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Noticias)
26-Mayo-2011
Al cumplirse un año de la
explícita y radical sumisión del gobierno socialista del señor Zapatero a los
mercados financieros internacionales, y en plena campaña electoral para
distintos comicios locales y autonómicos, el sonoro aldabonazo del movimiento
del 15 de mayo ha eclipsado en un abrir y cerrar de ojos la aburrida y huera
publicidad comercial que los partidos políticos españoles venían formulariamente
presentando como genuina propaganda política.
Por Antonio Domènech (*) - Revista Sin Permiso
Bastaron tres jornadas de masivas acampadas en Puerta del Sol, Plaça de Catalunya y otras plazas emblemáticas de las grandes y menos grandes
ciudades españolas hermanadas en una formidable protesta, para barrer de un
seco escobazo y sacar de la atención pública al energuménico hooliganismo
futbolístico, a los vulgares lugares comunes de tertulianos de toda laya, al
mediocre oportunismo rutinario de los columnistas de cámara, al cansino
degoteo mediático de los habituales peritos académicos en legitimaciones
varias o al involuntario humorismo de los histriones partidistas de turno,
agitadores de las pasiones más feas: las insinceras. Y por supuesto, a los
máximos dirigentes de los dos partidos mayoritarios, Zapatero (PSOE) y Rajoy (PP),
que baten todas las marcas posibles de impopularidad: cerca del 75% de la
población española declara desconfiar de ellos.
La inopinada irrupción del movimiento del 15 de mayo se ha convertido en el
centro indiscutible de la vida política española, colocando a nuestro pais en
la portada de todos los grandes medios de comunicación internacionales y
suscitando, según todas las encuestas formales e informales, un caudal
irrepresable de simpatía entre las más amplias capas de la población.
Su radicalidad no ofrece duda: "Error del sistema. ¡Reiniciar!", "No somos
antisistema; el sistema es antinosotros".
Su vocación política y democrática, tampoco: "¿Apolíticos? ¡Superpolítcos!",
"¡Democracia real, ya!", "Basta de falacia; queremos democracia", "La
democracia no está muerta", "Nosotros tenemos el poder, no los políticos",
"Reforma de la antidemocrática ley electoral", "Tu voto vale mucho, no lo
regales".
De su capacidad para identificar con precisión al adversario, queda cumplida y
humorística constancia: "No son humoristas; son empresarios", "No hay pan para
tanto chorizo", "Violencia son 600 euros al mes", "Que no nos engAAAñen, que
nos digan la verdad", "Tu Botín, mi crisis", "Juntos y organizados, podemos
contra los mercados", "Queremos un pisito, como el principito".
Y sobre todo y ante todo, ese profundo, certero y demoledor: "¡No somos
mercancía en manos de políticos y banqueros!".
Muchos analistas y comentaristas que buscaron denodadamente al comienzo
ningunear con estudiada displicencia al movimiento, cuando no –como los
recrecidos medios de comunicación de la extrema derecha neofranquista
madrileña— difamarlo groseramente, se preguntan farisaicamente ahora por la
"alternativa" que el 15-M ofrece a la desastrosa situación política, social y
económica de la que ha nacido. Huelga decir que la pregunta es retórica: sirve
sólo para sugerir que no la tiene.
Sin embargo, dado que –como es ya unánimente reconocido— sólo en las
multitudinarias acampadas en las ciudades españolas hermanadas en la
indignación insumisa se ha hablado y discutido de verdad de política; dado que
sólo en ellas, mejores o peores, se han hecho verdaderas propuestas políticas,
en vez de las hueras declamaciones, rutinariamente urdidas con técnicas de
engañosa publicidad comercial, características de las vallas y de los mítines
plebiscitarios para forofos y clientes de los partidos establecidos. Dado eso,
el movimiento del 15 de mayo se ha ganado sobradamente el derecho a que la
pregunta pertinente sea precisamente la inversa, y es a saber: ¿cuál es la
alternativa al movimiento democrático del 15 de mayo?
Crisis económica y abdicación de la democracia: a qué responde el movimiento
del 15-M
La crisis que hundió al capitalismo financiarizado mundial en 2008 se ha
enquistado; lejos de debilitar a las elites económicas, sociales, políticas y
espirituales propiciadoras del desastre, parece estar terminando en Europa por
robustecerlas y aun situarlas en una posición de ofensiva.
