Las pérdidas millonarias registradas
por el banco suizo UBS debido a operaciones no autorizadas y la necesidad de
controles bancarios más severos son comentadas por editorialistas.
IAR
Noticias
/
Deutsche Welle
Süddeutsche
Zeitung, de Múnich: “Entretanto, las instituciones bancarias de todo el
globo tienen que hacer malabarismos con sumas apocalípticas que escapan a la
imaginación de la mayoría de las personas. La gente se siente a merced de los
mercados financieros, cuyos mecanismos no entienden y apenas están en
condiciones de entender. Y eso no sólo se aplica al ciudadano común. El nuevo
caso del banco suizo UBS, que perdió dos mil millones de dólares en negocios
especulativos, demuestra que no se puede confiar en lo que dicen los bancos. Es
evidente que el manejo del riesgo de, al menos, esta institución sigue siendo
deficiente a pesar de los escándalos y crisis financieros. Con todo, el UBS no
es una agrupación de baja estofa, sino que era considerado un símbolo de
solidez. Hasta que, durante la crisis financiera, cayó en bancarrota y tuvo que
ser rescatado por los contribuyentes. Se podría pensar que, después de semejante
experiencia límite, los bancos deberían tomar severas medidas de control.”
"El síndrome Swissair"
Basler Zeitung, de Basilea: “En lugar de adaptar el tamaño del
banco suizo UBS a la disminución de la demanda y devolver el capital a los
accionistas, los grandes bancos siguen buscando nuevos campos de acción para sus
negocios. En su búsqueda, se les ocurren ideas aparentemente inofensivas que
rápidamente podrían convertirse en peligrosas. (…) El operador del UBS debe
haber negociado un enorme volumen como para llegar a semejante pérdida. Y
seguramente lo hizo con el beneplácito de sus jefes, ya que el negocio deja sólo
un pequeño margen de ganancia. La compañía aérea Swissair siguió la misma ruta
hace diez años, hasta que se estrelló. En lugar de abandonar la guerra de
precios y limitarse a un modelo económicamente sensato, Swissair trató de
salvarse a través de la expansión. Y ese ‘Síndrome de Swissair' ha contagiado
ahora al sector financiero.”
“La paciencia tiene un límite”
Neue Zürcher Zeitung, de Zúrich: “Cabe recordar que tampoco los
bancos operan aislados de la realidad. Son parte de los Estados y de sus
ciudadanos. Y vivir en democracia significa que las mayorías –por más
impredecibles que sean- puedan sentar normas para poner límites a la libre
empresa. (…) Sería de desear que los bancos pongan por fin en práctica la
lección aprendida acerca de que no es posible hacer buenos negocios sin un
anclaje estable en la sociedad. La competitividad internacional de los mercados
europeos no será dañada, a largo plazo, por un control más estricto del capital
propio sino por la pérdida de reputación, respeto y apoyo de la opinión pública,
cuya paciencia tiene un límite.”
“El que paga es el contribuyente”
Hospodarske Noviny, de Praga: “El principio es siempre el mismo. A
la caza de ganancias 'seguras' a futuro se transgreden las reglas sin
consideración por las pérdidas ocasionadas en el presente. En 1994, Nick Leeson
llevó a la ruina a uno de los bancos británicos más antiguos, y ahora Kweku
Adoboli ha causado un perjuicio de, supuestamente, dos mil millones de dólares
al gigante suizo UBS. (…) Pero si se observa a los mercados, se constata que los
bancos se comportan tan arriesgadamente como sus operadores. (…) La diferencia
consiste en que, en los casos individuales de fraude, los operadores bancarios
son condenados a prisión. En cambio, cuando se trata de los bancos, se habla de
que los mercados correrían un riesgo inevitable. Con esa lógica, no se castiga
por las pérdidas de los bancos a su personal directivo, sino a los
contribuyentes.”