La
ratonera imperial ya cobró forma en Libia. A medida que pasan los días y el
régimen libio sigue en pie, se agudiza el fracaso de la intervención militar
imperial y afloran las divisiones, la contradicción de intereses, y las
luchas internas por el control del petróleo.
Paralelamente la fuerzas sediciosas
(pese a contar con los bombardeos de la OTAN) siguen acorraladas por las
tropas gubernamentales y empujadas hacia el este, donde se encuentra
Bengasi, el cuartel general de la rebelión.
Los más de 40 días de bombardeos
ininterrumpidos de la OTAN y de EEUU (pese a destruir la infraestructura del
país, matar a la población civil y crear las condiciones para una catástrofe
humanitaria) no pudieron terminar con el poder militar de Kadafi que
controla las áreas petroleras claves y avanza hacia la reconquista de los
bastiones que todavía quedan en manos de los sediciosos apoyados por Washington
y las potencias europeas.
El presidente libio, aún con su
ejército debilitado, continua en pie y acorralando y exterminando a la sedición.
La acción imperial desde el aire (no obstante asesinar población civil y
destruir la infraestructura libia) no es suficiente para conseguir el objetivo
de máxima buscado: Terminar con el líder libio y controlar el petróleo a
través de un gobierno colaboracionista.
Tampoco surtió efecto el brutal
bloqueo económico y el aislamiento internacional orientado a producir una
catástrofe alimentaria que le quite consenso social a Kadafi y divida su
ejército. La situación ha derivado en un statu quo (en "punto muerto",
según el Pentágono) de una "guerra civil" que está desvastando la economía y la
infraestructura del país que encabezaba los ranking de crecimiento y bienestar
en África del norte.
En ese escenario, la coalición
imperial, con los rebeldes resignando gradualmente los enclaves petroleros
conquistados, va perdiendo la oportunidad de impulsar una "balcanización
petrolera" partiendo Libia en una nación del este (rebelde) y una del oeste
controlada por Kadafi.
En este marco, el régimen libio,
apoyado por la Unión Africana lanzó una propuesta de negociación que no fue
aceptada ni por la Alianza atacante ni por sus protegidos de los grupos
rebeldes.
Kadafi propone un alto el fuego
negociado, pero la coalición imperial y sus peones internos solo aceptan
negociar con la renuncia del líder libio y el retiro de sus tropas de las
ciudades y enclaves petroleros de donde fueron expulsados.
Los mandos imperiales, en Washington
y la UE, se encuentran sin respuesta objetiva para abordar la situación. Solo
hablan las bombas y los misiles que siguen con su lluvia de muerte en una
Libia despedazada por las ambiciones del capitalismo imperial.
NI siquiera al amparo de los
bombardeos de la OTAN las fuerzas rebeldes consiguieron posicionarse en las
ciudades tomadas, algunas ya recuperadas por las tropas del gobierno.
Aumentan las víctimas civiles y la proximidad de un desastre humanitario,
convence a los libios de que la oposición está traicionando los intereses
nacionales y recurriendo a las potencias para resguardar sus propios intereses.

La creciente unidad de África sobre
el tema libio contrasta con la fragmentación y división del mundo árabe, con
países aliados del eje USA-UE que instigaron a las potencias occidentales a
intervenir en el conflicto libio, dispuestos a sacrificar a Kadafi en el altar
de las revueltas regionales.
Cuando Kadafi resistió y pasó al
contraataque, la Liga Arabe comenzó a distanciarse de Occidente, para quitarse
el cartelito de “traidor a los intereses árabes”. Se estima que en algún momento
el mundo árabe les pasará la cuenta a ciertos gobiernos de la región por su
complicidad.
La OTAN imperial solo tomó el comando de la misión una vez que había comenzado.
De hecho, fue un comienzo peculiar: Dos países europeos, Francia y el Reino
Unido, impulsaron la intervención junto con Washington, que asumió inicialmente
el comando militar.
Posteriormente, los
estadounidenses pasaron a un segundo plano y la OTAN asumió el comando.
Desde entonces, sólo seis países han efectuado ataques y cinco de ellos europeos
(Bélgica, Dinamarca, Francia, Noruega y Reino Unido).
Las potencias centrales ya se
muestran reticentes acerca de la operación militar, algunas por sus
particulares razones históricas, como Italia.
El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, señaló que a la alianza
no le alcanzan ataques aéreos. Esto causó considerable frustración en
París y Londres.
Y ante la operación imperial en Libia, en tres frentes, los miembros de la OTAN
han mostrado contradicciones y divisiones.
