Es
decir que, después de un trabajo de destrucción sistemática de la
infraestructura productiva de Libia, del aparato militar y del sistema de
comunicación de Kadafi, después de sembrar el terror con la muerte masiva de
civiles, las tres potencias "gurcas" del sionismo, EEUU-Reino
Unido-Francia, centralizadas en el comando del Pentágono, se diluyen (sólo
formalmente) en la estructura de 28 miembros de la OTAN.
De esos 28 miembros, sólo cinco
se asumen como "comunidad internacional" y deciden en la ONU (órgano de
aplicación de "legalidad" a las invasiones militares) la legitimidad y la
justificación del despedazamiento de Libia, basado en argumentos de "misión
humanitaria".
Unos días antes, la organización
ya había asumido la dirección de la zona de exclusión aérea impuesta sobre
Libia en virtud de lo acordado por el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas y, previamente, había hecho lo propio con la vigilancia del embargo de
armas que pesa sobre el país norteafricano a través de una misión naval en
aguas del Mediterráneo.
Esto dio la justificación para
que el trío criminal EEUU-Reino Unido-Francia comenzaran los bombardeos
ininterrumpidos sobre la infraestructura y poblaciones civiles del país
petrolero.
Hay que recordar que Libia, como
lo estuvo Irak en su momento, sufre un bloqueo económico y un aislamiento
internacional cuyo emergente más inmediato es un estado de potencial
"catástrofe humanitaria" del pueblo libio.
No es lo mismo Egipto, Túnez,
Yemen, donde la CIA, el Mossad israelí y los servicios británicos operaron (y
operan) para sustituir a dictadores prosionistas gastados y en desuso, por
"procesos democráticos" digitados por Washington, que Bahrein, una base
estratégica de la Quinta Flota USA, donde Irán, a través de la rebelión de la
mayoría chiíta intenta derrocar a la monarquía aliada de EEUU.
Ni es lo mismo Libia, donde
Muamar Kadafi, un "líbero" experimentado, ex aliado inestable del eje USA-UE,
que negociaba por conveniencia con el "mundo occidental", está sometido a
un bombardeo permanente por parte de EEUU y las potencias europeas luego de
haber abortado el intento para derrocarlo desde adentro.
Ni Siria es lo mismo que
Libia. Allí gobierna un régimen chií, aliado firme del eje
Rusia-China-Irán-Venezuela, y principal sostén (junto con Irán) de Hamás y
Hezbolá en Gaza y en Libano.
Emparentando a Siria con el
resto de las "revueltas populares" dice la BBC: "Siria comparte muchas
de las condiciones que llevaron al derrocamiento de los gobiernos en Túnez y
Egipto, y que subyacen en los trastornos en Libia, Yemen, Bahréin y otras
naciones".
Hay un factor adicional, según
la cadena: el poder se concentra en manos de la minoría alauita (una rama del
Islam chiíta), a la que pertenece Al-Assad, lo que genera resentimientos
entre la mayoritaria comunidad sunita.
A favor del gobierno están particularmente "su postura nacionalista" - apunta la
BBC- y "la firmeza en contra de Israel y, en ocasiones, de los poderes
occidentales", lo que le granjea apoyo entre la población.
Buena parte de la evolución de los acontecimientos en Siria dependerá
-pronostica la cadena británica- de cómooo Al-Assad maneje la ira manifestada en
los últimos días en Deraa y que potencialmente podría extenderse a otras
regiones del país.
Lo que implica que en Siria, a
diferencia de lo que está pasando en Libia, la CIA está operando la
desestabilización del régimen montada en un enfrentamiento inter-religioso cuya
evolución y objetivo apuntan a una guerra civil como la que utilizaron para
dividir y controlar Irak.
Después de iniciar un proyecto
de remodelación "democrática" expulsando a sus desgastados dictadores aliados en
Egipto y Túnez, EEUU y la UE (utilizando como pantalla a la OTAN) fueron por el
petróleo libio y por una posición estratégica en el dispositivo del control
geopolítico militar en África.
La OTAN imperial solo tomó el comando
de la misión una vez que había comenzado. De hecho, fue un comienzo peculiar:
Dos países europeos, Francia y el Reino Unido, impulsaron la intervención junto
con Washington, que asumió inicialmente el comando militar.

Posteriormente, los
estadounidenses pasaron a un segundo plano y la OTAN asumió el comando.
Desde entonces, sólo seis países han efectuado ataques y cinco de ellos europeos
(Bélgica, Dinamarca, Francia, Noruega y Reino Unido).
Las potencias centrales ya se
muestran reticentes acerca de la operación militar, algunas por sus
particulares razones históricas, como Italia.
El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, señaló que a la alianza
no le alcanzan ataques aéreos. Esto causó considerable frustración en París y
Londres.
Y ante la operación imperial en Libia, en tres frentes, los miembros de la OTAN
han mostrado contradicciones y divisiones.
La creciente unidad de África sobre
el tema libio contrasta con la fragmentación y división del mundo árabe, con
países aliados del eje USA-UE que instigaron a las potencias occidentales a
intervenir en el conflicto libio, dispuestos a sacrificar a Kadafi en el altar
de las revueltas regionales.
Cuando Kadafi resistió y pasó al
contraataque, la Liga Arabe comenzó a distanciarse de Occidente, para quitarse
el cartelito de “traidor a los intereses árabes”. Se estima que en algún momento
el mundo árabe les pasará la cuenta a ciertos gobiernos de la región por su
complicidad.
En cuanto a Siria, Obama enfrenta un
"dilema terrible", señaló Thomas Lippman, del Consejo de Relaciones
Exteriores (CFR por su sigla en inglés) en Washington.
"¿Elegir entre actuar ahora y apoyar a los opositores sirios, empujando a Asad
un poco más hacia los brazos de los iraníes, o no hacer nada con el riesgo de
ser acusado de indulgencia?", se preguntó el analista.
Lippman observó además que Estados Unidos no tiene una postura uniforme respecto
a las revueltas en el mundo árabe y esas diferencias conllevan el riesgo de
transmitir un mensaje confuso.
"Da la impresión de que hay dualidad de criterios", dijo, citando como ejemplo
la intervención armada en Libia. "Hace sentir que no existe una de visión de
conjunto, política y éticamente, y es una posición difícil de defender",
consideró el analista.
Por su lado, Rusia considera que los
países occidentales que forman parte de la coalición internacional que
interviene militarmente en Libia actúan sin neutralidad y han tomado el lado
de los rebeldes, según anunció este lunes el canciller ruso, Serguei Lavrov.
“Llama la atención el rechazo inmediato de la propuesta de paz de la Unión
Africana. La postura (de la oposición libia) levanta sospechas que los países
del Occidente y la OTAN, al interpretar a su modo la resolución del Consejo de
Seguridad 1973, están del lado de los rebeldes”, dijo Lavrov.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia se expresó en estos términos después
de un encuentro con el presidente de Osetia del Sur, Eduard Kokoity.
Al mismo tiempo, según el canciller ruso, la política de los dirigentes
occidentales que apoyan a los opositores en Oriente Próximo en su decisión de
renunciar al diálogo con el poder, empujan a otros países árabes hacia nuevas
guerras civiles.