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(IAR
Noticias)
18-Octubre-2012
Vale
la pena preguntarse por qué Estados Unidos sigue sin despejar las incertidumbres
y contradicciones sobre el ataque contra un consulado en Libia, en el que
murieron el embajador Christopher Stevens y otros tres funcionarios.
Por
Yolaidy Martínez Ruíz
(*)
- Prensa Latina
Disímiles
versiones oficiales de los hechos han salido a la luz desde que esa
legación diplomática, ubicada en la localidad de Bengasi, fue blanco del
mortal atentado el pasado 11 de septiembre.
En un inicio, Washington vinculó el incidente con airados disturbios
desatados en países de Medio Oriente contra la difusión de fragmentos de
la película La Inocencia de los Musulmanes, considerada blasfema porque
ridiculiza al Islam y a su profeta Mahoma.
Un desfile de comunicados y declaraciones del presidente Barack Obama; la
secretaria de Estado, Hillary Clinton; el portavoz de la Casa Blanca, Jay
Caney, y hasta de la embajadora norteamericana ante la ONU, Susan Rice,
defendió esa tesis y condenó el filme, rodado en Estados Unidos.
En todos los casos, la administración demócrata trató de distanciarse de
la producción del largometraje y de la intolerancia religiosa, al negar
cualquier implicación con los autores del material.
Pero al unísono la prensa estadounidense hizo público varios cables
del embajador Stevens enviados a la Oficina Oval alertando de las
supuestas amenazas en Bengasi y del aumento del extremismo islámico en
Libia.
Según los medios de comunicación, las medidas de seguridad en la sede
diplomática no se correspondían con los parámetros habituales y el
edificio carecía de la custodia de una unidad del Cuerpo de Infantería de
Marina, como está establecido.
La secretaria de Estado desmintió todos los reportes, basados en un
diario del embajador, descubierto en el lugar de los hechos por
periodistas de la CNN cuatro días después de los acontecimientos.
Su despacho, incluso, acusó a la cadena televisiva de violar un acuerdo
para guardar la información sobre la existencia del texto hasta que la
esposa e hijos de Stevens lo autorizaran.
Pocos días después y en medio de fuertes críticas por subestimar el
riesgo de protección en Bengasi, Clinton súbitamente admitió esas
informaciones y atribuyó el hecho a militantes de la red Al Qaeda en el
Maghreb Islámico (AQMI), vista como la principal amenaza terrorista en el
norte de África.
También se supo de un proyecto federal para desplegar más aviones sin
piloto en dicha zona y el entrenamiento de militares bajo el argumento de
ayudar a los países norafricanos a combatir el terrorismo y exterminar
las filiales de Al Qaeda.
El Partido Republicano aprovechó esas primeras contradicciones para
cuestionar con mayor fuerza la política exterior de Obama, considerada la
mayor fortaleza de su gestión, y acusar a su Gobierno de engañar a los
ciudadanos.
Un grupo de 10 senadores conservadores exigieron al Departamento de
Estado investigar a fondo los sucesos en Libia para determinar si en
realidad fueron planeados por miembros de AQMI.
También citaron a funcionarios de esa entidad a rendir cuentas ante el
Congreso por la falta de mayores medidas de seguridad en el consulado en
Libia, pese a los continuos reclamos del personal norteamericano
desplegado allí por un supuesto incremento de riesgos.
Un día antes de esa comparecencia en el pleno parlamentario, dos miembros
de la secretaría de exteriores deslindaron el ataque en Bengasi de las
protestas contra el filme antimusulmán.
Los oficiales aseguraron a periodistas -a condición de anonimato- que en
las inmediaciones del consulado no había nada inusual y todo estaba en
calma cuando ocurrieron los hechos el 11 de septiembre.
"No hubo un atentado como ese en Libia, en Trípoli, Bengasi o en otro
lugar durante el tiempo que estuvimos allí. No tiene precedentes",
declaró uno de los funcionarios durante una conferencia de prensa
telefónica.
Precisaron que el ataque sucedió cuando Stevens terminó su jornada de
trabajo y fue perpetrado por varios hombres con armas de guerra que
invadieron el recinto y quemaron los edificios.
El embajador buscó un escondite, pero luego lo abandonó ante la
imposibilidad de respirar, relataron los funcionarios al negar que
Washington tampoco disponía de información tangible sobre un atentado
planificado e inminente.
Además de esas revelaciones, las incoherencias que rodean el caso se
acentuaron cuando otros empleados del Departamento de Estado aseguraron
al Congreso que esa agencia negó una solicitud para enviar más agentes a
proteger las instalaciones diplomáticas en Libia.
Por si fuera poco, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden,
comentó que el Gobierno desconocía esa petición.
"No nos dijeron que querían más seguridad. No sabíamos que querían más
seguridad", dijo durante el reciente duelo televisivo frente el aspirante
republicano a la vicepresidencia, Paul Ryan.
Aunque posteriormente el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, trató de
minimizar el comentario de Biden y aclarar que las solicitudes de
seguridad diplomática son competencia exclusiva del Departamento de
Estado, no pudo aplacar el debate político encendido en torno al caso de
Bengasi.
La oposición republicana echó más leña al fuego al revelar que el
consulado guardaba una base secreta de la Agencia Central de Inteligencia
con al menos siete agentes de los servicios de espionaje.
Las repercusiones negativas para la campaña por la reelección de Obama en
noviembre ya son perceptibles y ahora su adversario presidencial, Mitt
Romney, arremete con un emplazamiento al Gobierno a responder las nuevas
interrogantes acerca de la tragedia.
"Necesitamos comprender exactamente qué sucedió en vez de tener a gente
restando importancia a esto. Cuando el vicepresidente de Estados Unidos
contradice el testimonio jurado de funcionarios del Departamento de
Estado, los ciudadanos estadounidenses tienen derecho a saber qué está
ocurriendo. Y nosotros lo vamos a averiguar", dijo durante un acto
proselitista.
Mientras, la Casa Blanca justifica los cambios de hipótesis como el
resultado natural del desarrollo de las investigaciones lanzadas a raíz
del atentado en Bengasi.
"Al día de hoy no tenemos una imagen completa, no tenemos todas las
respuestas. Nadie en este gobierno ha dicho nunca lo contrario", comentó
Clinton a periodistas, al puntualizar que agencias norteamericanas de
inteligencia trabajan en Libia y en otras naciones de Medio Oriente para
esclarecer los incidentes.
También asumió toda la responsabilidad por el suceso y deslindó del
asunto a Obama y a Biden, sometidos a férreas censuras de la oposición
republicana.
"El presidente y el vicepresidente no estaban al tanto de la situación o
las decisiones específicas formuladas por profesionales en seguridad",
dijo la Secretaria en entrevista con la CNN.
Muchas incógnitas sobre cómo y por qué atacaron el consulado en Libia
todavía siguen en el aire y nadie sabe si Estados Unidos logre algún día
despejarlas o, en caso contrario, recurra a inventar alguna distracción
para que el público olvide el desenlace fatal del primer diplomático de
ese país muerto en ejercicio de sus funciones desde 1979.
(*) Periodista de la Redacción Norte de Prensa Latina
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