El
suceso en cuestión fue descrito en un discurso del director ejecutivo de Pimco
Paul McCulley, en la decimonovena edición de la Annual Hyman Minsky Conference
on the State of the U.S. and World Economies (Conferencia Anual Hyman Minsky
sobre el estado de las economías de los EEUU y el mundo. N.delT.). Este es un
extracto de la exposición de McCulley:
"Si hubiera que elegir un día para lo que fue el Momento Minsky, éste fue el 9
de agosto. Y, de hecho, no ocurrió aquí en los EEUU. Ocurrió en Francia, cuando
el Paribas Bank (BNP) dijo que no podía valorar los paquetes de activos
hipotecarios tóxicos en tres de sus productos de inversión fuera de balance, y
que debido a ello los inversores, quienes creían que podían salir en cualquier
momento, estaban atrapados. Recuerdo ese día tan bien como el cumpleaños de mi
hijo. Y esto último ocurre una vez al año. Porque el desastre en cadena empezó
ese día. De hecho, fue algo más tarde ese mismo mes cuando acuñé el término
"Sistema Bancario Paralelo" durante el simposio anual de la FED en Jackson Hole.
"Era solamente el segundo año que yo asistía al simposio. Me sentía algo
sobrecogido, y básicamente me dediqué a escuchar la mayor parte de los tres
días. Al final… me levanté y (parafraseando) dije 'Lo que está pasando es bien
simple. Tenemos una fuga en el ‘Sistema Bancario Paralelo’ y el único
interrogante es cómo de rápido va a retroalimentarse a medida que sus activos y
sus obligaciones vayan regresando a los balances del sistema bancario
convencional."
BNP ha estado llevando a cabo actividades de intermediación crediticia, es
decir, cambiaba activos que se constituían con garantías de paquetes
hipotecarios (MBS, por sus siglas en inglés) por préstamos a corto plazo en los
mercados de derivados. Suena todo muy complicado, pero no es algo distinto a lo
que hacen los bancos cuando toman los depósitos de sus clientes y los invierten
en activos a largo plazo. La única diferencia en este caso es que estas
actividades no estaban reguladas, así que no había ningún organismo del gobierno
encargándose de determinar la calidad de los préstamos o asegurándose de que las
distintas entidades financieras estaban suficientemente capitalizadas para
cubrir las eventuales pérdidas. Esta falta de regulación acabó por tener
consecuencias catastróficas para la economía mundial.
Pasó casi todo un año desde que el impago de las hipotecas subprime empezase a
propagarse en masa, hasta que el mercado secundario (donde se intercambiaban
estos activos "tóxicos") se colapsó. El problema era simple: nadie sabía si las
hipotecas que había detrás eran o no seguras, así que se hacía imposible
ponerles un precio a los activos (MBS). Ello creó lo que el profesor de Yale
Gary Gorton llama un problema de e. coli (el nombre genérico para las bacterias
que producen enfermedades como la salmonella. N.delT.), es decir, aunque solo se
contamine una pequeña cantidad de carne, millones de libras de hamburguesas
tienen que ser retiradas del mercado. La misma regla se aplica a las MBS. Nadie
sabía cuáles de ellas contenían los malos préstamos, así que el mercado entero
se paralizó y billones de dólares de garantías empezaron a perder valor.
Las subprime fueron la chispa que prendió la mecha, pero el mercado de las
subprime no era lo suficientemente grande para hundir todo el sistema
financiero. Ello requería mayores temblores en el sistema bancario paralelo.
Este es un extracto del artículo de Nomi Prins que explica de cuánto dinero se
trataba:
"Entre el año 2002 y el comienzo de 2008, aproximadamente 1,4 billones de
dólares en hipotecas subprime correspondían a prestatarios que han quebrado como
New Century Financial. Si esos préstamos fuesen nuestro único problema, sobre el
papel la solución hubiese sido que el gobierno subsidiase esas hipotecas hasta
un coste máximo de esos 1,4 billones de dólares. Sin embargo, y según Thomson
Reuters, casi otros 14 billones de dólares en productos financieros complejos se
crearon a partir de esas hipotecas, precisamente porque los fondos de inversión
animaron a que se llevara a cabo tanto su producción como su dispersión. De este
modo, cuando se llegó al máximo de desembolso público en julio de 2009, el
gobierno había tenido que poner 17,5 billones de dólares para sostener la
pirámide de Ponzi de Wall Street, en lugar de esos iniciales 1,4 billones ("Shadow
Banking", Nomi Prins, The American Prospect)".
