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nuevo actor emergió en la economía mundial: La "crisis fiscal" o
"crisis de la deuda" (producto de los déficit siderales que aquejan a los
Estados de las economías centrales) que sucede a la "crisis financiera"
en la debacle de la economía capitalista globalizada.
La crisis de deuda en la periferia de
la eurozona amenaza con destruir la recuperación económica de la región y
puede causar un descalabro financiero global si no se la detiene, advirtió el
lunes el Fondo Monetario Internacional.
"Continúa una recuperación generalmente sólida, pero la crisis soberana en la
periferia amenaza con abrumar esta perspectiva favorable, y queda mucho por
hacer para asegurar una unión monetaria dinámica y resistente", dijo el FMI,
resumiendo un informe regular sobre las políticas de la zona de 17 países. "La
falla en emprender acciones decisivas podría propagar rápidamente las tensiones
al núcleo de la eurozona y causar grandes propagaciones globales".
Por si fuera poco, el default
griego supondría un mazazo para las cuentas bancarias de toda Europa: los
bancos de Grecia, Portugal e Irlanda solo sobrevivirían como entidades
nacionalizadas; y algunos bancos en Francia, Alemania e incluso en Estados
Unidos sufrirían pérdidas que pondrían sus recursos de capital en niveles
peligrosamente bajos.
En cuanto al Banco Central Europeo (BCE), el mayor tenedor del mundo de bonos
griegos, irlandeses y portugueses, también quebraría, requiriendo una fuerte
inyección de apoyo financiero de algunos países del euro, lo que supondría una
humillación de tal calado para el BCE que tardaría años en recuperarse.
Los ministros de finanzas de la
eurozona acordaron en principio seguir apoyando a Grecia, pero solo bajo
condiciones que ni la clase política griega ni el Banco Central Europeo pueden
aceptar, señala la cadenadena BBC.
Gobiernos acreedores como el de Alemania insisten en que el sector privado de
alguna manera comparta la carga de mantener Grecia a flote, en tanto el
BCE dice que ello casi ciertamente representaría un impago, con consecuencias
desastrosas para el sistema bancario griego y para los mercados financieros de
la región entera.
A menos que pueda superarse el
desacuerdo, Grecia probablemente caiga en impago cuando se agoten sus
actuales reservas de efectivo, reforzadas por el programa de ayuda de la UE
y el FMI., subraya la BBC.
Según The Wall Street Journal,
las palabras del FMI son su más fuerte advertencia hasta la fecha sobre el
caos que podría propagarse si los gobiernos de la región no encuentran terreno
común. Vienen después de un desacuerdo perjudicial entre Grecia, sus socios
en la eurozona, y el Banco Central Europeo.
El FMI emitió una crítica apenas velada del gobierno alemán, que ha sido el más
vehemente en su renuencia a financiar nuevos paquetes de ayuda. Dijo que es
"esencial dar un cierre rápido al debate improductivo acerca de la
reestructuración de la deuda, y evitar la impresión de que bajo el sistema de
Mecanismo Europeo de Estabilidad, el apoyo financiero será condicional sobre la
reestructuración de deuda".
Al mismo tiempo, el FMI dijo que los países que han recibido ayuda —como Grecia,
Irlanda y Portugal— deben continuar demostrando "un compromiso decidido" a
sus programas de ajuste, todos los cuales requieren recortes dolorosos en el
gasto público.
Por otra parte, el FMI también exhortó a los acreedores oficiales a no abandonar
la periferia, advirtiendo que el "apoyo financiero continuado de otros miembros
del euro es también necesario".
En general, el FMI argumentó que el
BCE debería continuar "normalizando" las tasas de interés "gradualmente", a la
vez que mantiene la red de seguridad de sus medidas no convencionales de
política monetaria hasta que hayan cedido las tensiones de mercados financieros.
El BCE a comienzos de este mes se comprometió a mantener su política de liquidez
ilimitada al menos hasta octubre.
El FMI también argumentó que la región debería seguir reduciendo su déficit
presupuestario, y los países de rápido crecimiento deberían aprovechar toda
sorpresa positiva de expansión para llegar antes a sus metas fiscales, mientras
dan a los países en crisis más tiempo para reducir sus déficits.
