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paralelo con las sediciones islámicas en Egipto, Túnez, Yemen y Sudán, este lunes
detonó nuevamente la rebelión "anti-islámica" de reformistas prooccidentales en
Irán, que cuenta con el directo y explícito apoyo de Washington.
Después de
las revueltas callejeras de ayer lunes, Irán criticó hoy a la secretaria
de Estado de EEUU, Hillary Clinton, por expresar su apoyo a las protestas de
la oposición iraní, consideradas ilegales por el régimen de los
ayatolas.
La
oposición iraní retomó el lunes la calle tras meses silenciada con una
manifestación de apoyo a los alzamientos del norte de África, que fue
ilegalizada por las autoridades y reprimida por las fuerzas de Seguridad.
Según fuentes oficiales, una persona resultó muerta y varias más heridas en
enfrentamientos en el centro de la capital Teherán, donde trataron de
congregarse miles de personas.
A pesar de
estar en las antípodas de las rebeliones islámicas que están sucediendo en Medio
Oriente y en África, la prensa internacional y el eje EEUU-Unión Europea-Israel,
presentan la rebelión "anti-islámica" de los reformistas iraníes como
parte del escenario de las protestas generalizadas contra los regimenes
aliados de occidente.
La
secretaria de Estado USA, Hillary Clinton, afirmó anoche su deseo de que "la
oposición y el valiente pueblo (que ha salido) a las calles de las ciudades de
Irán tengan la misma oportunidad que hemos visto que tuvieron los egipcios en
las últimas semanas.
"Apoyamos los derechos universales de la nación iraní. Merecen tener los mismos
derechos", agregó.
En respuesta a estas palabras, Irán respondió que "los cambios que la gente
quiere en la región es que las grandes potencias dejen de inmiscuirse en sus
asuntos internos y que desaparezca la dependencia de Estados Unidos, los
sionistas y sus aliados".
El
portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Ramin Mehmanparast, afirmó
ante la prensa que Washington "lee de forma errónea" lo que ocurre en
Oriente Medio, ya que, según la percepción de su país, lo que sucede realmente
es que la región desea librarse de Estados Unidos y el sionismo.
"Los comentarios que hacen los responsables norteamericanos estos días emanan de
la confusión debido a los cambios que se están sucediendo en la región",
afirmó, en su habitual rueda de prensa semanal.
"Esos cambios infligen un daño a los intereses de los poderes dominantes y de
aquellos que respaldan el sionismo. Con este tipo de declaraciones
únicamente intentan ocultar este hecho", agregó el portavoz.
La operación
"Caballo de Troya"
Una invasión militar de Irán por vía
terrestre para derrocar al régimen de los ayatolas (el verdadero objetivo de
Washington), le costaría a EEUU y a Israel bajas humanas y pérdidas militares
imposibles de mensurar.
Esta realidad es la que guía (y guió)
el diseño de planes estratégicos orientados a desestabilizar Irán y a
generar consenso a eventuales operaciones militares aéreas contra instalaciones
nucleares y militares de Teherán. Este objetivo, a su vez, generó el diseño
operativo de una "guerra por otras vías" para desestabilizar y preparar el
derrocamiento interno del régimen de los ayatolas.
Esa es la lógica que conduce a la
actual operación "Caballo de Troya" de la CIA con los reformistas.
Si el eje Washington-Tel
Aviv decidiera invadir militarmente por tierra a Irán posiblemente el
infierno de Irak o de Afganistán, o la ratonera del Líbano en 2006, lucirían
como paseos turísticos comparados con lo que les depararía a sus tropas el
gigante islámico de Medio Oriente.
La
realidad de un Irán inexpugnable por tierra, determinó la necesidad de diseñar
una estrategia de operación encubierta de infiltración en Irán con la finalidad
de crear una división interna entre el poder teocrático y conservador de
los ayatolas (que detenta el poder real y concentra todas las decisiones) y los
sectores "reformistas" que se nuclean principalmente en la Universidad, el
Parlamento y en los medios de comunicación.
El ese escenario, el objetivo de la
rebelión "reformista" en curso no es otro que el de derrocar al régimen
fundamentalista de los ayatolas y restaurar el dominio "occidental" sobre la
economía y el petróleo iraní utilizando, a modo de "caballo de Troya", no ya a
la dictadura de un Cha de Persia, sino a una tercera parte de la sociedad iraní
colonizada mentalmente con la sociedad de consumo capitalista.