Se ha consolidado una coalición de intereses espurios resueltos a poner jaque
a la pervivencia de los restos del Estado Democrático y Social de Derecho en
el espacio económicamente integrado más grande del mundo.
A veces irresponsable, si no taimadamente: como cuando se propone desmantelar
ese Estado so pretexto de defenderlo o aun de garantizar su "futuro a largo
plazo". Otras, abierta y expresamente: como cuando se declara que en un mundo
"globalizado" y "ferozmente competitivo" ya no podemos permitirnos el "lujo de
un Estado de Bienestar".
Los pretendidos visionarios que sostienen hoy eso desde todos los foros y
altavoces que interesadamente les proporcionan en régimen de práctico
monopolio los grandes medios de comunicación del sistema –privados y públicos—
son exactamente los mismos que fueron incapaces de predecir y no digamos
comprender y manejar la gran crisis que estalló ante su atónita mirada en el
verano de 2008. Salvo en Islandia –y contra el criterio del grueso de su
"clase política": verdes, liberales, conservadores y socialdemócratas—, no
sólo nadie les ha exigido responsabilidades por sus yerros y por sus delitos,
sino que siguen al mando. Y ahora pretenden aprovechar políticamente la
ocasión que les brinda una catástrofe económica de la que ellos mismos son o
cómplices o desencadenantes principales.
Sean cuales fueren sus limitaciones históricas y sus insuficiencias
normativas, no puede dejar de verse la construcción del Estado Social y
Democrático de Derecho en la Europa de la postguerra como uno de los logros
capitales de las fuerzas democráticas que derrotaron política, social y
militarmente a unos fascismos europeos que habían buscado la destrucción
física del movimiento obrero organizado y la erradicación de los grandes
valores republicanos, laicos y racionalistas de la Ilustración,
paradigmáticamente encarnados en Europa por ese movimiento.
Se puede recordar que el socialista y resistente francés Pierre Mendès France
identificó en 1957 dos formas de posible abdicación de la democracia
republicana antifascista de postguerra:
"La abdicación de una democracia puede tomar dos formas: o bien recurre a una
dictadura interna, sometiendo todos los poderes a un hombre providencial, o
bien delega sus poderes a una autoridad externa que, en nombre de la técnica,
ejercerá en realidad el poder político, porque en nombre de una economía sana
se llega muy fácilmente a dictar una política monetaria, presupuestaria,
social y, finalmente, una política en el sentido más amplio de la palabra,
nacional e internacional". [1]
Cuando tantos y tantos participantes en el movimiento del 15 de mayo dicen con
inequívoca claridad: "nosotros no hemos votado a los mercados financieros a
los que se someten los políticos", están precisamente refiriéndose a esa
segunda forma de abdicación de la democracia, anticipada hace más de 50 años
por el gran resistente antifascista. Que los indignados son perfectamente
conscientes de eso, lo prueba, por ejemplo, este estupendo guiño de los
acampados en Puerta del Sol al antifascismo histórico español: "Madrid será la
tumba del neoliberalismo. ¡No pasarán!"
¿Cómo se ha llegado hasta aquí?
Paralelamente a la construcción de una Unión Europea mal concebida
políticamente, hemos asistido más o menos pasivamente en la Europa de las
últimas tres décadas al progresivo desmoronamiento de la gran alianza política
y cultural antifascista de postguerra y a la estupefaciente quiebra de unos
consensos básicos que hasta anteayer parecían conquistas civilizatorias
históricamente irreversibles. No por casualidad, ha tenido que ser un
nonagenario resistente antifascista, Stéphane Heyssel, quien tocara a rebato
en un librito que en pocas semanas se ha convertido en un superventas europeo:
¡Indignaos!
Hemos asistido a la cristalización de fuerzas económicas, políticas e
intelectuales inconfundiblemente herederas de aquellas que sembraron el terror
y buscaron por todos los medios acabar con la democracia republicana y con la
soberanía de los pueblos en la Europa de la primera posguerra del sigo
pasado: parasitarios rentistas inmobiliarios, despóticos "monarcas
financieros" –como atinadamente los llamó en su día Roosevelt—,
megaempresarios ventajistas, mediocres políticos melifluamente sometidos al
gran dinero, politizadísimos magnates de los medios de comunicación y
manipulación de masas, jueces banderizos, académicos irresponsables ofrecidos
al mejor postor e intelectuales convenientemente repartidos entre la enésima
pataleta reaccionaria contra la supuesta decadencia moral de nuestra sociedad
y de nuestros jóvenes y el narcisista coqueteo con el abismo. Como en la
Europa de los años treinta.
