En una encrucijada de repetidos fracasos políticos, militares y económicos, con
su nivel de aceptación pública en decadencia, con las encuestas anunciando su
pérdida de mayoría en las dos cámaras, en noviembre, Obama y su equipo
optaron finalmente por una falsa ofensiva política contra Wall Street, tratando
de capitalizar políticamente la "mala imagen" de los banqueros entre la
opinión pública norteamericana. Finalmente, los republicanos cerraron filas y
paralizaron
(por ahora)
en el Senado el demagógico proyecto del gerente negro para "cobrarle
impuesto" al sionismo financiero, su inventor histórico.
Informe especial
IAR Noticias/
Un paquete legislativo de reforma financiera respaldado por la Casa Blanca
fracasó en
su primera prueba de fuego en el Senado al no lograr los votos suficientes para
iniciar el debate sobre la medida.
La propuesta de ley sólo logró 57 de los 60 votos necesarios para proceder, sin
uno solo de los republicanos a favor de lo que se ha convertido en una prioridad para la
administración de Barack Obama.
Tratando de aprovechar electoralmente
la presentación del proyecto en el Senado, en un video transmitido por You Tube, el presidente Barack Obama lanzó
oficialmente el lunes la campaña del oficialismo para las elecciones legislativas de
noviembre, llamando a sus simpatizantes a movilizarse.
Pero, horas después, su
reforma financiera padeció el primer gran revés en el Senado.
Si bien desde un principio los demócratas no contaban con los votos suficientes
como para dar luz verde al inicio de las discusiones sobre la reforma, anoche la
Casa Blanca decidió ir adelante con la votación como parte de su estrategia
electoral.
El objetivo fue demostrar el "obstruccionismo" de los republicanos en un tema
que tiene consenso: un sondeo de The Washington Post y ABC News indicó que dos tercios
de los estadounidenses apoyan que el gobierno regule la ganancias y la codicia de Wall Street,
que provocó la crisis del 2008.
"Un partido que apoya Wall Street es un partido que está contra las familias y
contra la equidad", dijo el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry
Reid, lanzando lo que será sin dudas una de las consignas de la campaña de los
demócratas.
Según un sondeo del Washington Post y
ABC News dado a conocer este lunes,
el 65%
de los encuestados está a favor de una mayor reglamentación del sistema
financiero. La encuesta también encontró que sólo el 35% respalda la labor de
los republicanos en el Congreso con respecto a este tema.
Otra encuesta realizada por Gallup indicó que el 50% está a favor de una mayor
reglamentación, mientras que sólo el 36% se opone.
Los republicanos, que también leen las mismas encuestas, han dicho públicamente
que están a favor de una reforma, pero que no están de acuerdo con los detalles
de esta legislación específica y su implementación.
"Me desilusiona ver que los senadores republicanos votaron en bloque en contra
de
la iniciación de un debate público sobre la reforma a Wall Street",
dijo Obama en un comunicado enviado pocos minutos después de la votación.
"Le pido al Senado que se ponga a trabajar de nuevo y que pongan los intereses
del país por encima de los intereses partidistas", agregó Obama tratando
de
convertir en triunfo electoral su derrota parlamentaria.
Con el video del martes Obama quiere "reconectar" también con los que votaron en
2008 por primera vez, pero que en noviembre es probable que no salgan a votar.
Obama quiere dejarles en claro que, pese a que su nombre no aparecerá en la
boleta, su presidencia también está en juego.
"Hoy en día las compañías de seguro médico, los bancos de Wall Street y los
intereses particulares que han reinado en Washington por demasiado tiempo ya
están enfocados en las elecciones legislativas de noviembre. Ellos ven estas
elecciones como una oportunidad para poner a sus aliados de nuevo en el poder y
deshacer todos nuestros logros", alertó Obama.
El senador demócrata por Nueva Jersey, Bob Menéndez, integrante del comité
bancario y quien votó a favor de la medida, se expresó de forma similar.
"Millones de familias (...) que han pasado los últimos dos años preocupados por
mantener sus empleos, sus viviendas y sus ahorros, no sólo quieren que Wall
Street tenga que rendir cuentas hoy, si no que querían eso ayer", indicó
Menéndez, quien agregó que la lucha por esta reforma seguirá en pie.
A grandes rasgos, el paquete legislativo de más de 1.300 páginas propone una
mayor reglamentación gubernamental del sistema financiero, más transparencia en
las transacciones de derivados y medidas de protección para los consumidores.
Al igual que con la reforma del sistema de salud, la cámara de representantes ya
aprobó el paquete de medidas financieras hace meses y ahora la legislación está
paralizada en el Senado.
Fundamentando su bloqueo al
proyecto, los republicanos aseguran que la reforma es simplemente una manera de
esconder los rescates económicos gubernamentales y de ayudarle a los grandes
bancos con programas que nunca se emplearían a favor de pequeños empresarios
o familias trabajadoras.
"Todos queremos una reforma que le tuerza las tuercas a Wall Street. Pero no
vamos a dejar que nos apuren con otro paquete masivo de legislación", dijo Mitch
McConnell, líder de la minoría republicana en el Senado, pocos minutos antes de
la votación.
