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(IAR
Noticias)
14-Abril-2011
El general Carter Ham anunció
el pasado miércoles 6 de abril ante el Comité de Relaciones Exteriores del
Senado que podrían enviarse a Libia tropas estadounidenses porque hay pocas
posibilidades de que el opositor Consejo Nacional de Transición (CNC) derrote a
las fuerzas leales al coronel Muamar Kadafi.
Por Chris Marsden - WSWS
Ham,
que dirigió la campaña aérea de la coalición contra Libia antes de que se hiera
cargo la OTAN, dejó claro que no estaba personalmente a favor de esa medida.
Respondía a las preguntas de senadores republicanos como John McCain, que han
sido mordaces respecto a lo que ellos denominan las tibias medidas de la guerra
contra Libia por parte del gobierno de Obama.
Preguntado sobre la posibilidad de que la oposición pudiera “abrirse paso” hasta
Trípoli y reemplazar a Kadafi, Ham respondió: “Señor, lo evaluaría como una baja
probabilidad”.
Presionado por McCain sobre si la situación estaba estancada o si estaba
“emergiendo un estancamiento”, Ham afirmó: “Senador, yo estaría de acuerdo con
eso en este momento”. Parece que un “estancamiento” es “más probable” en la
actualidad que al inicio de la campaña aérea del 19 de marzo, dijo.
McCain quiere que Estados Unidos abandone la pretensión de que el objetivo
directo de la guerra aérea no es un cambio de régimen. En su testimonio, Ham
dijo que el derrocamiento de Kadafi no estaba incluido en el mandato de la
misión de la ONU de proteger civiles en virtud de la Resolución 1973 del Consejo
de Seguridad. Estados Unidos, insistió, quería contar con medios diplomáticos y
de otro tipo para obligarle a dimitir.
Pero ante un probable estancamiento, aclaró, Estados Unidos puede considerar el
envío de tropas a Libia como parte de una fuerza terrestre internacional que
pudiera asistir a los rebeldes. “Sospecho que se puede estar considerando ello
de algún modo”, dijo ante el comité.
Advirtió de que la participación de Estados Unidos en una invasión por tierra
era problemática, ya que podría erosionar el apoyo dentro de la coalición
internacional, haciendo más difícil, en particular, que los regímenes árabes
sigan respaldando la guerra. “Mi opinión personal en este momento sería que
probablemente no es la circunstancia ideal, insisto, por la reacción regional
que tendría que Estados Unidos metiera sus botas sobre el terreno”, dijo.
La misión declarada de la expansión de la OTAN para derrocar a Kadafi requeriría
un “incremento muy significativo” del esfuerzo militar y “probablemente”
requiera tropas y espías de la coalición, añadió. Se necesitarían “fuerzas
militares para poder actuar en un plazo muy, muy corto”.
“Nos resultaría muy difícil encontrar socios dispuestos”, dijo, y “tendría un
efecto negativo en la Liga Árabe”.
Preguntado sobre la cuestión de armar y entrenar a los rebeldes, Ham dijo que
había “indicios de que algunas naciones árabes, de hecho, habían empezado a
hacerlo que en la actualidad”. Sin embargo, advirtió de que Estados Unidos
necesitaba estar seguro de quien estaba recibiendo armas antes de hacer lo
mismo. “Contamos con episodios en nuestra historia de intentos de aplicar la
fuerza militar para el cambio de régimen que han sido menos que satisfactorios”,
advirtió.
Citó el peligro de que militantes de Al-Qaida pudieran aprovechar algunos de los
alrededor de 20.000 misiles lanzados en Libia, lo que constituye “una
preocupación regional e internacional”.
Las declaraciones de Ham apuntaron una escalada de la guerra y reflejaron las
preocupaciones acuciantes de sectores militares y políticos estadounidenses.
Otras declaraciones emitidas por otros resultaron más perjudiciales para la
propaganda de Estados Unidos en aras de justificar el bombardeo de Libia aunque
recibieron mucha menos atención de los medios.