A eso se añade en nuestro país la gazmoña involución de la jerarquía
eclesiástica, así como el acelerado regreso, en cierta prensa abiertamente
reaccionaria, no menos que en determinados sectores del poder judicial, de la
más soez y desvergonzada deriva españolista conscientemente separadora de
pueblos, naciones y nacionalidades históricamente hermanados, entre muchas
otras cosas, por siglos de común resistencia a la opresión de un mediocre
centralismo monárquico, apenas mitigado en su despótica arbitrariedad política
por una inveterada ineficiencia burocrática. La transición política hacia un
régimen de libertades públicas que siguió a la extinción del franquismo no
logró cambiar eso en lo substancial: pues el único motivo inteligible por el
que todavía hoy – más de 35 años después de muerto el dictador, 30 años
después del 23F— no se permite a vascos, catalanes, gallegos, canarios o
quienquiera ejercer el elemental derecho democrático de autodeterminación es
que ese mismo derecho les ha sido radicalmente negado a sus hermanos del
conjunto de los pueblos de España con la imposición incontestable y
pretendidamente irreversible de una forma de Estado tan arcaica como la
monárquica.
También como en los años 30 del siglo pasado, crece día a día hoy en Europa el
descrédito de la política y de los representantes políticos profesionales.
Como entonces, la ciudadanía se percata con mayor o menor claridad de la cada
vez más evidente impotencia de la política politizante establecida ante
fuerzas económicas y sociales ciegas, que no anónimas –ahora las llaman
"mercados"—, a las que el grueso de los políticos se han ido paulatinamente
allanando como si de furias mitológicas inexorables se tratara. (Su símbolo
animado, mira por dónde, ha sido esta misma semana Dominique Strauss Kahn, el
maníaco sexual al volante de un Porsche, con pensión vitalicia del FMI.) Y
eso, cuando no se someten a esas fuerzas de grado, o aun con notorio beneficio
particular gracias a las fluidas puertas giratorias que se han ido abriendo en
las últimas décadas "globalizadoras" y "desreguladoras" entre la política
profesional y el exclusivo pequeño mundo de los grandes negocios privados:
Berlusconi, claro, pero no sólo; en su medida, también Aznar, Felipe González,
Pedro Solbes, Joschka Fischer, Gerhard Schröder, Tony Blair, Sarkozy...
El programa alternativo al movimiento del 15 de mayo, condensado en 10 puntos
El creciente divorcio entre la política institucional y las angustiosas
realidades sociales de nuestro tiempo es innegable; las encuestas de opinión
son unánimes al respecto: la gente se percata. Lo que explica en buena medida
la inmensa simpatía espontáneamente despertada entre la población española y
europea por el movimiento del 15 de mayo, la #spanishrevolution.
Felipe González, que de eso debe de saber mucho, ha dejado dicho que el
parecido entre Puerta del Sol y la Plaza Tahrir es que en esta última luchaban
porque no podían votar, mientras que en la primera luchan porque "su voto no
sirve para nada". Pues bien; esa tendencia, percibida como crisis extrema de
la representatividad, anuncia, de proseguir, todo un programa político. Y a
decir verdad, el programa que es la única alternativa real al desarrollo del
movimiento del 15 de mayo.
¿Cuál es ese programa?
De la publicidad comercial vestida de propaganda política oficial, no hay
forma de colegirlo. Así que es mejor atenerse a las obras de los
autosatisfechos "representantes", siguiendo en eso el sabio consejo
metodológico del "no lo saben, pero lo hacen" de Marx, aventajado discípulo en
ésta y otras varias cosas de nuestro Calderón de la Barca:
"sueña el que a medrar empieza, / sueña el que afana y pretende, / sueña el
que agravia y ofende, / y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que
son, / aunque ninguno lo entiende."
