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(IAR
Noticias)
31-Octubre-2012
En 2010, Francia decidió retomar su política colonialista. Esa decisión la llevó
a cambiar el régimen en Costa de Marfil, en Libia y, posteriormente, a tratar de
hacer lo mismo en Siria. Ante el fracaso de la tercera operación, París está
viéndose arrastrado en Siria por los hechos que anteriormente provocó por
voluntad propia. Después de haber armado, entrenado y dirigido grupos
terroristas en Siria, los servicios de inteligencia de Francia asestan un golpe
en pleno corazón de la capital libanesa.
Por
Thierry Meyssan -
Red Voltaire
E n
una mesa redonda realizada en Ankara, el almirante James Winnefeld,
vicepresidente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas
estadounidenses, confirmó que Washington revelará sus intenciones con
respecto a Siria únicamente después de la elección presidencial del
próximo 6 de noviembre. El almirante dejó entender claramente a sus
interlocutores turcos que ya se negoció con Moscú un plan de paz, que
Bachar al-Assad se mantendrá en el poder y que el Consejo de Seguridad de
la ONU no autorizará la creación de zonas-tapón. Por su parte, el
secretario general adjunto de la ONU a cargo de las operaciones de paz,
Hervé Ladsous, confirmó que está estudiando el posible despliegue de
cascos azules en Siria.
Todos los actores de la región están preparándose por lo tanto para un
cese del fuego impuesto por una fuerza de la ONU conformada con tropas de
la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (Armenia, Bielorrusia,
Kazajstán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán). Eso significa concretamente
que Estados Unidos prosigue su retirada de la región, retirada que
comenzó por Irak, y que Washington acepta compartir con Moscú su
influencia en el Medio Oriente.
Simultáneamente, el New York Times reveló que se reactivarán las
negociaciones directas entre Washington y Teherán, precisamente en
momentos en que Estados Unidos se dedica a sabotear la moneda iraní.
Dicho por lo claro, al cabo de 33 años de containement, Washington admite
que Teherán es una potencia regional con la que no queda más remedio que
sentarse a conversar, lo cual no le impide seguir tratando de sabotear la
economía iraní.
Esta nueva repartición de las cartas del juego va en detrimento de Arabia
Saudita, Francia, Israel, Qatar y Turquía, países que apostaron a fondo
por el cambio de régimen en Damasco. Esta heteróclita coalición se divide
ahora entre los que reclaman un “premio de consolación” y los que tratan
de sabotear el proceso que se ha puesto en marcha.
Ya en este momento, Ankara ha cambiado de tono. El primer ministro turco
Recep Tayyip Erdogan, que antes decía estar dispuesto a llegar hasta las
últimas consecuencias, ahora trata de reconciliarse con Teherán y con
Moscú. El mismo Erdogan que hace tan solo unos días insultó a los iraníes
y ordenó maltratar a los diplomáticos rusos en su país, ahora se deshace
en sonrisas. Aprovechó la Cumbre de la Organización de Cooperación
Económica celebrada en Bakú para entrevistarse con el presidente iraní
Mahmud Ahmadinejad. Y le propuso la creación de un complicado dispositivo
de discusión sobre la crisis siria, lo cual permitiría a Turquía y a
Arabia Saudita no quedarse “a pie”. Para no humillar a los perdedores, el
presidente de Irán se mostró abierto a esa iniciativa.
Qatar, mientras tanto, ya está en busca de nuevos espacios para sus
ambiciones. El emir Hamad se fue a Gaza a posar como protector del Hamas.
No le desagradaría que el rey de Jordania fuese derrocado y que el reino
hachemita se transformase en una república palestina, cuyo gobierno
podría poner entre las manos de sus protegidos de la Hermandad Musulmana.
Quedan Israel y Francia, que han formado un frente de rechazo. La nueva
configuración del juego regional garantizaría la protección del Estado
israelí, pero pondría fin a su particular estatus en la escena
internacional y arruinaría sus sueños expansionistas. Tel Aviv caería
entonces al rango de potencia secundaria. En cuanto a Francia, esta
perdería su influencia en la región, incluyendo el Líbano. Es en ese
contexto que los servicios secretos de Francia e Israel concibieron una
operación destinada a hacer fracasar el acuerdo entre Estados Unidos,
Rusia e Irán. Y aunque la operación misma no arrojara el resultado
deseado, al menos permitiría de todas maneras borrar las pruebas de la
injerencia en la crisis siria.
Francia hizo correr primeramente el rumor de que el presidente sirio
Bachar al-Assad había ordenado al Hezbollah proceder al asesinato de 5
personalidades libanesas: el jefe de las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI),
el director de las fuerzas del ministerio del Interior, el gran muftí, el
patriarca maronita y el ex primer ministro Fouad Siniora. París sacrificó
después a Michel Samaha –quien, después de servirle de agente de enlace
con los servicios de inteligencia sirios, había caído en desgracia en
Damasco perdiendo así su utilidad para los franceses. Este brillante y
versátil político cayó en la trampa tendida por el general Wissam el-Hassan
–jefe de las FSI y además agente de enlace con los salafistas. Para
terminar, París sacrificó al propio general Wissam el-Hassan que, además
de pasar a ser una pieza inútil en caso de restablecimiento de la paz en
Siria, se había convertido en un peligro porque sabía demasiado. Se
concretó así el rumor que los mismos franceses habían echado a rodar: fue
asesinado el primero de la lista y una personalidad considerada prosiria
ha sido arrestada y acusada de preparar un atentado contra otro de los
personajes que figuran en la misma lista.
Toda esta maquinación gira alrededor del general francés Benoit Puga.
Este ex comandante de las Operaciones Especiales y director de la
Inteligencia Militar francesa fue jefe del estado mayor particular del ex
presidente Nicolas Sarkozy y el nuevo presidente francés, Francois
Hollande, lo ha mantenido en ese cargo. Dando muestra de un apoyo
incondicional a la colonia judía de Palestina [1] y de las relaciones
privilegiadas que mantiene con los neoconservadores estadounidenses, el
general Benoit Puga reactivó la política colonial de Francia en Costa de
Marfil, Libia y Siria. Fue el agente encargado de atender,
simultáneamente, a Michel Samaha y a Wissam el-Hassan. Y es actualmente
el hombre fuerte de París. En lo que constituye una violación de la
institucionalidad democrática, el general Puga gobierna en solitario la
política de Francia en el Medio Oriente, a pesar de que esa atribución no
forma parte de sus funciones oficiales.
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