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INTERNACIONAL  

Operaciones en "punto muerto"

EEUU y las potencias imperiales empantanadas en Libia y en Siria

 

 (IAR Noticias) 26-Abril-2011

En Siria, tanto como en Libia, el objetivo clave es el petróleo y el derrocamiento de regímenes no adscriptos a la estrategia geopolítica centralizadora del eje USA-UE-Israel en Africa y en Medio Oriente. El Libia la operación de las potencias imperiales se encuentra en "punto muerto", y en Siria el régimen  acorrala a sangre y fuego (al estilo de Kadafi en Libia) a los grupos instigadores de las "revueltas populares". Las potencias mantienen una línea de cautela con la operación de desestabilización en Siria, en tanto sus propios funcionarios y jefes militares admiten que la situación en Libia ingresó a un "punto muerto".

Informe especial
IAR Noticias
/

A diferencia del resto de los procesos de "protesta popular en el mundo árabe islámico" infiltrados por la CIA y las inteligencias "aliadas" en Africa, Libia y Siria se inscriben en los patrones operativos de las "revoluciones naranja" en el espacio soviético, o en los "golpes budistas" del  Tibet o Birmania,  o en la rebelión "reformista" para derrocar a los ayatolas en Irán,  encuadrados en la nueva "guerra fría" por áreas de influencia (militar y comercial)  que mantiene el eje capitalista Rusia-China con el eje capitalista USA-UE-Israel.

Tanto Libia como Siria se encuadran dentro de la operativa de grupos operativos armados instigadores que están actuando en los diversos escenarios de la "revolución árabe islámica" contra gobiernos no dóciles a las imposiciones de Washington y la Unión Europea.

En Siria, a diferencia de lo que está pasando en Libia, la CIA está operando la desestabilización del régimen montada en un enfrentamiento inter-religioso cuya evolución y objetivo apuntan a una guerra civil como la que utilizaron para dividir y controlar Irak.

Después de semanas de bombardeos, la intervención imperial en Libia cayó en un estancamiento. EEUU y las  potencias  dieron por hecho  que podrían intervenir y derrocar al líder libio Muamar Kadafi con sus ataques aéreos ininterrumpidos, y fracasaron en su predicción..

De acuerdo con la cadena BBC las potencias deben enfrentarse a la realidad militar en el terreno. Ninguno de los dos lados está ganando. Hay temores de que el poderío aéreo de la OTAN por sí solo no resulte decisivo.

El peligro es un estancamiento que pueda durar semanas si no meses. Y esto, inevitablemente, es un problema para la OTAN, señala.

No bien iniciada la operación militar imperial contra Libia, Kadafi (al igual que los estrategas más lúcidos del Pentágono) sabía que si su régimen y su aparato militar aguantaban los bombardeos de pie durante 72 horas, las contradicciones y las divisiones internas de la alianza iban a estallar.

NI siquiera al amparo de los bombardeos de la OTAN  las fuerzas rebeldes consiguieron posicionarse en las ciudades tomadas, algunas  ya recuperadas por las tropas del gobierno.

En general, EEUU y las potencias de la OTAN a nivel de propuesta negociada para un alto el fuego sólo aceptan que las tropas de Kadafi se replieguen y dejen a los rebeldes ocupando las posiciones conquistadas, o sea en poder de ciudades y áreas claves de la producción petrolera. 

En este marco, Kadafi intenta imponer una salida negociada del conflicto mientras algunas potencias imperiales proponen como condición a un alto el fuego, dividir el crudo libio entre el régimen y los sediciosos, colocando a Libia en una virtual "balcanización petrolera".

Siria por su parte,  ya ingresó de lleno en las "revueltas populares" organizadas para desestabilizar al gobierno con grupos instigadores entrenados y financiados desde el exterior.

Estancados en el bombardeo a Libia, con Kadafi todavía vivito, coleando, y exterminando a los operativos de la CIA en su territorio, ahora los cruzados del eje USA-UE-Israel van por Siria. Un "peso pesado" del "eje del mal", cuya imbricación con Irán, Gaza y Líbano, puede convertir a la nueva "revuelta popular" de la CIA en la gran mecha del polvorín de Medio Oriente.

Como sucedió en Libia, en Siria las protestas van girando lentamente hacia la "rebelión armada" mientras la prensa internacional acentúa el "rostro represivo y antidemocrático" de la administración siria conducida por Bashar al-Assad.

Pero el papel clave que Siria ocupa en la región, particularmente en el conflicto israelo-palestino, complica la ecuación imperial.

"Es como arena movediza para Estados Unidos, no es fácil encontrar una manera de avanzar de forma constructiva", dijo a la agenciaAFP Joshua Landis del Centro de Estudios sobre Medio Oriente.

Además, los miembros de la oposición no son claramente identificables, añadió. Se trata de "una serie de jóvenes activistas que manifiestan" sin la certeza de que algún día podrán gobernar el país, dijo.

El diario estadounidense The Washington Post, citando los despachos diplomáticos publicados por Wikileaks, informó que EEUU financió a grupos de opositores y a una televisión crítica con el régimen sirio.

