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(IAR
Noticias)
19-Octubre-2012
La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) comenzó en Kazajstán,
este 8 de octubre de 2012, las maniobras «Fraternidad inviolable» (НЕРУШИМОЕ
БРАТСТВО).
Por
Thierry Meyssan -
Red Voltaire
E l
escenario corresponde al despliegue de una fuerza de paz en un país
imaginario donde operan grupos internacionales de yihadistas y
organizaciones terroristas en un contexto de divisiones
étnico-confesionales. Invitado al ejercicio, el cuerpo diplomático
acreditado en Kazajstán escuchó con atención el discurso de apertura del
secretario general adjunto de la Organización, Valery Semerikov. Este
último indicó claramente que la OTSC se prepara con vistas a una posible
intervención en el Gran Medio Oriente. Y para los que se hacen los
sordos, el secretario general en persona, Nikolai Bordyuzha, subrayó que
su secretario general adjunto no se refería a Afganistán.
La Declaración de Ginebra, negociada el 30 de junio por Kofi Annan, prevé
el despliegue de una fuerza de paz, si así lo solicitan el gobierno sirio
y la oposición. El Ejército «Sirio Libre» rechazó ese acuerdo. Así que el
término "oposición" designa únicamente a los partidos políticos
que, después de la reunión de Ginebra, se han reunido recientemente en
Damasco bajo los auspicios de los embajadores de Rusia y China. Como el
acuerdo de Ginebra contó con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU,
el despliegue de las "chapkas azules" puede concretarse sin necesidad de
una resolución ad hoc. Valery Semerikov precisó que esa fuerza de
paz ya cuenta con 4 000 efectivos, y que otros 46 000 se entrenan
actualmente y pueden ser movilizados rápidamente como refuerzo de un
primer contingente.
En ese contexto se multiplican en Siria los indicios de retirada
occidental. Se ha interrumpido el flujo occidental de armas y de
combatientes y sólo se mantienen los envíos financiados por Arabia
Saudita y Qatar.
Mucho más sorprendente que lo anterior es el hecho que, en seis ocasiones
consecutivas, el comando de la OTAN en Incirlik (Turquía) ha orientado a
los yihadistas reagruparse en zonas específicas con vistas a la
realización de grandes ofensivas. Lo interesante es que el Ejército Árabe
Sirio, inadaptado en términos de guerra de guerrillas por haber sido
concebido para enfrentarse a las fuerzas armadas de Israel, resulta en
cambio muy eficaz en situaciones de combate clásico. En cada una de esas
seis ocasiones, las agrupaciones del Ejército «Sirio Libre» han sido
rodeadas y aniquiladas. La primera vez podía pensarse en un simple error
táctico; la segunda podía achacarse al empecinamiento de un general
incompetente… pero cuando situación se repite por sexta ocasión, ya hay
que pensar en una hipótesis diferente: la OTAN está enviando a esos
combatientes a la muerte de forma deliberada.
Contrariamente a la percepción común en Occidente, la motivación de los
yihadistas no es propiamente de orden ideológico ni religioso sino
estético. No pretenden morir por una causa, y se desentienden –por
cierto– del destino de Jerusalén, sino que adoptan más bien una postura
romántica y tratan de exacerbar sus propias sensaciones, ya sea mediante
las drogas o a través de su comportamiento ante la muerte. Son por lo
tanto muy manipulables ya que buscan las situaciones extremas. Basta
entonces con crear ese tipo de situaciones y guiarlos a ellas. Durante
los últimos años, el príncipe saudita Bandar ben Sultan se había
convertido en el gran arquitecto de los grupúsculos yihadistas, entre los
que se cuenta al-Qaeda. Los dirigía a través de predicadores que
prometían a sus miembros un paraíso donde 70 vírgenes les ofrecerían para
siempre los mayores placeres, no por haber alcanzado un objetivo militar
o político en particular sino únicamente por morir como mártires allí
donde Bandar los necesitara.
Pero el príncipe Bandar ha desaparecido del escenario desde el atentado
del que fue objeto el pasado 26 de julio y lo más probable es que esté
muerto. Por lo tanto, desde Marruecos hasta el Xinjiang chino, los
yihadistas están actuando por su cuenta y sin coordinación alguna. En
esas condiciones, pueden ponerse al servicio de cualquiera, como ya quedó
demostrado en el reciente asesinato del embajador de Estados Unidos en
Libia. Por consiguiente, Washington prefiere en este momento deshacerse
de esos individuos, ahora incómodos y peligrosos, o disminuir al menos su
cantidad. Así que la OTAN está impartiendo a los yihadistas una serie de
órdenes que los exponen al fuego del Ejército Árabe Sirio, propiciando
así su eliminación en masa.
Mientras tanto, la policía francesa abatió el 6 de octubre a un salafista
francés que había cometido un atentado contra un establecimiento judío.
Las investigaciones demostraron posteriormente que el salafista abatido
pertenecía a una red de individuos que se habían ido a participar en la
yihad, en Siria. Cuatro días después, la policía británica hacía un
descubrimiento muy similar.
El mensaje de París y de Londres es que los franceses y los británicos
muertos en Siria no eran agentes caídos en el cumplimiento de alguna
misión secreta sino fanáticos que actuaban por propia iniciativa. Lo cual
es evidentemente falso ya que los yihadistas que actúan en Siria disponen
de equipos de comunicación concebidos especialmente para la OTAN y
proporcionados por Francia y el Reino Unido. Lo que sí es cierto es que
todo este montaje marca el fin de la implicación franco-británica junto
al Ejército «Sirio Libre», mientras que Damasco entrega prisioneros con
la mayor discreción. Y así se pasa la página.
Es comprensible entonces la frustración de Turquía y de las monarquías
wahabitas que, a pedido de la propia OTAN, se lanzaron de cabeza en la
guerra secreta y que ahora tendrán que asumir solas el fracaso de la
operación. Jugándose el todo por el todo, Ankara ha emprendido una serie
de provocaciones tendientes a impedir que la OTAN se desentienda del
asunto. Y ya ha hecho de todo, desde instalar piezas de artillería en
territorio turco hasta caer en la piratería aérea al desviar un avión
civil sirio, maniobras que están resultando, en definitiva, totalmente
contraproducentes.
Basta con mencionar el hecho que el avión de pasajeros de la Syrian
Arab Airlines interceptado y obligado a aterrizar en Turquía no
contenía ningún tipo de armas, sino equipamiento electrónico de
protección civil para detectar la presencia de explosivos. La realidad es
que Turquía no buscaba impedir que Rusia entregara a Siria un
equipamiento destinado a proteger del terrorismo a los civiles sirios. El
verdadero objetivo de Ankara era elevar la tensión maltratando a los
pasajeros rusos e impidiendo al embajador ruso prestarles la debida
atención. La maniobra no dio resultado ya que la OTAN no ha reaccionado
ante las acusaciones provenientes de la imaginación de Erdogan. La única
consecuencia ha sido que el presidente ruso Vladimir Putin anuló sine die
su visita a Ankara, que estaba prevista para el 15 de octubre.
La paz tiene aún mucho camino por delante. Pero, por mucho que Turquía y
las monarquías wahabitas traten de prologar la guerra, ya el proceso está
en marcha. La OTAN está recogiendo sus bártulos y los medios de
comunicación ya están volteando sus reflectores hacia otros puntos del
planeta.
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