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(IAR
Noticias)
13-Noviembre-2012
El milagro
chino de las últimas tres décadas tiene datos contundentes. Con un crecimiento
económico del 10% anual, el gigante asiático se ha convertido en el primer
exportador e importador del planeta, en la nación con mayor reservas a nivel
mundial y está a punto de sobrepasar a Estados Unidos como el mayor mercado
interno global.
IAR Noticias
/ BBC
Pero el milagro tiene un lado sombrío. La columna vertebral de este salto
económico son más de 200 millones de migrantes que abandonaron el campo
para buscar trabajo en la ciudad.
Estos migrantes constituyen la tercera parte de la población
económicamente activa (en edad laboral: de 15 a 64 años) y no tienen
acceso a la salud o la educación. Para ellos, el milagro chino es una
utopía.
BBC Mundo dialogó con Hsiao Hung-pai, autora de "Scattered
Sands" y "Chinese Whispers", dos estudios clave sobre el
fenómeno de la migración china.
En "Scattered Sands" usted describe una situación de marginación y
máxima vulnerabilidad de los migrantes, sea en el sector minero donde hay
más de 3.000 muertos anuales por accidentes, como en las fábricas o la
construcción. ¿Se puede decir que los migrantes chinos son el nuevo
proletariado?
Los campesinos fueron siempre relegados en aras de la industrialización.
Los trabajadores migrantes ganan la mitad del salario típico urbano y no
tienen ninguna protección laboral o legal.
No tienen contrato, las condiciones de seguridad son precarias o
inexistentes, el salario es magro y, dada la ausencia de derechos
laborales, muchas veces simplemente no les pagan. A esto se suma el tema
del registro domiciliario, el Hukou, que da acceso a la salud y la
educación públicas.
Un campesino no puede transferir su Hukou a la ciudad. A lo sumo,
consigue un permiso transitorio de residencia. Si tiene una enfermedad,
debe pagar como un paciente privado o volver a su lugar de origen para
ser atendido. Una operación de urgencia puede ser una tragedia no solo a
nivel físico, sino financiero.
En resumen, estos más de 200 millones de migrantes internos son fantasmas
que circulan por las ciudades chinas sin derechos de ningún tipo. Todo
esto es negado por la sociedad y el gobierno. A los ojos de los ganadores
del modelo chino –las clases medias y los ricos– los migrantes son
campesinos que viven en esas condiciones por su ignorancia y falta de
cultura.
Una situación pavorosa, pero si migran debe ser porque están mejor en
la ciudad que en el campo.
Es una elección sin libertad. Es por desesperación, porque no hay otras
opciones. Un causa típica de migración es el tema de la salud. La salud
está en manos del estado, pero desde que Deng Xiao Ping lanzó su Gaige
Kaifan –la apertura procapitalista de la economía- se maneja con
criterios privados de beneficio económico, con lo cual la atención médica
es cara y no accesible para muchos.
Uno de los tantos casos que investigué en mi libro fue el de un joven
campesino llamado Peng que tuvo que migrar para pagar el tratamiento
médico de su tío. Peng terminó trabajando en la capital, Pekín, en la
construcción y la industria de seguridad, dos actividades con mucho
trabajo en negro. Muchas veces, simplemente no le pagaban por su trabajo,
pero no se planteaba volver porque su familia dependía de eso poco que
ganaba.
Otra razón típica de migración es la confiscación de la tierra. La tierra
pertenece al estado que la cede por períodos normalmente de 30 años a los
campesinos. Pero debido al desarrollo y la enorme especulación
inmobiliaria, las autoridades municipales suelen confiscar la tierra y
muchas veces no pagan la compensación correspondiente de acuerdo a la
ley. Sin esa tierra que apenas les daba para sobrevivir, los campesinos
deciden migrar a la ciudad.
¿Cuál es la lógica político-social del Hukou?
El gobierno introdujo el Hukou en 1958 para controlar la migración de
campo a ciudad y promover una industrialización acelerada, financiada con
los impuestos y el sacrificio de los campesinos.
En la práctica el sistema funciona hoy igual que el servicio inmigratorio
en un país extranjero. Cada autoridad local tiene su propio sistema.
