Es
tan absurdo como creer en la existencia de "Al Qaeda"sin letra de la CIA. Pero
los halcones conservadores lo volvieron a instalar: "Obama musulmán". Que es
como decir "Obama terrorista", en una nación imperial donde dos tercios de la
población, según todas las encuestas, apoya un ataque a Irán como forma de
terminar con el "terrorismo islámico". Y está sucediendo lo previsible: Un
importante sector de la opinión pública estadounidense está comprando el eslogan
electoral de los republicanos que buscan recuperar el Congreso asustando con la
presencia de un "terrorista en la Casa Blanca".
Informe
IAR
Noticias
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El tema es
viejo, pero los republicanos lo reflotaron como su caballito de campaña de cara
a las elecciones parlamentarias de noviembre, donde los demócratas pueden
perder su control sobre las dos cámaras del Congreso.
La
campaña, que tuvo su origen en las presidenciales del 2008, comenzó a rendir sus
frutos. El jueves un sondeo de Gallup mostró que 18% de los
estadounidenses cree que Barack Obama es "musulmán".
Ello
representa 7 puntos más que en marzo. Machacando sobre la herida, los
republicanos agitan como una "traición a la patria" el aval del
presidente negro a la construcción de una mezquita en Nueva York cerca de
donde se derrumbaron las Torres Gemelas durante los atentados del 11-S.
La campaña
se suma a un escenario marcado por las dudas que el establishment
conservador siembra sobre la capacidad de Obama para conducir los niveles de decisión de la política norteamericana,
sobre todo en lo atinente a las
zonas de ocupación como Irak o Afganistán.
El lobby sionista militar Washington-Tel
Aviv está convencido de que Obama y el lobby sionista bancario que controla la Casa
Blanca están entregándole a Teherán la decisiva llave de la ojiva nuclear.
O dicho de otra manera, la consumación profética de un Israel "borrado del mapa"
a la medida de los ayatolás y del "terrorismo musulmán".
Por estas horas, la prensa y las
usinas conservadoras de EEUU (a través de versiones y rumores) recrean el
fantasma de un Obama "incapaz e impotente" que a través de su debilidad
negociadora le está entregando la ofensiva militar y la capacidad nuclear al
régimen de Teherán.
Obsesionado por los resultados
electorales de noviembre -da a entender The Washington Post- Obama le
suelta la mano militar a Irak y Afganistán, busca un acuerdo coyuntural con
Teherán, debilita los controles en Gaza, Líbano y Palestina, y rompe las
barreras disuasivas con el "mundo musulmán" en desmedro de la seguridad de
Israel.
Según un reciente sondeo del
Pew Center: el 34% de los norteamericanos no le identifican como "cristiano" y
el 40% no está seguro. En otro sondeo de la revista Time, el porcentaje de
quienes le consideran "musulmán" es aún mayor (24%) y supera el 35% entre
los republicanos.
"El presidente Obama reza todos los días"... Como si se tratara de un
auto de fe, el portavoz adjunto de la Casa Blanca Bill Burton ha tenido que
salir en defensa de la "cristiandad" del presidente en respuesta a las encuestas
que demuestran que el 18% de los norteamericanos creen que Obama es musulmán.
"El presidente es obviamente cristiano", señaló Burton ante las preguntas
insistentes de los periodistas. "Reza todos los días. Y se comunica cada día con
su consejero religioso. Hay un grupo de pastores que le aconsejan de una manera
regular".
"Su fe es algo muy importante para él", añadió el portavoz Burton, pero no
hasta el punto de que se convierta en tema de conversación todos los días".
"El ha hablado de su fe en el pasado, y pueden dar por seguro que volverá a
hablar de ella otra vez... Pero la prioridad del presidente no es convencer a
los americanos de que es un cristiano devoto, sino asegurarse de que la economía
vuelve por buen camino y que se crean puestos de trabajo en este país", agregó
el vocero.
La
campaña "Obama musulmán" se vio favorecida por el apoyo de un líder de Hamás
a la construcción de un centro islámico con una mezquita cerca de la "zona cero"
de Nueva York, aumentado el debate en todo el país.
"Tenemos que construir esa mezquita, como ustedes pueden construir sus iglesias
y los israelíes sus lugares santos", aseguró Mahmud A-Zahar, uno de los
fundadores del movimiento islamista Hamás, en una entrevista a la emisora de
radio WABC que recoge hoy el diario New York Post.
El líder de Hamás, grupo incluido en la lista de "organizaciones terroristas" de
EEUU, entró así de lleno en la campaña electoral de cara a las elecciones de
noviembre.