"Este tipo de apuro es lo que nos lleva a una deuda de US$13 billones (...) una
supuesta reforma de salud que según he visto hasta el momento sólo ha resultado
en impuestos más altos, cuotas más caras y precios más elevados", agregó
McConnell en su intervención en el pleno del Senado.
La falsa guerra de Obama
¿Una guerra de Obama contra Wall
Street? Imposible: Obama forma parte del juego de Wall Street.
Tras asumir en enero de 2009, y tal como sucedió con el plan "anticrisis" de Bush, Obama lanzó el plan de
"rescate financiero" mediante el cual el Estado USA (por medio de la Reserva
Federal y el Tesoro) garantizaba y se hacía cargo del "salvataje" de las
entidades quebradas o en emergencia financiera.
Como ya había sucedido con Bush, el
plan de Obama benefició (y fue derivado) a la red de bancos privados de la
Reserva Federal (entre ellos Goldman Sachs, Citigroup,
Bank
Of América y Morgan Chase)
que tomaron la tajada del león en el negocio con los intereses de los
créditos y el proceso de compras y fusiones garantizados por el Estado.
El programa de "rescate
financiero" presentado en febrero de 2009 por el actual secretario del
Tesoro, Timothy Geithner (ex presidente de la Reserva Federal de Nueva York),
previó en su inicio movilizar hasta US$ 2 billones (1,5 billones de
euros), procedentes del Tesoro, de la Reserva Federal y de inversores privados,
bajo el argumento de que serviría para evitar la catástrofe financiera.
La suma casi triplicó el plan de
"rescate financiero" lanzado por Henry Paulson (el último secretario del
Tesoro con Bush) en octubre de 2008, y que no sirvió para detener la
profundización de la crisis financiera-recesiva que comenzó a extenderse por
todas las variables del proceso económico estadounidense.
Desde octubre de 2008, mediante el
"rescate financiero", los Estados imperiales USA-UE vienen reciclando una nueva
"burbuja" ganancial no ya con dinero especulativo proveniente del sector
privado, sino por medio del uso compulsivo los recursos públicos destinados a
generar un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una
ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.
En la práctica, los billonarios
paquetes de estímulo (lanzados tanto por Obama como por Bush) fueron a parar a
los mercados financieros creando una "burbuja" especulativa que llevó a Wall
Street a una nueva euforia ganancial en la crisis que continúa en el presente,
mientras el resto de la economía, principalmente en EEUU y Europa, permanece con
sus variables en rojo y solo estimulada por una leve recuperación en la que
nadie cree.
El nuevo proceso especulativo, a su
vez, ya viene generando (con la suba del petróleo y de las materias primas) el
principio de una espiral inflacionaria que amenaza con profundizar la crisis
social con un proceso de despidos laborales masivos y suba de los alimentos,
que ya se extiende por las economías centrales, principalmente de Europa y de
EEUU.
Tras la asunción de Obama, en enero
de 2009, se potenció este monumental negocio financiero con la "crisis
capitalista", financiado con el dinero de los impuestos pagados por el conjunto
de la sociedad.
Se trata, en suma, de una
"socialización de las pérdidas" para subsidiar un "nuevo ciclo de ganancias
privadas" con el Estado como herramienta de ejecución, mediante el cual los
megaconsorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se degluten a los más
débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y concentración del
sistema capitalista.
La utilización del Estado para
salvar a los bancos privados con fondos públicos ya generó en la opinión
pública norteamericana un proceso de rechazo creciente, y aunque la prensa
norteamericana "oculta" sistemáticamente la verdadera naturaleza
de los rescates (el negocio de un
puñado de conglomerados del sistema bancario de la Reserva Federal) los
banqueros han pasado a ocupar la figura de mayor rechazo entre el ciudadano
común.
Según
The Wall Street Journal, la opinión pública estadounidense es contraria a Wall
Street: rescates billonarios para personas con sueldos millonarios han
enfurecido a estadounidenses que viven con miedo
a perder sus empleos y sus hogares.
En la realidad, hasta ahora el plan
de Obama para salir de la crisis fue nada más que un reciclado de los planes
de Bush: Salva a los bancos y a los grandes pulpos (beneficiados por la
Reserva Federal y el Tesoro) que hacen el negocio financiero con los rescates.
Utiliza el dinero publico para salvar al sistema capitalista de los
privados, pero no salva a la economía real ni al presupuesto familiar de los
estadounidenses que financian la operación con sus impuestos.
Pero hay algo más: Parte de la
billonaria masa de fondos públicos (de los impuestos) volcada en los "rescates"
fue a parar a la especulación financiera con el petróleo y las materias primas,
lo que ya inició un proceso inflacionario que empieza a desatarse en las
economías centrales.
Y aunque no revirtió del todo la
tendencia deflacionaria de los mercados de importación y exportación
(desacelerados), la especulación financiera ´(que hace subir las bolsas) impacta
en el costo de los alimentos y de la energía generando inflación y
profundizando la baja del consumo, retroalimentando a su vez el proceso
recesivo en la economía real.
¿Una guerra de Obama contra Wall
Street? En este escenario (marcado por el "salvataje bancario" con dinero
público), suena a "salvataje electoral": El de Obama y su administración
amenazados por un final antes de tiempo.