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Noticias)
29-Julio-2011
Mientras los gobernantes
títeres proveen una fachada útil para la propaganda externa, su efectividad baja
a cero en lo interno ante la matanza imperialista de civiles.
Por James Petras - La Haine
Introducción
Los
imperios se construyen promoviendo y apoyando a los colaboradores locales que
actúan bajo las órdenes de los gobernantes imperiales. Estos colaboradores son
premiados con símbolos de autoridad externos y dinero, incluso cuando se
sobreentiende que están en sus puestos sólo si continúan siendo tolerados por
sus superiores imperiales. La gente de los países ocupados y los que resisten
al colonialismo se refieren a los colaboradores del imperio como "títeres" o
"traidores; los periodistas occidentales les llaman "clientes"; los escribas
imperiales y gubernamentales les dicen "aliados leales" siempre y cuando
continúen siendo obedientes con sus patrocinadores y patrón.
Los gobernantes títeres tienen un larga e indigna historia en el siglo XX.
Después de las invasiones de EE.UU. a América Central y el Caribe una larga
cadena de dictadores títeres y sangrientos fueron mantenidos en el poder para
implementar políticas favorables a las corporaciones y bancos estadounidenses
y para apoyar el control de la región por parte de EE.UU. Duvalier (padre e
hijo) en Haití, Trujillo en la República Dominicana, Batista en Cuba, Somoza
(padre e hijo) en Nicaragua y una seguidilla de otros tiranos que sirvieron
para salvaguardar los intereses militares y económicos del imperio, mientras
hundían las economías de sus países y gobernaban con mano de hierro.
Gobernar por medio de títeres es una característica de la mayoría de los
imperios. Los británicos se destacaron en el fortalecimiento de jefes tribales
como recolectores de impuestos, apoyando a la élite real de la India en la
formación de tropas de cipayos bajo las órdenes de los generales británicos.
Los franceses cultivaron a las élites africanas francófonas quienes les
proveyeron carne de cañón en sus guerras imperiales en Europa y África. Los
imperios más "recientes" como Japón implantaron regímenes títeres en Manchuria,
y Alemania promovió a los títeres de Vichy en la Francia ocupada, y el régimen
de Quisling en Noruega.
Gobiernos post-coloniales: Títeres nacionalistas y
neo-coloniales
Los poderosos movimientos anticolonialistas de liberación nacional que
surgieron después de la Segunda Guerra Mundial desafiaron el dominio imperial
ejercido por Europa y EE.UU. en África, Asia y América Latina. Enfrentados a
los enormes costos de reconstrucción en Europa y Japón y al movimiento de
masas opuesto a continuar con las guerras coloniales, EE.UU. y Europa buscaron
retener sus posesiones económicas y sus bases militares por medio "de los
colaboradores políticos". Estos asumirían responsabilidades administrativas,
militares y políticas, forjando nuevos lazos entre los países formalmente
independientes y sus viejos y nuevos patrones imperiales. La continuidad
institucional a nivel económico y militar entre los regímenes colonial y
post-colonial se define como "neo-colonialismo".
La ayuda extranjera dio nacimiento a una burguesía 'indígena", kleptocrática y
nueva rica que proveyó una hoja de parra para cubrir la extracción de recursos
para el imperio. Mediante ayuda militar, misiones de entrenamiento y becas de
ultramar se entrenó a una nueva generación de militares y civiles burócratas a
los que se inculcó los "puntos de vista cosmopolitas" y lealtad hacia el
imperio. El aparato militar-policial-administrativo era percibido por los amos
imperiales como la mejor garantía de un orden emergente, dada la fragilidad
del sistema gobernante neo-colonial, su estrecha base de sustento y las
demandas de las masas de cambios socio-económicos estructurales que acompañen
la independencia política.