Richard N. Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y funcionario
del Departamento de Estado en los dos primeros años de la administración de
George W. Bush, rechazó la afirmación de que la intervención militar fuera
necesaria para evitar una masacre de civiles por parte del régimen de Kadafi.
“En primer lugar, no está claro que fuera inminente una catástrofe humanitaria
en la ciudad libia oriental de Bengasi”, afirmó en su discurso preparado para el
comité.
“No hubieron informes de masacres a gran escala en Libia hasta ese momento”,
continuó, “y la sociedad libia (a diferencia de Ruanda, por citar un precedente
de evidente influencia) no está dividida. Kadafi consideró a los rebeldes como
enemigos por razones políticas, no por sus asociaciones étnicas o tribales... no
hay pruebas que yo conozca de que los civiles hubieran sido per se blanco de
ataques a gran escala”.
En cuanto a la demanda de cambio de régimen, insistió, “los políticos
estadounidenses cometieron un error al pedir explícitamente al principio de la
crisis que se fuera Kadafi. Con ello, han conseguido que sea mucho más difícil
el empleo de la diplomacia para ayudar a alcanzar los objetivos humanitarios de
Estados Unidos sin necesidad de recurrir a la fuerza militar. Se eliminó el
incentivo que hubiera podido tener Kadafi para dejar de atacar a sus oponentes”.
Estados Unidos había asegurado que la guerra civil iría a más, Haass sugirió.
Añadió que “requerir la eliminación de Kadafi hace que sea más difícil en
realidad llevar a cabo la aplicación de la Resolución 1973 y detener el
combate”.
Haass advirtió de una reacción negativa de la opinión pública: “Algunas
intervenciones humanitarias pueden estar justificadas pero la falta de
coherencia no es gratuita ya que puede confundir a la opinión pública
estadounidense y decepcionar a la gente de otros países, en un proceso abierto
de acusaciones contra nosotros de hipocresía y dobles raseros”.
Se refirió críticamente de la contención del presidente Obama por la que “es
aceptable en principio intervenir militarmente en nombre de intereses
considerados menos que importantes” y librar “guerras de elección”. Haas dijo
que esas guerras podían justificarse pero eran claramente ilegales.
Al abordar cómo se puede ganar la guerra, dijo que Obama “está buscando
claramente que nuestros socios de la OTAN asuman el papel militar principal y ha
descartado la introducción de las fuerzas terrestres estadounidenses”. Pero,
subrayó, “el balance hasta la fecha señala un aumento de la participación de
Estados Unidos. La zona de exclusión aérea aumentó rápidamente con “operaciones
aéreas adicionales diseñadas para degradar las fuerzas del gobierno libio...
Ahora hay un interés evidente en armar a las fuerzas de la oposición”.
Haass concluyó: “La única manera de garantizar la sustitución del régimen actual
de Libia con algo notablemente mejor sería a través de la introducción de
fuerzas terrestres que estuvieran dispuestas a permanecer en el lugar para
mantener el orden y crear capacidades tras el derrocamiento del gobierno”. Se
opuso a esta alternativa y abogó por una “iniciativa diplomática” para lograr un
alto el fuego.
Dirk Vandewalle, autor de A History of Modern Libia y profesor en el Dartmouth
College, estaba a favor del cambio de régimen. No obstante, sus comentarios
sobre el impacto potencialmente ruinoso de la guerra fueron reveladores. Libia
ha sufrido un daño terrible, dijo, y existe un claro peligro de que pueda “caer
en una verdadera guerra civil que enfrentaría a las provincias occidentales y
orientales de Tripolitania y Cirenaica entre sí”.
Advirtió contra el “apoyo incondicional” a la oposición del Consejo Nacional de
Transición. “A pesar de que reclamen que representan al país entero”, dijo, “el
[CNC] hasta la fecha es nacional, una vez más, sólo en sus aspiraciones”.