En el escenario del análisis oficial la suspensión de pagos griega tendría
consecuencias potencialmente catastróficas no solo para los tenedores de
US$486.000 millones de deuda soberana griega, sino también para aquellos que
compraron cientos de miles de millones de dólares de deuda privada y decenas de
miles de millones de dólares de contratos derivados ligados a la deuda griega,
estima la BBC.
Además, una suspensión de pagos así incrementaría la percepción del riesgo de
prestarle dinero a Irlanda y Portugal, provocando enormes pérdidas
adicionales de cientos de miles de millones de dólares a esos países y a sus
respectivos bancos.
Y con la sostenibilidad de las deudas españolas e italianas en cuestión, los
gobiernos de esos países tendrían que pagar intereses aún mayores.
La crisis de los Estados centrales

En general, la sombra de una
insolvencia de pago generalizada (producida por los déficit y la baja de
recaudación fiscal) hace temer a los analistas del sistema un rebrote de la
crisis financiera generalizada, no ya a nivel de los bancos y entidades
privadas, sino a nivel de los propios Estados capitalistas centrales.
De esta manera, la crisis fiscal
(producto del déficit comercial y recaudatorio del Estado) se sumó al panorama
de agravamiento del desempleo (principalmente en EEUU y Europa), la no
reactivación del consumo (producida por la desaparición del crédito para la
producción), y los interrogantes que persisten en caso de que los bancos
centrales decidan levantar los estímulos (planes de rescate) a bancos y
empresas.
De acuerdo con The Financial
Times, el gigantesco déficit fiscal en Europa y EEUU, en algún momento,
podría hacer subir las tasas de interés generando un proceso recesivo que, a
su vez, se retroalimentaría con más déficit fiscal dentro de un círculo vicioso.
De acuerdo con datos de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la deuda
pública de los 30 países más desarrollados económicamente alcanzó en 2010 el
100% de su PBI (producto bruto interno). O sea que esos países desarrollados
(con EEUU y la UE a la cabeza) deberían destinar una producción anual
completa sólo para cubrir su déficit. Algo pesadillesco.
Según estimaciones de analistas
privados, EEUU, la UE, China y Japón (las cuatro primeras economías mundiales)
utilizaron más de US$ 20 billones de fondos públicos, más de un tercio del PIB
mundial, para salvar de la quiebra al sistema financiero y a los bancos
privados, lo que derivó en los gigantescos déficit que aquejan a los Estados
capitalistas centrales.
Luego de sufrir un derrumbe histórico
en 2008 y 2009, las proyecciones oficiales de gobiernos, instituciones y
analistas, señalaron para 2010 pasado, pronósticos de crecimiento raquíticos.
En promedio, en sus últimos informes el FMI estima que el crecimiento en las
potencias centrales (EEUU, UE, China, Japón) se ha situado en torno del 1,5%.
al 3,%.
Estas estimaciones de "crecimiento
débil" (en general compartidas por gobiernos y especialistas) son las que
alimentan el escepticismo sobre la recuperación inmediata de la economía mundial
y sitúan al déficit y al endeudamiento público como las estrellas protagónicas
del proceso en que ya está inmerso el sistema.
En general, los desfasajes y la
complicación de la "recuperación" de la economía de la UE (la segunda potencia
económica mundial en bloque tras EEUU), transitan por los mismos parámetros que
en EEUU: Desempleo, falta de crédito, depresión del consumo y alto déficit
(endeudamiento del Estado) producido por los "rescates".
El desempleo de la Eurozona,
integrada por 16 países, afecta por encima del 9% de la población activa, según
datos oficiales.
Vale recordar que, en este
escenario, los gobiernos centrales de la UE salieron hace ya casi tres años, al
rescate de sus bancos con masivas inyecciones de fondos públicos (provenientes
de los impuestos pagados por toda la población europea) que dispararon los
déficits públicos y las deudas.
Ahora, presionados por los rumores de
falta de respaldo, los especuladores financieros en alta escala temen que
algunos Estados de la UE no puedan hacer frente a sus compromisos de pago.
La incertidumbre que los analistas y
las propias autoridades oficiales siembran sobre la "recuperación económica",
los bajos niveles de crecimiento que exhiben algunas economías, la no
reactivación del empleo y del consumo (los pilares básicos de la economía real),
impulsan la caída del euro y tornan cada vez más difícil la colocación de
deuda en los mercados financieros.
En este escenario, el FMI lanza su advertencia de "descalabro mundial".
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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