|
(IAR
Noticias)
10-Febrero-2011
La naturaleza de las crisis, sus escenarios de evolución y los mecanismos para
superarlas constituyen, de hecho, el problema más candente de las
investigaciones en economía. No obstante, el trabajo de los laureados con el
Premio Nobel de 2010, concedido por sus “análisis de mercados con fricciones de
búsqueda”, nada tiene que ver con la prevención de las crisis.
Por Vlad Grinquévich - RIA Novosti
Los
economistas estadounidenses Richard Thaler, Robert Shiller y Paul Romer de la
Universidad de Stanford y Eugene Fama de la Universidad de Chicago que eran los
claros favoritos, así como otros pretendientes con menos opciones, se han
llevado un tremendo chasco.
El galardón ha ido a parar a manos de otros dos estadounidenses, Peter A.
Diamond y Dale T. Mortensen y al británico Cristopher A. Pissarides por su
“aportación al estudio de la Macroeconomía”.
El Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel
fue instituido en 1968 y está considerado como el Premio Nobel de Economía,
aunque no sea parte de los premios instituidos originalmente. Su peculiaridad
como disciplina científica la coloca en una posición precaria entre las ciencias
puras. De hecho, muchos hombres de ciencia no admiten a la economía como
disciplina científica e insisten en que no debería ser catalogada como tal.
Además, resulta complicado evaluar la aportación práctica de una determinada
teoría económica, teniendo en cuenta que hasta el momento ninguna de ellas ha
sido capaz de solucionar el problema principal de la economía de mercado, es
decir, encontrar un mecanismo de prevención de los ciclos de crisis.
La última depresión mundial que comenzó en el 2008 sólo ha servido para ofrecer
más argumentos para las dudas ya existentes. En realidad, no sólo han fallado
las diferentes escuelas económicas a la hora de elaborar un método para
anticiparse a tales situaciones de crisis, sino que la cosa va más allá, y la
mayoría de los economistas ni siquiera se percató del inicio de la misma. El
problema es que casi todos los modelos económicos están basados en un concepto
de mercado estable con sus oscilaciones cíclicas, mientras que la posibilidad de
un colapso simplemente no está prevista.
Como resultado de todo esto, quedaron en mal lugar tanto los partidarios del
libre mercado como aquellos que creían que cualquier imperfección del sistema
podría ser subsanada con la intervención del Estado. Estos últimos, por
supuesto, al menos salvaron los muebles ya que, finalmente, la crisis fue
literalmente enterrada en dinero público.
La naturaleza de las crisis, sus escenarios de evolución y los mecanismos para
superarlas constituyen, de hecho, el problema más candente de las
investigaciones en economía. No obstante, el trabajo de los laureados con el
Premio Nobel de 2010, concedido por sus “análisis de mercados con fricciones de
búsqueda”, nada tiene que ver con la prevención de las crisis. Diamond explica
lo difícil que es que se encuentren el comprador y el vendedor y Mortensen y
Pissarides aplican su teoría al mercado de trabajo.
El intento de evitar el tema de la crisis y la recesión se puede entender en un
intento de evitar acusaciones mutuas. Un buen ejemplo sería la discusión que se
levantó sobre el particular entre el Premio Nobel de 2008, Paul Krugman, y uno
de los favoritos del Premio de este año, Eugene Fama, de la Universidad de
Chicago. Krugman en más de una ocasión se ha acordado de las palabras de los
representantes de la escuela económica de Chicago que, rebosando
autosuficiencia, habían asegurado que el objetivo de la prevención de nuevas
depresiones de la economía estaba alcanzado.
Los hechos demostraron lo eficiente que había resultado esta prevención. Los
partidarios de la economía monetarista no se dan por vencidos y se empeñan en
echar por tierra las ideas contemporáneas sobre las causas y los mecanismos que
han llevado a la crisis económica. Pero aquí no queda la cosa: nadie parece ser
capaz de decir con seguridad, en qué fase de la crisis se halla ahora la
economía mundial. Los expertos más atrevidos se aventuran a dar pronósticos
sobre una posible nueva recesión e incluso predecir los sectores que se verían
afectados.
La solución de las dificultades en la interacción del comprador y del vendedor,
así como del contratante y del contratado permite evitar muchos problemas.
Además, el estudio de los nuevos Nobel de Economía permite explicar uno de los
fenómenos más curiosos del mercado de trabajo: la existencia simultánea de paro
y de puestos de trabajo sin cubrir. Al parecer, el oferente de empleo y el
empleado potencial se están buscando, pero esta búsqueda conlleva una pérdida de
tiempo y de esfuerzos, lo que genera “fricciones” en el mercado. Como
consecuencia, el encuentro entre las dos partes no llega a producirse.
Se supone que la citada teoría ayudará a los Estados a entender mejor qué
medidas hay que tomar para regular el mercado de trabajo y qué política
económica es la que produce un aumento del paro. Sin embargo, entre las
conclusiones hay una que, sin lugar a dudas, será del agrado de los funcionarios
de muchos países: cuanto más alto sea el subsidio de desempleo, más crecerá el
desempleo y más se alargará la búsqueda del trabajo por parte de los parados. Y
no deja de ser cierto: si a uno se le deja sin medios para vivir, estará
dispuesto a aceptar cualquier empleo con cualquier remuneración. Más o menos
eran éstos los principios económicos del capitalismo original.
|