Muy
pocas personas en esta ciudad creen que el déficit fiscal se arreglará por su
cuenta, pero hay discrepancias sobre cuál es la receta indicada para reducirlo.
El debate se divide en dos campos.
En uno se encuentra el gobierno del presidente Barack Obama —y los economistas
keynesianos— quienes consideran que Estados Unidos necesita gastar más, no
menos, para apuntalar la incipiente recuperación económica. En su opinión, es
prematuro adoptar el tipo de medidas drásticas que se contemplan en algunas
partes de Europa, y fortalecer la economía a través del gasto acabará por
reducir la deuda.
"Estimular el crecimiento, si
podemos conseguirlo, es con holgura la mejor forma de mejorar nuestra posición
fiscal", dijo en un discurso el mes pasado Lawrence Summers, director del
Consejo Económico Nacional de EE.UU.
En el otro lado del debate, están
los legisladores y economistas que insisten en que EE.UU. no se puede dar el
lujo de esperar para recortar el gasto. El déficit crecerá en hasta US$9
billones (millones de millones) en la próxima década, según los cálculos de la
Casa Blanca, en gran parte debido al creciente gasto en programas de beneficios
sociales, como el Seguro Social y el plan de salud para la tercera edad
Medicare, a lo que se suma el drástico aumento en los costos de los intereses
sobre la deuda.
Otros economistas dicen que la deuda
podría subir hasta US$11 billones, incluyendo un estudio reciente de William
Gale, del centro de estudios Brookings Institution, y Alan Auerbach, de la
Universidad de California, en Berkeley.
Se espera que la deuda de EE.UU.
suba desde el 53% del producto interno bruto en 2009 al 90% en 2020, según la
Oficina de Presupuesto del Congreso. Los pronósticos apuntan a que los pagos de
los intereses netos casi se cuadrupliquen en el mismo período a US$916.000
millones en 2020.
Las recetas para atacar el déficit
oscilan entre los recortes inmediatos en el gasto a un enfoque más pausado, como
la aprobación de reducciones del déficit que no entrarían en vigor de manera
inmediata. Tampoco existe un consenso en el cronograma ni en temas importantes
como si es mejor recortar la red de seguridad social o subir los impuestos.
"Nadie se atreve a sugerir ahora amplios recortes del gasto o alzas de
impuestos, pero eso es lo que necesitamos tanto por la magnitud del efecto
involucrado, como por la sensación de que habrá un sacrificio compartido", dijo
Gale, de Brookings.
A diferencia de Europa, EE.UU. no
enfrenta las presiones del mercado para recortar su déficit presupuestario. De
hecho, la agitación en Europa ha propiciado la entrada de dinero en busca de la
seguridad relativa que ofrece el país.
La situación en Europa, no obstante,
está haciendo más difícil para EE.UU. ignorar sus problemas fiscales. La crisis
al otro lado del Atlántico tan sólo ha exacerbado las tensiones en EE.UU. sobre
el papel y el tamaño adecuado del Estado.
El tema se ha convertido en un eje
central en la campaña de 2010, con los republicanos criticando el creciente
gasto de estímulo para mostrar que los demócratas están desconectados del mundo
real. "En lugar de incrementar el gasto, deberíamos estar recortando el gasto y
dejar de tirar el dinero en cosas que ni están funcionando ni son eficaces",
dijo el senador republicano por Oklahoma Tom Coburn.
En cierta forma, la situación en
Europa ha galvanizado a quienes piden medidas inmediatas. Durante una serie de
manifestaciones en varios municipios, el representante republicano por Wisconsin
Paul Ryan mostró a los electores una presentación en Power Point en la que
mostraba los problemas fiscales del país, y cuya última gráfica se titulaba:
"Europa y Grecia: un aviso", y "¿Cómo evitar esta suerte?".Su propuesta: dejar
de gastar y comentar a recortar.
Para el gobierno de Obama no es una
decisión fácil. El presidente ha propuesto una serie de pasos para controlar el
déficit, incluyendo la congelación del gasto anual (excluyendo el sector de
defensa) durante tres años, permitir que venzan los recortes de impuestos del
presidente Bush para los estadounidenses más ricos y la creación de una comisión
bipartidista para que busque maneras de reducir el déficit del actual 10% al 3%
del PIB.
La prioridad, sin embargo, sigue
siendo estimular el crecimiento a través del gasto continuado.
A la postre, se tendrán que tomar
medidas severas, como recortes a programas a los que tienen derecho todos los
estadounidenses —como el Seguro Social— y aumentos de impuestos.