omo
consecuencia de la debilidad de su recuperación económica y del efecto
contagio de la crisis fiscal que atraviesan algunos de sus integrantes, la
Unión Europea transita por el peor momento histórico desde su creación y los
peligros de desmembramiento y de ruptura de su moneda ya ocupan el centro del
debate.
Más allá de ser socios
complementarios en la depredación del planeta, EEUU y la UE, sus bancos y
corporaciones empresariales, mantienen una guerra intercapitalista permanente
por el control de los mercados.
Esa competencia interna tuvo un
particular punto de inflexión con la crisis fiscal de la eurozona y el
avance del dólar sobre el euro en los últimos días. El proyecto de creación de
un fondo monetario europeo responde a esa guerra.
En este escenario, el ánimo de los
especuladores internacionales pasó del pesimismo frente al dólar al
pesimismo sobre el euro.
Simultáneo
a los anuncios oficiales de salida de la recesión y/o de "recuperación gradual"
de la economía global, el dólar estadounidense venía experimentando una caída
constante en su cotización que no parecía tener fin.
El derrumbe
de la divisa estadounidense era paralelo, a su vez, a una recuperación
acelerada de las bolsas y de los mercados de especulación financiera
acompañada de una revaluación (también constante) del euro y de una nueva
escalada de los precios del petróleo y de las materias primas (incluido el
oro).
De pronto,
ese proceso parece revertirse y la moneda estadounidense sorprende con su su
escalada frente al euro en los mercados internacionales.
En un
informe, el diario británico, The financial Times, analiza el impacto de
la revaluación de la moneda estadounidense.
Este año -señala- , los mercados de
divisas se han debatido entre los temores sobre los déficit presupuestarios
de la eurozona y las esperanzas ante la posible consolidación de la recuperación
de la economía global.
En medio de toda esta incertidumbre, parece que está teniendo lugar un cambio
más profundo; el dólar comienza a comportarse como una moneda en auge y
su apreciación coincide con un momento en el que los inversores buscan más
riesgo en los mercados bursátiles, de materias primas y emergentes. En resumen,
el mercado de divisas parece atravesar uno de sus periódicos “cambios de
régimen”, añade.
Según el Financial, el panorama era
bastante distinto en la década anterior. Después del estallido de la burbuja
tecnológica en 2000, el dólar se benefició de la aversión al riesgo de los
inversores y se debilitó cuando los mercados financieros recuperaron la
confianza.
Mientras las bolsas siguieron una
tendencia alcista de 2003 a 2008, el billete verde cayó a un récord histórico,
situándose a 1,60 euros. Sin embargo, cuando los mercados financieros volvieron
a verse sacudidos por la aversión al riesgo tras el colapso de Lehman, el dólar
ganó fuerza, a medida que los inversores vendían sus otros activos y buscaban
refugio en los bonos del Tesoro de EEUU, señala.
Consecuentemente -agrega-, el dólar
volvió a identificarse como una moneda refugio, junto con el yen japonés
y el franco suizo. Su reputación ha mejorado este año ante los rumores sobre una
posible disolución de la eurozona.
Para
el Financial, la nueva caída el yen mientras Japón abandona lentamente la
recesión y la fragilidad de la economía británica también han contribuido a la
recuperación del dólar. No obstante la resistencia del billete verde también
coincide con la solidez de las operaciones en monedas vinculadas a las
materias primas, como el dólar australiano, el canadiense o el real
brasileño.
También -aclara -ocurre cuando los precios del petróleo han vuelto a superar
los 85 dólares el barril y el índice S&P 500 recupera los niveles
registrados antes del colapso de Lehman, en 2008. Por tanto, la fortaleza del
dólar frente al euro, la libra y el yen coincide con la búsqueda del riesgo de
los mercados de activos globales.
La solidez del dólar -estima el
diario-, el repunte de las bolsas, el aumento de los precios de las materias
primas y el crecimiento de los mercados emergentes recuerdan a la situación que
se vivió en la década de los noventa, la última vez que el dólar, más que una
divisa refugio, se consideró una moneda en auge.
En apreciación del diario británico,
hay un par de razones por las que los mercados de divisas podrían volver a
comportarse así durante esta década. En primer lugar, todo apunta a que la
Reserva Federal será el primer gran banco central que opte por subir los
tipos de interés este año. La economía estadounidense se recupera de la
recesión a un ritmo más rápido que Europa y Japón.
En cambio -continúa- , no parece que el Banco Central Europeo vaya a comenzar a
normalizar su política monetaria mientras en la eurozona prevalezca un
sentimiento de incertidumbre sobre el estado financiero de sus miembros. El
Banco de Inglaterra, por su parte, no parece tener prisa en incrementar sus
tipos de interés, dado que sus pronósticos inflacionistas siguen estando en el
extremo inferior de su rango de objetivos.
En cuanto al Banco de Japón
-puntualiza-, es probable que actúe en la dirección contraria, relajando aún más
su política monetaria para luchar contra la deflación de la economía nipona. La
Fed, por tanto, es la que más posibilidades tiene de seguir el ejemplo del Banco
de India, el Banco de Malasia, el Banco de Israel, el Banco de Noruega y el
Banco de Australia y aumentar los tipos de interés este año.
En segundo lugar, los tres mayores
inversores de capital denominado en dólares en los mercados internacionales
(gestoras de fondos estadounidenses, gestoras de reservas de bancos centrales
extranjeros y fondos de riqueza soberanos) parecen tener una visión favorable
a las inversiones en EEUU, aunque opten por colocar sus recursos en los
mercados de renta variable y de materias primas. Los inversores estadounidenses
gestionan en total 37 billones de dólares de activos,señala el Financial.
Según los últimos datos de la Reserva Federal y de los fondos de inversión, las
gestoras de fondos de EEUU han comenzado a incrementar su exposición a los
activos del país. Los bancos centrales de todo el mundo gestionan unas
reservas que ascienden a 8 billones de dólares.
En el último estudio de composición
por monedas del FMI, los bancos centrales han incrementado su cuota de reservas
en dólares mientras aumentaban también su participación en monedas ligadas a
materias primas. Sin duda, el dólar no va a perder su estatus de moneda
refugio de la noche a la mañana. Los inversores seguirán comprando bonos del
Tesoro de EEUU en momentos de tensión, asegura el informe del Financial Times.
Y, lo más importante -subraya el diario británico- , las autoridades deberán ser
conscientes de los cambios de posición del dólar en los mercados
monetarios. Hace poco más de una década, la fortaleza del dólar durante la
burbuja tecnológica condujo a una drástica devaluación del yen, lo que provocó
la crisis asiática de los años 1997 y 1998.
La revalorización del dólar
también provocó de forma indirecta la crisis que vivió Rusia en 1998 y obligó a
Brasil a devaluar su moneda en 1999.
Afortunadamente -concluye el informe-
, en 2010 el dólar sigue estando relativamente devaluado frente al euro. No
obstante, si la divisa estadounidense mantiene su fortaleza en los próximos
años, cuando las autoridades consiguen recuperar la tranquilidad ante la
recuperación de la economía global, podrían producirse futuras crisis en los
mercados monetarios.