El periodo post-colonial fue desgarrado por revoluciones antiimperialistas de
larga escala y de larga duración (China, Indochina), golpes militares (en los
tres continentes), guerras civiles internacionales (Corea) y mayormente
exitosas transformaciones nacionalistas y populistas (Irak, India, Indonesia,
Egipto, Argelia, Argentina, Brasil, Ghana, etc.). Estas últimas se
convirtieron en la base del movimiento de países no alineados. Los 'regímenes
coloniales' absolutos (Sudáfrica, Israel/Palestina, Rhodesia del Sur/Zimbabwe)
fueron la excepción. Las "asociaciones" complejas, dependiendo de las
relaciones de poder específicas entre el imperio y las élites locales, por lo
general incrementaba el ingreso, el intercambio comercial y las inversiones en
los descolonizados y nuevos países independientes. La independencia generó una
dinámica interna basada en una intervención estatal a gran escala y una
economía mixta.
El periodo post-colonial de nacionalismo radical y rebeliones socialistas duró
menos de una década en la mayoría de los países de los tres continentes. Hacia
fines de la década del setenta, golpes de estado apoyados por el imperio
destituyeron a regímenes nacionalistas, populistas y socialistas en el Congo,
Argelia, Indonesia, Argentina, Brasil, Chile y en numerosos países más. Los
nuevos regímenes independistas y progresistas en las ex colonias portuguesas,
Angola, Mozambique, Guinea-Bissau y los regímenes y movimientos nacionalistas
en Afganistán, Irak, Siria y América Latina fueron seriamente debilitados por
el colapso de la Unión Soviética y la conversión de China al capitalismo.
EE.UU. surgió como la única 'superpotencia' sin un contrapeso ni militar ni
económico. Los diseñadores del imperio militar y económico de EE.UU. y Europa
vieron la oportunidad de explotar los recursos naturales, expropiar miles de
empresas públicas, construir una red de bases militares y reclutar nuevos
ejércitos de mercenarios para extender el dominio imperial.
Surgió la pregunta sobre qué forma tomaría el nuevo imperio de EE.UU.: los
medios que se emplearán para derrocar a los gobernantes nacionalistas que
quedaban. Y de igual importancia: con la disolución de la Unión Soviética y la
conversión de China/Indochina al capitalismo, ¿qué ideología, o 'argumento',
se usaría para justificar el poderoso avance imperial post-colonial?
El orden de Washington en el nuevo mundo:
Renacimiento colonial y títeres contemporáneos
La recuperación del imperialismo occidental de la derrotas sufridas durante
las luchas por la independencia nacional (de 1945 a 1970-1980) incluyeron una
reconstrucción masiva de un nuevo orden imperial. Con el colapso de la URSS,
la incorporación de Europa del Este como satélites del imperio y la
subsiguiente conversión de nacionalistas radicales (Angola, Mozambique, etc.)
a kleptócratas del libre mercado, las visiones de dominación ilimitada de la
Casa Blanca tuvieron un poderoso empuje, en base a las proyecciones de un
poder militar unilateral y sin rival equiparable.
La propagación del la 'ideología del libre mercado' entre 1980-2000, basada en
la influencia de los gobernantes neo-liberales a través de África, Europa del
Este, América Latina y una larga parte de Asia abrieron la puerta para un
saqueo, privatizaciones (que representa en general la misma cosa) y
concentración de riqueza sin precedentes. En correspondencia con el saqueo y
la concentración de un poder militar unipolar, un grupo de ultra militaristas,
los llamados ideólogos neo-conservadores, compenetrados a fondo con la
mentalidad israelita colonial llegaron a posiciones de toma de decisiones
estratégicas en Washington, con un tremendo poder de decisión en las esferas
de poder de Europa -especialmente en Inglaterra.
La historia hizo el camino inverso. La década de 1990 al 2000 fue inaugurada
con guerras al estilo colonial, lanzadas contra Irak y Yugoslavia, provocando
la destrucción de los estados y la imposición de regímenes títeres en 'Kurdistán'
(Irak del Norte), Kosovo, Montenegro y Macedonia (ex Yugoslavia). El éxito
militar, rápido y las victorias de bajo costo, confirmaron y fortalecieron las
creencias de los ideólogos neo-conservadores y neo-liberales de que la
expansión del imperio era la tendencia inevitable del futuro. Sólo un
detonante político apropiado era necesario para movilizar los recursos
financieros y humanos en pos del nuevo imperio militarista.
