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(IAR
Noticias)
10-Noviembre-2012
En Estados Unidos hemos perdido nuestra economía manufacturera. Actualmente
estamos perdiendo nuestra economía de servicios. Nos estamos convirtiendo
rápidamente, como temen algunos observadores, en una “economía de sirvientes”.
Por
Sam Pizzigati -
Revista Sin Permiso (*)
Bombero, jugador de baloncesto, domador de leones, profesor, niñera:
pregunte a los niños que quieren ser de mayores y obtendrá todo tipo de
respuestas. Pero nunca oirá ésta. Nunca oirá decir a los chiquillos que
quieren dedicar sus carreras a servir a los ricos.
La juventud actual quizás quiera reconsiderar la cuestión. Tienen delante
suyo una economía norteamericana en la que servir a los ricos parece,
cada vez más, ofrecer el mejor futuro con verdaderas oportunidades.
Efectivamente, tal como dice el economista Jeff Faux, estamos en camino
de convertirnos plenamente en una “economía de sirvientes”.
Anteriormente hemos tenido en el mundo “economías de sirvientes”. En
algunas ocasiones la gente incluso corría para obtener un estatuto de
sirviente. Al principio de la era industrial los trabajos en minas y
fábricas eran sucios y peligrosos y no se cobraba casi nada. El trabajo
doméstico en familias ricas podía parecer, en comparación, un refugio
relativamente seguro.
Pero este cálculo cambió cuando los trabajadores se organizaron y
consiguieron el derecho a negociar colectivamente para una mayor
participación en la riqueza que ellos creaban. Durante la primera mitad
del siglo 20, los norteamericanos super-ricos perdieron su dominio y cada
vez menos norteamericanos trabajaron como sirvientes para ellos.
Este estado de cosas no duró mucho. Desde finales de los años 70 hemos
asistido a un asalto a los fundamentos de una mayor igualdad – sindicatos
fuertes, impuestos progresivos considerablemente graduados, límites
reguladores a la práctica empresarial – que ha dejado vacía la clase
media norteamericana.
Los buenos trabajos en la industria han desaparecido casi completamente,
desplazados al exterior. La mayoría de norteamericanos ya no fabrican
cosas. Proporcionan servicios.
Podríamos, naturalmente, tener una robusta economía de “servicios” si
construyéramos dicha economía en base a proporcionar servicios de calidad
a todos los norteamericanos. Pero proporcionar estos servicios de
calidad, de todo tipo, desde la educación hasta la salud y los
transportes, supondría una inversión pública significativa – y unos
impuestos significativos a los norteamericanos ricos.
Hace medio siglo los ingresos fiscales provenientes de los impuestos a
los norteamericanos ricos eran significativos. Actualmente ya no. Los
recortes fiscales han minimizado estos ingresos y han dejado los
servicios públicos subfinanciados de manera crónica. Lo cual enfrenta a
los jóvenes de hoy día, tal como apunta el economista Jeff Faux en su
nuevo libro La economía de los sirvientes: donde la elite norteamericana
lleva a las clases medias, con una dura elección.
Los jóvenes pueden hacerse ingenieros y programadores y pasar sus
carreras en “una competición despiadada con gente de todo el mundo”
igualmente inteligente y formada pero “dispuesta a trabajar por mucho
menos”. O bien pueden entrar en la economía de sirvientes y “servir a
aquellos pocos en la cumbre que han conseguido llegar a formar parte de
la élite global”.
En esta nueva “economía de sirvientes” no estamos hablando precisamente
de niñeras y chóferes. Estamos hablando, como señala la periodista
Camilla Long, de “pilotos, publicistas, marchantes de arte y
guardaespaldas” – una “nueva y brillante falange de ayudantes
personales”.
¿Te gustaría ver mundo? En la nueva economía de sirvientes puedes
convertirte en “especialista en joyas” y viajar a países extranjeros para
escoger piedras preciosas para clientes ricos.
¿Quieres afrontar nuevos retos cada día? Puedes convertirte en conserje y
alquilar un día un elefante para la ceremonia de boda de un amo rico y al
siguiente organizarle una partida de ajedrez con un gran campeón.
O bien, si te inclinas por lo tradicional, siempre puedes pagarte un
curso de 12.000 dólares de un mes de duración que te acredite como
sirviente, en los términos exigidos por el gremio de mayordomos
profesionales ingleses.
Un buen mayordomo puede sacarse fácilmente mas de 100.000 dólares al año.
Pero servir a los ricos puede ser mucho mas lucrativo. El decorador
interiorista Michael Smith obtuvo unos honorarios de 800.000 dólares por
su trabajo en el despacho de un alto ejecutivo de Wall Street. El
procurador de New York, David Boies practica una abogacía favorable a los
plutócratas – y unos honorarios de 1.220 dólares la hora.
John Blackburn, un arquitecto de Washington D.C. está especializado en el
diseño de caballerizas para jinetes ricos. Una caballeriza cuesta
aproximadamente unos 3 millones de dólares. Sus honorarios, según el
Washington Post, se mueven entre el 8 y el 10 % del coste de una
caballeriza.
Pero nos encontramos con un problema. Tenemos una cantidad limitada de
super-ricos que puedan permitirse encargar caballerizas y pedir
elefantes.
El Instituto de Investigación del Crédito Suizo calculó el verano pasado
que solamente 38.000 norteamericanos poseían fortunas de al menos 50
millones de dólares. En todo el mundo hay tan solo 3 millones de personas
que posean como mínimo 5 millones de dólares.
Incluso si cada uno de estos 3 millones proporcionara, directa o
indirectamente, un buen empleo en la “economía de sirvientes” a unas 100
personas, todavía tendríamos aproximadamente otros 4 billones de personas
fuera de la “economía de sirvientes” buscando como entrar en ella.
Tal como expone claramente Jeff Faux, la “economía de sirvientes” no
puede llevar más que a un punto muerto. Necesitamos cambiar de rumbo
(*)Sam Pizzigati, veterano periodista y sindicalista, es miembro asociado
del Instituto de Estudios Políticos y ha escrito ampliamente sobre
desigualdad. Su último libro, Los ricos no siempre ganan: el triunfo
olvidado sobre la plutocracia, que creó la clase media norteamericana,
aparecerá este otoño.
Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga Tarré
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