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(IAR
Noticias)
18-Mayo-2011
Israel calculó mal. Creyó que mantendría bajo control el día
de la Nakba (catástrofe), conmemorada con tres jornadas de movilizaciones que
culminaron con La Gran Marcha, en recuerdo del desplazamiento masivo de
palestinos que 63 años atrás marcó el nacimiento del Estado judío.
Por Mel Frykberg - IPS
Esos
tres días de duelo, señalados por protestas, manifestaciones, marchas y
disturbios, culminaron el domingo en La Gran Marcha. Miles de refugiados
palestinos desarmados marcharon por las fronteras de Israel desde Cisjordania,
Gaza, Líbano, Siria, Jordania y Egipto.
En Siria, decenas se las arreglaron para escalar el muro fronterizo y cruzar
hacia las alturas del Golán, anexadas por Israel. El ejército israelí mató a
tiros a unos 14 manifestantes de Líbano y Siria, acusando a las fuerzas
libanesas de ser responsables de las muertes de sus propios compatriotas.
Estos cruces de fronteras tomaron por sorpresa a funcionarios de inteligencia y
de seguridad de Israel. Esperando manifestaciones masivas dentro de los
territorios ocupados y de Israel mismo, miles de policías antidisturbios fueron
puestos en alerta extrema en áreas donde preveían enfrentamientos. Pocos
soldados se encargaron de las fronteras norteñas.
Las fuerzas de seguridad de Egipto y Jordania impidieron que cientos de
simpatizantes propalestinos cruzaran hacia Israel. La policía egipcia utilizó
métodos de dispersión contra miles de manifestantes que, en Alejandría y El
Cairo, protestaban fuera de la embajada y el consulado de Israel.
Mientras, miles de palestinos resultaron heridos en Cisjordania y Gaza.
Efectivos israelíes apuntaron sus metralletas contra cientos de palestinos
desarmados, muchos de ellos mujeres y niños, al acercarse al cruce de Erez, en
el norte de la franja de Gaza. Hubo un palestino muerto y decenas de heridos
graves.
IPS pasó el domingo en el cruce de Qalandia, en la ocupada Jerusalén oriental.
En el transcurso del día, ambulancias con sus sirenas sonando iban de un lado
para otro mientras luchaban para negociar el paso en las calles, donde unos
1.000 palestinos jóvenes se enfrentaron con cientos de soldados israelíes, así
como con policías antidisturbios y encubiertos.
La quema de neumáticos despedía un humo negro que se mezclaba con las nubes de
gas lacrimógeno. Decenas de palestinos fueron tratados por complicaciones
derivadas de inhalar ese gas, y algunos sufrieron ataques mientras los médicos
comentaban la inusual intensidad del gas.
Decenas de otros palestinos fueron tratados por las heridas que recibieron de
las balas de acero recubiertas de goma, disparadas de una distancia cercana.
Los enfrentamientos de Qalandia, que continuaron hasta la noche, estuvieron
marcados por implacables oleadas de hombres jóvenes que se acercaron al puesto
de control hasta que el gas y las balas de goma los hicieron retroceder. La
atmósfera desafiante se caracterizó por lo que parece ser una nueva unidad de
propósito.
Uno de los manifestantes enmascarados que hizo un alto para comer un sandwich y
tomar agua dijo a IPS que luchará contra los israelíes hasta el final.
"Quieren expulsar a mis abuelos de su casa en Sheikh Jarrah, en Jerusalén
oriental. ¿Acaso nosotros deberíamos sentarnos cruzados de brazos? No lo creo",
dijo a IPS.
Mientras observaba los enfrentamientos, Yazen, dueño de un comercio de
parabrisas, declaró a IPS que "otro levantamiento palestino (Intifada) está en
camino".
En la primera Intifada, Yazen pasó seis años en una prisión israelí. Su hermano
cumple actualmente una condena de 17 años por resistencia militar a la
ocupación.
Activistas de los dos principales partidos palestinos, Fatah y Hamás (acrónimo
árabe del Movimiento de Resistencia Islámica) se mantuvieron firmes mientras
autobuses cargados de palestinos de otras ciudades y poblados de Cisjordania se
unían a ellos.
Los comercios ubicados a lo largo de la calle se convirtieron en improvisadas
clínicas, mientras equipos de médicos palestinos trataban a los heridos en el
piso. Los comerciantes, que decidieron no trabajar ese día, permitieron a los
manifestantes refugiarse de las balas y del gas y les dieron agua y pañuelos.
Trabajadoras en el hogar salieron a repartir papas y cebollas picadas, antídotos
contra el gas lacrimógeno, mientras los manifestantes iban en ayuda de sus
camaradas heridos.
Aunque la saturación de la cobertura de los medios internacionales en Qalandia y
otros puntos álgidos probablemente garantizó que las fuerzas israelíes se
contuvieran, en otras áreas más alejadas de la mirada mediática se las acusó de
usar tácticas de intimidación y afán de venganza al tratar con los
manifestantes. El viernes, durante protestas contra el muro que separa
Cisjordania de Israel en la aldea de Nabi Saleh, cerca de Ramalah, una lata de
gas lacrimógeno lanzada de muy cerca impactó en la cabeza a un ciudadano
estadounidense. El hecho parece ser un ataque deliberado de las fuerzas
israelíes.
El hombre resultó gravemente herido por el golpe y lo llevaron al hospital.
Según el derecho israelí, esos recipientes de alta velocidad deben dispararse
hacia arriba, formando un arco, a no menos de 40 metros de distancia, debido a
su naturaleza letal.
En los últimos años, otros varios ciudadanos estadounidenses padecieron daños
cerebrales e incluso perdieron un ojo a raíz de ataques similares. Incontables
palestinos han muerto o quedado heridos en incidentes idénticos.
Un activista israelí que se fracturó un brazo cuando soldados israelíes
dispararon contra él, tuvo que caminar varios kilómetros por un terreno
escarpado para recibir tratamiento médico luego de que el comandante a cargo de
Nabi Saleh impidió que las ambulancias se hicieran presentes para evacuar a los
heridos.
La inteligencia israelí había pronosticado que el domingo habría disturbios,
pero de modo confidencial señaló que serían limitados y que no se saldrían de
control.
Sin embargo, parece haberse equivocado. Los expertos predicen el posible
estallido de una tercera Intifada (la primera fue en 1987 y la segunda en 2000)
para septiembre, cuando la Autoridad Nacional Palestina presente su reclamo de
un Estado independiente ante la Organización de las Naciones Unidas.
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