Los sucesos del 11/9/2001 fueron explotados a fondo para lanzar guerras
secuenciales de conquista colonial. En nombre de una "cruzada militar de vasto
alcance contra el terrorismo", se hicieron los planes, se destinaron enormes
sumas de dinero, y se lanzó la propaganda masiva de los medios corporativos
para justificar una serie de guerras coloniales.
El nuevo orden imperial comenzó con la invasión a Afganistán (2001) y el
derrocamiento del régimen islámico nacionalista talibán (que no tuvo nada que
ver con el 11/9).
Afganistán fue ocupado por los ejércitos mercenarios de EE.UU. y la OTAN pero
no fue conquistado. La invasión y ocupación estadounidense de Irak condujo a
un reagrupamiento de las fuerzas anticoloniales islámicas, nacionalistas y
sindicalistas y los movimientos de resistencia civil y armada.
Debido al nacionalismo de vasto alcance y a la influencia antisionista en la
población civil, la policía y el aparato militar de Irak, los ideólogos
neo-conservadores de Washington optaron por desmantelar el estado. Intentaron
remodelarlo como un estado colonial basado en líderes sectarios, jefes de
tribus, contratistas extranjeros y políticos exiliados nombrados por ellos
como 'presidente' o 'primer ministro', hojas de parra para cubrir el estado
colonizado.
Pakistán fue un caso especial de penetración imperial, con intervención
militar y manipulación política, conectando ayuda militar a gran escala con
sobornos y corrupción para establecer un régimen títere. Las recientemente
condenadas violaciones de la soberanía de Pakistán por aviones de EE.UU. ("drones"
y aviones piloteados), las operaciones comando y la movilización a gran escala
de los militares pakistaníes en operaciones de contra-insurgencia de EE.UU.
causaron el desplazamiento de millones de personas de las 'tribus' de
Pakistán.
El imperativo del régimen títere
Al contrario de lo que afirma la propaganda de EE.UU. y Europa, las invasiones
y ocupaciones de Irak y Afganistán y las intervenciones militares en Pakistán
no tuvieron apoyo popular. Una gran mayoría de la población se opuso activa y
pasivamente. Tan pronto como los funcionarios civiles coloniales fueron
nombrados con la fuerza de las armas y comenzaron a administrar el país
emergieron la resistencia popular pasiva y la resistencia armada esporádica.
Los funcionarios coloniales eran percibidos como lo que eran: una presencia
foránea y explotadora.
Hubo saqueos de las arcas nacionales, parálisis de toda la economía, dejaron
de funcionar los servicios básicos (agua, electricidad, sistemas cloacales,
etc.), y millones de personas fueron desplazadas de sus hogares. Las guerras y
las ocupaciones diezmaron drásticamente la sociedad pre-colonial y las
funcionarios coloniales fueron presionados para generar un reemplazo.
Miles de millones de dólares en gastos militares fueron inútiles para generar
funcionarios civiles capaces de gobernar. Los gobernantes coloniales tuvieron
serios problemas para conseguir colaboradores con experiencia técnica o
administrativa. Aquellos dispuestos a servir carecían de un mínimo de
aceptación popular.
La conquista y ocupación colonial al final se conformó con el establecimiento
de un régimen de colaboración paralelo, que estaría financiado y subordinado a
las autoridades imperiales. Los estrategas imperiales creían que este régimen
proveería una fachada política para 'legitimar' y negociar la ocupación. El
incentivo para colaborar eran los miles de millones de dólares canalizados al
aparato estatal colonial (y fácilmente robados con falsos proyectos de
'reconstrucción') para compensar por los riesgos de asesinatos políticos
ejecutados por los luchadores de la resistencia nacional. En el pináculo de
los regímenes paralelos estaban los gobernantes títeres, cada uno de ellos con
un certificado otorgado por la CIA por su lealtad, servilismo y disposición
para sostener la supremacía imperial sobre el pueblo bajo la ocupación
extranjera. Obedecieron las exigencias de Washington de privatizar las
empresas públicas y apoyar el ejército de mercenarios reclutado por Washington
y bajo el mando colonial.
