California
busca despojarse de edificios de oficinas, Pittsburgh de la empresa de
suministro de agua y Chicago de sus parquímetros. En Louisiana y Georgia, los
aeropuertos están disponibles al mejor postor. Alrededor de 35 acuerdos están ya
en marcha en EE.UU., según los datos recopilados por la filial de banca y
mercados globales de Royal Bank of Scotland, RBS. Los activos tienen un valor de
mercado en torno a los US$45.000 millones, más de diez veces los US$4.000
millones recaudados hace un par de años, estima Dana Levenson, encargada de
banca de infraestructura para RBS. Otros cientos de transacciones están en
consideración, dicen analistas.
Los acuerdos ilustran la deteriorada situación financiera por la que atraviesan
numerosas comunidades. Muchas usan las ventas de activos para balancear sus
presupuestos que han sido devastados por las caídas en la recaudación de
impuestos y las obligaciones de pensiones. En un reciente testimonio ante el
Congreso estadounidense, el inversionista multimillonario Warren Buffet expresó
su preocupación sobre la capacidad de las municipalidades para financiar la
jubilación y los beneficios de salud de sus empleados y sugirió que el gobierno
federal podría, en última instancia, verse obligado a rescatar a los estados.
La privatización ha sido popular por años en partes de América Latina, Europa,
Canadá y Australia, donde el Estado en algún momento controló una parte
importante de la economía. En muchos casos, la toma de control por parte del
sector privado de industrias y servicios controlados por el Estado puede
resultar en operaciones más eficientes y rentables. Un a empresa privada, por
ejemplo, puede disponer de más recursos para invertir en las reparaciones de una
carretera y asumir el grueso de las pérdidas si los conductores la usan menos.
Los críticos, sin embargo, argumentan que muchas de las ventas de activos
podrían costarle a éstas comunidades ingresos a futuro, ya que toman pagos
únicos a cambio de un flujo constante de ingresos. Los acuerdos amenazan las
calificaciones crediticias en algunos casos y afectan la calidad y el costo de
servicios públicos como el agua y la electricidad. Los detractores agregan que
muchas de estas decisiones pueden compararse con individuos que liquidan sus
fondos de jubilación y los gastan en necesidades inmediatas, sin preocuparse por
el futuro. "Estas transacciones son parte de una amplia reestructuración de
nuestra economía que acarrea grandes riesgos debido a pérdidas de ingresos en el
tiempo", dice Michael Likosky, profesor de la Universidad de Nueva York quien se
especializa en leyes de finanzas públicas.
Las municipalidades sostienen que el dinero que podrían levantar les ayudaría a
construir más activos de largo plazo, mejorar la eficiencia y evitar un alza de
los impuestos. "La ciudad de Los Ángeles no debería estar en el negocio de los
estacionamientos", insiste Mike Mullen, asesor principal del alcalde, quien fue
contratado desde el Bank of Montreal para evaluar la venta de algunos de los
activos de la ciudad, incluyendo estacionamientos que actualmente generan
alrededor de US$20 millones al año.
En EE.UU., la práctica de vender edificios públicos y luego arrendarlos generó
mucha atención en la década de los 80, pero todos esos acuerdos se hicieron en
gran medida para obtener beneficios fiscales, y los activos generalmente se
mantuvieron bajo control estatal. Los acuerdos de hoy son fundamentalmente
distintos porque el control del activo pasa a manos privadas. En estos casos,
"el inversionista privado asume el riesgo operacional", señala Likosky.
El gobierno del condado de Nassau, en Nueva York, comenzó la semana pasada a
buscar compradores para los derechos a alquilar una antigua base militar llamada
Mitchel Field. El condado continuaría siendo dueño del área, pero recibiría un
pago por parte de un inversionista que recolectaría los pagos de alquiler por 30
años, estimados en US$113 millones. El condado espera recaudar alrededor de
US$20 millones para cerrar su brecha presupuestaria.
Los acuerdos más populares en este momento son los de parquímetros municipales y
espacios de estacionamiento. Chicago recibió US$1.160 millones en 2008 por
permitir que un consorcio liderado por Morgan Stanley gestionara más de 36.000
espacios de estacionamiento por un período de 75 años. La ciudad continúa
fijando las reglas y las tasas de los parquímetros y recolecta las multas de
tráfico. Pero los inversionistas se quedan con los ingresos, los cuales este año
serían el triple de los US$20 millones que la ciudad estaba recibiendo, de
acuerdo con empresas calificadoras de riesgo. Por lo menos una docena de
sistemas públicos de estacionamiento en EE.UU. están en venta, incluyendo los de
San Francisco y Las Vegas.