De seguir todo igual, de no existir el movimiento del 15-M, y lo entiendan o
no quienes "agravian y ofenden", sus hechos, sus obras, dibujan nítidamente un
programa que se puede formular contrafácticamente en 10 puntos:
1) Mantenimiento de una ley electoral obscenamente antidemocrática.- Se
mantendría la actual ley electoral antidemocrática, condenando definitivamente
a la marginalidad, entre otras voces políticas disidentes, a la tercera fuerza
política española (Izquierda Unida e ICV, que, conservando milagrosamente
todavía un millón de votos, tiene ahora mismo sólo dos diputados, tres veces
menos que el minúsculo PNV socialcristiano.) [2]. En el mejor de los casos,
asistiríamos a la conversión definitiva de la política profesional en el
perverso arte "antipopulista" de llevar a unos pueblos inermes adonde
manifiestamente no quieren ir. En el peor, a la aparición de nuevas fuerzas
políticas "populistas" de derecha –dentro o fuera de los partidos políticos
existentes— que busquen quebrar la resistencia de los pueblos y llenar aquel
hiato con mensajes demagógicos atizadores de las peores pasiones que puedan
despertarse en unas poblaciones sin horizonte de futuro, más y más hundidas en
la desesperación, el abandono, la impotencia, la segregación y el
desconcierto. Y en ambos casos, ya incruenta, ya cruentamente, el camino a la
defintiva liquidación en nuestro país –y en nuestro continente— del grueso de
los modestos logros históricos de la democracia europea, hija del
antifascismo, quedaría expedito.
2) Eclipse definitivo de los sindicatos y de la izquierda social y política
tradicional.- Los sindicatos obreros prosegurían su autodestructiva táctica
del mal menor, y crecientemente desacreditados, el destacado papel que el
antifacsismo de postguerra les reconoció en la vida pública democrática
resultaría finalmente pulverizado y aventado. Los partidos de izquierda
perjudicados por la antidemocrática ley electoral, condenados más y más a la
marginalidad política, seguirían perdiendo votos (razonablemente percibidos
como "inútiles" por sus votantes habituales), adentrándose más y más en un
ambiente anóxico, autodestructivamente cocido en su propio jugo, prisioneros
de consignas tan acartonadas como fratricidamente esgrimidas. El volumen de la
abstención consciente del electorado de izquierda crecería vigorosamente, y a
tal punto, que terminaría por dañar grave y acaso irreversiblemente al propio
PSOE como partido con remotas posibilidades de gobierno.
3) Un infierno privatizador que convertiría a nuestra economía en un denso
mosaico de puestos de peaje a mayor gloria y ganancia de una improductiva
pandilla de rentistas parasitarios.- Triunfaría un vigoroso asalto a los
bienes públicos y comunes de tamaña extremidad, que para buscar un precedente
histórico habría tal vez que remontarse al violento movimiento cercador y
privatizador de tierras que se registró en la Europa tardomedieval e
incipientemente moderna. La demencial Ley Sinde, impuesta por la diplomacia
norteamericana al gobierno de España –como han revelado las filtraciones de
Wikileaks—y servilmente aprobada con los votos de PSOE, PP y CiU, quedaría en
una simple anécdota. Nuestra economía se convertiría entonces, y por lo
pronto, en un acúmulo de puestos de peaje, en donde habría que pagar precios
innecesariamente caros, no ya para estudiar o para recibir asistencia médica,
sino hasta para beber agua potable y respirar aire puro: todo a mayor gloria y
ganancia de una pandilla de banqueros, compañías aseguradoras, especuladores
inmobiliarios y financieros y todo tipo de empresarios rentistas improductivos
"globalizados", usurpadores privados de monopolios públicos naturales o
morales. La "competitividad" internacional de la economía española quedaría
gravemente comprometida por el incremento del coste general de la vida
dimanante de la conversión de nuestro país en el infierno privatizador de ese
denso mosaico de peajes rentistas parasitarios, por lo mismo que públicamente
concedidos, prontos a generar todo tipo de corrupciones y clientelas políticas
a escala nacional, regional y local. Y todo eso, en un duradero contexto de
salarios reales o estancados o a la baja.
4) Una desigualdad económica sin parangón.- Nuestra vida social proseguiría su
actual rumbo aproado a una creciente desigualdad económica sin ejemplo desde
los años 20, polarizándose ulteriormente hasta la práctica desaparición de las
clases medias trabajadoras. (Ya hoy, el 63% de la población española que tiene
trabajo –más de un 20% ni siquiera lo tiene— es mileurista, el paro juvenil
pasa del 43% y la tasa de precariedad laboral rebasa holgadamente el 30%.) Y
la presión a la baja sobre las condiciones laborales y sobre los salarios
reales directos, presentes o diferidos (pensiones), e indirectos (prestaciones
sociales públicas) seguiría creciendo irreversiblemente y sin freno divisable.
