Un poco después del crash del
Lunes Negro de 1987, las bolsas y las autoridades reguladoras se apresuraron a
implementar nuevas normas para prevenir una repetición de la mayor sacudida
bursátil en 50 años. Incluso entonces, temían no haber hecho lo suficiente.
Por Scott Pattersonl - The Wall Street Journal
"Simplemente
no puedo darles garantías de que hemos arreglado el sistema", declaró el
entonces presidente de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), David Ruder, ante
un comité del Senado de Estados Unidos a principios de 1988.
Tras dos décadas de cambios reglamentarios y avances tecnológicos, esos
comentarios son evocadores, especialmente en momentos en que los investigadores
del "flash crash" (algo así como "el crash relámpago") del 6 de mayo se
encuentran con ecos del derrumbe del Lunes Negro.
Muchos afirman que las innovaciones tecnológicas han hecho que el mercado sea
más eficiente y resistente. Sin embargo, la súbita caída del 6 de mayo, aunque
mucho menor en términos porcentuales que el crash de 1987, puso de manifiesto
que la tecnología principalmente sirvió para acelerar las transacciones y
magnificar las fluctuaciones del mercado.
El 6 de mayo, "la velocidad de la volatilidad fue impresionante, más allá de
cualquier cosa que había visto antes, con la excepción de octubre de 1987,
cuando me encontraba en el piso de negociaciones", señala Ted Weisberg,
presidente de la firma de corretaje Seaport Securities en Nueva York.
"Existe un fuerte paralelo entre el crash del Lunes Negro y el flash crash",
asevera Michael Wong, un analista de Morningstar que hace seguimiento de las
bolsas.
El 19 de octubre de 1987, el Promedio Industrial Dow Jones se derrumbó más de
20% y las penurias se prolongaron hasta el día siguiente, antes de repuntar. Los
corredores en el piso, trabajando por teléfono, tomaron las decisiones y las
operaciones generadas por computadora aún estaban en su infancia. Los dark pools
(sistemas de negociación multilateral que permiten la ejecución de órdenes sobre
bloques de acciones) y las operaciones de alta frecuencia eran temas de ciencia
ficción. Ese día, se negociaron 600 millones de acciones, según la SEC.
Casi veintitrés años más tarde, el 6 de mayo de 2010, la peor parte del súbito
descenso duró aproximadamente 10 minutos y la caída llegó a ser de 9,8%. Las
operaciones, muchas ejecutadas en milisegundos, alcanzaron la cifra de 19.000
millones de acciones. En ambos casos, los primeros problemas aparecieron en el
mercado de futuros de acciones, que aceleraron un declive en la bolsa regular.
Los dos crearon un circuito en el que se retroalimentaban, arrastrándose
mutuamente.
Tal vez el paralelo más preocupante haya sido la forma en que los profesionales
abandonaron el mercado. En 1987, algunos creadores de mercado en el piso de la
bolsa dejaron de hacer ofertas por determinadas acciones.
Dos décadas más tarde, en un mercado dominado por la tecnología, los operadores
de transacciones a alta velocidad que normalmente proporcionan liquidez al
mercado, simplemente apagaron sus computadoras. Otros importantes participantes,
incluyendo los fondos de cobertura que llevan a cabo transacciones rápidas,
también se retiraron del mercado, según corredores y funcionarios bursátiles.
"Retroceda al crash de 1987, todas las grandes firmas se retiraron", explica
Chris Concannon, un socio en Virtu Financial LLC, una firma creadora de mercado
electrónico de Nueva York que siguió negociando durante las turbulencias del 6
de mayo. "En todas las rupturas se encuentra evidencia de grandes firmas que
retiran sus intereses de compra y venta del mercado".
Antes del Lunes Negro, muchos coincidían en que el mercado sufriría una
corrección, tras haber registrado un alza de 40% ese año, parte de la racha
alcista que había empezado en 1982. Y en los 12 meses previos al 6 de mayo de
este año, muchos observadores se mantenían expectantes a medida que el Dow
registró un espectacular ascenso de 60% frente a sus mínimos de marzo de 2009.
En la mañana del Lunes Negro, los contratos de futuros cayeron pronunciadamente
antes del inicio de la sesión regular en la Bolsa de Nueva York. Cuando abrió,
las acciones cayeron en picada reflejando los menores precios de los futuros.
Esta situación provocó más ventas de futuros. Un producto financiero
relativamente nuevo en los años 80 llamado seguro de cartera de valores, en el
cual los inversionistas usaban futuros para protegerse contra las pérdidas en
acciones, amplificó el derrumbe. Una venta masiva de futuros hizo descender los
precios de las acciones. A su vez, los inversionistas que buscaban protegerse de
mayores pérdidas vendieron futuros, lo que dio lugar a otra ola de ventas de
títulos.
Aunque el seguro de cartera de valores ha pasado al olvido, una gran cantidad de
corredores aún usan futuros para protegerse contra pérdidas. La venta masiva del
6 de mayo parece haber sido liderada por una ola de ventas de futuros. El
presidente de la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas (CFTC) de
EE.UU., Gary Gensler, en un testimonio en el Congreso hace una semana, dijo que
las operaciones de futuros y acciones se volvieron "altamente convergentes" en
el colapso del 6 de mayo. La caída de los futuros causó un descenso de las
acciones, lo que condujo a más ventas de futuros.
Esta relación significa que en momentos de tensión, estas dos partes claves del
mercado, las acciones y los futuros, pueden ejercer un efecto de
retroalimentación que puede convertir una venta masiva promedio en un colapso
bursátil.
La presión de las ventas en ambos días se volvió tan intensa que los compradores
que quedaban se vieron abrumados, lo que creó una "bolsa de aire" en las
acciones y otros valores que dio lugar a las vertiginosas caídas.
Durante el Lunes Negro, muchos creadores de mercado habían agotado sus fondos,
mientras que otros estaban agobiados por la volatilidad. La Bolsa de Nueva York
tomó medidas para incrementar el capital de los corredores.
Algunos de los cambios clave en los mercados ayudaron a aumentar la presión para
vender el 6 de mayo, en lugar de ayudar a estabilizar el mercado.
En esta ocasión, muchos inversionistas que se apresuraron a vender se
deshicieron de los fondos cotizados en bolsa (ETF, por sus siglas en inglés),
que no existían en la década de los 80.
La venta masiva de ETF se propagó a otras partes del mercado bursátil. Los ETF
ligados a índices como el Russell Midcap colapsaron durante la venta
generalizada; de hecho, el valor de muchos ETF cayó a tan sólo unos centavos.
Aproximadamente dos tercios de todos los valores cuyas operaciones fueron
canceladas el 6 de mayo era ETF, según el sitio de investigación bursátil
IndexUniverse.com.
Existe un paralelo más entre 1987 y 2010. Ruder, el ex presidente de la SEC y
actualmente profesor emérito de la Universidad Northwestern, ahora forma parte
del comité del gobierno que está examinando el flash crash.