La desestabilización de Irán
La primera fase del plan para
dividir Irán, tuvo una operación inicial de alto impacto en junio de 2003 ,
cuando durante seis noches consecutivas, miles de estudiantes y militantes del
reformismo se lanzaron a las calles a protestar y a pedir "la horca" para
el jefe espiritual de Irán, el ayatolah Jamenei, y fueron duramente reprimidos
por las milicias y las fuerzas de elite del régimen teocrático que mantiene un
férreo control sobre la policía y las fuerzas armadas.
El gobierno y los servicios de
inteligencia iraníes señalaban por entonces que la CIA infiltró estos
movimientos con la intención de crear un "clima preparatorio" de
agitación social, y desde ahí avanzar con cuadros entrenados a un enfrentamiento
armado abierto en las calles en un estado de virtual guerra civil.
Desarrollando la misma lógica y
metodología que utilizaron contra Saddam Hussein antes de la invasión a Irak, se
intentaba crear un clima de revuelta contra el poder teocrático de los
clérigos con la finalidad de debilitarlo, y consolidar una alianza con los
reformistas que les otorgase consenso social y político para un ataque
militar ya planificado por el Pentágono, señalaban por entonces analistas
del mundo árabe.
Ya no se pedía la "horca" para el
ayatola Jamenei como en 2003, sino que se pedía la anulación de las elecciones y
la renuncia del "dictador" Ahmadineyad.
"¿La historia se repite?
Washington ha renunciado a atacar militarmente a Irán y ha disuadido a Israel de
tomar esa iniciativa. Para conseguir "cambiar el régimen", la
administración Obama prefiere jugar la carta –menos peligrosa aunque más
incierta- de la acción secreta", señala desde Red Voltaire, Thierry
Meyssan.
Para el analista francés, "Dichas
manifestaciones reflejan una profunda división en la sociedad iraní entre
un proletariado nacionalista y una burguesía que lamenta su marginación de la
globalización económica. Actuando bajo cuerda, Washington intenta influir en los
acontecimientos para derrocar al presidente reelegido".
Dividir
para reinar
A diferencia de Bush y los halcones,
la estrategia de la administración de Obama parece centrarse en una línea más
sutil de "guerra por otras vías", explotando el flanco de debilidad
interna (la división entre "fundamentalistas" y "reformistas") y disimulando el
objetivo con una aparente "neutralidad" en el conflicto.
Ya no se trata de una revuelta
abierta contra el poder de los ayatolas, como en junio de 2003, sino de una
pulida operación de guerra psicológica en el frente social que utiliza a la
oposición "reformista" iraní como un caballo de Troya para desgastar el
poder de los ayatolas.
Para tener en claro como se
desarrollan (y hacia qué blanco apuntan) los hechos del laboratorio
desestabilizador en Irán, hay que partir de un principio: No hay un solo Irán
sino que existen "dos Irán".
El primer Irán, islámico
confesional, marcadamente antisionista, anti-Israel y anti-EEUU, se representa
en el Estado y en el gobierno de los ayatolas que controlan con mano de hierro
los dos enclaves estratégicos del poder iraní: la economía y las fuerzas armadas
y de seguridad.
El segundo Irán se representa
en el sector de los "reformistas" (un segmento de la sociedad formado en la
ideología "liberal" y en las pautas de la sociedad de consumo capitalista
occidental) cuyo emergente social y su ideología "occidentalizada" son
incompatibles con el fundamentalismo religioso del régimen teocrático de los
ayatolas.
El primer Irán está en guerra
contra Israel y EEUU, y el segundo quiere fusionarse con la "civilización
occidental" y negociar pautas de convivencia con Israel y EEUU.
Como concepto central hay que
precisar que el "Irán reformista" es tan o más enemigo del "Irán
fundamentalista" como lo son Israel y EEUU.
En junio de 2009, durante la
reelección de Ahmadineyad, siete días el círculo de la operación golpista se
cerró con sus cuatro actores principales: El "fraude", la "protesta
popular", los muertos y la presión internacional para obligar
al gobierno de Irán a suspender las elecciones.
En este contexto, el plato estaba
servido para que los servicios de inteligencia estadounidenses y europeos
(principalmente británicos), infiltrados en las usinas "reformistas" de la
Universidad y de los medios de comunicación iraníes, completen el escenario para
hacerle perder el control de la situación al régimen de los ayatolas.
Esta es la razón central que explica
porqué las clases medias y altas "reformistas" iraníes son el natural
elemento de infiltración de las potencias sionistas para derrocar a los ayatolas
y a su gobierno hoy conducido por Ahmadineyad.
En ese escenario, y como complemento
del plan militar, el proyecto estratégico de EEUU, Israel y las potencias
sionistas aliadas, no gira alrededor de la destrucción de Irán, sino alrededor
del fin de régimen de los ayatolas.
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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