Vamos a la deriva. Nos consolamos ante el menor atisbo de una buena
noticia, pero navegamos por aguas peligrosas; la Gran Depresión se está
revelando crudamente como una crisis global y EEUU, el motor tradicional de la
recuperación, falla en cada una de sus intervenciones.
Por Mort Zuckerman - The Financial Times
El
Gobierno estadounidense respondió a la crisis con grandes ayudas financieras.
Pero fuera de estas transferencias, los ingresos personales de los
estadounidenses continúan cayendo; el mercado inmobiliario sigue, en el mejor de
los casos, estancado; el crecimiento del consumo es simbólico. La única energía
real de la economía procede del final de la liquidación de inventarios, que es
ahora el principal responsable del aumento de la producción industrial y de
cualquier mejora de la economía.
Los hogares estadounidenses están abatidos. En mayo, sólo el 11,3% creía que sus
ingresos aumentarían en los próximos seis meses, frente al 16,6% que esperaba un
descenso. Es la primera vez en cuatro décadas que la mayoría de la población
cree que su situación irá a peor, y no a mejor. Es probable que los posibles
estímulos fiscales y monetarios masivos que pudieran invertir la tendencia sean
políticamente insostenibles dada la creciente preocupación sobre el enorme
déficit nacional.
Se mire donde se mire, el panorama resulta desolador. Los principales
indicadores económicos cayeron en abril –algo poco usual en una fase tan
temprana del ciclo de recuperación–. La demanda de empleo creció en 25.000
solicitudes, llegando a las 471.000. Y volvieron a subir por encima de las
expectativas durante las tres primeras semana de mayo –elevando la media móvil
de las cuatro semanas en torno, o por encima, de los 100.000 nuevos parados–.
Durante los meses previos, las solicitudes de trabajo nunca se aproximaron ni
mucho menos al entorno de las 400.000.
No estamos viviendo el ciclo habitual de crecimiento económico. Si lo
estuviéramos haciendo, la creación de empleo habría registrado ya un nuevo
máximo y compensado todos los trabajos perdidos, tal y como sucedió en
anteriores recesiones postguerra. En esta ocasión, estamos lejos del viejo techo
de empleo, concretamente en 8,4 millones de personas. Uno de cada seis
estadounidenses está en paro o tiene un trabajo a tiempo parcial. No es un ciclo
normal cuando se lo compara con una recesión típica, en la que no se pierden más
de dos o tres millones de empleos.
Un estudio de David Rosenberg, economista jefe de Gluskin Sheff, revela unas
estadísticas tras las cifras oficiales realmente aterradoras. Más de 6,5
millones de personas (más del 45% de los parados) llevan al menos 27 semanas sin
empleo, frente a los 3,2 millones de hace un año.
Los sueldos están bajando; los recortes salariales aumentan a medida que los
empresarios intentan reducir costes y siguen negándose a contratar. Y el número
de trabajadores que buscan empleo sigue creciendo. Por ejemplo, en abril hubo
290.000 nuevas contrataciones, pero la mano de obra aumentó en 805.000 personas.
Los parados que buscan empleo superan el número de trabajos que se crean. Si se
amplía el concepto de desempleo para englobar a las personas con un trabajo a
tiempo parcial y a aquellas que han solicitado un empleo a lo largo del último
año, la cifra alcanza aproximadamente el 17%. La tasa de paro oficial se ha
reducido a algo menos del 10%, pero sólo incluye a las personas que han buscado
un empleo en las últimas cuatro semanas.
¿En qué se traduce este excesivo número de personas en busca de empleo, con una
media de 5,6 trabajadores por cada nuevo empleo? En deflación salarial. El
sueldo medio por hora no ha subido desde comienzos de año, llegando un mes
incluso a descender un 0,1%, algo que no había sucedido desde abril de 2003.
Es una recuperación desconcertante. Tras el sólido crecimiento del PIB de
aproximadamente el 6% en el cuarto trimestre del año pasado, en condiciones
normales anticiparíamos un aumento mensual de 250.000 puestos de trabajo. En su
lugar, enero y febrero registraron una media de 31.000 nuevos empleos –un mínimo
crecimiento sin precedentes tras un trimestre con un PIB tan sólido–.
Habrá que desarrollar políticas y ayudas estatales para los parados de larga
duración, cuya probabilidad de encontrar un empleo se reduce conforme permanecen
inactivos. Este grupo de parados ha aumentado desde los dos millones de junio de
2004 a los 6,7 millones de abril de 2010. Es probable que nos esperen entre
cinco y ocho años de crecimiento económico moderado. Crear 12 millones de
puestos de trabajo para volver al pleno empleo, cuando su destrucción aún no ha
terminado, parece casi imposible.