ntervenir en Siria bajo el pretexto
de "parar la guerra civil y el derramamiento de sangre" (como hicieron el
Libia) forma parte de la agenda del "Plan B" diseñado tras el fracaso de la toma
de Alepo que pensada para establecer una "cabecera norte" de la
sublevación en la frontera con Turquía.
Si bien el régimen de Ankara sirve de
base y de centro logístico para las operaciones terroristas en gran escala
contra el territorio sirio, Turquía, pese a su actitud hostil y
provocativa, y pese a formar parte activa del eje USA-OTAN-Liga Árabe,
no invade a Siria por temor a la reacción militar de Irán y a una
sublevación kurda en toda la región.
A este factor, se agrega el proceso
eleccionario en EEUU que podría llevar a Washington a no actuar en forma activa
quitándole sustento militar a las fuerzas de la OTAN.
La semana pasada el secretario
general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Anders Fogh
Rasmussen, pidió a la "comunidad internacional" (léase el eje
USA-OTAN-Israel) , especialmente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas,
que ejerza una presión "mucho más intensa" sobre el gobierno de Siria
para lograr una solución política.
"Corresponde al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas enviar un mensaje
muy fuerte y unificado a la dirigencia siria: que detenga la violencia e inicie
un proceso político", mencionó Rasmussen luego de una reunión de los ministros
de Defensa de la OTAN.
En la primera semana de octubre, los
embajadores de los países de la OTAN reunidos con urgencia tras el
accidente en que murieron cinco ciudadanos de Turquía al alcanzar un proyectil
sirio su ciudad calificaron lo ocurrido como una amenaza para la Alianza
Atlántica.
“Los recientes actos de agresión cometidos por el régimen sirio en la frontera
sureste de la OTAN representan una indignante violación del Derecho
Internacional y una amenaza para la Alianza Atlántica”, declararon.
Turquía se dirigió al Consejo de Seguridad de la ONU, solicitando adoptar
medidas para obligar a Siria a cesar los ataques y respetar la soberanía del
país vecino.
EEUU condenó el ataque sirio y pidió a todos los países instar al presidente
sirio Bashar Al Asad “a que renuncie al poder, declare un armisticio y
acometa las transformaciones políticas”.
Por su parte el gobierno turco pidió a la OTAN activar radares
antimisiles de la base de Kurecek y apuntarlos hacia Siria, en medio de una
hostilidad que crece entre los dos países tras la interceptación el miércoles
pasado de un avión de línea sirio en el espacio aéreo de Ankara.
El pedido a la OTAN, alianza ala que
pertenece Turquía, se enmarca en la decisión del gobierno de Ankara de
potenciar su propio dispositivo militar en la frontera en caso de conflicto,
informó el diario Sabah.
Asimismo, el periódico Hurriyet reportó que en los últimos días Ankara
redobló el número de carros armados, hasta 250, presentes en la frontera y tiene
70 cazas en las bases aéreas cercanas al límite binacional, en Diyarbakir y
Malatya.
La activación de los radares de
Kurucek, cercano a esa última localidad, que forman parte del “escudo
antimisiles” de la OTAN, debe permitir individualizar rápidamente un ataque
hipotético con misiles sirios y de tomar medidas para interceptarlos, según
Sabah.
Las fuerzas turcas a lo largo de la frontera están en estado de alerta tras una
semana de intercambios de disparos de morteros. Por otro lado, dos jet turcos
despegaron ayer después de que helicópteros sirios dispararan contra la ciudad
de Azmarin, a poca distancia del límite con Turquía.
Según el el politólogo ruso Vladímir Sidov, citado por la agencia
RIA Novosti, Turquía no invade Siria por temor a una sublevación de kurdos en
el seno del Ejército y a represalias por parte de Irán, firme aliado del
régimen de Al Asad.
“Son las únicas razones que, por ahora, impiden a Ankara lanzar una ofensiva
militar a gran escala”, dijo a RIA Novosti el experto.
Sidov está convencido de que la respuesta de Irán a un eventual ataque turco
contra Siria no se hará esperar, puesto que Teherán y Damasco tienen
importantes vínculos religiosos.
“La rama alauita del Islam, a la que pertenece la cúpula gobernante siria, y el
Islam chiíta, mayoritario en Irán, son afines”, explicó el politólogo ruso.
Agregó que la idea de una intervención militar cuenta en el país otomano con el
respaldo de “muchas personas influyentes”, lo que demuestra el persistente
rechazo de Turquía a negociar con Siria.
Hace poco, Damasco anunció la disposición de crear una comisión conjunta
sirio-turca para dirimir las controversias bilaterales, pero Ankara calificó
la iniciativa de “tardía” recordó Sidov.
“Es evidente que la tensión la aviva, en primer lugar, Turquía. Siria desea
evitar el conflicto a toda costa”, indicó el politólogo.
Los bombardeos de territorios turcos fronterizos con Siria, que empeoraron la
relación entre ambos países, muchas veces son obra de miembros del Ejército
Libre Sirio (ELS), el brazo armado de la oposición del país, y no de las
tropas gubernamentales, aseguró.
La creciente tensión entre Ankara y Damasco volvió a copar las portadas de la
prensa después de que el pasado miércoles, varios cazas F-16 de la Fuerza Aérea
turca obligaron a aterrizar un avión sirio que cubría la ruta entre Moscú y
Damasco. La aeronave, un Airbus A-320 con 35 pasajeros a bordo, pudo continuar
el vuelo a la capital siria tras ocho horas de registro a bordo.
Rusia exigió a raíz del incidente explicaciones a Turquía, acusándola de
“poner en peligro la vida y la seguridad” de 17 ciudadanos rusos, incluidos
niños, que viajaban a bordo del avión interceptado.
Turquía claramente provoca a Siria
desplegando sus tropas en la frontera. Tan solo en los últimos dos días, al
lugar fueron enviados sesenta unidades de vehículos blindados y unidades de
artillería. doscientos cincuenta taques y veinticinco cazas F-16 están listos
para abrir fuego.
En el pico de la crisis en las relaciones de Damasco y Ankara ocurrió un
incidente con un avión sirio que volaba de Moscú a Damasco. Los cazas de Turquía
obligaron aterrizar el avión en el aeropuerto de Ankara por presunta presencia
de armas a bordo.
Para la agencia rusa RIA Novosti
seguramente algunas circunstancias retienen por ahora a Ankara.
En primer lugar -continúa- , la
posición imprecisa de EEUU que hasta la finalización de las elecciones
presidenciales de noviembre, difícilmente se decida involucrarse en otro
conflicto armado en Oriente Próximo. Y sin el apoyo norteamericano Turquía
no emprenderá operaciones bélicas considerables contra Siria.
En segundo lugar, a Turquía le resulta ahora muy difícil determinar su línea
estratégica, en el caso de que de todos modos se vea involucrada en un conflicto
armado directo con Damasco. El precio por la victoria militar será muy grande y
los resultados dudosos. Es que a juzgar por las acciones de la oposición armada,
en sus filas hay no pocos elementos radicales, que pueden convertir la región
por mucho tiempo en el barril de pólvora. Y en este caso los dividendos para
Ankara serán muy dudosos.
Finalmente, en opinión de RIA Novosti, Turquía está obligada a tener en
cuenta la posición de Irán. Teherán ya declaró que no permanecerá al margen
en caso de un ataque contra Siria. El gobierno iraní supone, y no sin
fundamento, que el siguiente será precisamente Irán. Por eso se esfuerza al
máximo por respaldar a Bashar Asad.