Una serie de audiencias en el
Congreso ede EEUU sobre Libia mostraron incógnitas y divisiones sobre cómo
poner fin al conflicto y se
duda de que los "rebeldes" puedan terminar con Kadafi e instalar un gobierno
"pro-occidental" en el país petrolero.
Aunque el derrocamiento del dirigente árabe es la
principal prioridad en la agenda de la Casa Blanca y de la OTAN, el costo de una
campaña "indefinida" preocupa a los legisladores en momentos en que Irak y
Afganistán son la prioridad del Pentágono.
Y hay muchos frentes que comienzan a
estallar en la medida que se insinúa el fracaso de la operación urdida por
EEUU (el titiritero detrás detrás de escena) y las potencias centrales para
tomar el control sobre las reservas de crudo libio.
Y existe una delgada línea, una
delgada frontera, que empieza a quebrarse en el escenario de complicidades del
poder mundial con la operación de despedazamiento de Libia, que tiene al
petróleo en el centro de la escena.
"Los combates en Libia se suceden
sin que ninguno de los dos bandos se acerque a una victoria militar,
señaló la cadena BBC.
"Pero si bien la intervención de
occidente -continúa- le ha dado un respiro a las tropas rebeldes, estas no
siempre han sido capaces de conservar los territorios reconquistados al amparo
de los aviones de la coalición".
"Mientras, las profundas diferencias que todavía separan a ambos bandos -en
particular las que tienen que ver con la figura de Kadafi- hacen difícil
imaginar cómo sacar al conflicto del punto muerto en el que se encuentra en
estos momentos", apunta la BBC.
18 días de feroces e ininterrumpidos
bombardeos "humanitarios" no pudieron doblegar la resistencia del líder libio
que con sus tropas (aún debilitadas) sigue sometiendo a un cerco y fuego intenso
a los "rebeldes" entrenados y armados por la CIA y los servicios británicos.
Los líderes de la sedición dicen que
la OTAN aactuó con mucha lentitud, lo que ha permitido que las fuerzas de
Kadafi avancen, y que los rebeldes están considerando enviar el tema al
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que autorizó la misión.
Según el portavoz de la OTAN, Oana
Lungescu, "Los hechos hablan por sí solos. El ritmo de las operaciones desde que
la OTAN asumió el mando no ha disminuido. Hemos realizado 851 misiones en los
últimos seis días Estamos cumpliendo nuestro mandato".
En este marco, Kadafi intenta
imponer una salida negociada del conflicto mientras EEUU y las potencias
imperiales proponen como condición a un alto el fuego, dividir el crudo libio
entre el régimen y los sediciosos, colocando a Libia en una virtual
"balcanización petrolera".
En Francia consideran necesario comenzar consultas políticas en torno a la
situación en Libia para evitar la prolongación del conflicto, afirmó el
ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Alain Juppé la swemana pasada.
Algunos medios europeos y
estadounidenses sostienen que los bombardeos de las tropas de la OTAN ya han
ido más allá de lo autorizado por la ONU, actuando como una fuerza aérea de
facto de las tropas "rebeldes".
La oposición de actores clave
en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, como Rusia y China, e incluso en
el seno de la OTAN, como Alemania, impide un mayor involucramiento militar por
parte de las tropas imperiales aliadas.
A menos que la coalición imperial compuesta por EEUU, Reino Unido y Francia
decida que el riesgo que representa Kadafi es lo suficientemente grande como
para volver a actuar de forma unilateral e iniciar una nueva aventura militar
en el país petrolero.
De acuerdo a lo ocurrido en Irak y Afganistán, sin embargo, lo que parece
descartado es la intervención terrestre internacional para apoyar a los
"rebeldes" que intentan derrocar a Kadafi desde adentro.
La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, en un intento de "blanquear"
las operaciones de la CIA con la sedición, llegó a decir que la resolución 1973
permitiría incluso armar a los opositores a Kadafi, a pesar de que la misma
ordena un embargo de armas.
EEUU y sus aliados -entre los que se destacan Francia y el Reino Unido, dos de
los países que más insistieron en la necesidad de una intervención militar-
están dispuestos a actuar más agresivamente para inclinar la balanza a favor de
los rebeldes".
En definitiva, EEUU y los "gurcas" de
la Alianza, quieren otorgar un nuevo marco de "legitimidad" internacional
a la fase final de las operaciones militares para descuartizar a Libia,
terminar con Kadafi y apoderarse de su petróleo.
Para después (como lo hacen siempre)
proceder a la "privatización" de la riqueza petrolera libia, apoderarse
de los activos financieros libios en el exterior, y proceder a la
"reconstrucción" del país.
Por ahora, solo van de fracaso en
fracaso.