulsados del mercado (los
excluidos sociales) los que van a protagonizar el desenlace decisivo de
la crisis global capitalista que se avecina.
Y hay una explicación lógica: La
crisis financiera y la crisis recesiva, cuyo emergente inmediato es la quiebra y
cierre de bancos y empresas, pueden ser reguladas y controladas por medio de
la inyección de billonarios fondos por los gobiernos y los bancos centrales
imperiales.
En cambio, para los efectos sociales
de la crisis financiera recesiva (la desocupación y el achicamiento del consumo)
no existe otro remedio que reocupar a la mano de obra expulsada si
se quiere evitar el colapso social y las revueltas populares.
Y para un capitalismo en crisis, cuya
lógica funcional pasa por expulsar trabajadores para mantener su tasa de
rentabilidad, esa es una tarea imposible.