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(IAR
Noticias)
06-Noviembre-2012
Hu Jintao y su equipo pertenecen a una generación que recuerda el impacto
de la Revolución Cultural, cuando la cultura en realidad se estuvo destruyendo,
y que tuvo efectos devastadores para la educación superior china, razón por la
cual a los jóvenes chinos no les fue fácil acceder a una enseñanza de alto nivel
en las décadas de los años sesenta y setenta. La nación necesitaba llenar este
vacío.
Dmitri Kósirev / RIA Novosti
La
industria cultural se convierte en un sector pilar de la economía
nacional, anuncia uno de los artículos del periódico chino Diario del
Pueblo. Hace un par de días, el mismo periódico declaraba: si quiere
resumir lo que está pasando en China, la palabra es “innovaciones”. Pero
si en muchos países suena a progreso científico o tecnológico, los chinos
lo ven de otra manera: “Crecimiento basado en la cultura”. Se trata de la
cultura que genera innovación.
Lo importante es saber copiar
Desde luego es una publicación propagandística en vísperas de 18º
Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), que se celebrará a partir
del 8 de noviembre y que marcará el inicio del proceso de cambio del
máximo liderazgo en el país. Desde que se anunció oficialmente la fecha
del mismo, en los medios chinos aparecieron múltiples materiales
analíticos sobre los temas más diversos: la lucha contra la corrupción
(que es el tema principal), el crecimiento económico, etc. Pero estas
discusiones son más o menos conocidas fuera del país, y sin embargo el
tema de la relación entre la economía y la cultura es algo sorprendente.
Aunque en realidad no se trata una idea nueva y disparatada, más bien del
resultado de la política que llevó a cabo durante los últimos diez años
por el gobierno del actual presidente Hu Jintao. El cambio de liderazgo
en China ocurre una vez cada diez años. Hu Jintao asumió la presidencia
del país tras el Congreso del PCCh en 2002, donde se formuló, entre
otras, esta idea.
Hace un decenio, el papel de China como “fábrica mundial” ya estaba
consolidado. Fue entonces cuando surgió la idea de que es mucho mejor
apostar por el aporte intelectual. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo reemplazar
la tecnología por la cultura en el ámbito intelectual? Entonces sonaba
raro y no se tomaba en serio.
Las buenas ideas muchas veces nacen en las situaciones desesperadas. Hu
Jintao y su equipo pertenecen a una generación que recuerda el impacto de
la Revolución Cultura, cuando la cultura fue destruida, y que tuvo
efectos devastadores para la educación superior china, razón por la cual
a los jóvenes chinos no les fue fácil acceder a una enseñanza de alto
nivel en las décadas de los años 60 y 70. La nación necesitaba llenar
este vacío. La educación y la cultura representan una ilusión utópica de
esta generación que conoce de sobra los problemas heredados de la época
anterior.
En realidad, estos problemas son muy antiguos: en el siglo XIX, el siglo
de la decadencia en China, los pintores y artesanos del país valoraban
por encima de todo la capacidad de copiar a la perfección las obras de
las épocas pasadas. En la actualidad también copian de todo, aviones de
caza o modelos de ropa, por eso son famosos.
En el siglo XX el país estuvo sumergido en constantes guerras y
revoluciones. El resultado estaba a la vista: por ejemplo, los
escaparates de las tiendas de ropa, que hace diez años estaban llenos de
los modelos inspirados en el traje nacional, evidenciaban una falta
absoluta de creatividad.
La cultura da dinero
Ahora toca hacer balance de la política aplicada. Los cambios más
radicales se registraron en la industria de la información, que para los
chinos forma parte de la cultura. El 80% de los medios de comunicación
electrónicos fueron privatizados y sus acciones cotizan en el mercado de
valores Nasdaq en EEUU. Incluso el Diario del Pueblo, el medio oficial
del Partido Comunista, se convirtió en Sociedad Anónima, aunque el
paquete de acciones de control pertenece al Gobierno.
Además, se privatizó el cine, el teatro, la pintura, las editoriales,
todo lo que en los años noventa se subvencionaba por el estado. Sin
embargo, la cultura “estatal” resultaba incompetente y el mercado local,
según opinan los chinos, se vio conquistado por EEUU y Japón.
Ahora la situación es diferente. China se ha convertido en el tercer
mayor productor cinematográfico del mundo tras la India y EEUU. El Premio
Nobel de Literatura 2012 fue para el escritor chino Mo Yan. La pintura
moderna china alcanza en las galerías del mundo precios de hasta un
millón de dólares por cuadro.
Todo empezó con la privatización. Casi 300.000 puestos de trabajo en el
sector cultural dejaron de financiarse del presupuesto público. Casi 100%
de las casas editoriales y el 90% de estudios cinematográficos se
transfirieron a manos privadas. El gobierno chino conserva el control
sobre la televisión (aunque existen muchas cadenas de TV privadas) y un
“control general”, es decir financiero, en el ámbito de la cultura.
Esto no es difícil. Resultó que muchas empresas del sector cultural,
especialmente las productoras del cine, son rentables, el estado empezó a
invertir en ellas ya no por tenerlas controladas sino por obtener
ganancias.
Es evidente que las empresas del sector cultural son rentables si el PIB
per cápita supera 5.000 dólares al año, como sucedió en China en 2011. La
rentabilidad de la cultura se sostiene por el crecimiento económico
general. Pero ahora, cuando se hace el balance del experimento económico
llevado a cabo en el país durante la última década, parece que existe una
relación inversa.
Resulta que este sector de la economía nacional registró entre los años
2008 y 2010 unas tasas récord de crecimiento. Con un crecimiento del
24,2% la cultura se situó por encima del comercio, de la industria de
exportación y otros sectores, alcanzando su volumen a una cifra de
172.000 millones de dólares, o un 2,75% de la economía nacional. Se
espera que para el año 2015 este indicador aumente hasta un 5%.
Es decir, el “crecimiento basado en la cultura” significa que el sector
cultural crece y hace crecer el PIB. Aunque existe un segundo nivel de
abstracción: los economistas chinos creen que la cultura puede
representar el “sector pilar” de la economía nacional. La creatividad
desarrollada dentro del mismo rebasa sus límites y penetra en los
sectores adyacentes: diseño arquitectónico e industrial, industria de la
moda, medios electrónicos... Son innovaciones que, en lugar de los
laboratorios, nacen en los talleres.
La publicación mencionada informa que las empresas chinas de este sector
ahora adquieren activos y realizan fusiones en los mercados extranjeros:
nuevos horizontes, nuevas fuente de ideas e innovaciones.
A modo de epílogo: las acciones de protesta en China las protagonizan los
grupos más diversos de la población. Los campesinos protestan contra la
expropiación de tierra para la construcción de hoteles, los habitantes de
ciudad contra la ampliación de una planta química en la zona residencial.
Solo la llamada “clase creativa” no protesta, aunque expone sus ideas y
opiniones a través de Internet, y los hace de manera muy creativa.
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