Hamid Karzai fue elegido como el gobernante títere de Afganistán, basado
solamente en los lazos de su familia con los traficantes de droga y su
compatibilidad con los señores de la guerra y gente de influencia a sueldo del
imperio. Su aislamiento quedó revelado por el hecho de que hasta la custodia
presidencial estaba conformada por marines de EE.UU. En Irak, los funcionarios
coloniales de EE.UU. en consulta con la Casa Blanca y la CIA eligieron a Nouri
al Maliki como "Primer Ministro" basados en su participación directa en la
tortura de luchadores de la resistencia acusados de ataques a las fuerzas
estadounidenses de ocupación.
En Pakistán, EE.UU. apoyó como presidente a un fugitivo de la ley, Asif Ali
Zardari. Este demostró repetidamente su espíritu acomodaticio aprobando
operaciones estadounidenses aéreas y terrestres a gran escala y durante largo
tiempo en territorio de Pakistán en la frontera con Afganistán. Zardari vació
el Tesoro de Pakistán y movilizó a millones de soldados para atacar y
desplazar a centros de población fronterizos con simpatía por la resistencia
afgana.
Títeres en acción: Entre la sumisión al imperio y el
aislamiento de las masas
Los tres regímenes títeres han proveído la hoja de parra para cubrir los
saqueos de la gente colonizada de los países que gobiernan. Nouri al Maliki en
los cinco años pasados no solamente ha justificado la ocupación estadounidense
sino que también ha promovido activamente el asesinato y la tortura de miles
de activistas anti-colonialistas y de luchadores de la resistencia. Ha vendido
miles de millones de dólares de concesiones de petróleo y gas a compañías
extranjeras. Ha presidido el robo ('desaparición') de miles de millones de
dólares en recursos petroleros y en ayuda extranjera de EE.UU. (exprimida de
los impuestos pagados por los contribuyentes de EE.UU.). Hamid Karzai, quien
raramente salió de su fortaleza presidencial sin los marines de EE.UU. como
custodios, ha sido ineficiente en el intento de conseguir apoyo, excepto el de
sus familiares. Su principal apoyo fue su hermano, el narcotraficante Ahmed
Wali Karzai, asesinado por el Jefe de Seguridad aprobado por la CIA. Dado que
el apoyo interno a Karzai es extremadamente pequeño, sus funciones principales
incluyen la participación en reuniones de patrocinadores extranjeros, la
emisión de comunicados de prensa y el sellado de cada incremento de tropas de
EE.UU. La intensificación del uso de escuadrones de la muerte de las Fuerzas
Especiales y aviones "drones", causantes de un alto número de bajas civiles,
ha enfurecido cada vez más a los afganos. La totalidad del aparato civil y
militar nominalmente bajo el mando de Karzai está sin dudas penetrado por los
talibanes y otros grupos nacionalistas, razón por la cual Karzai es
completamente dependiente de las tropas estadounidenses y de los señores de la
guerra y narcotraficantes a sueldo de la CIA.
El títere pakistaní Arif Ali Zardari, a pesar de la fuerte resistencia
presentada por sectores militares y de las agencias de inteligencia, y a pesar
de la hostilidad popular del 85% contra EE.UU. ha hundido al país en una serie
de ofensivas militares a gran escala contra las comunidades islámicas en los
territorios del Noreste, desplazando a más de cuatro millones de refugiados.
Cumpliendo órdenes de la Casa Blanca de incrementar la guerra contra los
santuarios de los talibanes y sus aliados pakistaníes armados, Zardari ha
perdido credibilidad como un político 'nacional'. Ha causado la ira de los
nacionalistas al aprobar de manera 'encubierta' graves violaciones de la
soberanía pakistaní al permitir que las Fuerzas Especiales de EE.UU. operen
desde bases pakistaníes para realizar sus operaciones criminales contra
militantes islámicos locales. El bombardeo diario con drones de la población
civil de aldeas, de las carreteras y de los mercados ha generado un consenso
casi generalizado sobre su estatus de títere.
