(IAR
Noticias) 30-Septiembre-2010
Crecen las tensiones en los
mercados cambiarios internacionales a medida que se calienta la retórica
política y los países luchan por proteger a sus exportadores. Los últimos
acontecimientos intensifican los temores de que se desaten guerras comerciales
dañinas.
Por Tom Lauricella y John Lyons - The Wall Street Journal
Al
menos una media docena de países están activamente tratando de reducir el valor
de sus monedas. El de más alto perfil es Japón, que intenta detener el alza del
yen que desde mayo ha trepado 14%. El Congreso de Estados Unidos considera un
proyecto de ley que acusa a China por mantener su moneda artificialmente baja.
El presidente del banco central de Brasil, mientras tanto, dijo que el país
podría imponer un impuesto a la inversión extranjera en renta fija, que ha
contribuido a un alza importante en el real.
En el actual entorno, con muchas economías aún debatiéndose para recuperarse de
la crisis financiera global, crece la preocupación por la posibilidad de que los
legisladores podrían volverse más agresivos en la defensa de los intereses
comerciales de sus países.
El incremento del proteccionismo es "un riesgo muy grande", sostiene Erin Browne,
estratega del mercado bursátil en Citigroup.
Los problemas en los mercados cambiarios podrían ser también un tema de
discusión en la próxima asamblea del Fondo Monetario Internacional y del Banco
Mundial que se realizará en Wa shington. En ella se reunirán los presidentes de
los bancos centrales y funcionarios de los ministerios de Economía.
El gobierno japonés intervino en los mercados cambiarios este mes por primera
vez en años. Para contrarrestar el alza del yen, el Banco de Japón vendió unos
US$20.000 millones de yenes, en lo que fue considerado el mayor esfuerzo hecho
en este sentido en un mismo día.
Japón se sumó a otros países asiáticos emergentes que están combatiendo el alza
de sus monedas casi a diario, tales como Taiwán, Corea del Sur y Tailandia. En
América Latina, Brasil, Colombia y Perú también han intervenido para combatir el
alza de sus respectivas divisas.
En tanto, en EE.UU., las presiones proteccionistas han aumentado, especialmente
con respecto a China, que se considera ampliamente que está manteniendo a su
moneda, el yuan, en niveles artificialmente bajos para incrementar sus
exportaciones y para que a sus habitantes les resulte más caro comprar productos
fabricados en el extranjero. Se espera que el jueves, la Cámara de
Representantes apruebe una ley que llevaría a las compañías estadounidenses a
argumentar que la política cambiaria china constituye un subsidio injusto.
El director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, dijo que no descarta una
guerra cambiaria y que los funcionarios tanto del Fondo como de los países del
G-20 están trabajando activamente para evitar una batalla de devaluaciones
competitivas.
Sin embargo, en declaraciones a la prensa, Strauss-Kahn dijo que no cree que
exista un riesgo importante de que esa guerra se produzca. "No hay nada bueno
que esperar de una intervención", dijo. "La historia muestra que el efecto de
ese tipo de intervención no dura por mucho tiempo".
Parte del desafío proviene de que los movimientos en el mercado cambiario que
están generando la ira de los bancos centrales y los políticos son impulsados
por inversionistas de largo plazo.
Los principales mercados emergentes están atrayendo capital del mundo
desarrollado, incrementando la demanda por las monedas locales. Mientras tanto,
la inflación está cobrando fuerza en Asia, llevando a tasas de interés más
altas. Los inversionistas perciben esos desajustes y están llevando el dinero de
Occidente a Oriente, atraídos por los altos retornos.
La retórica más encendida de esta semana provino de Brasil, donde el real ha
subido más de 30% contra el dólar a consecuencia de que los inversionistas
buscan favorecerse de sus altas tasas de interés. El lunes, el ministro de
Finanzas, Guido Mantega, criticó a EE.UU., Japón y otros países ricos que
estarían dejando que sus monedas se debiliten para alentar su crecimiento, a
costa de otros exportadores como Brasil.
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