En Shanghái y Guanzhou, dos centros clave del crecimiento económico
chino, hay un sistema de puntaje similar al que tiene Reino Unido para
aceptar inmigrantes. Se tiene en cuenta la edad, la educación, el empleo,
la capacitación y el tipo de experiencia laboral del que solicita el
Hukou. Solo los que tienen puntaje más alto pueden acceder al Hukou y
beneficiarse de la política pública de vivienda, salud, educación.
El resto obtiene en el mejor de los casos un permiso de residencia
temporario o son directamente ilegales. En ambos casos están condenados a
un existencia semimarginal.
Sin embargo, ha habido experimentos para cambiar el Hukou, así como
para universalizar las pensiones y el acceso a la salud y educación.
El gobierno de Sichuan inició una reforma del Hukou que debe completarse
este año por el que un campesino puede transferir su hukou del campo a la
ciudad. Pero hay una condición. El campesino debe abandonar el derecho
que tiene sobre la tierra que está cultivando.
Esto ha hecho fracasar la reforma porque los campesinos lo consideran una
confiscación indirecta de la tierra. Como no confían en las autoridades,
creen que van a perder lo poco que tienen y que además no van a recibir
la compensación que les corresponde.
Al mismo tiempo, la política oficial desde 2010 es que China tiene que
pasar de una economía exportadora a una más basada en el consumo. Para
esto necesita consumidores que, si no tienen acceso a la salud y la
educación, van a tener que ahorrar en vez de consumir. Por simple peso
numérico –más de 200 millones de personas– los migrantes deberían ser
fundamentales para ese cambio
Estos cambios no van a ocurrir simplemente por un imperativo económico.
En China no existe el concepto de que estos campesinos son ciudadanos.
Solo el que vive en la ciudad lo es.
Un habitante de Pekín puede cambiar su Hukou a Shanghái o al campo sin
problemas. Un campesino no.
En salud, la situación es particularmente dramática porque cuando en 1982
se abolieron las comunas, que suministraban salud gratis a todo el mundo,
los campesinos quedaron sin cobertura médica.
En 2006, 26 años más tarde, según cifras oficiales, menos del 10% de la
población rural tenía seguro médico. Los planes previos para resolver
esta situación, anunciados con gran pompa, fracasaron. Sobre la última
reforma, lanzada en 2010, solo se puede decir por el momento que es un
plan: habrá que ver qué traducción tiene en la realidad.
En China no hay sindicatos independientes. A pesar de ello, el grado
de conflictividad sindical es muy alto. ¿Han surgido organizaciones
independientes para representar a los migrantes?
Con la crisis económica de 2008 ha habido una creciente actitud militante
de los trabajadores.
En el sur millones perdieron sus trabajos, muchas veces sin que les
pagaran lo adeudado. Según las autoridades, ha habido un promedio de
80.000 incidentes masivos anuales desde 2008. Estos hechos masivos
incluyen disturbios, protestas, huelgas y ocupaciones.
Como el sindicato oficial ACFTU no solo no representa a los trabajadores
sino que se opone a toda protesta –son más capataces que otra cosa–, los
trabajadores se organizaron informalmente de diversas maneras y
obtuvieron varias victorias.
Pero en China no es posible tener organizaciones independientes. Un 80%
de las ONG son ilegales. A veces la única manera de tener una
organización es montar una compañía limitada con todas las restricciones
que esto implica.
¿Qué perspectivas hay con el cambio de guardia de la cúpula comunista
este noviembre?
No hay cambio a la vista. Los cambios no pueden suceder de arriba a abajo
cuando la población misma no está implicada de ninguna manera
¿No es una ironía que después de más de 60 años de una revolución
encabezada por el campesinado, los campesinos sean los grandes excluidos?
Los campesinos fueron siempre relegados en aras de la industrialización
de China.
Durante Mao la colectivización del campo sirvió para mantener el
crecimiento industrial y la población urbana. Con Deng Xia Ping pasó lo
mismo con el Gaige Kaifang que privatizó la explotación de la tierra y
eliminó la red de atención sanitaria y beneficios sociales de la era
maoísta.
El mundo habla de un milagro chino. Pero si uno va a los mercados
laborales informales que existen en las grandes ciudades, la historia que
se escucha es totalmente distinta. Los migrantes hablan de la
explotación, la corrupción, la discriminación y la marginalización en la
que viven. Es un mundo totalmente diferente que afecta a más de 200
millones de personas.
¿Cómo puede considerarse milagroso un modelo que explota a la tercera
parte de su población económicamente activa?
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