5) Atrapados ya en la pérdida de soberanía monetaria, vendría la pérdida
completa de la soberanía fiscal.- Atrapados en la pérdida de soberanía
monetaria que significa la pertenencia a la eurozona y sumisos a unas suicidas
políticas de austeridad fiscal impuestas a Europa –incluso contra los
interereses de la industria exportadota teutona— por la banca privada alemana,
avanzaría incontenible la idea de que las únicas políticas económicas posibles
son políticas procíclicas de deflación competitiva, agravadoras del marasmo
económico, y de que la única política fiscal concebible es la que pasa por
contraer el gasto público y social dejando intacta, o aun radicalizándola
ulteriormente, la injusticia de una fiscalidad regresiva que libra de cargas a
los archirricos y a los megarentistas inmobiliarios y financieros para
echarlas a las espaldas de los trabajadores asalariados y de las fuerzas
productivas de la economía.
6) Políticas públicas segregacionistas.- Proliferarían y se radicalizarían,
señaladamente en la sanidad y en la educación, unas políticas públicas
segregacionistas variamente "privatizadoras" y "externalizadoras" –extremista
y audazmente experimentadas ya con cierto éxito en la corrupta y sectaria
Valencia de Gürtel y de Camps y en el sectario y corrupto Madrid de Aguirre y
del "Tamayazo"— tendentes a mercantilizar los servicios públicos. Tendentes,
esto es, a convertir la satisfacción de las más básicas necesidades de las
gentes en fuente de corruptos "negocios" rentistas privados políticamente
concedidos y aun directa o indirectamente –verbigracia, con cesiones de
terrenos públicos— subvencionados con dineros del contribuyente. Y por lo
mismo, tendentes a segregar a la población entre quienes pueden permitirse,
pagando o "copagando", un buen servicio y los aherrojados a una mediocre
asistencia pública mínima, prácticamente benéfica.
7) La población trabajadora española, arrojada a la servidumbre por deuda.- La
población trabajadora española, terriblemente endeudada en estos últimos años,
entre otras cosas, para poder compensar el duradero estancamiento del salario
real y –sometida como está a una de las leyes hipotecarias más injustas del
mundo— subvenir a unos disparatados costes de la vivienda ("Pisos de mierda,
precios de oro"), quedaría todavía más a merced de sus irresponsables
acreedores, un selecto grupo de gestores de dinero y banqueros privados
nacionales y extranjeros.
8) Entrega de más de la mitad del ahorro nacional a la especulación financiera
internacional.- Lo poco que queda de social y público en nuestro sistema
bancario –las cajas— sería definitivamente puesto en almoneda, convertida más
de la mitad del ahorro de la población trabajadora de nuestro país en pasto
para la especulación financiera nacional e internacional.
9) La deuda soberana española, más expuesta aún a los ataques especulativos de
los mercados financieros internacionales.- Lejos de "calmarse", los distintos
mercados financieros internacionales que especulan con la deuda soberana
española (primarios, secundarios, CDS), seguirían acosándola, atrapada como
está en la trampa del euro y de un BCE que, incapaz hasta de emitir eurobonos,
apoya las suicidas medidas procíclicas de austeridad fiscal neoliberal
impulsadas por la Comisión Europea con los resultados que a la vista están:
Irlanda y sobre todo Grecia, a pique de reestructrar su deuda, Portugal,
hundido, España, de nuevo en el punto de mira de los CDS. Pero España no es
Grecia: es la quinta economía europea, y representando cerca del 13% del PIB,
puede perfecta y realistamente plantarse y resistir las políticas suicidas de
austeridad fiscal impuestas por la Comisión Europea, forzando una
reestructuración ordenada de su deuda, como ha hecho valientemente la pequeña
Islandia: con razón los indignados acampados en la Plaza de España de Palma de
Mallorca la han rebautizado como "Plaza de Islandia".
10) La mercantilización del patrimonio natural y ulterior devastación
ecológica del país.- La destrucción de nuestras costas, de nuestros montes, de
nuestros bosques de ribera, de nuestros más hermosos paisajes, la esquilmación
de nuestros sistemas acuíferos, la inaceptable degradación del aire de
nuestras ciudades y el descarado imperio de bien engrasados lobbies que, como
el de la energía nuclear, resultan más peligrosos aún por su desapoderada
codicia que por su patológica mendacidad, se mantendrían y aun afianzarían
bajo el aplauso atronador de los consabidos gacetilleros negacionistas,
alargando su negrísima sombra sobre el porvenir ecológico de nuestro país.