Continuó: “Sólo aproximadamente 12 de sus miembros son conocidos; los otros, que
dicen representar geográficamente al resto del país, se mantienen en secreto por
temor a supuestas represalias por parte de Kadafi. No es de extrañar, a la luz
de las políticas de Kadafi, que ninguno sea una verdadera figura nacional capaz
de encabezar la lealtad de todas las provincias y de todas las tribus”.
Los liberales intervencionistas se alinearon con los republicanos
neoconservadores como los defensores más fervientes de la guerra en Libia. Tom
Malinowski, director en Washington de Human Rights Watch, se jactó de las
actividades de su organización en Libia en colaboración con fuerzas “que desde
entonces han ascendido a un puesto prominente de la oposición”.
Se opuso a cualquier aproximación crítica contra la oposición declarando incluso
que “lo que hemos visto desarrollarse en Libia no es, como algunos han sugerido,
una guerra civil clásica”. Argumentando en contra de Haass, insistió en que la
intervención ha impedido una masacre.
“Cuando las fuerzas de Kadafi lanzaron su contraofensiva contra los rebeldes en
el este a principios de marzo”, dijo, “temíamos que pudieran suceder atrocidades
a mayor escala si llegaban a Bengasi y a otras ciudades de la oposición más al
este. Pero la administración de Obama y sus aliados internacionales actuaron a
tiempo para evitar que ello sucediera”.
Volviendo a la cuestión de que las armas de los rebeldes libios acaben en manos
de extremistas islámicos, dijo que se trataba de una “legítima” preocupación
pero agregó: “Según nuestra experiencia, la gran mayoría de la gente de esta
parte de Libia no quiere tener nada que ver con el terrorismo”.
El impulso para ampliar la intervención militar occidental sobre el terreno en
Libia, a pesar de una orden de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad que
restringe tropas de ocupación, está ganando fuerza en Gran Bretaña, así como en
Estados Unidos. En un artículo publicado el viernes, The Daily Mail nombraba a
importantes figuras militares que han propuesto al primer ministro, David
Cameron, la participación de mercenarios “para entrenar y dirigir las fuerzas de
oposición hacia la capital, Trípoli, en una batalla para poner fin al
estancamiento militar”.
The Daily Mail decía:
“Está claro que no podemos ganar la guerra desde el aire”, afirmó ayer de manera
implacable una fuente militar. “Atacaremos objetivos desde el aire y ellos [los
mercenarios] harán el trabajo sobre el terreno”.
Los países árabes también pagarían por [utilizar] ex miembros del servicio aéreo
especial y ex soldados de las fuerzas especiales de Estados Unidos que trabajan
para empresas de seguridad privada para entrenar y dirigir fuerzas de oposición.
Aunque los miembros activos de los servicios aéreos especiales (SAS, en sus
siglas en inglés, británicos) y miembros del Servicio Especial de Barcos (SBS)
no estarían formalmente vinculados con los rebeldes, a decenas de ellos se les
podría dar un permiso de larga duración que les permitiese obtener un lucrativo
empleo privado para combatir en Libia. Actuarían como controladores aéreos
avanzados controlando los ataques aéreos aliados para despejar el camino hacia
el avance de los rebeldes a Trípoli.
The Daily Mail considera que las disposiciones inconvenientes de la Resolución
1973 del Consejo de Seguridad podrían burlarse fácilmente. Afirmaba: “El Fiscal
General Dominic Grieve declaró en una reunión del Consejo Nacional de Seguridad
el mes pasado que el Reino Unido podría justificar la asistencia e incluso las
armas a los rebeldes si se pudiera demostrar que estaban ayudando a salvar vidas
de civiles. Lo mismo se aplicaría a un personal reducido, siempre y cuando no
constituyan una fuerza de ocupación”.
Traducción para Rebelión de Loles Oliván
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