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(IAR
Noticias)
05-Junio-2011
El auge de la moneda china podría reconfigurar el sistema
monetario global y alterar el motor principal de crecimiento del mundo
Por Tom Orlik - The Wall Street Journal
La
muralla está empezando a agrietarse.
Durante años, China le ha puesto trabas a la entrada y salida de capital de su
economía, la segunda mayor del mundo. Ahora, el gobierno de Beijing está
promoviendo una campaña para que el yuan juegue un rol protagónico en el
escenario global y, como consecuencia, están apareciendo fisuras en esa
monumental barrera financiera.
Un yuan que sea utilizado más ampliamente en el comercio internacional y en las
inversiones podría llegar a desafiar la supremacía del dólar, corregir algunos
de los desequilibrios que plagan la economía china y la global y obligar a un
Estados Unidos derrochador a vivir dentro de sus posibilidades.
No será una transición fácil. Hay poderosos intereses creados en China que están
satisfechos con el status quo y que intentarán frenar cualquier intento de
reforma. Pero los cambios que China ha implementado hasta ahora han generado
ímpetu tanto dentro como fuera de sus fronteras y podrían resultar demasiado
fuertes como para ser resistidos.
Durante más de una década, el hermetismo del capital chino ha sido una
característica definitoria de la economía global. Ha aislado al país del flujo
internacional de capital, lo que le ha permitido salvarse de la crisis asiática
de 1997 y salir prácticamente ileso de la crisis financiera estadounidense de
2008.
Además, al negarles a los mercados de divisas un papel en la fijación del tipo
de cambio, el gobierno ha podido mantener el valor del yuan en un nivel
artificialmente bajo, alimentando un auge exportador que ya dura 30 años. Dado
que los ahorradores chinos no pueden llevar su dinero al extranjero, los bancos
han ofrecido bajas tasas de interés, manteniendo el costo del capital para la
industria a precios bajísimos y apuntalando una ola de inversiones.
Shenzhen es un buen ejemplo: la que en 1979 era una aldea de pescadores es ahora
una ciudad de 14 millones de habitantes construida alrededor del cuarto puerto
de mayor tráfico del mundo. El capital de bajo costo subsidió la construcción de
infraestructura de transporte y energía, fábricas y plantas de ensamblaje. Un
yuan subvaluado, combinado con la mano de obra barata, le dio una ventaja
competitiva a sus empresas frente a rivales extranjeros.
Pero la manipulación del tipo de cambio y las tasas de interés bajas tiene un
costo. El capital barato se ha traducido en un exceso de capacidad en el sector
industrial y burbujas en el mercado inmobiliario. La gestión del tipo de cambio
en un momento de superávit comercial ha resultado en la acumulación de reservas
descomunales en moneda extranjera: US$3,04 billones (millones de millones) para
los que China tiene pocas opciones aparte de reciclarlos como créditos baratos
para Estados Unidos.
Una de las primeras brechas en la restrictiva política china se produjo en julio
de 2009, con un plan para permitir que las importaciones y las exportaciones se
transaran en yuanes. En el primer trimestre de 2011, US$ 55.000 millones del
comercio chino (7% del total) se transaron en yuanes. Para fines de abril de
2011, los depósitos en yuanes en el sistema bancario de Hong Kong habían subido
a 511.000 millones de yuanes (US$79.000 millones), aproximadamente nueve veces
los de julio de 2009, cuando fue lanzado el programa.
También se están relajando las limitaciones a las salidas de capital. El mes
pasado, el gobierno de Shanghai anunció planes para permitir a los residentes de
la ciudad invertir en el extranjero.
Pero una apertura más sustancial requerirá progresos en dos áreas: un tipo de
cambio que se acerque a su valor de equilibrio y tasas de interés fijadas por el
mercado. El yuan sigue subvaluado, pero dos factores sugieren que está mucho más
cerca del valor de mercado que antes: se apreció 20% en términos reales desde
2005 contra una canasta conformada por las monedas de sus principales socios
comerciales, y el superávit de cuenta corriente chino cayó a 5,2% del Producto
Interno Bruto en 2010 frente a 10,1% en 2007.
Mientras tanto, las tasas de interés chinas todavía son fijadas por el gobierno.
Pero el Banco Popular de China (PBOC)está intentando hacer progresos,
aprendiendo de la historia económica del país.
Al comienzo de la era de las reformas, el gobierno designó a Shenzhen como una
zona económica especial donde poner a prueba las políticas de libre mercado
antes de expandirlas al resto del país. Ahora, Hong Kong servirá como un lugar
similar de experimentación para las reformas del sistema financiero del país.
El rendimiento de la deuda denominada en yuanes que se opera en Hong Kong ya lo
fija más el mercado que la tasa de referencia impuesta por el PBOC.
Los pasos siguientes
Ahora se acumula la presión sobre China para que abra más los canales a sus
mercados de capital. La cuestión es si el cambio será rápido o lento. Los
líderes del país parecen optar por la ruta cautelosa. El objetivo de convertir a
Shanghai en una capital financiera internacional para 2020 era ampliamente
asumido como el plazo de facto para abrir el capital. Pero su rápido progreso el
pasado año ha aumentado las expectativas de que se adelante.
Si China acelera el cronograma, las implicaciones son enormes. Una tasa de
interés más alta significará una expansión más lenta de las inversiones, lo que
a su vez reduciría el apetito del país por las materias primas y desaceleraría
el principal motor interno del crecimiento.
Un yuan más caro limitará la demanda por las exportaciones que han impulsado el
explosivo crecimiento de la costa este del país. Los fabricantes de textiles,
juguetes y herramientas (productos cuyos márgenes de ganancia son mínimos)
serían los primeros en sucumbir. Los fabricantes de tecnología de punta como Hon
Hai Precision Industry Co., que fabrica el iPad de Apple, ya decidieron
trasladar sus plantas de producción al interior del país, para encontrar mano de
obra más barata.
El próximo paso en el desarrollo del yuan sería adoptar un rol como moneda de
reserva pero requerirá avances más sustanciales. Una cuenta de capital todavía
fuertemente controlada por el gobierno implica que la moneda china no puede
cumplir la principal función de las reservas: un activo líquido al que los
bancos centrales pueden recurrir para estabilizar el valor de su moneda local.
La puerta hacia las reformas no está totalmente abierta pero tampoco está
cerrada con llave.
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