Tal es, sobre poco más o menos, el programa alternativo al movimiento del 15
de mayo. Así que:
- Los conscientes de la perentoria necesidad de romper las atomizadoras
dinámicas de desaliento y pasividad que se han ido sorda y paulatinamente
apoderando de un ánimo ciudadano consternado ante las repetidas
manifestaciones de impotencia de la política profesional;
- Los conscientes de los terribles peligros que entrañaría el centrifugador
vacío dejado por un posible descrédito definitivo de la política y de la
representación política democrática;
- Los conscientes de la terriblemente difícil situación de acoso y práctica
soledad en que se hallaba hasta ahora la resistencia más o menos firme del
mundo del trabajo organizado, los convencidos de la absoluta centralidad de
ese mundo en cualquier proyecto democrático de futuro concebible para nuestras
sociedades:
Ésos, que somos millones, no tenemos hoy sino participar, apoyar y contribuir
a desarrollar el movimiento del 15 de mayo. Ese movimiento responde a
necesidades tan vivas y tan hondas de nuestra sociedad, que difícilmente
pasará. Lo más probable es que esté aquí para quedarse. Como principio de
rectificación democrática de la degeneración de nuestra vida política y
económica, si no, incluso, como germen de un proceso aún más ambicioso,
constituyente. Y es lo cierto que, por decirlo en las certeras palabras de los
jóvenes que lo han echado a andar, la única alternativa real a eso es
convertirse en mercancía de los banqueros y de los políticos adocenadamente
dispuestos a servirles.
Y por cierto: hoy ha habido elecciones autónomicas y municipales. Con los
primeros resultados provisionales ofrecidos por las autoridades competentes (a
las 22h), y como auguraban todas las encuestas, el PSOE se ha desplomado.
Tanto en los municipios –pierde muy probablemente Barcelona, Sevilla y
Zaragoza, entre otras muchas capitales—, como en en las autonomías en dónde
había convocadas elecciones: tres tradicionales feudos socialistas, Asturias,
Castilla y la Mancha y Extremadura, además de Baleares, pasan muy
probablemente a manos del PP. IU-ICV sube algo, pero de ninguna manera se
muestra capaz de recoger el caudal de votos que han desertado del PSOE para ir
a la abstención, no mucho más, en cualquier caso, que la neoespañolista UPyD
en Madrid y Zaragoza, y muy por detrás de lo ganado por la nueva gran
coalición democrática de la izquierda vasca, Bildu, que se estrena
democráticamente con grandes victorias, sobre todo en Guipúzcoa. Lo más
probable es que mañana el Comité Federal del PSOE organice un ritual
sacrificial público de Zapatero, el frívolo zascandil suicida al que no han de
tardar los suyos en convertir en chivo expiatorio de un desastre sin ejemplo
histórico. Un desastre cargado de consecuencias para el futuro, político y
organizativo, del Partido Socialista. Si ocurre como conjeturamos, lo más
seguro es que haya elecciones anticipadas. Pero incluso en ese caso, quedarían
unos cuantos meses para la elecciones generales, porque hay que salvar el
escollo de la aprobación de los presupuestos de 2012.
Los acampados en Plaça de Catalunya convocan a una gran manifestación en
Barcelona para el próximo 15 de junio. Los acampados en Puerta del Sol, a una
gran manifestación en Madrid para el próximo 28 de mayo. Comienza la
resistencia popular de base contra el tsunami catastrófico de la derecha y a
favor de una reconfiguración total de la izquierda social y política en
nuestro país.
(*) Antonio Domènech es el editor general de
SinPermiso.
NOTA: [1] Quien quiera leer el celebrado discurso de reafirmación de la
democracia republicana antifascista de Mendes France, puede descargarlo aquí:
http://www.xn--lecanardrpublicain-jwb.net/spip.php?article163. [2] Los
parlamentarios de IU-ICV, junto con los pequeños partidos nacionalistas de
izquierda Esquerra Republicana de Catalunya y Bloque Nacional Galego, han
votado sistemáticamente –y perdido— en contra de acuerdos y propuestas de ley
que contaban también con un amplísimo rechazo por parte de la población
española: congelación de pensiones, reforma del mercado de trabajo, retraso de
la jubilación hasta los 67 años, la llamada Ley Sinde, la intervención de las
tropas españolas con la OTAN en Libia (en este último caso, sólo IU y Bloque),
etc. |