El sistema bancario paralelo se creó para que las grandes instituciones
financieras que disponían de mucha liquidez tuviesen algún sitio donde poner su
dinero a corto plazo y obtener la máxima rentabilidad. Por ejemplo, digamos que
a Intel le sobran 25.000 millones de dólares en efectivo. Puede entregar el
dinero a un intermediario financiero como Morgan Stanley a cambio de una
garantía (los MBS o los ABS), y sacar a cambio un rendimiento razonable por su
préstamo. Pero si aparece algún tipo de problema y se cuestiona la calidad de la
garantía, entonces los bancos (en este caso Morgan Stanley) se ven forzados a
llevar a cabo recortes y más recortes que pueden acabar colapsando el sistema
entero. Eso es lo que pasó en el verano de 2007. Los inversores descubrieron que
muchas de las subprime eran fraudulentas, así que miles de millones de dólares
se retiraron rápidamente de los mercados financieros, y la FED tuvo que
intervenir para evitar que el sistema se colapsara.
La regulación se establece para asegurar que el sistema funcione adecuadamente y
para proteger a la gente ante el fraude. Pero la actividad bancaria es más
provechosa cuando no hay reglas, así que los líderes del sector y sus grupos de
presión han estado tratando de impedir los esfuerzos para introducir reformas.
Y, en general, lo han conseguido. La ley Dodd-Frank (de reforma del sistema
financiero) está plagada de lagunas y no resuelve realmente los problemas
cruciales de la calidad de los préstamos, la disponibilidad de capital y le
minoración de los riesgos. Los bancos siguen pudiendo conceder tranquilamente
hipotecas a personas desempleadas con muchas posibilidades de no poder pagarlas,
igual que hacían antes de la crisis. Y siguen pudiendo utilizarlas para producir
complejos instrumentos de deuda sin mantener ni siquiera un mísero 5% del valor
original del préstamo (esta cuestión sigue en disputa, de hecho). Además, las
agencias gubernamentales no podrán forzar a las instituciones financieras a que
incrementen su capitalización a pesar de que sigue habiendo el peligro de que
una pequeña sacudida en el mercado pueda hacerles quebrar y poner en serio
peligro el resto del sistema. Wall Street se ha salido de nuevo con la suya y
ahora la oportunidad para un nuevo impulso regulador ha ya pasado.
El Presidente Barack Obama entiende donde radica el problema, pero también sabe
que no va a ser reelegido sin el apoyo de Wall Street. Es por ello que hace sólo
2 semanas prometió en el Wall Street Journal que seguiría reduciendo la
"gravosa" regulación que afecta a Wall Street. Su columna trataba de anticiparse
a la publicación del informe final de la Comisión de Investigación de la Crisis
Financiera (FCIC, Financial Crisis Inquiry Commission), el cuál posiblemente
hará recomendaciones de que se refuerce la regulación pública del sector. Obama
torpedeó ese esfuerzo al ponerse del lado de las grandes finanzas. Ahora es
cuestión de tiempo hasta que haya otro crack.
Este es un extracto de un informe especial del Banco Federal de Nueva York sobre
el sistema bancario paralelo:
"En la víspera de la crisis financiera, el volumen de crédito intermediado por
el sistema bancario paralelo era próximo a los 20 billones de dólares, es decir
casi el doble de los 11 billones que intermediaba el sistema bancario
tradicional. Hoy, esas mismas cifras son de 16 billones y 13 billones
respectivamente… la debilidad de los proveedores de fondos al por mayor no
sorprende cuando solamente se dispone de muy poco capital que respalde sus
carteras de activos y en cambio los inversores tienen cero tolerancia a las
pérdidas ("Shadow Banking", Federal Reserve Bank of New York Staff Report)".
Así que cuando Lehman Brothers se desintegró, entre 4 y 7 billones de dólares
simplemente se convirtieron en humo. ¿Cuántos millones de empleos se perdieron
debido a una mala regulación? ¿Cuánto se redujo el PIB, la productividad y la
riqueza nacional? ¿Cuántas personas viven ahora de los cheques de comida
estatales, o duermen al raso, o tratan de evitar la quiebra de sus negocios
porque unas instituciones financieras desreguladas pudieron dedicarse a la
intermediación del mercado de crédito sin que el gobierno las supervisara?
Irónicamente, la Reserva de Nueva York ni siquiera trata de negar el origen del
problema: la desregulación. Ahí va lo que dicen en su informe: "Manejar la
regulación fue la razón última de la existencia de muchos bancos en el sistema
paralelo". ¿Qué quiere decir eso? Pues que Wall Street sabe perfectamente que es
más fácil ganar dinero si se quitan las reglas… las mismas reglas que protegen
al público de la depredación por parte de especuladores y avariciosos.
La única forma de arreglar el sistema es someter a la necesaria regulación a
cualquier institución que actúe como un banco. Sin excepciones.
(*)Mike Whitney es un analista político
independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la
revista norteamericana CounterPunch.
Traducción para www.sinpermiso.info: Xavier Fontcuberta i Estrada