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(IAR
Noticias)
15-Octubre-2012
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se ha convertido en el primer ejército global nunca antes visto en la historia de la humanidad.
Nunca antes hubo soldados de tantos diferentes países o estados en el mismo teatro de guerra, mucho menos ocupando e invadiendo una misma nación.
En el octavo aniversario de la invasión de EE.UU. a Afganistán, el mundo es testigo de un conflicto armado del siglo XXI emprendido por la coalición militar
reunida más grande de la historia.
Por
Rick Rozoff
- Red Voltaire
Con
los recientes avisos de que nuevas tropas de diversas naciones —Colombia,
Mongolia, Armenia, Japón, Corea del Sur, Ucrania y Montenegro— se unirán a las
fuerzas de otros 45 países bajo el comando OTAN de la Fuerza Internacional de
Asistencia para la Seguridad, pronto en Afganistán habrá personal militar de 50
naciones y cinco continentes sirviendo bajo una estructura de mando unificado.
La cumbre del aniversario 50 de la OTAN en Washington, D.C., en 1999, dio la
bienvenida a la primera expansión del único bloque militar del mundo en la era
posguerra fría, con la absorción de los antiguos «enemigos» miembros del Pacto
de Varsovia: República Checa, Hungría y Polonia. Dos años más tarde, después de
los ataques del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, D.C., la OTAN
activó el Artículo 5 de la Organización, que reza: «Los miembros están de
acuerdo en que un ataque armado contra uno o más de ellos, en Europa o en
Norteamérica, será considerado un ataque contra todos».
El propósito principal, que invocó entonces la cláusula de ayuda mutua de la
OTAN, fue reunir un bloque militar de 19 naciones para invadir y ocupar
Afganistán, además de colocar tropas, aviones de combate y bases en el centro y
sur de Asia, incluyendo Kirguistán, Paquistán, Tayikistán y Uzbekistán. También
la OTAN consiguió los derechos de paso aéreo sobre Kazajistán y Turkmenistán, y
adquirió nuevas bases aéreas en Bulgaria y Rumania, utilizadas desde entonces
para el tránsito de tropas y armas a la zona de guerra afgana.
La guerra contra Yugoslavia en 1999 fue la primera operación aérea de la OTAN
«fuera del área», es decir, fuera de Norteamérica y de las naciones europeas de
la Alianza. La emprendida contra Afganistán marcó su transformación en una
máquina de combate para la guerra global. Sus funcionarios ahora emplean
términos tales como «global», «expedicionaria» y «siglo XXI» para describir a la
Organización y sus operaciones.
Los miembros de esta coalición con tropas desplegadas en Afganistán incluyen a
Bulgaria, República Checa, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania,
Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia,
Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán, así como a diez naciones
europeas que nunca antes habían sido parte de un bloque militar: Austria,
Bosnia, Finlandia, Irlanda, Macedonia, Malta, Montenegro, Serbia, Suecia y
Suiza. Los 28 miembros iniciales de la OTAN también tienen tropas en Afganistán.
Los nuevos miembros fueron preparados para su completa adhesión al bloque
militar, bajo el programa «Sociedad por la Paz» (Partnership for Peace, PfP),
que exige interoperabilidad con el armamento (desechando las armas de la Rusia
contemporánea y del fenecido Pacto de Varsovia, para favorecer a las
occidentales).
Para los futuros miembros, ello trae como consecuencia un incremento del gasto
militar del 2 % de su presupuesto nacional, sin importar cómo afecte
económicamente a la nación signataria la expulsión del personal «políticamente
no confiable» de las fuerzas militares, de la defensa y seguridad, el
entrenamiento en academias militares OTAN en el extranjero, el establecimiento
de estos países como sede de ejercicios militares de EE.UU. y la instrucción al
cuerpo de oficiales en un idioma común —el inglés— para las operaciones
conjuntas de ultramar.
Al cumplirse el noveno año del calendario de guerra en Afganistán, y ahora con
su extensión a Paquistán, el historial de la Organización del Tratado del
Atlántico Norte registra despliegues militares comunes, antiguos y actuales, en
Bosnia, Albania, Kosovo, Macedonia, Djibouti, Irak, Kuwait, Jordania, Sudán y en
aguas somalíes. La OTAN tiene fuerzas en el Cuerno de África, sobre todo en Camp
Lemonier, Djibouti, donde ha conducido operaciones de vigilancia marítima y de
embarque. El otoño pasado se desplegó su primer grupo de trabajo naval en la
costa de Somalia.
