Los
extremos que no se tocan
En EEUU
residen más de 400 individuos o familias con más de mil millones de dólares,
de acuerdo a la revista Forbes. Más del 45% de la población rica vive en EEUU.
Pese a la crisis
económica-financiera mundial y la crisis social que genera la suba de precios de
los alimentos y de la energía, las riquezas personales en todo el mundo
crecieron un 5 por ciento a US$ 109,5 billones, según un informe sobre
"riqueza mundial publicado en el 2008 por Boston Consulting Group (BCG).
Para ilustrar el macro-robo
capitalista del producido mundial hay que señalar que la cifra acumulada, según
el informe, de US$ 109,5 billones de riqueza acumulada en manos de los
"millonarios" (con las súper-fortunas en la cima) se aproxima a casi dos
veces el PBI mundial (la riqueza anual producida por todos los países) que
ronda en los US$ 70 billones.
Pero, para dar una mejor idea de lo que
significa, en términos de comparación, esta cifra de US$ 109,5 billones,
hay que puntualizar que equivale a casi dos veces y media el PBI anual de
EEUU y la Unión Europea, las dos potencias económicas centrales que
concentran más del 45% de la producción mundial.
Para la
prensa y los analistas del sistema el aumento de la pobreza mundial y el
aumento de la riqueza no son procesos inversamente proporcionales que se
retroalimentan a nivel de causa y efecto, el uno con el otro.
En este
marco separatista, la pobreza que se expande a escala global, y la
riqueza (activos empresariales y fortunas personales) que se concentra cada vez
en menos manos, no tienen nada que ver una con la otra, y van por vías
separadas.
Que las
fortunas personales de los "más ricos" del ranking Forbes dupliquen el
PBI mundial, "no tiene nada que ver" con la existencia de 3000 millones de
personas (la mitad del planeta) que padecen "pobreza estructural", o de
los más de 1000 millones que no cubren sus necesidades básicas de alimentación y
supervivencia en el mundo.
Todo lo
contrario, las grandes cadenas mediáticas y sus empleados comunicadores se
deshacen en loas y en exclamaciones de admiración para estas máximas
luminarias "exitosas" del capitalismo depredador, en cuya cima, las primeras 50
fortunas, equivalen a el ingreso robado a 460 millones de
hambrientos, según la FAO.
Los medios
internacionales sionistas, que esconden sistemáticamente la relación simbiótica
pobreza-riqueza (una es consecuencia de la otra) comentan con "preocupación"
como la crisis redujo el selecto club de súper millonarios del ranking Forbes
que pasó
de 1.125 miembros en
2008 a 793 en 2009.
En el año 2008, 500 multimillonarios
sumaban una fortuna de casi tres billones de dólares, una cifra
equivalente al presupuesto anual de EEUU, la mayor potencia imperialista del
planeta, y a decenas de PBI (producción del pastel) anuales de países
dependientes.
Mientras la crisis económica global desatada desde las economías centrales (EEUU y Europa) profundiza el
hambre, la pobreza y la devaluación acentuada del poder adquisitivo de las
mayorías a escala planetaria, un selecto grupo de mega-empresas y
multimillonarios del ranking Forbes multiplican a escala sideral su
activos empresariales y sus fortunas personales.
Son, junto a sus empresas
transnacionales, los actores centrales (los generadores del hambre y la pobreza
a escala global) que nunca aparecen en los informes y análisis oficiales que
atribuyen las causas de las hambrunas y la marginación social no a la
explotación capitalista sino a la "mala administración" de los gobiernos.
Los "súper-ricos", ejecutivos y
accionistas de los grupos capitalistas que se reparten el mundo como si fuera un
pastel, los que aparecen habitualmente retratados en los ranking del jet set
decadente, conforman el resultante final de un proceso de acumulación de riqueza
en pocas manos a costa de la crisis mundial y del achicamiento progresivo de
la participación de las mayorías en el proceso de reparto de la producción
mundial.
La prensa internacional (del
sistema), sus periodistas y comentadores, difunden estas cifras, impresionantes
y fantásticas, destilando una rara mezcla entre admiración y
envidia por no estar en el lugar de los rankeados, a los
que consideran personas tocadas por la "varita mágica" del éxito y el
prestigio social.
De esta manera, los diarios,
las radios y los canales televisivos ponen el acento de la "noticia" en la cifra de la fortuna de los tres sionistas que encabezan el ranking
Forbes:
Bill Gates, Warren Buffett y Carlos Slim.
Por
supuesto que la prensa del sistema no aclara
que el
presupuesto de
US$896
millones que la ONU y el BM destinan para "combatir la pobreza en el mundo"
equivale sólo al 0, 8 % de la fortuna de estos tres hombres más ricos del
mundo.