EEUU, a través de la CIA y el Departamento de Estado,  financió en secreto con millones de dólares a grupos opositores sirios y proyectos antigubernamentales, incluyendo un canal de televisión por satélite, según un cable de Wikileaks citado por el periódico The Washington Post.

El canal por satélite Barada TV, con sede en Londres -según el Post- , comenzó sus emisiones en abril de 2009, y duplicó sus operaciones mediáticas para intentar cubrir las protestas contra el presidente sirio, Bashar al Assad, sostén, junto con Irán, de Hamás y Hezbolá en la región.

En Siria, tanto como en Libia, el objetivo clave es el petróleo y el derrocamiento de regímenes no adscriptos a la estrategia geopolítica centralizadora del eje USA-UE-Israel en Africa y en Medio Oriente.

Bush lo designó como el combate contra las "dictaduras" del "eje del mal", y Obama, más progre, lo llama proyecto de "democratización".  El trasfondo es la "guerra contraterrorista".

En las llamadas "revueltas del mundo árabe" los patrones operativos, los objetivos y los intereses estratégicos en juego no son los mismos.

La gran dinámica movilizadora de las invasiones militares, las guerras y conflictos regionales, y los golpes internos de la CIA contra líderes y presidentes desgastados que ya no "cierran" con el control estratégico hegemónico de la primera potencia imperial del sistema capitalista, es el apoderamiento de los mercados y de las fuentes naturales del "oro negro".Un  recurso clave (y en extinción) para la supervivencia futura de las potencias centrales.

Según el informe de The Washington Post, el flujo de dinero para los grupos antigubernamentales que hoy protagonizan el centro de las revueltas antigubernamentales comenzó durante la presidencia de George W. Bush después de que congelase oficialmente las relaciones con Damasco en 2005.

Esta financiación siguió con el presidente Barack Obama, a pesar de que se intentó formalmente  restablecer las relaciones con el régimen sirio. En enero, la Casa Blanca nombró al primer embajador en Damasco en seis años.

Aunque el derrocamiento de Muaamar Kadafi, en Libia,  es la principal prioridad en la agenda de la Casa Blanca y de la OTAN, el costo de una campaña indefinida preocupa a los legisladores en momentos en que Irak y Afganistán son la prioridad del Pentágono.

Para el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el demócrata John Kerry, puede haber un estancamiento prolongado de los enfrentamientos, lo que hará más difícil la reconstrucción del país.

Mientras su colega Richard Lugar, el republicano más prominente en el Comité, opina que los enfrentamientos muestran pocos resultados que permitan predecir una derrota de las fuerzas de El Kadafi con prontitud.

Durante las audiencias en este foro parlamentario, Lugar arremetió contra el presidente Barack Obama, quien, a su juicio, no acaba de definir sus planes para apoyar a los rebeldes, sobre cómo poner fin al conflicto o sobre las responsabilidades estadounidenses en la reconstrucción de Libia en una época post Kadafi.

Es decir que, después de un trabajo de destrucción sistemática de la infraestructura productiva de Libia, del aparato militar y del sistema de comunicación de Kadafi, después de sembrar el terror con la muerte masiva de civiles, las tres potencias "gurcas" del sionismo, EEUU-Reino Unido-Francia, centralizadas en el comando del Pentágono, se diluyen (sólo formalmente) en la estructura de 28 miembros de la OTAN.

De esos 28 miembros, sólo cinco se asumen como "comunidad internacional" y deciden en la ONU (órgano de aplicación  de "legalidad" a las invasiones militares) la legitimidad y la justificación del despedazamiento de Libia, basado en argumentos de "misión humanitaria".

Unos días antes, la organización ya había asumido la dirección de la zona de exclusión aérea impuesta sobre Libia en virtud de lo acordado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, previamente, había hecho lo propio con la vigilancia del embargo de armas que pesa sobre el país norteafricano a través de una misión naval en aguas del Mediterráneo.

Esto dio la justificación para que el trío criminal EEUU-Reino Unido-Francia comenzaran los bombardeos ininterrumpidos sobre la infraestructura y poblaciones civiles del país petrolero. 

Hay que recordar que Libia, como lo estuvo Irak en su momento, sufre un bloqueo económico y un aislamiento internacional cuyo emergente más inmediato es un estado de potencial "catástrofe humanitaria" del pueblo libio.

No es lo mismo Egipto, Túnez, Yemen, donde la CIA, el Mossad israelí y los servicios británicos  operaron (y operan) para sustituir a dictadores prosionistas  gastados y en desuso, por "procesos democráticos" digitados por Washington, que Bahrein, una base estratégica de la Quinta Flota USA, donde Irán, a través de la rebelión de la mayoría  chiíta intenta derrocar a la monarquía aliada de EEUU.

Ni es lo mismo Libia, donde Muamar Kadafi, un "líbero" experimentado, ex aliado inestable del eje USA-UE, que negociaba por conveniencia con el "mundo occidental", está sometido a un bombardeo permanente por parte de EEUU y las potencias europeas luego de haber abortado el intento para derrocarlo desde adentro.