En la cumbre de 2004, celebrada en Turquía, la Organización también aumentó su
diálogo mediterráneo, cuyos interlocutores son Argelia, Egipto, Israel,
Jordania, Mauritania, Marruecos y Túnez, y con la llamada Iniciativa de
Cooperación de Estambul, situaron infraestructura militar en los seis miembros
del Consejo de Cooperación del Golfo: Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia
Saudita y los Emiratos Árabes Unidos; este último es el único estado árabe que
hasta la fecha tiene tropas en Afganistán.
La guerra afgana ha llevado a otra categoría de asociación OTAN, llamada Países
de Contacto, que hasta ahora incluye oficialmente a Australia, Japón, Nueva
Zelandia y Corea del Sur.
La Alianza también tiene una Comisión Tripartita con Afganistán y Paquistán para
la prosecución de una peligrosa expansión de la guerra en Asia del Sur, y los
líderes de defensa, militares y políticos de ambas naciones son regularmente
convocados a las oficinas de la OTAN en Bélgica para participar en reuniones y
recibir directivas.
Los soldados afganos y paquistaníes son entrenados en bases de la OTAN en
Europa. Del 20 al 24 de julio de 2009 un seminario de contrainsurgencia reunió
en Atlanta, Georgia, a líderes de alto rango de las fuerzas armadas de EE.UU. y
Paquistán. El coronel Daniel Roper, director del Centro de Contrainsurgencia del
Ejército y el Cuerpo del Marines de EE.UU., resumió las memorias del encuentro:
«Esta semana presentamos algunas doctas lecciones sobre contrainsurgencia, que
utilizamos para estimular la conversación. Tomamos nuestras experiencias
anteriores en Irak y las aplicamos a nuestro estado actual.
También intercambiamos con profundidad nuestros puntos de vista sobre los
desafíos en Afganistán, Paquistán y Asia del Sur». Esta última, tratada «con
profundidad», incluye no solo a Afganistán y Paquistán, sino a la India, Nepal,
Bangladesh y Sri Lanka.
En la mayor guerra afgana de Occidente no solo está incluida «Asia del Sur “con
profundidad”», sino también Asia Central y la Cuenca del Mar Caspio. En ambas
áreas ya hay naciones actualmente involucradas en el abastecimiento de bases de
fuerzas de EE.UU. y OTAN (Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán) y las redes de la
Organización están absorbiendo con fuerza a esas tropas de abastecimiento y
servicios auxiliares. El 7 de agosto de 2009, el entonces jefe del Pentágono,
Robert Gates, expresó su satisfacción porque Kirguistán, que a principios de ese
mismo año desalojó a las tropas de EE.UU. y la OTAN de la base aérea de Manas,
tras saborear el soborno, permitió que los militares estadounidenses condujeran
otra vez su tránsito a través de la misma base. El nuevo arreglo «permitirá a
EE.UU. y a Kirguistán continuar sus relaciones militares altamente productivas
creadas anteriormente».
Asimismo, la influencia de Kazajistán, miembro de la «Asociación para la Paz»,
por parte del Pentágono y la OTAN, insertaría simultáneamente una presencia
militar occidental hostil en las fronteras de Rusia y China.
En el vecino de Kazajistán hacia el sur de la Cuenca del Mar Caspio, o sea,
Turkmenistán, el Pentágono no ha sido menos activo últimamente. A finales de
julio, el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, William Burns, anunció
la creación de una estructura descrita como comisión intergubernamental para
consultas regulares con Turkmenistán, que «marcan progresos en la contribución a
la estabilidad en Afganistán y a través de la región».
Turkmenistán se está desarrollando calladamente como un importante centro de
transporte para abastecer a la red septentrional, que comenzó a utilizarse para
suplir de materiales no letales a las fuerzas de EE.UU. y de la OTAN en
Afganistán.
Recientemente se anunció que Mongolia enviaba un contingente inicial de 130
soldados para servir en Afganistán bajo la OTAN.
El involucramiento de Mongolia en Irak y Afganistán ha ayudado a cimentar su
alianza con Estados Unidos. Junto con Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán,
Tayikistán y Turkmenistán, la guerra en Asia del Sur está siendo explorada por
Washington y Bruselas para imponer sus estructuras militares en naciones vecinas
de Rusia y China, a fin de cercar mejor a dos de los principales competidores de
Occidente en esa región y en el mundo.
La guerra afgana no es ninguna guerra cualquiera. El ejército alemán ha podido
entablar sus primeras operaciones de combate desde la derrota del Tercer Reich
en 1945; también los soldados finlandeses entraron en combate por primera vez
desde la Segunda Guerra Mundial y las fuerzas suecas, tras un período de casi
200 años. El único beneficiario de esta conflagración es la tan rápidamente
emergente OTAN global.
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