Fabricantes de hambre
Según la ONU, en el mundo ya hay más
de 1.000 millones de personas que padecen hambre, la cifra más alta de la
historia, y en todo el planeta hay 3.000 millones de desnutridos, lo que
representa casi la mitad de la población mundial, de 6.500 millones.
Pero en la realidad, la producción de
alimentos está fuera de la órbita del control estatal de los gobiernos.
Despojados de su condición de "bien
social" de supervivencia, esos recursos se convierten en mercancía capitalista
con un valor fijado por la especulación en el mercado, y los precios no
se fijan sólo por la demanda del consumo masivo, sino básicamente por la demanda
especulativa en los mercados financieros y agro-energéticos.
Y los gobiernos, al no tener poder de
gerenciación sobre sus recursos agroenergéticos se convierten en títeres de las
corporaciones que los controlan y que se apoderan de la renta del producido
por el trabajo social de esos países.
Los recursos esenciales para la
supervivencia están supeditados a la lógica de rentabilidad capitalista de un
puñado de corporaciones trasnacionales (con capacidad informática,
financiera y tecnológica) que los controlan a nivel global, y con protección
militar-nuclear de EEUU y las superpotencias.
En ese escenario, la producción y
comercialización de alimentos no está supeditada a la lógica del "bien
social", sino a la más cruda lógica de la rentabilidad capitalista.
Según la propia FAO, diez
corporaciones trasnacionales controlan actualmente el 80% del comercio mundial
de los alimentos básicos, y similar número de mega empresas controlan el mercado
internacional del petróleo, de cuyo impulso especulativo se nutre el proceso
de suba de los alimentos, causal de la hambruna, que se extiende por todo
el planeta.
Entre los primeros pulpos
trasnacionales de la alimentación, se encuentran la empresa suiza Nestlé SA.,
la francesa Groupe Danone SA. y la Monsanto Co., que lideran
mundialmente la comercialización de alimentos y que, además de controlar la
comercialización y las fuentes de producción, poseen todos los derechos a
escala global sobre semillas e insumos agrícolas.
El Programa para hacer frente a la
crisis mundial de alimentos, (GFRP, por sus siglas en inglés) desarrollado
por el Banco Mundial no alcanza ni siquiera al 1% de la suma acumulada por los
tres capitalistas más ricos, pero esto no es "noticia" para la prensa sionista
imperial.
Mientras las potencias capitalistas
centrales se concentran en "combatir la pobreza" con un presupuesto de US$
896 millones, los primeros veinte supermillonarios de la lista Forbes
concentran juntos una cifra de más de US$ 400.000 millones.
Esa cifra (en manos de sólo veinte
personas) equivale casi al PBI completo de Sudáfrica, la economía central
de Africa, cuya producción equivale a un cuarto de la producción total africana.
Mientras 20 súper multimillonarios
acumulan una fortuna equivalente a un cuarto de la producción total
africana, según la FAO,
en el África subsahariana, una de cada tres personas (236 millones en 2007)
sufre de desnutrición crónica.
La gran mayoría de las
personas desnutridas en el mundo (mil millones) vive en países en
desarrollo, según la FAO, y de ellas, el 65 por ciento se concentra en siete
países: la India, China, la República Democrática del Congo, Bangladesh,
Indonesia, Pakistán y Etiopía. Casi dos tercios (583 millones en 2007) de los
hambrientos del mundo viven en Asia.
Como contrapartida (y demostración de
lo que produce el capitalismo), esas zonas marcadas por una altísima y creciente
concentración de hambre y pobreza, figuran en las estadísticas económicas
mundiales como las mayores generadoras de riqueza y rentabilidad empresarial
capitalista de los últimos diez años.
Tanto el "milagro asiático" como el
"milagro latinoamericano" (del crecimiento económico sin reparto social) se
construyeron con mano de obra esclava y con salarios en negro. Esto lleva a
que, al caerse el "modelo" por efecto de la crisis recesiva global, el grueso de
la crisis social emergente con despidos laborales en masa se vuelque en esas
regiones.
Pero de esta cuestión estratégica,
vital para la comprensión de la crisis global y de su impacto social masivo
en el planeta, la prensa internacional no se ocupa. Los medios locales e
internacionales están ocupados en dilucidar la disminución de las fortunas de
los ricos y la pérdida de rentabilidad de las empresas.
Y se cumple el axioma de máxima del
sistema capitalista: Pobreza y riqueza, son extremos que no se tocan.
Si se tocaran, las mayorías
hambrientas comprenderían quién es su verdugo y los ricos perderían su
impunidad.
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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