En
cambio, en la undécima edición que se inaugurará este domingo 13 de febrero en
Dakar, el FSM encuentra un mundo donde las políticas neoliberales perdieron
sentido y la amenaza es un colapso por variadas crisis combinadas, como la
financiera, la climática, la alimentaria y la hídrica.
El imperialismo estadounidense, otro blanco preferencial de los altermundistas,
perdió gran parte de su poder económico, mientras emerge China como otra
superpotencia también con prácticas coloniales, aunque sin militarismo ni
exportación de sus creencias y modo de vida, al menos por ahora.
El dinamismo de los grandes países llamados "en desarrollo" sacó centenares de
millones de personas de la extrema pobreza, pero las desigualdades en el mundo y
dentro de cada estado siguen intolerables, así también el hambre en muchas
partes del mundo.
La amenaza climática se hace presente en el aumento de muertes, desplazamientos
y pérdidas agrícolas a causa de los eventos extremos.
Un gran poder destructivo sigue en las finanzas, con 860 billones de dólares en
inversiones especulativas circulando en el mundo, según el Banco de Pagos
Internacionales. La suma equivale a 13 veces el producto bruto mundial.
Todo se agrava por el "desgobierno planetario", la ausencia de instituciones
capaces de enfrentar "problemas globales", según el economista brasileño
Ladislau Dowbor, que llevará a la capital senegalesa ideas de un grupo de
intelectuales que, bajo el título "Crisis y oportunidades", discute soluciones
sistémicas para los problemas convergentes.
Es que no es sustentable la creciente concentración de la riqueza que lleva a la
exclusión del progreso a dos tercios de la humanidad, viviendo con seis por
ciento del ingreso mundial, como tampoco lo es seguir en el "Titanic ambiental",
agotando los recursos naturales, "el suelo y la vida marítima", explicó Dowbor,
profesor de la Universidad Católica de São Paulo.
El documento básico del grupo, en el que también participan el "ecosocioeconomista"
polaco Ignacy Sachs y la británica economista evolucionaria Hazel Henderson,
rechaza "visiones simplificadoras de los procesos decisorios" y propone
"rescatar la dimensión pública del Estado" y sustituir el producto bruto interno
como medida económica, entre otras 10 premisas.
Al volver a África, tras su primera incursión en su séptima edición mundial en
Nairobi, el FSM realza los grandes dramas de la humanidad que se concentran en
ese continente, cuyo norte árabe vive en estos días una intensa movilización
popular que ya se mostró capaz de derrocar la dictadura de Túnez y ahora va por
el régimen de Egipto.
El encuentro de la sociedad civil mundial de este año "será vibrante, con gente
nueva", pero se hará en condiciones precarias, con "un tercio del presupuesto
previsto", reconoció Cándido Grzybowski, director del Instituto Brasileño de
Análisis Sociales e Económicos y uno de los fundadores de la iniciativa. Por
ejemplo, en muchos talleres no habrá traducción simultánea.
Se prevé la presencia de 50.000 participantes para las distintas actividades que
se desarrollarán desde este domingo al viernes 11 en Dakar, un tercio del
registrado en la última edición unificada, realizada en 2009 en Belém, en el
norte amazónico de Brasil.
Pero es que Senegal tiene 15 veces menos habitantes que Brasil, trata de
justificar Chico Whitaker, otro fundador del FSM, tras explicar que, en general,
80 por ciento de los participantes provienen del país sede y de los alrededores.
La presencia latinoamericana será reducida, en particular por la debilidad
económica que afrontan las organizaciones no gubernamentales a causa de los
recortes en las donaciones del mundo rico, agravada por el tipo de cambio
desfavorable y la escasez de financiación nacional. Además, el pasaje aéreo a
Dakar es caro, porque no hay vuelos directos y es necesario dar la vuelta por
Europa.
Las limitaciones organizativas en Dakar reflejan la falta de apoyo
gubernamental, enfatizando la posición de una corriente brasileña, que realizó
el año pasado un Foro Temático en el nororiental estado de Bahía, que defiende
la incorporación de "alianzas con gobiernos progresistas", para darle más fuerza
y repercusión al FSM.
El Foro se define como una instancia de la sociedad civil, en que los
gobernantes solo participan como invitados en los encuentros organizados por
entidades y movimientos sociales, aunque la mayoría de sus ediciones mundiales,
como las cinco brasileñas, contaron con sostén financiero de gobiernos nacional
o locales.
Luiz Inácio Lula da Silva, invitado en ediciones anteriores cuando gobernaba
Brasil (2003-2011), participará ahora como "miembro de la sociedad civil" en un
seminario previsto para el lunes 7, titulado como Día de África y la Diáspora en
la programación del FSM 2011.
El líder izquierdista ya anunció que las relaciones Brasil-África serán una
prioridad en su actividad posgobernamente.
Para la próxima edición unificada, bienal desde 2005, muchos brasileños quieren
traer de vuelta el FSM a sus orígenes, Porto Alegre, mientras otros defienden
llevarlo a Bahía, que es el estado de mayor población afrodescendiente de
Brasil.
Pero Europa, otra fuerte propuesta de sede en 2013, apunta a otros caminos, como
es incidir en temas centrales de la coyuntura. Se trata del continente que mejor
ilustra algunas disyuntivas de la humanidad, ante los efectos continuados de la
crisis económico-financiera global iniciada en 2008 en Estados Unidos, según
defensores de la propuesta.
Pero son los nuevos paradigmas de "otro mundo" futuro, más que la coyuntura, lo
que preocupa a los intelectuales del FSM. "Está en cuestión el desarrollo que
mata la vida en el planeta", definió Grzybowski, descartando como solución la
"economía verde", que a su entender es en realidad un capitalismo maquillado que
no altera los mecanismos de la tragedia.
Su propuesta es "ir más allá del FSM" y aprovechar la Conferencia Rio+20, que
actualizará el debate hecho en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio
Ambiente y Desarrollo realizada en 1992 en Río de Janeiro.
Las fuerzas sociales deben de organizar una fuerte participación, para
conquistar la alianza del gobierno brasileño a favor de cambios en los
paradigmas, pregonó.
Los problemas globales son inmensos y complejos, pero "el mundo no para, el
pueblo hace historia", como se comprueba en varios países árabes en estos días,
concluyó.