Mientras los gobernantes títeres proveen una fachada útil para la propaganda
externa, su efectividad baja a cero a nivel interno, a medida que su sumisión
ante la matanza imperialista de personas que no son combatientes aumenta. La
maniobra inicial de propaganda imperial mostrando a los títeres como
"asociados" o "aliados en el poder" pierde credibilidad a medida que se hace
transparente que los gobernantes títeres son impotentes para rectificar los
abusos imperiales. Este es el caso específico de las continuas violaciones de
derechos humanos y la destrucción de la economía. La ayuda extranjera es
globalmente percibida como un factor que permite la extorsión, la corrupción y
la administración incompetente de los servicios básicos.
A medida que crece la resistencia interna y a medida que se desvanece la
'voluntad' de los países imperiales para continuar una guerra y ocupación de
una década, los gobiernos títeres sienten la intensa presión para hacer, al
menos, gestos de "independencia". Los títeres comienzan a "replicar" a los que
manejan los hilos, tratando de representar el rol ante el coro masivo de
indignación popular sobre los crímenes contra la humanidad más flagrantes
perpetrados por la ocupación. La ocupación colonial empieza a hundirse, bajo
el peso de los gastos de mil millones de dólares por semana extraídos de las
consumidas arcas públicas. El simbólico retiro de tropas señala un incremento
de la importancia y de la dependencia en fuerzas mercenarias 'nativas"
altamente sospechosas, lo que causa el miedo de los títeres a perder sus
puestos y sus vidas.
Los gobernantes títeres empiezan a considerar que es hora de probar otras
posibilidades de negociar con la resistencia; que es hora de hacerse eco de
las voces populares de indignación ante los crímenes de civiles; que es hora
de alentar el retiro de tropas, pero nada de peso. No pedirán el retiro de la
protección de la Guardia Imperial Pretoriana ni, 'dios no lo permita', del
último envío de ayuda extranjera. Es el momento oportuno para Ali Zardari de
criticar la intromisión militar de EE.UU. para asesinar a Bin Laden; es el
momento para que Al Maliki haga un llamado a EE.UU. de cumplir con su "palabra
de honor" del retiro de las tropas de Irak; es el momento para que Karzai
salude la toma militar afgana de la provincia con menor actividad de
resistencia (Bamiyan).
¿Están los títeres en algún tipo de rebelión contra los patrones?
Aparentemente hay descontento en Washington: están reteniendo $800 millones de
ayuda a Pakistán a la espera de mayor colaboración militar y de inteligencia,
piden redadas en el campo y en las ciudades en busca de luchadores de la
resistencia islámica. El asesinato del hermano de Karzai y del consejero
político de alto rango Jan Mohamed Khan por parte de los talibanes -dos
figuras prominentes en el mantenimiento del régimen títere- son señales de que
las arengas emocionales de crítica del gobernante títere no tienen resonancia
en el gobierno talibán no oficial (o sombra del gobierno) que cubre la nación
y se prepara para una nueva ofensiva militar.
La "revuelta" de los títeres ni es una influencia en los amos coloniales ni
atrae la simpatía de las masas anti-colonialistas. Son una señal del fracaso
del intento de EE.UU. de revitalizar el colonialismo. Representa el fin de la
ilusión de los ideólogos neo-conservadores y neo-liberales que creyeron
fervientemente que el poder militar de EE.UU. era capaz de invadir, ocupar y
gobernar el mundo islámico por medio de títeres actuando sobre una masa de
pueblos sumisos. El ejemplo colonial de Israel, una franja árida de tierra
costera, sigue siendo una anomalía en un mar de estados independientes,
seculares o musulmanes.
Los esfuerzos de los defensores de EE.UU. para reproducir la consolidación
relativa de Israel por medio de guerras, ocupaciones y regímenes títeres ha
conducido a la bancarrota de EE.UU. y al colapso del estado colonial. Los
títeres se darán a la fuga; retirarán las tropas; bajarán las banderas y un
periodo de guerra civil prolongada se avistará. ¿Podrá una revolución social y
democrática reemplazar a los títeres y a sus amos? En EE.UU. vivimos una época
de crisis cada vez más profunda, en la que el extremismo de derecha ha
penetrado hasta los puestos más altos y ha tomado la iniciativa por ahora,
esperemos que no sea para siempre. ¿Las guerras coloniales de ultramar están
llegando a su fin, hay guerras internas en el horizonte?
Traducido por Silvia Arana para
Rebelión |