as "estrellas" de las reuniones
fueron la "reforma financiera" (impuesto a los bancos para aliviar las
cargas estatales de los "rescates"), y la crisis fiscal (insolvencia de
pago de los Estados) que tiene su epicentro en Grecia y amenaza con contagiarse
a toda la eurozona.
Ambas cuestiones se relacionan: Los
gigantescos "auxilios" a los megabancos y empresas privadas con dinero público,
agotaron los fondos de los Estados, y su emergente inmediato es la insolvencia
para afrontar las deudas públicas que genera un nuevo problema: La crisis
fiscal, o sea una nueva crisis financiera, que ya no es privada sino
pública.
"Las señales de una recuperación
económica son todavía débiles, y subsisten muchos desafíos que deben ser
enfrentados colectivamente", señaló el comunicado del FMI.
Los 186 miembros del Fondo reiteraron
su compromiso con "niveles sostenibles" de deuda pública, en momentos
en que
una nueva crisis, en Grecia, obliga a movilizar urgentemente recursos de la
Unión Europea y del FMI.
La reunión (como siempre) terminó sin planes concretos y con declaraciones formales: "Estamos muy
comprometidos con mantener unas finanzas públicas y riesgos de deuda
sostenibles", añadió el comunicado final.
Tampoco la reunión de ministros de
finanzas y gobernadores de Bancos Centrales del G-20 (las potencias más ricas)
realizada en Washington pudo llegar a resultados concretos, más allá de los
documentos y declaraciones sobre la "necesidad" de una reforma que obligue al
sector financiero a solventar la crisis.
Cuando los líderes del G-20 se
reunieron en Pittsburgh, EEUU, en septiembre pasado, presentaron un ambicioso
plan, incluido un acuerdo para aumentar los requisitos de colchones de
capital para asegurar que los gobiernos puedan cerrar grandes
instituciones financieras sin poner en peligro la economía mundial.
Luego de discusiones y debates en
Washington, los líderes mundiales del capitalismo no pudieron (nuevamente) implementar acuerdos de planes futuros para enfrentar los nuevos desafíos de
una crisis financiera con medidas concretas.
"Los ministros de Finanzas del Grupo
de los 20 países industrializados y en desarrollo no lograron alcanzar ningún
acuerdo específico y se mostraron escépticos sobre un posible impuesto
bancario", señala este lunes The Wall Street Journal.
En el comunicado, subraya el Journal,
"los representantes del G-20 afirman que el trabajo avanza en todos los frentes.
No obstante, ha quedado claro que los esfuerzos se encuentran inmersos en
disputas nacionalistas".
De esta manera, y con la crisis
financiera griega activando el "botón del miedo” a un contagio en toda la
eurozona, los líderes mundiales del capitalismo volvieron a mostrarse impotentes
para generar planes de solución compartidos para enfrentar la nueva debacle, que
ya se proyecta desde las naciones centrales a los países emergentes y
periféricos.
De la crisis financiera a la crisis de los
Estados
Finalmente, y como fue proyectando
IAR Noticias en sucesivos informes, los billonarios fondos públicos
utilizados para salvar a los megaconsorcios bancarios e industriales terminaron
generando una deuda impagable y un rojo crónico en las cuentas fiscales
de las naciones capitalistas centrales (principalmente EEUU y la UE).
Los expertos (del sistema) que
escribieron sobre las causas estructurales de la crisis financiera se han dado
cuenta que les faltaba un capítulo: El impacto de la "crisis financiera" en
las finanzas del Estado.
O sea, el costo (económico y social)
que demandará a los Estados capitalistas (empezando por EEUU y las economías
centrales) el salvataje (con dinero público de todos los contribuyentes) de los
grandes conglomerados bancarios y empresariales que hicieron estallar la
"burbuja" del colapso financiero a escala global.
A su vez, la nueva crisis, como lo
señala The Financial Times, ya está siendo exportada desde EEUU hacia
Europa mediante el endeudamiento sin respaldo que explota el dólar como
"refugio seguro" para los especuladores internacionales.
De esta manera, el proceso de
sobreendeudamiento público (agregado a la caída de la recaudación por la
desaceleración económica) no sólo amenaza la estabilidad económica y la
"gobernabilidad" del sistema, sino que también (y como ya sucedió con los bancos
y empresas privadas) puede hacer colapsar en cadena a los propios Estados
capitalistas, tanto centrales, como subdesarrollados o emergentes.
En general, la sombra de una
insolvencia de pago generalizada (producida por los déficit y la baja de
recaudación fiscal) hace temer a los analistas del sistema un rebrote de la
crisis financiera, no ya a nivel de los bancos y entidades privadas, sino a
nivel de los propios Estados capitalistas centrales.
De esta manera, la crisis fiscal
(producto del déficit comercial y recaudatorio del Estado) se sumó al panorama
de agravamiento del desempleo (principalmente en EEUU y Europa), la no
reactivación del consumo (producida por la desaparición del crédito para la
producción), y los interrogantes que persisten en caso de que los bancos
centrales decidan levantar los estímulos (planes de rescate) a bancos y
empresas.
Como producto de la especulación
bursátil (en desmedro de la inversión productiva) en los últimos meses fue
cobrando forma visible un nuevo actor emergente en la economía mundial: La
"crisis fiscal" (producto de los déficit siderales que aquejan a los Estados
de las economías centrales) que sucede a la "crisis financiera" en la
debacle de la economía capitalista globalizada.
Y hay una paradoja: La "crisis
estatal" no nace como producto del endeudamiento privado sin respaldo (la
economía de papel de los grandes conglomerados bancarios imperiales) sino como
emergente de los programas estatales de salvataje financiero que han
endeudado (sin respaldo fiscal) a los Estados centrales, con EEUU y la Unión
Europea en primer término.
Luego de sufrir un derrumbe
histórico en 2008 y 2009, las proyecciones oficiales de gobiernos, instituciones
y analistas, señalan para 2010 pronósticos de crecimiento débiles.
Estas estimaciones de "crecimiento
débil" (en general compartidas por gobiernos y especialistas) son las que
alimentan el escepticismo sobre la recuperación inmediata de la economía mundial
y sitúan al déficit y al endeudamiento público como las estrellas
protagónicas del proceso que se avecina.
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador,
analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación
estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
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