Ni Siria es lo mismo que Libia. Allí gobierna un régimen chií, aliado firme del eje Rusia-China-Irán-Venezuela, y principal sostén (junto con Irán) de Hamás y Hezbolá en Gaza y en Libano.

Emparentando a Siria con el resto de las "revueltas populares" dice la BBC: "Siria comparte muchas de las condiciones que llevaron al derrocamiento de los gobiernos en Túnez y Egipto, y que subyacen en los trastornos en Libia, Yemen, Bahréin y otras naciones".

Hay un factor adicional, según la cadena: el poder se concentra en manos de la minoría alauita (una rama del Islam chiíta), a la que pertenece Al-Assad, lo que genera resentimientos entre la mayoritaria comunidad sunita.

A favor del gobierno están particularmente "su postura nacionalista" - apunta la BBC- y "la firmeza en contra de Israel y, en ocasiones, de los poderes occidentales", lo que le granjea apoyo entre la población.

Buena parte de la evolución de los acontecimientos en Siria dependerá -pronostica la cadena británica- de cómooo Al-Assad maneje la ira manifestada en los últimos días en Deraa y que potencialmente podría extenderse a otras regiones del país.

Lo que implica que en Siria, a diferencia de lo que está pasando en Libia, la CIA está operando la desestabilización del régimen montada en un enfrentamiento inter-religioso cuya evolución y objetivo apuntan a una guerra civil como la que utilizaron para dividir y controlar Irak.

Después de iniciar un proyecto de remodelación "democrática" expulsando a sus desgastados dictadores aliados en Egipto y Túnez, EEUU y la UE (utilizando como pantalla a la OTAN)  fueron por el petróleo libio y por una posición estratégica en el dispositivo del control geopolítico militar en África.

La OTAN imperial solo tomó el comando de la misión una vez que había comenzado. De hecho, fue un comienzo peculiar: Dos países europeos, Francia y el Reino Unido, impulsaron la intervención junto con Washington, que asumió inicialmente el comando militar.

Posteriormente, los estadounidenses pasaron a un segundo plano y la OTAN asumió el comando. Desde entonces, sólo seis países han efectuado ataques y cinco de ellos europeos (Bélgica, Dinamarca, Francia, Noruega y Reino Unido).

Las potencias centrales ya se muestran  reticentes acerca de la operación militar, algunas por sus particulares razones históricas, como Italia.

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, señaló que a la alianza no le alcanzan ataques aéreos. Esto causó considerable frustración en París y Londres.

Y ante la operación imperial en Libia, en tres frentes, los miembros de la OTAN han mostrado contradicciones y divisiones.

La creciente unidad de África sobre el tema libio contrasta con la fragmentación y división del mundo árabe, con países aliados del eje USA-UE que instigaron a las potencias occidentales a intervenir en el conflicto libio, dispuestos a sacrificar a Kadafi en el altar de las revueltas regionales.

Cuando Kadafi resistió y pasó al contraataque, la Liga Arabe comenzó a distanciarse de Occidente, para quitarse el cartelito de “traidor a los intereses árabes”. Se estima que en algún momento el mundo árabe les pasará la cuenta a ciertos gobiernos de la región por su complicidad.

En cuanto a Siria, Obama enfrenta un "dilema terrible", señaló Thomas Lippman, del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR por su sigla en inglés) en Washington.

"¿Elegir entre actuar ahora y apoyar a los opositores sirios, empujando a Asad un poco más hacia los brazos de los iraníes, o no hacer nada con el riesgo de ser acusado de indulgencia?", se preguntó el analista.

Lippman observó además que Estados Unidos no tiene una postura uniforme respecto a las revueltas en el mundo árabe y esas diferencias conllevan el riesgo de transmitir un mensaje confuso.

"Da la impresión de que hay dualidad de criterios", dijo, citando como ejemplo la intervención armada en Libia. "Hace sentir que no existe una de visión de conjunto, política y éticamente, y es una posición difícil de defender", consideró el analista.

Por su lado, Rusia considera que los países occidentales que forman parte de la coalición internacional que interviene militarmente en Libia actúan sin neutralidad y han tomado el lado de los rebeldes, según anunció este lunes el canciller ruso, Serguei Lavrov.

“Llama la atención el rechazo inmediato de la propuesta de paz de la Unión Africana. La postura (de la oposición libia) levanta sospechas que los países del Occidente y la OTAN, al interpretar a su modo la resolución del Consejo de Seguridad 1973, están del lado de los rebeldes”, dijo Lavrov.

El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia se expresó en estos términos después de un encuentro con el presidente de Osetia del Sur, Eduard Kokoity.

Al mismo tiempo, según el canciller ruso, la política de los dirigentes occidentales que apoyan a los opositores en Oriente Próximo en su decisión de renunciar al diálogo con el poder, empujan a otros países árabes hacia nuevas guerras civiles.

 

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