"El grande de Hamás apoya la mezquita. Al jefe del terror le gusta su ubicación
en la 'zona cero'", señaló esta semana The New York Times emparentado a Obama
con el "terrorismo islámico".
En la misma orientación, y con los
mismos argumentos, distintos medios analistas estadounidenses aseguran que las
posibilidades de los demócratas para mantener su mayoría en el Congreso en las
próximas legislativas están complicadas.
La campaña avanzó tanto, según The Wall Street Journal, que algunos
candidatos del Partido Demócrata en el Gobierno se niegan a asistir a
encuentros con el Presidente, para evitar arrojar sospechas sobre su imagen.
Obama, caído en desgracia en las encuestas, fracasado en todas las líneas de
aplicación de su gestión, obligado a exterminar población sobrante con la
"guerra contraterrorista" en Asia y África, con su clientela "progre" y
pacifista en desbandada, acusado de "traidor" a sus promesas por su propio
sector, tildado de inútil y de "amigo de terroristas" por el lobby de
"derecha", no sabe muy bien que ómnibus hay que tomar para
salir ileso de las elecciones de noviembre.
La propia prensa internacional que lo llevó al estrellato mediático es
contundente: Obama está en caída libre.
La propia prensa internacional que
lo edificó como mito viviente de la "democratización" del Imperio ya lanzó su
nuevo dictamen: La realidad de su gestión está terminando con el discurso
"alternativo" de Obama más rápido de lo que se pensaba.
The New York Times, The
Washington Post, y las otras influyentes cadenas que apoyaron su candidatura
y los primeros tramos de su gestión lanzan críticas y definiciones extrañamente
coincidentes con las de los republicanos: "Obama habla mucho, pero hace poco".
La tesis ultraconservadora de un
presidente "débil e incapaz" se nivela peligrosamente con las
apreciaciones de los medios y analistas del ala "progresista" (que lo vendieron
como una nueva alternativa) que ya critican la gestión de Obama con una
ferocidad inusual.
Barack Obama
es un "infiltrado comunista", protege a Al Qaeda y negocia con los
"terroristas islámicos", es la idea que resume los "dossier" conspirativos
que circulan por las usinas de los republicanos y la ultraderecha conservadora
sionista de EEUU.
Estos mismos
"dossier" nutren el pensamiento y la acción de los halcones israelíes que
cierran filas con el gobierno de Netanyahu.
Las
nuevas mediciones señalan que el gerente imperial, que combina el Premio Nóbel
de la Paz con genocidios militares en masa en Irak, Afganistán y África, ya
ingresó en el ocaso, en el desprestigio, y en la falta de apoyo por
parte de la mayoría de la sociedad imperial.
Según la ultima enceusta de Gallup,
sólo el 40 por ciento considera positivamente la "habilidad" de Obama "para
gestionar una crisis", once puntos menos que el pasado mes de enero.
Asimismo, ocho de cada diez encuestados se declaran insatisfechos con la
situación económica de EEUU y el 49 por ciento desaprueba las políticas de
empleo realizadas por el presidente norteamericano.
Por encima de Obama figuran el resto
de los presidentes recientes: Jimmy Carter (51 por ciento), Bill Clinton (54 por
ciento), Richard Nixon (63 por ciento), Dwight D. Eisenhower (70 por ciento),
George H. W. Bush (76 por ciento) y John F. Kennedy (79 por ciento). El más
valorado tras su primer año de mandato sigue siendo George W. Bush, quien con un
porcentaje de apoyo del 82 por ciento sobresale por encima del resto.
El gerente negro del imperio USA, con su imagen pública en debacle histórica,
desprestigiado entre sus propias bases electorales, criticado por su continuismo
de la "guerra terrorista" heredada de Bush, con su mayoría parlamentaria mellada
en el Congreso, y sin poder controlar la crisis económica y los conflictos en
las zonas de ocupación militar, parece haber ingresado en una debacle
inevitable.
En las elecciones de noviembre estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de
Representantes, un tercio del Senado y la mayoría de puestos de gobernadores.
El
objetivo de Obama pasa prioritariamente por reconstituir la imagen
"progresista y democrática" de su política interior y exterior, que le
posibilite ganar las legislativas de noviembre donde los demócratas pueden
perder la mayoría en las dos cámaras del Congreso. Situación que lo pondría
definitivamente al borde del colapso.
Obama parece tener un solo objetivo: ganar las elecciones y mantenerse rutilante
en su marketing discursivo de la "democracia y los derechos humanos",
aunque la mitad de su tiempo lo emplee firmando órdenes de masacres militares en
Asia, África y Medio Oriente.
Y
todavía no está claro, según analistas y encuestadores estadounidenses, cuál va
a ser el impacto final del "Obama musulmán" en los resultados electorales
de noviembre.